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LA CO-MASONERÍA Y EL PROBLEMA DE LA MUJER   Lista de mensajes  
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MANUAL DEL MAESTRO Aldo Lavagnini (Magíster) Comentario sobre
el Libro, Editorial Kier
El tercer grado de la Masonería, el de Maestro, implica algo más
que conocer las palabras y efectuar los signos correspondientes:
atañe a la conquista suprema, simbolizada por el místico ramito
de acacia, señal de conocimiento verdadero.
El Maestro venció la ignorancia, el fanatismo y la ambición.
Controló el poder del silencio. Administró sabiamente sus
talentos. Captó la esencia real de su augusta y gloriosa
institución. Hizo converger todos sus esfuerzos en la unificación
masónica...
Los que ya hayan alcanzado este tercer nivel encontrarán aquí los
conceptos imprescindibles para resolver cualquier duda desde el punto de
vista masónico, teosófico, esotérico o filosófico.
Los que, a su vez, tengan tan sólo una mera curiosidad, contarán
con una fuente de consulta clara, seria e incitante, que promoverá
– cualquiera sea la religión que practiquen – más
búsquedas e inquietudes.
LA CO-MASONERÍA Y EL PROBLEMA DE LA MUJER
Este reconocimiento universal entre todas las Logias, Obediencias y
Ritos, incluidos los que se han considerado hasta ahora como
"irregulares" - definición inconsistente, que puede encontrar -su
lugar en una forma de fanatismo sectario, pero que debería excluirse
por completo de la Masonería que aspira a ser integrada por "hombres
libres" y a formarlos, - nos enfrenta con la realidad de la
Co-masonería, y consecuentemente con el problema de la admisión
de la mujer en los trabajos masónicos. Ante todo, ¿puede
realmente definirse como irregularidad el hecho de seguir Reglas en
algo distintas especialmente de las que sigue quien así la define
con incontestable arbitrio a base de su propia regla? ¿No sería
más bien la irregularidad una ausencia de reglas que una regla que se
diferencia en algo de la corrientemente admitida y acostumbrada ?
Puede decirse que con esta definición se echaría abajo todo el
Edificio Masónico. Pero se trata de una ilusión, igual a la que
hace tachar de "irregularidad" una regla simplemente distinta y que
bien puede ser mejor que la que seguimos, pues, con respecto a ésta,
la que llamamos regularidad puede ser la verdadera irregularidad. El
Edificio Masónico tiene una base espiritual demasiado profunda y
permanente, para que pueda echarse abajo por el simple abandono de una
regla que puede ser útil, necesaria y conveniente durante un
período determinado, pero que andando el tiempo se hace
inevitablemente (como toda cosa que persiste a su real necesidad) una
superstición, es decir, un obstáculo para el progreso, que, como
tal, ha de ser una continua superación. Muy lejos de desear - como
nuestra obra lo demuestra- una ruptura y el abandono de las Tradiciones
y Reglas que representan el precioso legado del pasado, nos esforzamos,
por el contrario, en que sean mejor conocidas e interpretadas. La
Masonería se halla muy bien representada en aquel dios de la
antigüedad del cual hemos hablado en la Primera Parte del "Manual del
Aprendiz". Este dios que, además de presidir sobre la iniciación,
se ponía en efigie sobre aquellos términos o linderos materiales
de los cuales tomaron su nombre los landmarks de nuestra
Institución, tenía dos caras que se consideraban vueltas
constantemente al pasado y al porvenir. Así ha de ser - y es
realmente - nuestra Augusta Sociedad y sus mismos landmarks.
Basándose aquélla como éstos en la Tradición del Pasado,
sobre la cual fija constantemente una de sus dos caras, debe tener
igualmente la otra fija en el porvenir, para saberse enfrentar y
corresponder dignamente con su presente .tarea, sacando provecho del
primero y preparando y anticipando al segundo. Esto debe hacerse
para aquel pretendido landmark que, según algunos, excluye
terminantemente a la mujer de la Masonería. ¿Es un landmark real
o ficticio, transitorio o permanente? Sepamos juzgar de ello, con el
necesario discernimiento, igualmente a la luz del pasado, del presente y
del porvenir. ¿Fue siempre excluida la mujer de la iniciación
que constituye la característica fundamental de la Masonería ?
La tradición iniciática nos dice lo contrario, por cuanto en los
Antiguos Misterios de Grecia y de Egipto fue casi siempre admitida a la
par con el hombre. Un atento estudio histórico hecho sobre el asunto
podría llevar a la luz hechos y conclusiones muy interesantes sobre
este punto. Es cierto, por otro lado, que no fue costumbre de las
Corporaciones de Canteros y Constructores de la Edad Media - como no lo
fue de los antiguos Collegia Fabrorum y de los anteriores
dionisíacos - admitir en su seno a las mujeres, por la manifiesta
razón del trabajo o actividad material a la cual se dedicaban. y en
cuanto a la admisión de la mujer en los principios renovados de la
Masonería como Institución Moderna - a raíz de la
Declaración de Principios de la Gran Logia de Inglaterra, - hicieron
doble obstáculo el hecho de haber sido derivada directamente de
estas corporaciones, en un primer tiempo, y, en un segundo, las
violentas persecuciones de las cuales fue objeto nuestra Sociedad en
casi todos los países y que en algunos no han cesado todavía (11).
Si el hombre podía desafiar el peligro de pertenecer a una sociedad
prohibida, no se podía admitir a la mujer en iguales condiciones.
Pero las tentativas de admitir a la mujer no han cesado: el Rito
Adopción, constituido e instituido expresamente para la mujer, desde
la primera mitad del siglo XVIII es una prueba de este deseo, que
debía traducirse en una final inestabilidad. Sin embargo, las
puerilidades e innovaciones de este Rito, que ha de considerarse más
bien como una contrahechura que como verdadera Masonería, le
impidieron, a pesar del patronaje oficial de la Masonería Francesa,
alcanzar el éxito universal que sus fundadores tal vez esperaban.
Otros ritos, entre los cuales se cuenta la pretendida Masonería
Egipcia de Cagliostro, abrieron igualmente sus puertas a la mujer. Pero
su definitiva admisión no debía verificarse sino más tarde, con
la creación de la Masonería mixta llamada "El derecho humano",
cuya primera Logia se fundó en París en 1893, a raíz de la
iniciación, en una Logia masculina (excomulgada por este hecho),
once años antes, de mademoiselle Deraismes. Esta Organización
universal, a la cual difícilmente pudiera negársele el nombre de
masónica, cuenta en la actualidad con centenares de Talleres
simbólicos y Cámaras superiores. Es, pues, un hecho incontestable
y se hace necesario su reconocimiento por la Masonería Oficial, ya
sea en vista de la Unificación de la Masonería, ya sea por el
hecho de que actualmente, si puede y debe disciplinarse según cada
Jurisdicción lo estime conveniente, ya no puede negársele a la
mujer la participación en la Gran Obra realizada por nuestra
Institución. Reciban un T.·.A.·.F.·. Emilio Raúl
Ruiz Figuerola <http://eruizf.com/masonico/index.html>



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Dom, 10 de Feb, 2008 9:00 pm

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