Ayer mismo ABC informaba ampliamente sobre la famosa depresión post-vacacional, de la que estos días hemos hablado en nuestras líneas digitales. Por lo visto, afecta a un 35% de los españoles. Una cifra ciertamente elevada, aunque se trata de una depresión leve y de corta duración y para la que merece la pena seguir los consejos de los doctores. Lo curioso del caso es que Juan Pablo II haya hablado también sobre este asunto. Uno tiende a pensar que lo normal es que los Papas hablen de los grandes problemas mundiales que afectan a la humanidad y tiendan a olvidar las realidades más simples, sencillas y cotidianas. ¿Cómo puede estar al tanto de estas “simplezas” y máxime cuando se trata en este caso de un anciano con parkinson cuya propia supervivencia asombra hasta a sus propios fieles?
Pues ya se ve que Karol Wojtyla, además de tener una mente lucidísima para las grandes cuestiones, se preocupa también de los avatares caseros y hasta de la depresión que pueda afectar a los que se reincorporan al trabajo. Por esto mismo, pidió el domingo en la residencia estival pontificia de Castel Gandolfo que los fieles vivieran «de manera extraordinaria lo ordinario» e hicieran de cada día «una alabanza a Dios» ante la vuelta a la rutina tras las vacaciones.
Comenzó constatando que «en muchos países, el mes de septiembre marca la reanudación de las actividades laborales y escolares». «Ahora es el momento de compartir las experiencias hechas en familia, con los amigos, con las comunidades y asociaciones, llevando a la vida de todos los días entusiasmo, serenidad y alegría (...) Esta es la manera de ser sal y luz de la tierra, como recordaba a los jóvenes reunidos en Toronto para la Jornada Mundial de la Juventud». El Papa aprovechó para señalar que «la santidad se logra siguiendo a Jesús, sin evadirse de la realidad y sus pruebas, sino afrontándolas con la luz y la fuerza de su Espíritu».
«Desde el punto de vista psicológico -reconoció-, el regreso a la vida ordinaria no siempre es fácil, es más, a veces puede ocasionar dificultades de readaptación a los compromisos cotidianos. Sin embargo, en la vida ordinaria Dios nos llama a alcanzar esa madurez de la vida espiritual que permite vivir precisamente de manera extraordinaria lo ordinario».
De este modo, concluyó, la vida del cristiano puede y debe convertirse en «un humilde y gozoso canto de alabanza a Dios, para cuyos ojos un acto de amor vale más que grandiosas empresas».
A esto se le llama “pisar tierra”. Este hombre tendrá su mirada puesta en la eternidad, pero eso no le impide seguir con pasión hasta los más pequeños sufrimientos de los hombres y animar a todos a encontrarse con Dios precisamente a través de esas circunstancias. Joseluís García www.piensaunpoco.com
04/01/1980
Un saludo
Francisco González www.iespana.es/chavales www.iespana.es/comoestudiar www.iespana.es/valores
Yahoo! Messenger
Nueva versión: Webcam, voz, y mucho más ¡Gratis!