Un móvil para Llamar
Argumentos juveniles para desear un teléfono portátil
Artilugio confiscado
El año pasado terminó con 22 millones de líneas móviles, frente a 18 millones de fijas. Desde hace un par de cursos, los celulares suelen ser motivo de conflicto en los institutos. Por su propia naturaleza, estos artilugios suenan cuando menos debieran, alteran las explicaciones de tus profesores y mueven a le hilaridad entre el alumnado. Los cuerpos docentes se han visto obligados a tomar medidas al respecto. Muchos institutos han recogido en sus reglamentes de régimen interno, como falta grave, tener el móvil encendido durante tas horas lectivas. “Cuando empiezan las clases, solemos confiscar los cinco o seis primeros teléfonos que suenan, revele Inmaculada Pueyo, orientadora de un instituto madrileño. Y agrega “Las depositamos en la jefatura de estudios y obligamos a que sean los padres quienes los pidan.
Característico aliño indumentario para el adolescente de hoy, más indispensable incluso que el walkman o la mochila de marca, el teléfono móvil se ha convertido en objeto de deseo y complemento básico para dirimir conversaciones que, de repente, no pueden esperar. ¿Qué era de los jóvenes antes de que irrumpiera el móvil? ¿Lograban sobrevivir? Recálqueselo, antes de nada, a su vástago adolescente: evidentemente, sí.
A llamar a los amiguetes
El éxito de los celulares entre la chavalería radica en la sensación de independencia que les produce. De repente, pueden llamar a los amigos cuando sea menester, sin que los padres sepan cuánto tiempo se ha prolongado la llamada o quién era su destinatario: basta con bajar a la calle o encerrarse en el cuarto a llamar; con las denominadas “tarjetas prepago”, las llamadas no se reflejan en ningún sitio. En consecuencia, a partir de los 12 años puede empezar a escuchar en casa aseveraciones como: ‘Necesito un móvil” o “Todo el mundo lo tiene”.
Siempre localizados
Puesto que las salidas de los chicos suelen ser motivo de angustia, los celulares nos garantizan que están localizables en todo momento y que, si les surge algún problema, llamarán. Algunos padres agregan incluso a ese argumento una vertiente pedagógica: si el chaval hace las llamadas desde el teléfono aprenderá a moderar el gasto y no lo empleará para tonterías. No nos engañemos: el control sobre nuestros hijos se esfuma en cuanto ellos deciden apagar el móvil y, sobre el gasto, se acaba disparando casi sin remedio (igual que nos sucede a los mayores...).
Un poco de moderación
Los móviles se pueden utilizar de forma moderada, sólo en las ocasiones necesarias y para hacer llegar informaciones del tipo: “Llegaré más tarde”, “No viene el autobús” o “Al final hemos quedado en otro sitio”. Con todo, no me resisto a pensar que, al menos que nuestro chaval se haya marchado a practicar esquí de fondo (por ejemplo), las calles y locales de ocio están repletos de cabinas desde las que dar un recado importante. Sale más barato, por cierto.
Un saludo
Francisco González www.iespana.es/chavales www.iespana.es/comoestudiar www.iespana.es/valores
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