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La elección de la dirigencia panista no augura tiempos mejores. El acceso de
la ultraderecha combinada con la seudo izquierda de López, sólo presagia
fuertes enfrentamientos mediáticos más frecuentes que nada más harán que se
evadan los asuntos relevantes del país. ¿Quién iba a pensar que algún día
mis esperanzas estarían en el PRI? ¡Con tal de que no nos salgan con un
Madrazo!

Transcribo el siguiente artículo del Reforma del día de hoy.

Espino: la hora de los duros

Por JORGE FERNÁNDEZ MENÉNDEZ




“Sí, claro que es ultraderechista, de palabra, de pensamiento y de acción,
sólo que ser de ultraderecha es ser honesto y transparente”. Así definió uno
de sus más cercanos colaboradores, Juan María Armenta, las convicciones
personales e ideológicas del nuevo presidente nacional del PAN, Manuel
Espino, que el sábado pasado sorprendió en el consejo nacional de su
partido, derrotando a Carlos Medina Plascencia.

El propio Manuel Espino, dijo que él era “ultraderecho”, pero en otras
entrevistas anteriores reconoció tener muchos y buenos amigos en
organizaciones como el Yunque, los Tecos o el Muro, aunque él se define de
“centro” pero también, como le dijo a Alvaro Delgado, “soy peleonero y hasta
cabrón. Ni modo, crecí en un barrio de peleoneros y eso no me lo he quitado.
Y en la política, si me tengo que poner los guantes, órale, a ver a cómo nos
toca”. Espino que fuera durante tres años secretario general del PAN, que
colocó a muchos de los miembros de ese consejo que lo eligió el sábado, que
será quien encabece al partido en el poder en la elección del 2006, milita
en el PAN desde hace 27 años pero no es un ideólogo ni mucho menos: es un
duro, es un hombre extremadamente conservador en su discurso, que ha estado,
sobre todo, en la operación política, en el trabajo de las entrañas del
partido. Y efectivamente, cómo él mismo ha dicho es “un peleonero y un
cabrón”.

Proviene de las corrientes más conservadoras del panismo, pero el sábado con
el apoyo del secretario de Gobernación, Santiago Creel, y del poderoso
coordinador de innovación gubernamental en Los Pinos, Ramón Muñoz, se impuso
a Medina Plascencia, a los otros tres precandidatos del PAN, a prácticamente
todos los dirigentes doctrinarios e históricos del blanquiazul y a mucho
más. Se sobrepuso al evidente enfrentamiento que ha tenido con Marta Sahagún
de Fox, sobre la que hizo, siendo Secretario General del PAN, unas
declaraciones durísimas, en el terreno político y personal. Se impuso a su
relación con el ex director de giras, Nahum Acosta, un hombre que Espino
llevó a Los Pinos y que ahora está acusado por la PGR de proporcionar
información a los narcotraficantes Beltrán Leyva. Pudo saltar las
acusaciones que, a partir de ese y otros hechos, identifican a dirigentes
sonorenses y sinaloenses del PAN con relaciones con el crimen organizado
(Manuel Espino si bien nació en Durango ha realizado su carrera política en
Chihuahua y, sobre todo, en Sonora, donde se ha avecindado desde hace años).
Pudo esquivar las acusaciones en su contra por su estrecha relación con el
ex secretario particular del presidente Fox, Alfonso Durazo, que renunció
con una muy sonora carta de varias cuartillas criticando el accionar de la
administración federal.

La pregunta es porqué: cómo un hombre con un perfil tan diferente del que
solemos tener del panismo ha llegado a esa posición. Las respuestas están en
el proceso de sucesión del partido blanquiazul, pero no allí. Carlos Medina
Plascencia nunca tuvo el apoyo de Santiago Creel, y si bien tenía el
respaldo de buena parte del Gabinete y de los principales funcionarios de
Los Pinos, no tenía el respaldo de Ramón Muñoz y aparentemente tampoco del
presidente Fox. El largo enfrentamiento de Medina Plascencia con Diego
Fernández de Cevallos también parece haber influido y en torno a Espino se
conformó un grupo con intereses divergentes pero que tenían como objetivo
común cerrarle el paso a Medina Plascencia. Para Creel, el ex Gobernador de
Guanajuato hubiera sido un presidente del partido muy independiente y
demasiado cercano a Felipe Calderón y Francisco Barrio; para Los Pinos, esa
misma independencia podía ser perjudicial en los planes trazados para el
propio secretario de Gobernación (sobre todo cuando las encuestas entre
militantes y adherentes panistas se muestran mucho más cerradas a la hora de
optar por su candidato de lo que aparece en las encuestas públicas); para
los sectores más conservadores del PAN era la oportunidad de colocar a
alguien de los suyos sin disimulos de ninguna especie y aprovechar la
necesidad de Creel y Muñoz de fortalecerse en el CEN: si bien nadie puede
acusar a Medina Plascencia de ser un político progresista y liberal, el
apoyo de toda el ala doctrinaria le hubiera dado a su gestión un perfil
mucho más amplio, política e ideológicamente, que a la que tendrá Espino. A
éste apoyaron desde algunos panistas muy pragmáticos que lo que quieren es
apostar a lo que consideran seguro, y eso lo ven en Creel, hasta algunos
nuevos ideólogos de ese partido como Rodríguez Prats que están jugando a la
sucesión como en el viejo priísmo, como panistas que ven que el poder se les
está escapando y consideran que lo necesario para el momento es mucha más
dureza contra sus adversarios políticos, no importa de dónde provenga.

Conspiró también contra Medina Plascencia, la mala operación política del ex
candidato y su equipo: hasta horas antes del consejo panista, Medina estaba
seguro de tener por lo menos 200 votos asegurados, pero nunca obtuvo más de
176. Los 200 los terminó teniendo Espino. Cometió Medina Plascencia otro
grave error que es también una muestra de debilidad personal notable:
descorazonado por la derrota, el mismo sábado, antes incluso de la toma de
protesta de Espino, abandonó la reunión del Consejo, anunció que también
abandonaba la política activa y dejó a quienes los apoyaron sin respaldo en
la negociación del nuevo comité ejecutivo del partido, donde Espino (y
obviamente Santiago Creel y Muñoz) pudieron acomodar sus fichas como
quisieron.

Así en el comité ejecutivo nacional quedaron entre otros representantes de
los sectores más conservadores del PAN, Gerardo de los Cobos, Francisco
Fraile, Ana Rosa Payán, Cecilia Romero, Fernando Guzmán y José Luis Luege,
además de garantizar una posición al propio Ramón Muñoz. Creel colocó a sus
principales funcionarios: Humberto Aguilar Coronado, José Luis Durán y
Ricardo García Cervantes. De la gente cercana a Felipe Calderón apenas
quedan dos integrantes en el CEN panista: César Nava y Rogelio Carvajal.

La cereza en el pastel estos grupos la tuvieron haciendo repetir en la
secretaría general del PAN a Alfonso García Portillo. Allí está, en buena
medida, el secreto del triunfo de Espino: los dos últimos secretarios
generales del PAN, el propio Espino y García Portillo, los hombres que
tuvieron el control cotidiano y de la operación diaria del partido, los que
trabajaron en las entrañas del partido, estaban aliados y lograron, por
abajo, establecer todos los acuerdos que el panismo tradicional no pudo
garantizar recurriendo a las fuerzas ortodoxas y tradicionales del mismo. Si
a eso le sumamos la operación de Creel desde Gobernación y de Muñoz desde la
presidencia, está claro que el triunfo de Espino siendo en términos públicos
sorpresivo no era imprevisible.

Sin embargo cabe preguntarse sobre el futuro del PAN. Habrá que ver, sobre
todo, cómo con una dirección fuertemente conservadora, se puede implementar
el tipo de alianza que se plantea Creel con sectores priístas y de otros
partidos como Convergencia, de cara al 2006. Las posibilidades ahí están,
los peligros también: el panismo parece haber apostado todo a los duros. Y
salvo que haya una nueva sorpresa a la hora de elegir a su candidato
presidencial, la era de los doctrinarios, de los dirigentes históricos y sus
discípulos, como Luis H. Alvarez, Carlos Castillo Peraza, el propio Felipe
Calderón, de los seguidores de Gómez Morín, parece haber, en esta etapa del
partido, concluido. Llegó la hora de los duros.

Contactos: jfernandez@...









[Se eliminaron del mensaje las partes que no eran texto]




Lun, 7 de Mar, 2005 10:37 pm

moymaz
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La elección de la dirigencia panista no augura tiempos mejores. El acceso de la ultraderecha combinada con la seudo izquierda de López, sólo presagia ...
Moisés Carrillo G.
moymaz
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8 de Mar, 2005
1:27 am
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