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ZOE
05-08-2007
La muerte traspasó mis linderos.
La convoqué y apresurada acudió.
Descargó su guadaña sobre ella,
para siempre sus ojos durmió.
Con amargura lloro su muerte.
Antepuse mi amor desmedido.
Evité en su existir mayor sufrimiento.
Burlé que fuera el destino,
quien a futuro apagara su vida.
Tuvo quizá aquel especial privilegio,
a diferencia de muchos humanos:
que viven y mueren sufriendo.
No era una perra cualquiera.
Era mi perra, cuyo nombre era Zoe.
Juguetona, esbelta y hermosa,
como reina vivió en un paraíso.
Cariñosa, sin interés de por medio,
fue fiel y leal hasta su muerte:
más que cualquier mortal racional.
No era una perra cualquiera.
Se llamaba Zoe y era mi perra.
Hoy... lloro su muerte.
06-06-2001/04-08-2007
©SKORPIONA
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