Los conjurados de La Paz, dirigidos por Pedro Domingo Murillo, Victorio y Gregorio Lanza, Juan Basilio Catacora, el cura José Antonio Medina Juan Pedro de Indaburo y otros, dieron el golpe de mano y depusieron a las autoridades, llamaron a Cabildo Abierto y organizaron la histórica Junta Tuitiva (16 de julio de 1809). Pedro Domingo Murillo fue nombrado jefe de las fuerzas, e Indaburo su segundo. El documento fundamental de la insurrección americana lo constituye el Manifiesto de la Junta Tuitiva, cuyos principales conceptos son:
Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria; hemos visto con indiferencia por más de tres siglos sometida nuestra primitiva libertad al despotismo Y tiranía de un usurpador injusto que, degradándonos de la especie humana nos ha reputado por salvajes... Ya es tiempo, en fin, de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título y conservadas con la mayor injusticia y tiranía. ¿valerosos habitantes de La Paz y de todo el Imperio del Perú, revelad vuestros proyectos para la ejecución; aprovechaos de las circunstancias en que estamos; no miréis con desdén la felicidad de nuestro suelo, ni perdáis jamás de vista la unión que debe reinar entre todos para ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente!Goyeneche no amenguó sus ímpetus y persiguió esa revolución hasta aniquilar a sus cabecillas. Murillo fue hecho prisionero en Zongo y condenado a muerte. Murillo, antes de entregarse en holocausto a la horca, repitió gallardamente: "La tea que dejo encendida nadie la podrá apagar". Después, Goyeneche volvió al Perú, con el título de "pacificador".
Surgieron los caudillos mestizos y criollos con actos de admirable denuedo y sacrificio, derrochando heroísmo e ingenio en las llamadas guerras de guerrillas. De 102 caudillos, apenas nueve alcanzaron la Independencia en 1825.
situación llena de escollos. Con el Libertador Simón Bolívar organizó el ejército insurgente, compuesto por
colombianos, chilenos, argentinos, peruanos y europeos. Con este ejército el Libertador dio las últimas
grandes batallas de la liberación, contando con el apoyo leal y decisivo del general Sucre. El 6 de agosto de
1824, el Libertador derrotó al general José de Canterac en la batalla de Junín; éste fue su último triunfo
militar en la guerra. Las tropas realistas se retiraron con el mayor desorden.
y José de La Mar se enfrentaron a las divisiones realistas de Alejandro González Villalobos, Antonio Monet y
Jerónimo Valdés. A las 11 de la mañana del 9 de diciembre, los dos ejércitos se hallaban en plena acción. El
encuentro favoreció inicialmente a los españoles, hasta cuando entró la infantería de la primera división,
comandada por el general José María Córdova. Con su empuje y heroicidad, el ejército patriota consolidó la
ofensiva arrojándose contra los realistas, que empezaron a desorganizarse, hasta que a la una de la tarde el
triunfo coronó los esfuerzos de los patriotas. Las tropas del rey sufrieron la más grande derrota: 2000
muertos, 600 heridos y 2000 prisioneros; los patriotas tuvieron 500 muertos y 600 heridos. En pleno campo
de acción de Ayacucho se concertó la capitulación entre el derrotado general José de Canterac, pues el virrey
José de La Serna no pudo hacerse presente por hallarse herido y prisionero, con el general Antonio José de
Sucre. En la capitulación de Ayacucho, cuya victoria selló la independencia definitiva de América, se reconoció
la independencia del Perú y la desocupación de todos los territorios que se hallaban en posesión de los
realistas. Sobre el triunfo de Sucre en Ayacucho, el Libertador Simón Bolívar expresó: «El general Sucre es el
padre de Ayacucho, el redentor de los hijos del Sol; es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el
imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en Pichincha y el otro en el Potosí,
llevando en sus manos la cuna de Manco-Cápac y contemplando las cadenas del Perú, rotas por la espada».
En 1825 se proclamó en el Alto Perú la República de Bolivia, y el mariscal Sucre fue designado como su
primer presidente. La capital de Bolivia recibió el nombre de Sucre, en su honor. Como presidente, Sucre
convocó a una Asamblea Constituyente que se reunió en mayo de 1825, en la cual se manifestaron tres
tendencias: una en favor de la anexión al Río de la Plata, otra por la anexión al Perú, y la tercera defendió la
independencia absoluta. La mayoría acordó la independencia total y solicitó al Libertador Bolívar la redacción
de un proyecto de Constitución. Así se creó la República de Bolívar, que luego fue llamada Bolivia. El
Libertador redactó la Constitución Boliviana, que propugnó por un régimen mixto entre democracia y
monarquía, con un presidente vitalicio y con cuatro poderes y tres cámaras. El mariscal Sucre ejerció la
Presidencia de Bolivia hasta 1828. Sobre sus obras, se destacaron la educación para todos; la creación de
numerosas escuelas, colegios y universidades; y la contratación de maestros extranjeros para fortalecer la
calidad en la educación. Sucre siempre manifestó un total respeto hacia los indígenas; mejoró la agricultura,
después de diez años de desolación; v estableció relaciones con la Santa Sede. Un motín en Chuquisaca, el
18 de abril de 1828, lo llevo a la renuncia de la primera magistratura de Bolivia. Así se expresó en su
mensaje al Congreso, el 2 de agosto de 1828: «En el retiro de mi vida veré mis cicatrices, y nunca me
arrepentiré de llevarlas, cuando me recuerden que para formar a Bolivia preferí el imperio de las leyes a ser
el tirano o el verdugo que llevara una espada pendiente sobre la cabeza de los ciudadanos». Los peruanos,
comandados por el general Gamarra, querían anexar el territorio boliviano al Perú; para ellos, Sucre era el
principal obstáculo. A la renuncia del Mariscal, el nuevo presidente de Bolivia fue el general Andrés Santa
Cruz, uno de sus enemigos.
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Antonio Jose de Sucre Antonio José de Sucre nació en Cumaná, hoy estado Sucre, el 3 de febrero de 1795. General en Jefe del Ejército de Venezuela, Colombia y Ecuador. Gran Mariscal de Ayacucho. Presidente de Bolivia. Político y estadista. Hijo del Teniente Vicente de Sucre y Urbaneja y de María Manuela de Alcalá. |
Es considerado como el militar más completo y cabal de los próceres de la independencia suramericana. Fue un paradigma en el estricto cumplimiento de su deber; era inflexible, duro y justo. Sus antecesores fueron, casi todos, militares. Su madre murió cuando él tenía 7 años. En su adolescencia fue enviado a Caracas, al cuidado de su padrino, el arcediano de la Catedral, presbítero Antonio Patricio de Alcalá, para iniciar estudios de Ingeniería Militar en la Escuela de José Mires, donde estudiara por 5 años para despues unirse a la causa libertaria. Tenía 15 años de edad cuando se unió a la lucha por la independencia de Venezuela, a partir del 19 de abril de 1810. Su carrera fue en vertiginoso ascenso: desde subteniente de infantería en julio de 1810 hasta general en jefe en febrero de 1825.
En mayo de 1826, dio a Bolivia 13 decretos referentes a la creación de colegios de ciencias y artes, más institutos para huérfanos y huérfanas en todos los departamentos, y el establecimiento de escuelas primarias en todos los cantones de la República.
Pugnas políticas internas y su deseo de contraer matrimonio lo alejan de Bolivia.
"... No concluiré mi mensaje sin pedir a la Representación Nacional un premio por mis servicios que, pequeños a grandes, han dado existencia a Bolivia; y que lo merecerán por tanto. La Constitución me hace inviolable; ninguna responsabilidad me cabe por los actos de mi gobierno. Ruego, pues, que se me destituya de esta prerrogativa, y que se examine escrupulosamente toda mi conducta". (Ultimo Mensaje al Congreso Boliviano, Chuquisaca, 2/VIII/1828).
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