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Teresa de Calcuta será el domingo día 12 de octubre por Juan Pablo II. Será
el proceso más veloz de la historia de la Iglesia, un hecho que testimonia
la fama mundial de un mito del siglo XX.
Es muy difícil resumir en poco espacio la historia de un fenómeno católico
mundial como la Madre Teresa de Calcuta. Mismamente, la necesidad de poner
el sustantivo “madre” con mayúscula aplicado a Teresa ya indica la
originalidad del caso. Voy a tratar de resumir una serie de apuntes sobre su
vida y su obra, echando mano de diversos trabajos publicados en estos días
en los medios de comunicación.
La vida de Ganxhe Bojaxhiu –futura Madre Teresa- comenzó en el seno de una
familia católica albanesa. Fue dentro de la familia, y sobre todo gracias a
la intensa religiosidad de su madre, Drana, que en ella se despertó, a sus
sólo 12 años, la vocación a la vida religiosa. Ganxhe nació el 26 de agosto
de 1910 en Skopje, capital de Macedonia, que en aquel entonces era una
pequeña ciudad de veinte mil habitantes bajo el dominio turco, pero que
había pertenecido durante mucho tiempo a Albania.
Tuvo dos hermanos mayores Age y Lázaro con quienes se llevó siempre muy bien
Como relata Lázaro que murió en 1981, "a nuestra familia no le faltaba nada
porque mi padre tenía un negocio de materiales de construcción, en sociedad
con un italiano, y poseía dos casas con jardín".
La pasión política del padre desembocó al parecer en su propia muerte. En
1919, Nikoll Bojaxhiu viajó a Belgrado para participar de una reunión de los
nacionalistas albaneses. Al regresar a casa, de noche, dijo a su mujer Drana
que se sentía mal. En la madrugada lo llevaron a un hospital con una
hemorragia interna y falleció al día siguiente, mientras lo operaban.
Ganxhe tenía entonces nueve años y la familia sospechó siempre que el padre
de la futura Madre Teresa había sido envenenado. La desgracia terminó con la
prosperidad familiar. El socio italiano liquidó la sociedad y la madre de
Teresa debió asumir los gastos de su familia.
"No había cumplido aún 12 años cuando sentí el deseo de ser misionera",
contó más tarde la Madre Teresa. "A los pies de la Virgen de Letnice,
escuché un día la llamada Divina que me convencía de servir a Dios", dijo
muchos años después la Madre Teresa quien confesó descubrir la intensidad
del llamado gracias "a una gran alegría interior".
Cuando cumplió 18 años, el llamado a la vocación religiosa se hizo
irresistible para Ganxhe y el 25 de setiembre de 1928 partió para siempre de
Skopie rumbo a Rathfarnham, en Irlanda, donde se encontraba la casa general
del Instituto de la Beata Virgen María. Ganxhe quería ser misionera en la
India y el jesuita le había informado que en el Estado de Bengala las monjas
de esa congregación hacían una labor excelente. Tras un largo viaje la
futura religiosa llegó a la casa de las Damas Irlandesas o Hermanas de
Nuestra Señora de Loreto. La acogida fue afectuosa y la estadía en
Rathfarnham fue sólo momentánea ya que embarcó rumbo a Bengala. Luego de 37
días en alta mar llegó el 6 de enero 1929.
Durante la primera semana estuvo en Calcuta y de ahí viajó 51 días hasta
Dajeerling, al seminario de la Orden. Comenzó a estudiar y cuando llegó la
hora de profesar, el 24 de mayo de 1931, eligió el nombre de Teresa.
"Querida mamá, me gustaría mucho estar contigo, Age y Lázaro, pero debo
decirte que tu pequeña Ganxhe es feliz... Esta es una vida nueva. Soy
profesora y el trabajo me gusta. Todos aquí nos queremos mucho", escribió a
su madre Drana, a quien nunca más volvió a ver desde que se fue de Skopje,
en 1928. También con estas palabras, la joven albanesa describía
concretamente la segunda etapa de su vida, entre los 18 y 38 años de edad,
donde ya con el nombre de Teresa, era religiosa de las Damas Irlandesas en
la India y profesora de historia y geografía, destinada en apariencia a una
vida tranquila.
Tras su desembarco en 1929 en Calcuta, la novicia adolescente tomó otros 51
días de viaje para arribar a Darjeeling, donde estaba el convento de la
orden fundada por la misionera Mary Ward. La "pequeña postulante eslava" se
empeñó en el noviciado, estudió para enseñar, que era la especificidad
misionera de las Damas Irlandesas, y profesó los hábitos en mayo de 1931, a
los 21 años. De acuerdo con las constituciones de la Congregación de Loreto,
debía cambiar de nombre.
“Elegí llamarme Teresa”, contó años después debido a la figura inspiradora
de Santa Teresa de Ávila. "Pero no fue por la grande Teresa que elegí el
nombre -dijo-sino por la pequeña: Santa Teresa de Lisieux". La hermana
Teresa fue destinada a las cátedras de historia y geografía en el colegio de
Santa María, único secundario para muchachas católicas de Calcuta. La
escuela estaba reservada a las familias de clase media y alta.
Pronto, su labor se multiplicó y comenzó a enseñar también en el colegio
Entally, de su congregación, donde iban chicas pobres. Su trabajo era óptimo
y las superioras de la Congregación la nombraron directora escolástica del
colegio Saint Mary. Sin embargo ya se vislumbraba su llamado concreto cuando
la religiosa empezó a dedicarse a las "Hijas de Santa Ana". Esta era una
rama de las monjas de Loreto integrada por hermanas indias de Bengala, que
cumplían con la regla jesuítica impuesta por la fundadora Mary Ward.
Las Hijas de Santa Ana vivían con las usanzas bengalíes y sin duda
inspiraron mucho a Teresa en su proyecto posterior de dar vida a las
Misioneras de la Caridad. Vestían el sari indio tejido en algodón pobre.
Comían sentadas sobre la tierra, como en las aldeas de donde provenían,
comían con las manos de acuerdo al estilo campesino. Rezaban y meditaban en
la capilla sentadas o arrodilladas sobre esterillas. Teresa fue encargada de
dirigir la formación espiritual de las Hijas de Santa Ana, que hoy forman
una congregación autónoma.
El momento crucial para su vida que la convertiría en la Madre Teresa de
Calcuta, se produjo de improviso. Ella misma nos lo cuenta: "Ocurrió el 10
de septiembre de 1946, durante el viaje en tren que me llevaba al convento
de Darjeeling para hacer los ejercicios espirituales. Mientras rezaba en
silencio a nuestro Señor, advertí una llamada dentro de la llamada. El
mensaje era muy claro: debía dejar el convento de Loreto (en Calcuta) y
entregarme al servicio de los pobres, viviendo entre ellos". Aquella visión,
que Teresa consideró de inspiración sobrenatural, fue una iluminación
interior que presentó de inmediato una enorme complicación: cómo llevarla a
cabo.
Recibió el permiso desde la Santa sede y empezó por llevar a los moribundos
de las calles a un hogar donde ellos pudieron morir en paz y dignidad.
También abrió un orfanato. Gradualmente, otras mujeres se le unieron de modo
que, en 1950 recibió la aprobación oficial para fundar una congregación de
religiosas, las Misioneras de la Caridad, que se dedicarían a servir a los
más pobres entre los pobres. Cuando el 7 de octubre de 1950 el Papa Pío XII
reconoció a la congregación, la institución de la Madre Teresa contaba con
cientos de miembros en todo el mundo. Las Hermanas de la Caridad son casi 4
000 repartidas en 424 casas establecidas en 95 países de todo el mundo.
Dispuestas a defender la vida, la congregación se movilizó en más de una
ocasión en defensa de los derechos de los pobres , contra el aborto y la
eutanasia.
No sólo el actual Papa expresó una especial admiración a la valiente
misionera, sino que anteriores pontífices también le manifestaron su máximo
respeto. Pablo VI le concedió en los años 60 un pasaporte diplomático
vaticano a causa de una mediación humanitaria que la Madre Teresa realizó en
Pakistán.
El Premio Nobel de la Paz llegó en 1979. La Madre Teresa lo aceptó con la
misma humildad con la que siempre recibió los múltiples homenajes que se le
concedieron y destinó a sus pobres los casi 12,000 dólares del galardón.
La Madre Teresa de Calcuta falleció el viernes 5 de setiembre de 1997
víctima de un paro cardíaco. Miles de personas de todo el mundo se
congregaron forman largas filas en la Iglesia de Santo Tomás para despedirse
de la Madre Teresa.
Teresa de Calcuta corresponde al modelo exacto de conducta que Juan Pablo II
propone a la sociedad moderna y mantenía hacia la misionera una admiración
incondicional. Además, ella rubricaba por completo y de forma activa la
doctrina más discutida de la Iglesia: siempre ha condenado los
anticonceptivos y viajado a varios países, entre ellos España, a protestar
en persona contra las leyes de regulación del aborto o el divorcio. También
creía que el sida era un castigo a conductas desviadas.
Es un resumen demasiado corto por exigencias de espacio. Al lector no se le
escapa lo que se puede leer entre líneas. Una vida corriente hecha de
continuos y pequeños actos heroicos de amor a Dios y a los demás. Eso es lo
que subraya la Iglesia cuando beatifica o canoniza a un santo, y no lo
acontecimientos extraordinarios. Por eso puede proponernos su vida y
enseñanzas como modelo, porque son asequibles –en su esencia- a todos los
hombres. (Con información de Agencias)— Serafín Molina .
Fuente: www.piensaunpoco.com
Francisco González
www.iespana.es/chavales
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Dom, 19 de Oct, 2003 11:54 am
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