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Ha llegado y te ha cogido por sorpresa. Tu hijo ya no es un niño y últimamente tiene conductas y actitudes que te desconciertan y, lo que es peor, que te disgustan. Te parece un ser desconocido, aunque sabes que está experimentando los cambios físicos y psicológicos que lo conducirán a la madurez. En definitiva, está en plena adolescencia. Al fin y al cabo, todos la hemos pasado como hemos podido. ¡Socorro! Tengo un hijo adolescente Aunque parece un mensaje de socorro infiltrado en la web, sólo es el título de un libro que, por cierto, puede ser una lectura interesante. Pero su título recoge el grito callado de no pocos padres y de no pocas madres. Cuando llegan a una determinada edad, nuestros hijos, esos angelitos que llenaban de esperanza nuestras vidas, parecen haberse transformado en unos extraños seres que personifican algunas de las actitudes que tanto detestamos. Y su aparición nos desconcierta y su actitud nos resulta incomprensible. Cuando reflexiono sobre ello me sorprendo a mí mismo... Me sorprendo de no entenderlos más, de no comprender sus sentimientos... Por increíble que pueda parecerme, "yo ya he estado allí", yo también fui un adolescente, seguramente incomprensible para mis padres, y si hago un esfuerzo de memoria, puedo encontrar en mi propia historia detalles y actitudes comparables a las de mis hijos. ¿Será posible que la respuesta a nuestro desconcierto podamos encontrarla dentro de nosotros mismos? Es una posibilidad perfectamente válida si sabemos buscar con atención. Hay que empezar por la consideración de los fenómenos más evidentes y más generalizables. Me refiero a la pubertad, al proceso de cambios físicos y fisiológicos que transformarán el cuerpo del niño en cuerpo adulto. A partir de una cierta edad, entre los once y catorce años, se inician una serie de cambios físicos que, entre otras peculiaridades, diferencian de manera evidente el cuerpo de los chicos y de las chicas. Así, además de la aparición de vello en ciertas zonas del cuerpo y la aparición del apetito sexual junto con la capacidad reproductora, en las chicas se produce el desarrollo del pecho y caderas, junto con la aparición de la regla; en los chicos tiene lugar el ensanchamiento de sus espaldas, desarrollo muscular, aparición de la barba y poluciones nocturnas. A guisa de recopilación podríamos caracterizar al adolescente como una persona:
con unos recursos fisiológicos nuevos (fuerza, apetito sexual, capacidad para procrear) con más recursos intelectuales (pensamiento formal, cultura) que tiene que realizar algunas adaptaciones para llegar a la integración en el mundo adulto Fundamentalmente, hay tres núcleos de adaptaciones cuya resolución indica el final de la adolescencia y el logro del equilibrio personal: la integración psicosocial, la integración afectiva y sexual y el hecho de asumir conscientemente algunos valores vitales. Algunas de sus conductas podrían ser calificadas como pautas de conducta enfermizas, pero en cambio no suele ser así, no hay que confundir 'adolescente' con 'persona defectuosa', 'incapaz de...', sino más bien pensar en él como persona en proceso de adaptación que ha de tomar algunas decisiones difíciles y ha de realizar algunos aprendizajes también difíciles. Y todo ello desde la inexperiencia propia de un adulto novato. En su etapa vital adolescente tendrá que conseguir adaptarse a su nueva realidad física y a las posibilidades que le ofrecen sus nuevas capacidades. Deberá conocerse, aceptarse y potenciar sus mejores cualidades. Pero además tendrá que conseguir su integración en el mundo sociolaboral, solucionar sus necesidades afectivas y de relación sexual y asumir como propios los valores fundamentales que regirán su vida. José María Lahoz García
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Puesto que en esta cuenta suelo recibir abundante "correo basura" le ruego que, si me responde, lo haga a fgm@.... o bien incuya en el campo "Asunto" la palabra amigo. Gracias