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EL FARO WEHITTOM
http://jesusalejandrogodoy.blogspot.com
Autor: *(c) *Jesús Alejandro Godoy*
"¿...Estás seguro de lo que estás pensando? –me pregunto mentalmente,
mientras mi mano se revela a mi cuerpo, y empieza a agitarse furiosamente en
el vacío-. Y muy cerca de ahí, muy cerca de mí, el pasillo sé que se entrega
a esas luces que parpadean, y esos pasos que van subiendo sigilosamente por
las escaleras... uno tras otro"
Miro a través de los cristales de la vieja ventana, fuera se mece una de las
hojas de madera golpeada por un violento torrente de ventisca, que lo veo
inteligente, como si tratar de arrebatarme de esta habitación lúgubre y
desconfiada, que se encuentra toda repleta de humedad, moho, y un extraño
polvillo que se desprende de las paredes y se te mete en los ojos y en la
nariz haciéndote estornudar, y que de vez en cuando te deja los ojos rojos y
vidriosos como un vampiro.
-¿Estás seguro que esta vez es verdad? –murmuro y entrecierro los ojos,
antes de atajarme la mano temblorosa con mi otra mano que sostiene mi Gold
Leafe recién encendido-.
Mientras hago eso, miro el mar embravecido a través de la ventana. Solamente
vislumbro esporádicamente la silueta de alguna ola, cuando la ilumina la luz
del faro Wehittom, que se levanta a lo lejos como un testigo irreverente que
de algo está sucediendo. De que algo está por suceder.
Miro el cieloraso. Una cucaracha de enorme porte se escabulle por una grieta
muy cerca de donde cuelga la araña principal de la habitación; tiene varios
plásticos que giran muy lentamente, símil cristales de cuarzo, que se lo
vendieron –según sé- a la dueña anterior de la casa. Una de las bombillas se
ha quemado recién con un sonido mudo, y la otra titila ferozmente.
"A veces sucede –pienso- pero no me dejo alterar. Tengo cosas más
importantes de que preocuparme"
Entra una ventisca que me sorprende tratando de ser algo estoico, pero no lo
logro, por que recuerdo todo lo que sucedió en este lugar... las rodillas me
tiemblan un poco.
Despejo mi mente y suspiro. Paso mi mano por mi frente y me masajeo la sien
derecha por un instante.
Vuelvo a mirar el cieloraso.
Pienso qué aventurero vendedor, vendría a ofrecer luminarias de baja calidad
a este sitio tan apartado de toda presencia...
Pienso en la dueña anterior de la casa... ¿Cómo se llamaba?
-¡Ahhh sí! ¡La señora Yolanda Gurubía! –murmuro. Le doy una leve pitada a mi
cigarrillo pero no aspiro el humo, por que el quejido de uno de los
escalones de madera de me hace volver a la realidad de las cosas una vez
más-.
"Está aquí" pienso.
Farfullo algo, y me doy cuenta que estoy más nervioso de lo que calculaba
estar.
-La señora Yolanda Gurubía –suspiro-. La seriedad se está volviendo
agobiante y un tanto pesada creo, pero es mejor pensar en eso, que en otra
cosa.
La marea rompiente me distrae un poco, pero no tanto como para no pensar en
la antigua dueña de esta casa de dos plantas.
-y sus "compañeras" –digo quedamente-.
Ésta vez sí aspiro un poco de humo.
La mano me ha empezado a temblar nuevamente, pero no importa tanto como el
hecho de que sé que alguien se está acercando; y eso, me asusta ferozmente y
me incomoda tanto a la vez, como para mirar intensamente la puerta de la
habitación, imaginando que algo extraño ingresará por ahí a arrebatar todo
lo que existe aquí…
Inclino un poco la cabeza y me froto la nuca. Tengo miedo.
"Estoy sudando" pienso.
Miro mi brazo. Mi piel se crispa.
-Escalofríos –murmuro.
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