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EL SUBLIME SANTUARIO..Del libro "Derrotero" EMMANUEL   Lista de mensajes  
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EL SUBLIME SANTUARIO

En el pasado las naciones adoraban como maravillas al Coloso de Rodas, los Jardines
Colgantes de Babilonia, la Tumba de Mausolo; y hoy no hay quien escape al asombro
ante las sorprendentes obras de la ingeniería moderna, como la Catedral de Milán, la
Torre Eiffel o los rascacielos de Nueva York.
Mientras tanto, escasos estudiosos se acuerdan de los prodigios del cuerpo humano, una
paciente realización de la Sabiduría Divina a través de los milenios, y templo del alma
que está en temporal aprendizaje en la Tierra.
Por más que se agigante nuestra inteligencia, hasta ahora no hemos conseguido explicar
en toda su grandiosa complejidad el milagro del cerebro, con el coeficiente de billones
de células; el aparato eléctrico del sistema nervioso, con los ganglios que actúan como
interruptores y las células sensibles como receptores en un circuito especializado; con
las neuronas sensitivas, motoras e intermediarias que contribuyen a graduar las
impresiones necesarias al progreso de la mente encarnada, y que dan paso a la corriente
nerviosa con una velocidad aproximada de 70 Metros por segundo; la cámara ocular
donde las imágenes viajan desde la retina hasta las profundidades del cerebro, en cuya
intimidad se incorporan a las pantallas de la memoria como patrimonio inalienable del
espíritu; el parque de la audición, con sus complicados recursos para registrar los
sonidos y fijarlos en las profundidades del alma, que selecciona ruidos y palabras y los
define y cataloga en la posición y en el concepto que les corresponde; el centro del
habla; la sede milagrosa del gusto en las papilas linguales, con un potencial de
corpúsculos gustativos que superan el número de 2.000; las admirables revelaciones del
esqueleto óseo, las fibras musculares, el aparato digestivo, el tubo intestinal, el motor
del corazón, la fábrica de jugos del hígado, el vaso de fermentos del páncreas, el
fantástico sistema sanguíneo con sus millones de vidas microscópicas y sus vigorosas
arterias, que soportan una presión equivalente a varias atmósferas; el avanzado
laboratorio de los pulmones, el precioso servicio de selección de los riñones, la
epidermis con sus secretos difícilmente abordables, los órganos venerables de la
actividad genésica y los sustentos eléctricos y magnéticos de las glándulas en el sistema
endocrino.
Sobre la Tierra tenemos, en el cuerpo humano, el más sublime de los santuarios y una
de las más grandes maravillas de la Obra Divina.
Desde la cabeza hasta los pies percibimos en él la gloria del Supremo Idealizador, que
poco a poco en el transcurso incesante de miles de años organizó para el espíritu en
desarrollo, el domicilio de la carne en el que el alma se manifiesta. Es una magnífica
ciudad estructurada con vidas microscópicas, casi inmensurables, por medio de la cual
la mente se desenvuelve y purifica, mientras se entrena en las luchas habituales y en los
servicios regulares del mundo, para importantes cometidos en los círculos superiores.
Aunque sea mutilado o deforme, un cuerpo constituye una bendición, porque nos da en
la Tierra, una preciosa oportunidad de perfeccionarnos espiritualmente. En realidad, el
cuerpo es el mayor de los presentes que nuestro Planeta puede ofrecernos.
Hasta ahora, de un modo general, el hombre no ha sabido colaborar en la preservación y
sublimación del castillo físico. Mientras es joven dilapida sus posibilidades y las
desperdicia inopinadamente, desde afuera hacia adentro, y tan pronto ve que se ha
perjudicado a sí mismo o que ha envejecido prematuramente, se entrega a la
insurrección y lo destruye a golpes mentales de rebeldía injustificable e inútil
desesperación, desde adentro hacia afuera.
Sin embargo, llega el día en que el hombre reconoce la importancia del templo vivo en
el que habita en este mundo, y suplica retornar a él cual un trabajador, que ávido de
renovación necesita el instrumento adecuado, a fin de conquistar el bendito salario del
progreso moral para la anhelada ascensión a las Esferas Divina.




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Mié, 4 de Nov, 2009 1:02 am

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Juan Carlos Mariani
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4 de Nov, 2009
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