Crónica de un viaje a la Argentina (V)
EL MINITOUR Y FANNY GARBINI
Cuando se llega por primera vez a una ciudad cosmopolita es recomendable
efectuar un minitour turístico para situarte en ella, lo que aquí llaman obtener
un "pantallazo". Y a eso le dediqué el tercer día de mi estancia en Buenos
Aires.
La Recoleta, Palermo, La Casa Rosada, el monumento con forma de flor que abre
sus pétalos a mediodía y los cierra por la noche, Puerto Madero, etc. y
Caminito, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, punto turístico por
excelencia o que, al menos, el turista nunca perdona.
A mí me produjo una especial emoción este recorrido en autocar, con paradas
puntuales en los sitos estratégicos, porque lo hice con mi prima María Elena,
una mujer a la que admiro por su vitalidad y espíritu de aventura.
Antes de llegar a Caminito pasamos por delante de la Bombonera, el estadio de
Boca Juniors, donde jugó su hermano Eliseo Mouriño en la década de los
cincuenta, lo que estimuló el recuerdo de mi primo.
Yo creía hasta ese momento que Eliseo había desarrollado su carrera deportiva en
Boca, pero no. El equipo donde se formó futbolísticamente fue Banfield, desde el
que fue traspasado a Boca y, con posterioridad, al equipo chileno en el que
militaba cuando lo sorprendió el fatal accidente aéreo que acabó con su vida.
Fue un momento especialmente emocionante para mí; un lujo escuchar la narración
de labios de su propia hermana, pues aquí Eliseo sigue siendo un gloria
nacional. Hasta hace muy poco, en la Bombonera, el estadio de Boca, ondeaba una
bandera negra en un asiento, en su memoria. Ahora la han retirado, según me han
dicho, lo que ha motivado a Banfield a decir que ellos no la retirarán nunca.
Por la mañana, y gracias también a mi prima María Elena, tuve oportunidad de
saludar a uno de los periodistas más emblemáticos de este país, Antonio Carrizo,
quien era un buen amigo de Eliseo y que trabaja en Radio Rivadavia y a quien
tuve el honor de entregar un ejemplar de mi libro Origami. Sus entrevistas a
Jorge Luis Borges son muy conocidas y dieron lugar a un libro muy importante
para comprender a dicho autor.
Al término del minitour, en la cafetería Tolón, situada en Coronel Díaz con
Santa Fé, una de las dos en las que he montado mi cuartel general, tuvo para mí
uno de los encuentros más emotivos, esperado desde hace años, ocho para ser más
exacto. Fue con mi amiga Fanny Garbini Téllez, una excelente poeta y que fue una
de las primeras autoras a las que publiqué en mi editorial.
Sentado con mi prima en una de las mesas junto a la ventana, vi que entraba una
rubia alta, elegante, oteando el horizonte de las mesas como si buscara a
alguien. ¿Será ella? - Me pregunté. En ocasiones, aunque hayas visto una foto,
es muy difícil reconocer a la persona. Por un momento ella miró hacia mi gorra
de capitán de la marina griega que he convertido en uno de los aparejos que me
identifican. -Es ella- me dije. Pero no. La rubia alta y madurita giró noventa
grados y procedió a sentarse en otra mesa.
Miré por la ventana y vi a otra rubia, ésta más menudita, que se dio dos paseos
por la acera y luego desapareció. Me dio la impresión de que sus rasgos eran muy
similares a los de la foto que yo tenía, pero después del error cometido con la
alta, como no entró y ni siquiera miró, antes de desaparecer de mi vista,
deseché la idea.
Cuando pasaban cinco minutos de la hora convenida, me decidí a salir a la
terraza por si acaso Fanny se encontraba sentada fuera esperando. Y,
efectivamente, allí estaba. Se trataba de la rubia menudita que un poco antes se
paseara por delante de mis narices, luciendo un bonito chal a modo de abrigo.
El abrazo no se hizo esperar. Fue un encuentro realmente emotivo y, tal y como
había sucedido en Internet, conectamos enseguida.
Ahora, tras haber cenado y comido juntos en varias ocasiones, después de haber
visitado el Ateneo (una cafetería-librería increíble) y "haberla podido
estrechar entre mis brazos" como digo en la dedicatoria del libro que le regalé,
ella se empeña en decirme "sós un dulce de leche" y, lo malo es que no sólo me
lo dice a mí sino que le manifiesta esta opinión a toda la gente. ¡Con esa
propaganda que me está haciendo no sé yo qué va a ser de mí, porque me siento
una tostada a punto para el café y ésta ciudad, Buenos Aires, está llena de
hermosas cafeterías.
Fanny es un extraordinaria poeta y persona, dos cualidades que no siempre van
juntas. Un día, hace ya mucho tiempo, me dijo que si ella tuviera veinte años
menos no me habría dejado escapar. Yo ahora, después de conocerla personalmente,
le digo que si yo fuera veinte años más joven me habría enamorado perdidamente
de ella, porque su corazón late al mismo ritmo que el de una muchachita.
Mayo 2008©Fernando Luis Pérez Poza
Buenos Aires. Argentina.
Nota: El programa actualizado del viaje y las crónicas anteriores se pueden
encontrar en www.eltallerdelpoeta.com , en el apartado programa del viaje a la
Argentina
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