Magia y astrología
Autor: P. Miguel Ángel Fuentes, V.E.
¿En qué creen los jóvenes?
Según el sociólogo Enzo Pace en un ensayo-encuesta
sobre jóvenes de nuestro tiempo publicado
recientemente (“La generación invisible”, Ediciones
“Il sole 24 ore”), los jóvenes italianos de menos de
treinta años creen en la astrología, en la
cartomancia, en el poder de los magos y en el
esoterismo en general, en un porcentaje doble respecto
a la generación que tiene más de cincuenta años.
En la astrología cree el 38,8% de los jóvenes contra
el 22% de los que tienen más de 50 años. En la
cartomancia, el 22% de los jóvenes contra el 13% de
los mayores. En el poder de los magos, el 12,4% de los
hijos contra el 7% de los padres. Las cifras, tomadas
de una investigación del sociólogo Vincenzo Cesareo,
testimonian una fe en el esoterismo redoblada entre
una generación y la siguiente.
Culturalmente es casi una mutación. ¿Cómo explicar
este ascenso? Cecilia Gatto, antropóloga y estudiosa
del mundo juvenil, dice que el éxito actual del
esoterismo y el “New Age” es “el resultado de una
larga oleada de desacralización de la vida privada y
colectiva que tiene sus raíces ya en la mitad del
siglo pasado. Han surgido el ateísmo marxista y el
anticlericalismo masón. En las escuelas, la enseñanza,
durante decenios, ha estado marcada por un
“espiritualismo” contrapuesto a la cultura cristiana,
religiones a la carta para todos los gustos. Mazzini
creía en la reencarnación, Garibaldi era masón,
D’Azeglio y Cavour practicaban el espiritismo.
Fenómenos de élite que lentamente capturan a las
clases superiores”.
Sin embargo, hoy este espiritualismo se ha convertido
en un fenómeno de masas. “El momento del cambio es el
68 –explica la antropóloga–, como portador de una
cultura que se propone abatir toda norma y toda forma
estructurada de conocimiento. En el vacío de la
demolición realizada en el 68, toman pie estas
creencias ajenas a nuestra tradición”. “Los jóvenes
–añade– no saben nada de esta historia que tienen
detrás. Pero creciendo en una cultura que implícita o
explícitamente descalifica al cristianismo, como no
pueden vivir sin creer en algo se precipitan en el
esoterismo. Es un hecho humano. Si no se acepta la
Providencia para explicar el misterio de la vida, hace
falta recurrir a otra cosa cualquiera”.
En el ensayo de Pace se habla de que el cristianismo
no es rechazado pero sólo se acepta una parte que se
mezcla con otras doctrinas. “No me parece un hecho
positivo –comenta Cecilia Gatto–. Significa que estos
jóvenes que “mezclan” las creencias no saben ni
siquiera qué es el cristianismo. El cristianismo es un
hecho, es Dios que se ha hecho hombre: o lo aceptas o
no. No puedes tomar una parte y dejar otra. Yo veo una
gran confusión en estos chicos. Una confusión
subterráneamente realizada por la operación masónica
de afirmar la existencia de un cristianismo “secreto”,
para iniciados, de un gnosticismo que en el caos de
este momento cultural acaba por alinearse al “séptimo
evangelio” de la “New Age” -en una búsqueda de nuevos
salvadores para tiempos nuevos-. Conozco a chicos que
sostienen que Cristo, Mahoma y Buda son a fin de
cuentas la misma cosa; y no saben bien quién sea cada
uno de los tres”.
El ensayo habla de una “caída del estatuto de verdad”.
De hecho, sólo 8 jóvenes sobre 100 creen que “la
religión verdadera es una sola”. “Yo llamaría a estos
chicos –comenta la antropóloga– “nómadas
espirituales”. Se adhieren a un grupo budista, están
tres años, ven que no resuelven sus problemas
existenciales y se pasan a los esteinerianos y luego
quizá a los Hare Krishna. No es que no busquen
verdades absolutas. Es que no las encuentran”.
Sobre el más allá, un joven sobre diez en Italia cree
en la reencarnación. ¿Cómo se explica este éxito? “A
diferencia de la cultura oriental –responde Cecilia
Gatto– donde la reencarnación es expiación,
purgatorio, para los jóvenes occidentales esta
perspectiva asume una valencia materialista. En esta
vida soy desafortunado, pero en la próxima... La
trascendencia no existe, existe el “aquí y ahora” o,
al máximo, en la vida venidera”.
¿Los esoterismos son una respuesta a las dificultades,
al dolor? “En mi experiencia –explica la antropóloga–
el momento del drama coincide a menudo con el retorno
a la Iglesia, el único lugar en el que se encuentra
solidaridad. Porque un dato común a las diversas
corrientes del “New Age” es el mito de la
autorrealización, del contar sólo consigo mismo. El
sacerdote, en cambio, sigue siendo el único que,
cuando no puedes más, es capaz de decirte: tu dolor es
mi dolor” (Cf. Zenit, 28 de agosto de 1999).
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Francisco González
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