La urna de hierro y el voto joven
4 Julio 2009
Estas últimas semanas el tema central de las elecciones ha girado alrededor
de la decisión del voto: entre el abstencionismo, el voto nulo y el voto
comprometido. Este tema se ha abordado desde la perspectiva de
intelectuales, comunicadores y ciudadanos, y se han discutido y difundido en
diversos espacios como YouTube, correos electrónicos, noticieros, blogs,
columnas y programas de opinión.
En tan sólo unas semanas se ha logrado articular desde la ciudadanía un
debate que ha puesto sobre la mesa lo que muchos mexicanos creemos: que el
sistema político no funciona, que los gobernantes no nos representan y que
los partidos políticos privilegian sus intereses por encima de los de la
ciudadanía.
De la misma manera se han levantado voces que encuentran en la propuesta del
voto nulo teorías conspiracionistas en donde los poderes fácticos (sobre
todo las televisoras) están interesadas en negociar la recuperación
mediática de la legitimidad que los nuevos legisladores podrían perder con
el voto nulo, con la reforma electoral.
Lo que es una realidad es que vivimos en lo que Max Weber definió como la
“jaula de hierro” en donde la racionalización bajo la forma de una
burocracia se ha convertido en nuestra prisión. Por encima de todo, nos
vemos irremediablemente expuestos a la propaganda electoral que en lugar de
promover el voto lo reprime y nos deja boquiabiertos; los estrategas de
campaña de los partidos han tenido que hacerse valer de personajes que no
son los candidatos para invitarnos a votar por ellos. Es decir, la
credibilidad de los políticos es tan baja, que tienen que “aventar al ruedo”
a una niña, a un luchador o a un actor de telenovelas para intentar
convencernos. ¿Qué clase de diálogo ciudadano podemos establecer con
personajes mediáticos?, y ¿qué clase de diálogo podemos establecer con los
partidos políticos, si tienen sólo 7.6% de confianza de la población según
Consulta Mitofsky?
En este contexto de desinformación, campañas electorales irrisorias y
teorías conspiracionsitas, los jóvenes nos enfrentamos a un panorama
complejo. Muchos votarán por primera vez y además seremos nosotros quienes
votaremos por los presidentes, legisladores y gobernadores de los próximos
40 años; nuestra responsabilidad es grande y el panorama terriblemente
difuso. En estas elecciones, más de un millón de jóvenes podríamos votar en
Guanajuato el destino legislativo de los próximos tres años. Representamos
aproximadamente el 40% de la lista nominal de nuestro estado y la decisión
de muchos es hasta hoy el no votar.
Me da sentido votar por Esperanza Marchita con la intención de que mi
derecho al voto transmita de manera íntegra mi inconformidad ante la
realidad que los políticos y nadie más han construido. De seguro nos
responsabilizarán a quienes anulemos nuestro voto por perpetuar el sistema y
favorecer el voto duro, pero nos lo dirán quienes fortalecen el sistema
todos los días votando leyes que responden a ideologías propias y no
ciudadanas, a quienes trafican con influencias para acomodar a familiares,
quienes negocian lo que nos pertenece al mejor postor y quienes nos han
arrastrado a esta discusión.
La propuesta del voto nulo nace del ciudadano, pero tiene su origen en la
incapacidad de la política de representarnos. Respeto las razones negativas
de anular el voto, pero creo que cualquier otra opción manifestaría mi apoyo
al sistema político (con excepción de la abstención, la cual me parece
irresponsable). Algunos jóvenes estamos inconformes y espero que respondamos
como sociedad civil y alcemos nuestra voz, pero sobre todo, ¡no dejemos de
votar! Lancemos un mensaje claro y conciso: el poder ciudadano llegó para
quedarse
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