EXTRATERRESTRES: EL MISTERIO DE LOS UMMITAS
Por Adolfo SAGASTUME
Desde hace 40 años, científicos y estudiosos del fenómeno OVNI están
recibiendo extrañas comunicaciones mediante las cuales se les da información
sobre una presunta civilización de avanzada que existiría en un lejano planeta
al que denominan Ummo. Según esos escritos, los tripulantes de sus naves
llegaron a la Tierra en la década de los 50s y viven ocultos entre nosotros
haciéndose pasar como ciudadanos comunes. El matemático francés Jean-Pierre
Petit dice que su ciencia es asombrosa y que a ella se deben muchos de nuestros
avances.
En 1968, en su viaje a la Luna, la nave Apolo VII hizo algo que hasta ese
momento parecía imposible para el hombre: abandonó la órbita terrestre y se
internó en el cosmos. Envió, entonces, una fotografía que hizo historia y que
luego se reproduciría millones de veces. En ella se veía por primera vez el
planeta Tierra en su deslumbrante tonalidad: era una pequeña esfera celeste
flotando en la nada. Su desampara resultaba abrumador y su fragilidad producía
espanto. Lo peor de todo es que mediante esa imagen era imposible sospechar
–como diría Borges- el rumor de sus lenguas y el pavor de sus mitologías. En la
negrura del cosmos parecíamos apenas una mota de polvo cristalizado. Lo mismo
ocurre ahora cada vez que los astrónomos enfocan sus telescopios hacia una débil
estrella llamada Wolf 424, situada a 14,437 años luz. Es una insignificante
lucecita clavada en el cielo, huérfana de toda relevancia. Al verla así es
imposible sospechar algo acerca de su cosmogonía. Sin embargo, una
extraña historia asegura que alrededor de ella gira un planeta invisible
llamado UMMO, muy frío y habitado por una raza de seres inteligentes que han
alcanzado un altísimo grado de civilización tecnológica.
Se dice, también, que han desarrollado naves impulsadas por energía
electromagnética que les permite viajar a través del universo sin tener en
cuenta el tiempo tal cual lo conocemos nosotros. Según afirman algunos
estudiosos que han investigado el tema, los UMMITAS llegaron a la Tierra en
1950, y desde entonces viven ocultos entre nosotros e, incluso, han adoptado la
forma humana para pasar inadvertidos.
En realidad, la crónica de cómo los supuestos UMMITAS habrían revelado su
presencia en la Tierra arranca mucho más tarde, a comienzos de 1966, cuando un
conocido ovniólogo español, el periodista y escritor Fernando Sesma Manzano,
recibió un mensaje telefónico para anunciarle que ese mismo día una persona le
llevaría varias imágenes para que él las examinara. El desconocido le dijo que
se llamaba Deii 98 y que provenía de otro planeta. Sesma creyó que alguien le
estaba jugando una broma. Dos horas después, sin embargo, tocaron a su puerta y
le entregaron un sobre cuyo contenido debía examinar y luego devolver al mismo
mensajero. Se trataba de una serie de fotografías en las cuales se veían, en
forma tridimensional, máquinas insólitas, objetos desconocidos y una vista de lo
que podía ser una misteriosa ciudad, trazada con una geometría que no era
terrestre. Había rascacielos muy extraños y planos que parecía flotar en algún
fluido viscoso e invisible, lo cual le otorgaba inusual
coherencia al conjunto. Los edificios no tenían principio ni fin y se
desvanecían inadvertidamente. Parecían escapados de algún grabado del arquitecto
Giovanni Battista Piranesi o de las ilustraciones terribles de un relato de
Tolkien.
A la mañana siguiente, Sesma Manzano recibió lo que luego se dio en llamar
PRIMER ENCUENTRO UMMITA. Era un largo relato en el que los UMMITAS le explicaban
cómo era su mundo y describían su lenguaje. Pero nada decían acerca de sus
intenciones. Le pedían, eso sí, que no diera a conocer ese mensaje a nadie. A
partir de esa primera comunicación, decenas de científicos y ovniólogos de todos
los países comenzaron a recibir inquietantes documentos UMMITAS, que terminaban
con el mismo pedido de reserva y discreción.
Estos mensajes, escritos con un mismo estilo y firmados de idéntica manera,
como ya se verá, provenían de diversas partes del mundo y contenían una gran
cantidad de información científica desconocida. Así, poco a poco, se pudo
reconstruir la historia del anunciado planeta UMMO y la presunta llegada de los
UMMITAS a la Tierra.
Según el matemático francés Jean-Pierre Petit, director del Centro Nacional de
Investigaciones Científicas de Francia, muchos de sus trabajos teóricos sobre el
plasma y la energía magneto hidrodinámica (MHD) fueron inspirados por los
relatos UMMITAS. Petit sospecha, también, que el científico ruso Andrei
Sajarov, premio Nobel de Física, conocía ciertas comunicaciones UMMITAS sobre
mecánica de los fluidos y que debió trabajar sobre ellas cuando elaboró algunas
de sus más célebres teorías.
Aunque muchos de los llamados “documentos ummitas” han sido destruidos o se
han extraviado, una recopilación de las comunicaciones primigenias le permitió
al doctor Juan Miguel Aguirre Ceberio, de la Universidad de Madrid, publicar
tres tomos de cartas y documentos de procedencia ummita, ordenados
temáticamente. La primera edición de esa obra extraterrestre data de 1985. Se
calcula que en 1995 ese material se habría duplicado. Aunque poco a poco los
envíos se fueron haciendo más espaciados, crecieron en extensión. La última
comunicación recibida por el profesor Petit, en noviembre de 1995, ocupaba
doscientas trece cuartillas mecanografiadas y trata de física cuántica y de las
posibilidades de producir antimateria en un acelerador de partículas. Está
redactada en inglés. Nadie se explica de dónde proviene semejante torrente de
información acumulada a lo largo de treinta años. Incluso, algunos creen que sus
autores son, en verdad, seres inteligentes venidos del planeta UMMO, que
gira en torno a la estrella Wolf 424.
Otros aseguran que se trata de una broma gigantesca armada por alguien que
quiso tomarle el pelo a Sesma Manzano en aquel lejano 1966. Como todo le salió
bien, habría ampliado el círculo de sus destinatarios, remitiendo sus mensajes a
los más crédulos ovniólogos de todo el mundo. Otros, los menos, aseguran que fue
un ensayo de la CIA para perfeccionar ciertas técnicas de manipulación de masas.
Y que una vez lanzado, el experimento, cuyo nombre en código sería Red Castle
A4L, siguió desarrollándose con una dinámica propia, que aún sigue en marcha.
Nadie, en todo caso, pudo aportar las pruebas suficientes para respaldar estas
opiniones tan disímiles. De ese modo, el asunto UMMO se ha convertido en un caso
apasionante, donde cada ficha encaja con otra y un dato se complementa con otro,
como un rompecabezas infinito y perfecto. Lo fascinante en este tipo de
fenómenos es que nada puede ser probado ni negado. Si se trata de una broma, es,
por lo menos, francamente desmesurada.
Fernando Sesma Manzano murió en 1982 y nunca dejó de recibir informes de los
supuestos habitantes de UMMO. Es cierto que al primer bromista pudieron
agregarse otros, que habrían seguido el juego aceptando reglas que no estaban
escritas. Pero la coherencia estilística de los documentos pareciera señalar a
un mismo y único autor.
Lo de la CIA no resiste el menor análisis, pues nada explica –o permite
suponer- por qué se eligió a un grupo de ovniólogos madrileños cuando aún vivía
Francisco Franco y España parecía alejada de toda modernidad, para realizar una
experiencia cuyo objetivo tampoco se vislumbra. Queda, por último, la
inquietante posibilidad de que los documentos sean auténticos y que hayan sido
escritos, en verdad, por seres llegados a la Tierra desde un lejano y frío
planeta desconocido. Esto, claro está, pertenece ya al dominio de la
imaginación. Si se cree en los ovnis, no hay por qué dudar de que los UMMITAS
estén entre nosotros. De todos modos, la SAGA que cuenta el arribo de estos
alienígenas a nuestro planeta es fascinante.
Según dicen los documentos, todo empezó en la primera semana de febrero de
1934, cuando un barco de bandera Noruega navegaba por aguas del Golfo de
Terranova. A bordo iba un grupo de científicos para realizar algunos
experimentos de comunicación a larga distancia por medio de la reflexión de
ondas de radio en la ionosfera. Un tren de ondas hertzianas usadas en la prueba
habría cruzado la ionosfera, perdiéndose en el espacio con resultados
imprevisible. Catorce años después –dicen las primeras crónicas UMMITAS
recibidas por Sesma Manzano y su grupo-, esas ondas fueron captadas por
científicos del planeta UMMO, los cuales comprendieron que se trataba de una
señal inteligente, distinta al confuso ruido galáctico.
Esa afirmación resulta curiosa. A fines de la década de los ochenta, la NASA,
llevó a cabo un programa de escucha del cosmos –el ya famoso SETI- para tratar
de captar las señales de comunicación de seres extraterrestres. Dicho programa
no tuvo éxito. Pero asombra saber que, según una carta escrita a mediados de la
década de los sesenta, los supuestos UMMITAS hayan llevado a cabo un proyecto
similar en su planeta, coronado por el éxito. ¿Ciencia ficción? Si así fuera, se
trataría de algo fantástico, digno de la imaginación de algún nuevo Julio Verne.
En otra de sus cartas, los SAGASES y huidizos UMMITAS dicen que en enero de
1949 del calendario terrestre, una flotilla de tres naves, con seis tripulantes
en cada una, partió de UMMO rumbo a nuestro sistema solar. Primero exploraron
Neptuno y pronto comprendieron que las comunicaciones que habían recibido
provenían de ese pequeño planeta azul al que llamamos Tierra. El 28 de marzo de
1950, a las cuatro de la mañana, las tres naves UMMITAS –según la crónica
llegada a manos de Sesma Manzano y del ingeniero Enrique Villagrasa, otro de los
integrantes del grupo de Madrid- aterrizaron en un sitio desolado, situado a
trece kilómetros de la ciudad francesa de Digne y a ocho de la aldea La Javie,
cerca de la frontera con Suiza. De acuerdo con documentos recibidos por el
comisario Dionisio Garrido y la funcionaria de la embajada de Estados Unidos
Alicia Araujo, esos primeros tripulantes se multiplicaron en la Tierra,
adoptaron por mutación la forma humana y ahora ya resulta imposible
precisar su número.
Los escritos, que al principio eran firmados por Deii 98, hijo de Deii 97,
comienzan a ser rubricados por un supuesto Gobierno General de UMMO,
circunstancia que se repetirá invariablemente hasta las comunicaciones más
recientes. El 27 de mayo de 1967, una carta UMMITA anunció a varios ovniólogos
españoles la llegada de algunas de sus naves. Señalaba que una de ellas
descendería cerca de la localidad de San José de Valderas.
Pocos días después de la fecha señalada, un periódico español difundió varias
fotografías tomadas por un aficionado anónimo que las hizo llegar a la
redacción. En ellas se advierte un platillo volador con el signo que usan los
UMMITAS para sellar sus misivas: una especie de letra H con los brazos curvados
hacia fuera y cruzada por una raya perpendicular. Un segundo fotógrafo, llamado
Antonio Pardo, le envió a Sesma Manzano una secuencia de esa misma nave pero
tomada desde una perspectiva distinta. Otro grupo de testigos dijo haber visto
descender el aparato en Santa Mónica, cerca de Valderas. Cuando levantó el
vuelo, un muchacho recogió en el lugar un trozo de metal y una placa de un
material desconocido, de color verde. El instituto Nacional de Técnica
Aeroespacial de España sometió esos dos objetos a un minucioso análisis y
concluyó que se trataba de un tubo de níquel de 99 por ciento de pureza y que la
película plástica era polifluoruro de vinilideno, muy resistente a la
tracción y a las altas temperaturas. Eran, sin duda, materiales aeronáuticos.
En abril de 1967, Alicia Araujo recibió un informe de veintitrés páginas donde
se revelan ciertos rasgos de los UMMITAS y algunas de sus costumbres. En UMMO,
dice esa comunicación, se habla un solo idioma, pero la gente usa dos lenguajes
distintos para comunicarse entre sí. Por lo general, emplean la vía telepática,
pues los UMMITAS tienen un aparato de fonación muy débil, que necesita la
amplificación. Por esa razón, los primeros UMMITAS que adquirieron forma humana
debieron someterse a una pequeña operación en la glotis para poder hablar
normalmente. No obstante, aún hoy su voz es monótona y sin ninguna inflexión.
En 1968, el escritor Antonio Ribera –autor de varios best sellers- publicó un
libro en el que analizó el avistamiento de Valderas. Desde ese momento, la
historia de los UMMITAS se divulgó masivamente y se hizo conocida en todo el
mundo. Ribera se convirtió en el principal receptor de los documentos UMMO.
Estos comenzaron a ser cada vez más científicos y a tener un gran contenido
tecnológico. Explicaron, por ejemplo, cómo eran sus naves interplanetarias, a
las que ellos llaman Oawolea uewa oemm, y que son capaces –aseguran- de recorrer
distancias interestelares en poco tiempo, pasando de uno a otro marco
tridimensional. La cabina para los tripulantes, dicen, es de forma toroidal y
flota libremente en una cavidad más grande sostenida por electroimanes. Es el
mismo principio de los modernos trenes japoneses y alemanes que utilizan la
suspensión magnética para desplazarse en el aire sin tocar las vías. En los
periodos de gran aceleración, la cabina de las naves se llena de una masa
gelatinosa que protege a los tripulantes contra cualquier peligro. Durante el
viaje, los UMMITAS usan un traje espacial hecho con una membrana compuesta e
inteligente que no toca nunca la epidermis del viajero.
Varios años después de esa descripción la NASA ensayó con éxito un traje de
estas características. A pesar de que era operativo, resultaba muy costoso y se
suspendió su producción.
Los escritos también revelaron parte de la historia del planeta UMMO. Uno de
sus informes describe una civilización armónica, esencialmente humanista, que se
parece al paraíso perdido de Milton. Si bien le dan una importancia enorme al
desarrollo de la ciencia, la subordinan siempre a las necesidades de la gente.
Pero eso –dicen- no siempre fue así. En los tiempos primitivos, los UMMITAS
adoraban a su dios supremo al que denominaban Woa (Generador), de una manera
caótica e individual, lo cual se reflejaba en una desordenada organización
social.
Esto se superó con el desarrollo de la ciencia, que impuso el orden. Pero la
reverencia por lo científico también desató una feroz dictadura. Citan el caso
de Le 456, hija de Na 312, que poseía un alto grado tanto de sabiduría como de
crueldad. Conquistó el poder gracias a su extraordinaria inteligencia y
aseguraba que en ella habitaba el cerebro de Woa, razón por la cual era
infalible.
Sostuvo que el fin último de UMMO era la investigación e impulsó la ciencia
por encima de cualquier otra disciplina. Quienes no alcanzaban un nivel de
comprensión científica suficiente pasaban a integrar las colonias de los
trabajadores esclavos. En una de ellas vivía un hombre llamado Ummoowa, que se
rebeló contra la dictadura y pregonó la armonía social. Sus doctrinas crecieron
rápidamente y el gobierno de Le 426 fue finalmente derrocado. El planeta conoció
un largo periodo de caos, pero salió fortificado de él.
A partir de entonces hubo armonía, lo que les permitió alcanzar el alto grado
de civilización de que disfrutan. Esto, a grandes rasgos, es lo que explican los
documentos ummitas.
Ignacio Darnaude publicó en 1982 un exhaustivo listado de los informes
ummitas, que tiene hoy en día más de tres mil seiscientas entradas. Una decena
de libros se refiere a la presencia de los ummitas entre nosotros y otros tantos
analizan sus escritos científicos.
El ingeniero Juan Domínguez Montes, por ejemplo, editó en 1983 El Pluricosmos,
una difícil obra dedicada a los informes cosmológicos de Ummo, y el matemático
francés Jean-Pierre Petit escribió en 1991 “Le mystére des Ummites” para la
colección “Los caminos de la ciencia”, de la editorial Albin Michel, donde
arriesga la siguiente teoría: los documentos Ummo tienen el propósito de hacer
progresar la ciencia en nuestro planeta, sugiriendo líneas de investigación y
procedimientos que de otro modo nunca abordaríamos o lo haríamos mucho más
tarde.
En fin, la historia de los ummitas es uno de los misterios más impenetrables
de nuestro tiempo. Por una parte, representa la ilusión de los hombres de vivir
en un mundo más equitativo, donde la ciencia sirva realmente para el progreso de
la humanidad y, por otro, nos pone ante el espejo del cosmos en donde podríamos
encontrar todo lo que imaginemos.
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