Para Illcia y maria ester:
Mis dos buenas amigas, las uno en esta carta para agradecerles las
palabras tan cuidadosamente dichas.
Comprendo que la mujer es el ser que maravillara siempre a todas las
generaciones, si debo decir una verdad es justo eso lo que me gano a
respetar a mi esposa, nunca le fui infiel, nos casamos ante la
iglesia, nos juramos amor eterno en las buenas y en las malas, pero
debo reconocer que ese aserto no es justo, porque solo contempla al
hombre y la mujer, y los hijos?, ellos tendrian que soportar nuestras
desilusiones y fracasos? es para eso que los trajimos al mundo, ellos
no pidieron, somos nosotros los que nos convencimos de traerlos, pero
que sean felices no para que sufran, es por eso que tanto ella como
yo, decidimos hacer lo que hicimos, yo confiaba plenamente en su
amor, jamas nos dejamos de comunicar existe un inmenso legajo de
cartas de esos anos de soledad, debo añadir que estuve de regreso
hace 7 años, justo para reemprender nuestra vida perdida, ya que los
muchachos ya estaban logrados, y que encontre? solo frialdad, incluso
hasta rechazo de mi presencia, no por mis hijos, ellos me adoran, fue
ella que valiendo nada lo sacrificado me condena injustamente. Trate
por todos los medios de reconquistarla, hasta me arrodille delante de
ella y de mis hijos suplicandoles el amor. Fue lo mas que pude hacer,
parecia un ser extraño, senti que la vida no valia nada para mi.
Luche por 4 largos años incluso ya las cosas economicas otra vez
empezo a golpearnos, ya que a mi edad en Peru es imposible conseguir
un buen trabajo, si no lo hay para los jovenes menos para los viejos.
Solucion tuve que regresar como el perro con la cola entre las
piernas, y empezar lo que deje , felizmente en lo que van de estos 7
años de retorno, he logrado recuperar el tiempo perdido en esos 4 que
estuve en Peru.
Es asi mis estimadas amigas que me siento, que me llevare a la tumba
una gran alegria y una gran decepcion.
Es que no habra nada que la haga cambiar?
Dios es testigo que le jure amor eterno, ella pareciera que no lo
hizo en ese momento, incluso piensa que nadie puede obligarla a
quererme. Ni Dios? pregunto yo.
Recibire sus respuestas con mucha alegria y desde ya las considero
mis grandes amigas.
Vicente Estrella