Extraído del libro "Mediumnidad"
Autor Edgard Armond
RESUMEN HISTÓRICO DE LA MEDIUMNIDAD
Segunda parte
Continuación de:
http://es.groups.yahoo.com/group/zonaespirita/message/672
¡Qué mejor ejemplo de fenómeno de incorporación que el revelado por
Jeremías, -el profeta de la paz- cuando, tomado por un espíritu,
predica por las calles contra la guerra a los ejércitos de
Nabucodonosor! ¡Y qué otro mayor de videncia a través de los
tiempos, que el demostrado por Juan al escribir el Apocalipsis!
¡Y como es notable observar que, desde los remotos tiempos del
Antiguo Testamento los fenómenos, en sí mismos, en casi nada se
diferencia, como dijimos, de los observados actualmente por nosotros!
Basta citar los de trasporte: II, Reyes, VI: 6; los de levitación:
Ezequiel, III: 14 y 15 y Actos, VIII: 39 y 40; los de escritura
directa: Éxodo, XXXII: 15 y 16 y XXXIV: 28; los fenómenos luminosos:
XXXIV: 29 y 30 - además de muchos otros que sería largo enumerar.
Y tan semejantes eran las prácticas antiguas con las actuales, que
incluso era empleada la música para la formación del ambiente. De
hecho vemos que el profeta Eliseo reclama "un tañedor" (persona que
toca un instrumento musical) para profetizar: II Reyes, 3:15 - y es
muy vulgar la cita del pasaje en que David calma y aleja los
Espíritus obsesores de Saúl, tocando su arpa.
Y la oscuridad era también exigida en muchos casos, y Salomón, en el
acto de consagrar el templo que edificara, declaró
significativamente. "El señor ha dicho que habitaría en la
oscuridad", II Crónicas, 6:1.(1)
En el Nuevo Testamento, desde antes del Nacimiento incluso, las
pruebas son aún más concluyentes y notables, máxime las de
mediumnidad curativa, el don de lenguas, las levitaciones y los
fenómenos luminosos.
María de Nazaret ¿no vio al Espíritu anunciador? Jesús ¿no se mostró
poseedor de las más excelsas y variadas mediumnidades? ¿Y
los "milagros" suyos y de los apóstoles?
Volviendo a citar a León Denis, de él es esta pregunta: "¿Los
apóstoles de Cristo fueron elegidos por ser sabios o notables, o
porque poseían cualidades mediúmnicas?"
- Esos apóstoles, como sabemos, y sus discípulos, durante el
tiempo de sus trabajos actuaron como verdaderos médiums, bastando
citar a S. Pablo y S. Juan, uno el más dinámico y culto, el otro al
más místico.
¿Qué fue el Pentecostés sino la otorgación de facultades mediumnicas
a los apóstoles y discípulos?
Y justamente por ejercer la mediumnidad es que sabían de sus
peligros, de los cuidados que su práctica exigía, sobre eso llamaban
constantemente la atención de sus discípulos.(2)
San Pablo decía: "los espíritus de los profetas están sujetos a los
profetas", y San Juan agregaba: "Queridos, no creáis en todos los
espíritus, mas probad que los espíritus sean de Dios". Advertían así
contra la acción de los espíritus obsesores y mistificaciones.
Eran tan común la mediumnidad entre los primitivos cristianos que
eran enviadas instrucciones escritas a las comunidades de las
diferentes ciudades para regular su práctica: y tales instrucciones
fueron, con el correr del tiempo, encuadernadas en libros para su
mejor conservación.
Hernas, que evangelizó en tiempos de San Pablo adquiriendo grande y
justa autoridad, en su libro El Pastor decía: "El espíritu que viene
de parte de Dios es pacífico y humilde; se aleja de toda malicia y
de todo vano deseo de este mundo y asciende por encima de todos los
hombres. No responde a todos los que lo interrogan ni a las personas
en particular, porque el espíritu que viene de Dios no habla al
hombre cuando el hombre quiere, sino cuando Dios lo permite. Cuando,
pues, un hombre que tiene el espíritu de Dios viene a la asamblea de
los fieles, desde que se hace la plegaria el espíritu toma lugar en
ese hombre que habla en la asamblea como Dios lo quiere. Se reconoce
por el contrario el espíritu terrestre, frívolo, sin sabiduría y sin
fuerza en que se agita, se levanta y toma el primer lugar. Es
inoportuno, charla y no profetiza sin reveneración. Un profeta de
Dios no procede así".
Estas instrucciones, dadas hace siglos, como se ve, continúan en
plena vigencia aún hoy, incluso en lo que se refiere a la ganancia
de algunos y a la vanidad de muchos.
Esas manifestaciones de mediumnidad pública continuaron dándose
hasta que fue posible porque, a medida que el cristianismo se fue
transformando en religión oficial fue perdiendo su espiritualidad y
ganando carácter mundano; y a partir del Concilio de Nicea, en el
325, se formaron dos corrientes opuestas, una queriendo permanecer
en el cristianismo primitivo y la otra esforzándose por progresar en
el mundo de los valores efímeros. A partir de ahí la Iglesia, más
tarde llamada católica romana, olvidando tres siglos de vida
ejemplar y repudiando las enseñanzas del Maestro en su verdadero
sentido, se asoció a las fuerzas del mal para obtener, como obtuvo,
el dominio del mundo por el poder temporal.
Esa Iglesia, convenida entonces en todopoderosa por la
oficialización que le otorgó Constantino, declaró que la mediumnidad
era ilegal, herética, obra de magia, obra demoníaca, y entró en
consecuencia a promoverle una sistemática persecución.
Renegó de todos los actos mediúmnicos practicados por Jesús y sus
discípulos, -que los fariseos del Sanedrín, ya en su tiempo,
calificaban como prácticas del dominio- y en eso fue coherente
consigo misma, puesto que, habiendo creado su sistema cerrado de
dogmas oscurantistas y privilegios sacerdotales, comprobó que el
ejercicio público de la mediumnidad vendría a derruir, a socavar por
la base del edificio material que estaba laboriosa y arduamente
construyendo para consolidar su poderío avasallador.
A pesar de los testimonios y de las protestas presentadas sincera y
honestamente por varias de sus propias luminarias, como San Gregorio
de Niza, San Clemente de Alejandría, Santo Tomás de Aquino, San
Agustín y otros que adquirían y practicaban la mediumnidad, no
volvió atrás y durante siglos procuró, como hasta hoy, procura
frenar el pensamiento y el espíritu de comprensión de los fenómenos
mediúmnicos, perseverando en sus propósitos iniciales.
Creó así una época muy prolongada de oscurantismo, durante la cual
todo fue empleado para destruir la revelación divina: el odio, la
venganza, la persecución y la muerte por el hierro, por el fuego,
por el veneno, por la espada.
La Edad Media fue el período perfecto de esa verdadera noche
espiritual.
Como consecuencia de esa situación de terror oficializado los
círculos que cultivaban la espiritualidad pura se fueron cerrando,
restringiéndose, desapareciendo, y la palabra de la Verdad solamente
podía ser transmitida en secreto, de boca a oído, en débiles
susurros, en forma tal que realmente, nunca pudo ser expresada
libremente en una gran parte del mundo.
Incluso en los rituales de las iglesias se encontraba esta citación
obligatoria como oración: "Ahuyentad, Señor, todos los espíritus
malignos, todos los fantasmas y todos los espíritus que golpean".
Ahora bien, con la evolución de las cosas y como era natural, todos
aquellos espíritus no fanatizados y liberales, amantes del progreso,
no encontrando en esos cultos así organizados nada que satisficiese
su razón y sus sentimientos, se volcaron hacia el materialismo, por
lo que a la oscuridad del fanatismo sucedió la del ecepticismo.
La ciencia estaba tomando pie e intentando quebrar los yugos que la
esclavizaban hasta entonces, y el mundo precisaba incluso una
renovación para caminar en mejores condiciones.
Surgieron en esa época las filosofías naturalistas, realistas,
basadas en la razón, a cuyo frente se pusieron los llamados
enciclopedistas, quienes produjeron una verdadera revolución en el
pensamiento, y, socavado entonces por esas nuevas concepciones
teorizantes, el mundo comenzó a sufrir choques profundos que en
corto lapso degeneraron en una tremenda convulsión social
precursora, como siempre acontece, de un acelerado movimiento
evolutivo.
Al terror del fanatismo religioso siguió el de la venganza popular
desenfrenada y, en el crisol de aquella dura prueba, los destinos
del mundo comenzaron de nuevo a ser fundidos.
Fue entonces que los Espíritus directores tuvieron que intervenir
nuevamente para orientar el movimiento e impedir que las pasiones
desencadenadas superasen los límites permitidos, perjudicando el
progreso general o retardándolo demasiado.
Entraron a actuar en forma enérgica y positiva haciendo valer los
elementos ya preparados de antemano, y dispuestos en los sectores
más convenientes.
Eso sucedió en el siglo pasado,* así hasta nuestros días y en
diferentes lugares al mismo tiempo, pero más señaladamente en la
América del Norte, donde los fenómenos objetivos y por sí mismos
impresionantes se revelaron, llamando la atención del mundo.
Es verdad que al tumulto causado por la explosión de las masas, el
positivismo había traído un cierto adelanto metodizando el
pensamiento y orientando el razonamiento en el sentido de la
justicia y de la moral, mas lo que los guías querían era enfocar el
aspecto nítidamente espiritual de la vida, elevándose por sobre lo
espiritual y especulativo hacia los cuales, en ese momento, se
inclinaban todas las fuerzas vivas del hombre.
Y eso lo consiguieron con éxito, dado que el interés despertado por
esas manifestaciones de lo llamado sobrenatural fue considerable,
todas las clases intelectuales se movilizaron y a los sabios de
indiscutible autoridad les fue sometida la incumbencia de examinar
el asunto a la luz de la ciencia contemporánea. Fue entonces que,
para facilitar ese examen, los Espíritus directores determinaron la
aparición de médiums de gran capacidad, con lo cual trataban también
de contribuir para que esos trabajos resultasen concluyentes y
categóricos.
Esos médiums, que eran realmente excepcionales, se sometieron a toda
especie de control y los informes firmados por comisiones
científicas de América, Inglaterra, Francia, Italia y Alemania
estuvieron de acuerdo en reconocer que la vida continuaba realmente
más allá del sepulcro, y que era innegable el intercambio entre
vivos y muertos.
Fue esa misión de Kardec -el Codificador- y de los notables
Espíritus de Crookes, Ochorowicz, du Prel, Lombroso, Myers; Stead,
Flammarion, León Denis, Aksakof, Notzing, seguidos luego por Lodge,
Richet, Doyle, Geley, Bozzano y Delanne, para citar solamente los
más conocidos.
Y así, con el auxilio de esos sabios fue puesto un freno al
materialismo dominante, dando una nueva orientación al pensamiento
religioso y a la verdad que, hasta hoy, mantiene el impulso dado en
aquella época y sigue creciendo en importancia y rapidez produciendo
un triple resultado: La derrota del materialismo estéril, la
destrucción del fanatismo religioso medieval y la implantación de
los fundamentos de una verdadera espiritualidad.
Desde entonces el mundo evolucionó más deprisa, en una fermentación
interior y silenciosa y cuyos efectos sentiremos en tiempos muy
próximos, en el remate de este fin de siglo, con el advenimiento del
tercer milenio.
Los científicos y los médiums fueron, innegablemente, los artífices
materiales de esa gran victoria.
____________________
(1) - Salmos. 67:18; Isaías, 32:15 y 44:3; Ezequiel, 11:19 y 36:27;
Joel 2:28.
(2) - Juan, 14:26 y 16:7; Actos, 1.2, 3, 5, ,8 ,9 10, 11, 16; 2:4,
38, 39; 4:31; 9:17; 10:44; 11:15; 13:52; 19:6; 20:23; Romanos, 5:5;
15:19; I, corintios, 12.
* - Debido al año en que fue escrito este texto, se refiere al siglo XIX
FIN DEL TEXTO
~~~~~~~~
Aportado por Juan Carlos
___________________________________________________________________
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Observe y verificará que usted mismo atrajo hacia su campo de
influencia todo lo que usted posee y todo aquello que hace parte de
su cotidiano.
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Autor Edgard Armond
RESUMEN HISTÓRICO DE LA MEDIUMNIDAD
Segunda parte
Continuación de:
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¡Qué mejor ejemplo de fenómeno de incorporación que el revelado por
Jeremías, -el profeta de la paz- cuando, tomado por un espíritu,
predica por las calles contra la guerra a los ejércitos de
Nabucodonosor! ¡Y qué otro mayor de videncia a través de los
tiempos, que el demostrado por Juan al escribir el Apocalipsis!
¡Y como es notable observar que, desde los remotos tiempos del
Antiguo Testamento los fenómenos, en sí mismos, en casi nada se
diferencia, como dijimos, de los observados actualmente por nosotros!
Basta citar los de trasporte: II, Reyes, VI: 6; los de levitación:
Ezequiel, III: 14 y 15 y Actos, VIII: 39 y 40; los de escritura
directa: Éxodo, XXXII: 15 y 16 y XXXIV: 28; los fenómenos luminosos:
XXXIV: 29 y 30 - además de muchos otros que sería largo enumerar.
Y tan semejantes eran las prácticas antiguas con las actuales, que
incluso era empleada la música para la formación del ambiente. De
hecho vemos que el profeta Eliseo reclama "un tañedor" (persona que
toca un instrumento musical) para profetizar: II Reyes, 3:15 - y es
muy vulgar la cita del pasaje en que David calma y aleja los
Espíritus obsesores de Saúl, tocando su arpa.
Y la oscuridad era también exigida en muchos casos, y Salomón, en el
acto de consagrar el templo que edificara, declaró
significativamente. "El señor ha dicho que habitaría en la
oscuridad", II Crónicas, 6:1.(1)
En el Nuevo Testamento, desde antes del Nacimiento incluso, las
pruebas son aún más concluyentes y notables, máxime las de
mediumnidad curativa, el don de lenguas, las levitaciones y los
fenómenos luminosos.
María de Nazaret ¿no vio al Espíritu anunciador? Jesús ¿no se mostró
poseedor de las más excelsas y variadas mediumnidades? ¿Y
los "milagros" suyos y de los apóstoles?
Volviendo a citar a León Denis, de él es esta pregunta: "¿Los
apóstoles de Cristo fueron elegidos por ser sabios o notables, o
porque poseían cualidades mediúmnicas?"
- Esos apóstoles, como sabemos, y sus discípulos, durante el
tiempo de sus trabajos actuaron como verdaderos médiums, bastando
citar a S. Pablo y S. Juan, uno el más dinámico y culto, el otro al
más místico.
¿Qué fue el Pentecostés sino la otorgación de facultades mediumnicas
a los apóstoles y discípulos?
Y justamente por ejercer la mediumnidad es que sabían de sus
peligros, de los cuidados que su práctica exigía, sobre eso llamaban
constantemente la atención de sus discípulos.(2)
San Pablo decía: "los espíritus de los profetas están sujetos a los
profetas", y San Juan agregaba: "Queridos, no creáis en todos los
espíritus, mas probad que los espíritus sean de Dios". Advertían así
contra la acción de los espíritus obsesores y mistificaciones.
Eran tan común la mediumnidad entre los primitivos cristianos que
eran enviadas instrucciones escritas a las comunidades de las
diferentes ciudades para regular su práctica: y tales instrucciones
fueron, con el correr del tiempo, encuadernadas en libros para su
mejor conservación.
Hernas, que evangelizó en tiempos de San Pablo adquiriendo grande y
justa autoridad, en su libro El Pastor decía: "El espíritu que viene
de parte de Dios es pacífico y humilde; se aleja de toda malicia y
de todo vano deseo de este mundo y asciende por encima de todos los
hombres. No responde a todos los que lo interrogan ni a las personas
en particular, porque el espíritu que viene de Dios no habla al
hombre cuando el hombre quiere, sino cuando Dios lo permite. Cuando,
pues, un hombre que tiene el espíritu de Dios viene a la asamblea de
los fieles, desde que se hace la plegaria el espíritu toma lugar en
ese hombre que habla en la asamblea como Dios lo quiere. Se reconoce
por el contrario el espíritu terrestre, frívolo, sin sabiduría y sin
fuerza en que se agita, se levanta y toma el primer lugar. Es
inoportuno, charla y no profetiza sin reveneración. Un profeta de
Dios no procede así".
Estas instrucciones, dadas hace siglos, como se ve, continúan en
plena vigencia aún hoy, incluso en lo que se refiere a la ganancia
de algunos y a la vanidad de muchos.
Esas manifestaciones de mediumnidad pública continuaron dándose
hasta que fue posible porque, a medida que el cristianismo se fue
transformando en religión oficial fue perdiendo su espiritualidad y
ganando carácter mundano; y a partir del Concilio de Nicea, en el
325, se formaron dos corrientes opuestas, una queriendo permanecer
en el cristianismo primitivo y la otra esforzándose por progresar en
el mundo de los valores efímeros. A partir de ahí la Iglesia, más
tarde llamada católica romana, olvidando tres siglos de vida
ejemplar y repudiando las enseñanzas del Maestro en su verdadero
sentido, se asoció a las fuerzas del mal para obtener, como obtuvo,
el dominio del mundo por el poder temporal.
Esa Iglesia, convenida entonces en todopoderosa por la
oficialización que le otorgó Constantino, declaró que la mediumnidad
era ilegal, herética, obra de magia, obra demoníaca, y entró en
consecuencia a promoverle una sistemática persecución.
Renegó de todos los actos mediúmnicos practicados por Jesús y sus
discípulos, -que los fariseos del Sanedrín, ya en su tiempo,
calificaban como prácticas del dominio- y en eso fue coherente
consigo misma, puesto que, habiendo creado su sistema cerrado de
dogmas oscurantistas y privilegios sacerdotales, comprobó que el
ejercicio público de la mediumnidad vendría a derruir, a socavar por
la base del edificio material que estaba laboriosa y arduamente
construyendo para consolidar su poderío avasallador.
A pesar de los testimonios y de las protestas presentadas sincera y
honestamente por varias de sus propias luminarias, como San Gregorio
de Niza, San Clemente de Alejandría, Santo Tomás de Aquino, San
Agustín y otros que adquirían y practicaban la mediumnidad, no
volvió atrás y durante siglos procuró, como hasta hoy, procura
frenar el pensamiento y el espíritu de comprensión de los fenómenos
mediúmnicos, perseverando en sus propósitos iniciales.
Creó así una época muy prolongada de oscurantismo, durante la cual
todo fue empleado para destruir la revelación divina: el odio, la
venganza, la persecución y la muerte por el hierro, por el fuego,
por el veneno, por la espada.
La Edad Media fue el período perfecto de esa verdadera noche
espiritual.
Como consecuencia de esa situación de terror oficializado los
círculos que cultivaban la espiritualidad pura se fueron cerrando,
restringiéndose, desapareciendo, y la palabra de la Verdad solamente
podía ser transmitida en secreto, de boca a oído, en débiles
susurros, en forma tal que realmente, nunca pudo ser expresada
libremente en una gran parte del mundo.
Incluso en los rituales de las iglesias se encontraba esta citación
obligatoria como oración: "Ahuyentad, Señor, todos los espíritus
malignos, todos los fantasmas y todos los espíritus que golpean".
Ahora bien, con la evolución de las cosas y como era natural, todos
aquellos espíritus no fanatizados y liberales, amantes del progreso,
no encontrando en esos cultos así organizados nada que satisficiese
su razón y sus sentimientos, se volcaron hacia el materialismo, por
lo que a la oscuridad del fanatismo sucedió la del ecepticismo.
La ciencia estaba tomando pie e intentando quebrar los yugos que la
esclavizaban hasta entonces, y el mundo precisaba incluso una
renovación para caminar en mejores condiciones.
Surgieron en esa época las filosofías naturalistas, realistas,
basadas en la razón, a cuyo frente se pusieron los llamados
enciclopedistas, quienes produjeron una verdadera revolución en el
pensamiento, y, socavado entonces por esas nuevas concepciones
teorizantes, el mundo comenzó a sufrir choques profundos que en
corto lapso degeneraron en una tremenda convulsión social
precursora, como siempre acontece, de un acelerado movimiento
evolutivo.
Al terror del fanatismo religioso siguió el de la venganza popular
desenfrenada y, en el crisol de aquella dura prueba, los destinos
del mundo comenzaron de nuevo a ser fundidos.
Fue entonces que los Espíritus directores tuvieron que intervenir
nuevamente para orientar el movimiento e impedir que las pasiones
desencadenadas superasen los límites permitidos, perjudicando el
progreso general o retardándolo demasiado.
Entraron a actuar en forma enérgica y positiva haciendo valer los
elementos ya preparados de antemano, y dispuestos en los sectores
más convenientes.
Eso sucedió en el siglo pasado,* así hasta nuestros días y en
diferentes lugares al mismo tiempo, pero más señaladamente en la
América del Norte, donde los fenómenos objetivos y por sí mismos
impresionantes se revelaron, llamando la atención del mundo.
Es verdad que al tumulto causado por la explosión de las masas, el
positivismo había traído un cierto adelanto metodizando el
pensamiento y orientando el razonamiento en el sentido de la
justicia y de la moral, mas lo que los guías querían era enfocar el
aspecto nítidamente espiritual de la vida, elevándose por sobre lo
espiritual y especulativo hacia los cuales, en ese momento, se
inclinaban todas las fuerzas vivas del hombre.
Y eso lo consiguieron con éxito, dado que el interés despertado por
esas manifestaciones de lo llamado sobrenatural fue considerable,
todas las clases intelectuales se movilizaron y a los sabios de
indiscutible autoridad les fue sometida la incumbencia de examinar
el asunto a la luz de la ciencia contemporánea. Fue entonces que,
para facilitar ese examen, los Espíritus directores determinaron la
aparición de médiums de gran capacidad, con lo cual trataban también
de contribuir para que esos trabajos resultasen concluyentes y
categóricos.
Esos médiums, que eran realmente excepcionales, se sometieron a toda
especie de control y los informes firmados por comisiones
científicas de América, Inglaterra, Francia, Italia y Alemania
estuvieron de acuerdo en reconocer que la vida continuaba realmente
más allá del sepulcro, y que era innegable el intercambio entre
vivos y muertos.
Fue esa misión de Kardec -el Codificador- y de los notables
Espíritus de Crookes, Ochorowicz, du Prel, Lombroso, Myers; Stead,
Flammarion, León Denis, Aksakof, Notzing, seguidos luego por Lodge,
Richet, Doyle, Geley, Bozzano y Delanne, para citar solamente los
más conocidos.
Y así, con el auxilio de esos sabios fue puesto un freno al
materialismo dominante, dando una nueva orientación al pensamiento
religioso y a la verdad que, hasta hoy, mantiene el impulso dado en
aquella época y sigue creciendo en importancia y rapidez produciendo
un triple resultado: La derrota del materialismo estéril, la
destrucción del fanatismo religioso medieval y la implantación de
los fundamentos de una verdadera espiritualidad.
Desde entonces el mundo evolucionó más deprisa, en una fermentación
interior y silenciosa y cuyos efectos sentiremos en tiempos muy
próximos, en el remate de este fin de siglo, con el advenimiento del
tercer milenio.
Los científicos y los médiums fueron, innegablemente, los artífices
materiales de esa gran victoria.
____________________
(1) - Salmos. 67:18; Isaías, 32:15 y 44:3; Ezequiel, 11:19 y 36:27;
Joel 2:28.
(2) - Juan, 14:26 y 16:7; Actos, 1.2, 3, 5, ,8 ,9 10, 11, 16; 2:4,
38, 39; 4:31; 9:17; 10:44; 11:15; 13:52; 19:6; 20:23; Romanos, 5:5;
15:19; I, corintios, 12.
* - Debido al año en que fue escrito este texto, se refiere al siglo XIX
FIN DEL TEXTO
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