La problemática expuesta por el listero no está dada en los comentarios que generen las otras profesiones (o profesionales), sobre nuestra profesión; por el contrario, está dada en la actitud que asumimos ante dichos comentarios. ¡Insisto el problema es de actitud!
En alguna ocasión viví una situación similar. Me encontraba en un coloquio y tuve la oportunidad de intercambiar algunas palabras con uno de los comensales de este evento. No recuerdo cuál fue el motivo que nos llevo a tocar el tema de las profesiones, pero este me indago sobre mi profesión... ante mi respuesta, increpó: “estudiar 10 semestre para eso, no se justifica”.
Varias situaciones no necesariamente necesitan asumirse desde lo colectivo. Lo particular es el reflejo de lo general. Si mi actitud profesional es insustancial, la actitud reflejada en el colectivo será insustancial.
Parte de los aspectos que he ido identificando sobre la actitud profesional no se debe como muchos piensan a la falta de un conocimiento sobre nuestro objeto de estudio (i.e.: la Bibliotecología y las Ciencias de la Información); simplemente, se debe a la falta de conocimiento de nosotros mismos. Pero ese conocimiento propio no es una cosa que pueda obtenerse de los libros, ni del resultado de una laboriosa práctica, sino que se consigue –de instante en instante— respecto a cada idea, pensamiento y sentimiento, a medida que surgen las relaciones con las personas y el entorno. Lamentablemente, las instituciones educativas –y esto lo he visto claramente reflejado por algunos docentes en sus prácticas académicas— ha contribuido ha reforzar esta situación con cierto desarraigo e indiferencia, cuyas únicas soluciones que proponen se escudan en el ámbito del conocimiento y las ideas, como telón para rehuir a ese compromiso que tenemos con nosotros: conocernos a sí mismos. ¡De ahí que existan las crisis de identidad! Para vender la profesión hay que internalizarla, y para ello se hace necesario desarrollar esa capacidad perceptiva y de introspección, quién mejor para evaluarnos que nosotros mismos; los conocimientos por si solos enajenan aspectos vitales, como lo es la condición humana. Bien lo dice la pedagoga brasileña Marilu Martinelli, “la instrucción que se basa sólo en el conocimiento, ignorando la vivencia total del potencial humano, no cumple un propósito educativo”.
Me quedarían varias cosas por y para mencionar; pero quiero terminar con la situación que describí brevemente en el segundo párrafo del mensaje. Una vez el interlocutor del coloquio asintió su comentario (sobre mi profesión), proseguí con ahínco a deslucir su banal juicio. Una vez termine mi intervención, le pregunte cuál era su profesión, el me respondió, “contador”, al instante le repuse, “y para eso tienen que estudiar 10 semestres”, con cierto gesto de asombro me dijo, “sí, ¿por qué? Mi respuesta fue bastante irónica, sin embargo, asentí: “porque estudiar 10 semestres para hacer un balance e interpretarlo no se justifica”.
Cordial saludo,
Fabricio