Ahora Dan Brown en su reciente libro El código da Vinci menciona el caso de un
“secreto de los constructores medievales” asociado al tema de la piedra angular
que se acuña para fijar los arcos de mampostería, justo en su zenith, mientras
descansan en los andamios antes de soltarlos, que él denomina clef de voûte o
clave de la bóveda, y también dovela.Relata Brown (Umbriel, 2003; pp. 255ss.):
“Las claves de bóveda, en tanto que técnicas para la construcción de arcos,
habían sido unos de los secretos mejor guardados de los gremios de canteros y
albañiles. En realidad estos gremios habría sido el origen de la masonería, pues
maçon, en francés, significa albañil. ... Todo estaba interconectado. El
conocimiento secreto en relación al uso de una clave en forma de cuña par la
construcción de un arco abovedado era en parte lo que había convertido a los
constructores en artesanos ricos, y lo guardaban celosamente...”
A decir verdad, hay algo de cierto en el relato del novelista, pero la
piedra angular no creo que haya sido secreto ni mucho menos masónico. Realmente
el “secreto” de los masones (como albañiles) no concierne a esta piedra sino a
otro secreto necesario para ejecutar la construcción medieval sin conocer
escalas, ni cinta métrica, ni planos; incluso grandes iglesias, como referiremos
brevemente, han utilizado no solo este secreto sino otros asociados como los
diseños AD QUADRATUM ET AD TRIANGULUM(1) ,. Dehio(2) sugirió que la razón para
la ausencia de planos exactos de arquitectura de los edificios medievales –con
la excepción de los planos para St. Gall—era que nunca existieron. Decía que los
antiguos maestros manejaban el compás y la regla, pero hay dudas sobre el metro
(como instrumento de medición). Si no había cinta métrica, ¿por eso no habían
planos? Pero no se puede presuponer que se hacían planos a escala en la Edad
Media. Incluso el tamaño del metro o del pié variaba
de una a otra región de Europa. La mayoría de los planos no se hacían a escala.
Por caso, los ejemplos expuestos en los “cuadernos” de Villard de Honnecourt(3)
. Por tanto, tenía que existir algún método que permitiera al constructor
traducir el pequeño esquema que entregaba el arquitecto(4) .
Los masones (albañiles) medievales eran llamados “masones libres” porque no
estaban atados a ningún gremio de ninguna ciudad en especial. Su tipo de trabajo
los hacía vagabundear de sitio en sitio, por dondequiera que se construyeran
iglesias o casas de piedra. Solo en Alemania existían logias organizadas.
Se logró una unificación de las logias alemanas cuando se reunieron en
Regensburg en 1459. Del documento de esa reunión se conoce que existía un
“secreto”. En efecto, tales reglas prohibían a cualquier trabajador “cómo sacar
la elevación del plano de la planta”. Esto último se aclaró luego cuando el
maestro de la catedral de Regensburg, Matthäus Roriczer publicó el secreto en un
librito con el consentimiento del obispo.
Secreto masónico”. El albañil (o ingeniator, hoy contratista o constructor)
recibía del arquitecto (existía ya el nombre) un planito (tipo los cuadernos de
Villard y para hacer un pináculo aplicaba el siguiente secreto
La selección de las figuras geométricas se basa en la importancia de la
mitología de Platón y su cosmología geométrica. Son cuestiones de superstición:
la tradicional adoración de Pitágoras. Termina Frankl: “A través de los siglos,
antes y después de Platón, la humanidad ha producido el mismo tipio de creyentes
en misterios que son a la vez románticos y racionalistas. Este es el más
profundo secreto del secreto de los masones...”
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