Reciban un T:.A:.F:. a todos mis HH:. y uno respetuoso a todos los Profanos:
La masoneria siempre se ha distinguido no solo por sus aportaciones económicas;
sino tambien como promotora indiscutible del ideal de libertad y la dignidad
humana en la América Latina. Todas las ex-colonias obtuvieron su amancipación,
casi sin excepción, por el adoctrinar y la actividad masónica. Los masones de
América fueron inspirados en los idearios libertarios de Francia, Inglaterra y
Estados Unidos. Quienes tenían que esconderse no solo de los gobiernos tiranos y
despóticos; sino también de la guerra y persecución encarnizada del Clero de la
Iglesia Católica. Aunque en honor a la verdad muchos sacerdotes y frailes, hasta
nuestros días, por su claro manifiesto de amor a la libertad y la verdad, se han
asociado a los masones; no temiendo la represión. Hasta algunos fueron víctimas
de la Inquisición Española.
Los Próceres de la Libertad desde Méjico hasta Argentina, lograron despertar la
conciencia de un pueblo oprimido, el ideal de la justicia y la libertad. José
Bonifacio de Andrade e Silva en Brasil. Francisco de Miranda en Venezuela. José
da San Martín en Argentina. Bernardo O'Higgins en Chile. Benito Juárez en
Méjico. José Martí en Cuba.
Y no debo pasar por alto la revolución de la educación. A traves del Ilustrísimo
Eugenio María de Hostos, puertorriqueño que aún en su exilio, nunca cejó en su
responsabilidad de dar; mas que de recibir. Y esto parte de una marcada masónica
conciencia liberadora. Sabiendo que solo la verdad, puede hacer al hombre
verdaderamante libre.
La masonería es algo más que una fraternidad, y mucho más que tenidas los martes
o recolectora de óbolos para el tronco de la viuda. Ciertamente no es perfecta,
pues ninguno de nosotros lo es. Por eso nos iniciamos y tomamos la escuadra y el
compás, no para enorgullecernos de decir que somos masones; sino por hacer todo
bien que podamos, bajo una conciencia revolucionaria de justicia social, a la
Gloria del G:.A:.D:.U:. Aunque nuestros detractores nos ataquen seguiremos con
nuestra frente en alto. Nuestras manos limpias así como nuestros mandiles.
Sabiendo que al final de nuestra vida presente, moriremos sí; mas no nuestra
obra. Y como el ave Fénix, despertaremos a una nueva realidad.
Solo los muertos descansan. Fraternalmente y bajo el Signo de Orden. Para que
todos sean uno.
J.Laracuente:.
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