Los buenos modales de tus hijos mayores, ed. Palabra, Madrid, 1.997
Belén, de trece años, lleva una temporada actuando de forma incomprensible; hay días en los que da gusto estar con ella, es educada, alegre y ayudadora sin necesidad de pedírselo y otros en los que parece otra persona, seca, huraña, contestona.
A veces esos bruscos cambios de humor se producen dentro del mismo día; es cierto que en bastantes ocasiones, cuando está en sus buenos momentos, se da cuenta de su mal comportamiento y pide perdón con sencillez, pero en otras ocasiones se encierra en un mutismo desesperante.
En las horas, o los días «bajos» la actuación más inteligente es evitar las situaciones de crispación pasando por alto algunas correcciones que, desde luego, hay que hacerle. Evidentemente esto no siempre es posible ya que, sobre todo cuando está delante algún hermano pequeño, es necesario dejar bien claro dónde está el bien y el mal. Mario, de ocho años, no entendería que se le permitan a Belén cosas que a él no se le consienten.
Su madre es digna de admiración. Sabe estar en su sitio y combinar la comprensión hacia Belén con la necesaria exigencia. Parece que tiene unas reservas inagotables de paciencia.
DOS ACTITUDES NECESARIAS: PACIENCIA Y EXIGENCIA
Hablando con la madre de Belén salieron algunos puntos de vista muy interesantes:
- Por supuesto que quiero que mi hija sea correcta y tenga buenos modales; esto es tan importante para nosotros que mi marido y yo hemos organizado nuestra vida de forma que los niños puedan ir a buenos colegios donde también se preocupen del tono humano.
- A esta edad no es precisamente fácil que sea siempre correcta, ya que eso supone autocontrol y justamente es lo que más le cuesta ahora que tiene las emociones a flor de piel.
- Procuro no pasarle ni una, pero actuando en el momento adecuado cuando está más receptiva.
- Tengo clarísima una cosa: aunque cueste, es imprescindible mucha, mucha paciencia.
- Estoy convencida de que la mayoría de los enfrentamientos no son otra cosa que manifestaciones de su deseo de autoafirmación. A veces viéndola actuar me veo a mí misma cuando tenía su edad; seguro que a menudo exasperaría a mis padres. Tenía fama de maleducada y, sin embargo, aquí estoy y no he salido tan mal. Es verdad que mis padres me exigían; ahora les comprendo y les agradezco que no tirasen la toalla, aunque a veces rabiaba.
- Sé que los esfuerzos que hacemos no caen en saco roto, aunque muchas veces lo parezca; en más de una ocasión he visto cómo Belén corrige a Mario de la misma forma que yo hago con ella y en las mismas cosas que ella hace mal. También la tutora del colegio me ha dicho que tiene muy buen criterio y que cuando habla con las otras niñas mantiene los puntos de vista que yo le inculco, y que a mí me discute.
Por lo visto esto es bastante frecuente, así que ya se ve que no hay que desanimarse.
Francisco González
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