Se abre al alba tu rosa ardiente
bajo la caricia estremecida de mi mano.
Al alba beso tus pies pequeños,
tus cabellos, tu frente clara, tus labios.
Son tus pezones dos guindas maduras
sobre las dunas de tu pecho albo.
Quieres quemarte en la llama que me arde
y te enredas en las ramas de mis brazos.
Al alba nuestros cuerpos son un cuerpo
y son tus muslos con los míos un solo árbol.
Si al alba tú me pides la luna,
al instante yo la pongo en tus manos.
Las sombras se evanescen en los cristales
sonando lejos el clarín del gallo.
Al alba yo te hago los mil hijos
que se escapan por la noche con tu llanto.
¡Que nadie llame al alba a nuestra puerta,
pues no nos levantamos tan temprano!