LA NOCHE OSCURA
Hay un tipo de "malestar" que prevalece entre las personas que van
progresando en el sendero del desarrollo espiritual o místico, y cuyas vidas
son "vívidas e intensas". Muchos estudiantes que han hecho algún progreso en
el sendero del desarrollo espiritual y místico han comentado que a medida
que sus vidas se hacen más en armonía con los principios espirituales y
místicos de la existencia que nos rodea, tanto más intensas y más vívidas
son sus reacciones tanto a las alegrías como a los dolores de la vida. Es
expresión común del estudiante de misticismo verdaderamente serio y devoto
el decir que una de las primeras y más notables manifestaciones de que está
ocurriendo un cambio en nuestro interior, es la de una apreciación más
aguda, una comprensión más llena de simpatía, de los dolores y tristezas de
la existencia humana, y al mismo tiempo también de las alegrías y cosas m ás
ligeras de la vida (...)
Esas personas viven una plenitud de vida, en sentido extraordinario y
mental. Esas personas oscilan como un péndulo, desde el grado extremo del
dolor hasta el grado extremo de la felicidad. Fácilmente se las conmueve y
se las lleva desde un plano o un grado de reacción emocional hasta otro.
Esto se debe a que su vida interior es verdaderamente vívida e intensa, y
está llena con toda la plenitud de la experiencia del alma.
Pero también hay que llamar la atención acerca de algo que ordinariamente se
conserva en secreto entre los que han progresado en el Sendero. Aquella
parte inevitable del viaje del místico, cuando el sol parece que se oculta y
que el día termina, y los pasos del estudiante lo llevan gradualmente hacia
la noche, al progresar en el Sendero. Este período de sombras profundas ha
recibido diversos nombres, que en el lenguaje de los místicos se lo llama
"la noche oscura". Entre los que no son cristianos, especialmente entre los
orientales, este periodo se conoce con el nombre de viaje a través de las
sombras. En la mayor parte de los documentos Rosacruces se la llama la Noche
Oscura. Es cierto que este periodo dura a veces varios meses, y hasta un
año. A este periodo es que puede aplicársele el término malestar.
Sin embargo, es característico que, ya sea de larga o corta duración, pocos
estudiantes, si es que los hay, pasan a través de él sin quejarse, y ningún
consuelo o seguridad que les dé otra persona, sirve de nada para el que
sufre. Resulta imposible convencer al estudiante que, en el fondo, todo va a
salir bien . . . ¿Existe alguien cuya vida interna haya alcanzado un grado
apreciable de desarrollo y que no haya experimentado ese vacío, esa muerte
interna, que acaba con el atractivo de todas aquellas cosas que,
ordinariamente, consideramos como las más valiosas y dignas? . . . Sin
embargo, de una manera o de otra, el verdadero discípulo lucha
vigorosamente, a través de estos periodos de oscuridad interior, sin perder
completamente el contacto con una certeza interna de que está en el camino
verdadero; de que, sea cual fuere la apatía y hasta la aversión que sienta
en lo profundo de su corazón, él sabe que las sombras que caen sobre él
proceden de afuera.
Aquí está, en verdad, el punto esencial que merece la consideración
constante del alumno. Nuestra experiencia al ayudar a cientos de alumnos en
el sendero, durante esta época crítica, nos indica que debemos tratar de dar
confianza continua al discípulo y asegurarle de que la mayor parte de esa
sombra no procede de condiciones interiores. Y aún en muchos casos en que
existe la creencia de que la sombra proviene del exterior, hay a veces
también una creencia de que las sombras y la oscuridad proceden de alguna
fuente del mal que está dirigida personalmente contra el bienestar del
discípulo. Es en este punto del viaje del discípulo en el sendero en que
fácilmente cae en la tentación de considerar demasiado y a veces
exageradamente la posible existencia de los poderes imaginarios que se
atribuyen a la magia negra.
Para la buena guía del discípulo es necesario hacerle comprender que las
tinieblas obedecen a un principio cósmico y que son buenas en su intención y
en su propósito, y que verdaderamente son una experiencia que el discípulo
tiene que pasar como parte de su iniciación y desarrollo.
Durante este periodo de la Noche Oscura, hay algo de inquietud, de duda y de
lucubraciones. A veces la mente se hace indiferente a todo lo que es
místico, espiritual y oculto[1], mientras que en otros momentos la mente
parecer ser agudamente analítica y crítica, y parece que hallara razones
vivamente coloreadas y artificialmente inspiradas para dudar de la
sinceridad y valor y beneficios de cualquier curso de estudio espiritual y
místico. Has ta los propios instructores que han sido la inspiración del
estudiante, aparecen de pronto en la mente del discípulo como personas
dudosas; el estudiante duda de los buenos motivos de aquellos; la amistad
parece tener menos valor que antes. Viene también una sensación de
depresión, de soledad y de inferioridad, o pudiera también surgir
bruscamente la figura grotesca de la superioridad, con su ego altamente
exagerado, tratando de proclamar sus super-cualidades y su indudable derecho
a mirar con desdén todo lo que se ha aprendido y a desdeñar también a todos
aquéllos que son guías y directores en el Sendero.
PARALIZACIÓN
Es durante este periodo cuando muchos discípulos arbitrariamente detienen su
progreso, hacen un alto a un lado del sendero, tratan de establecer contacto
con otros que también se han detenido y que viven en las sombras, y hallan
allí la confirmación de sus dudas y falsas creencias en la experiencia de
los demás, llegan a conclusiones erradas que les hacen ver falsamente que su
actitud de ese momento es correcta, renuncian a todo contacto que tienda a
elevarlos, abandonan los estudios y se entregan a las tinieblas más
profundas de la negra noche del pesimismo. Hay algunos que hallan lo que
ellos creen que es un descanso de ese malestar, adoptando esta actitud
contraria y abandonando su camino. Esos creen que han salido de una
situación deplorable y que han alcanzad o la libertad. Al renunciar a sus
estudios y apartarse de su escuela de pensamiento y ayuda, alardean de que
quieren ser almas libres y de que ya no pueden hallar la felicidad y la paz
en estar asociados y en entregarse a estudios minuciosamente prescritos.
Parece que el momentáneo efecto del cambio que arbitrariamente producen en
su vida los lleva erradamente a creer que se han libertado de cadenas y que
han roto los lazos que los unían como esclavos, pero nosotros sabemos muy
bien que a esta falsa interpretación sigue rápidamente un grado mayor
todavía de pesimismo, de inquietud, y que el estado siguiente inspira
profunda lástima. Es entonces cuando llega, en verdad, el momento de probar
la vanidad del hombre y de probar su ego exagerado.
(...) Sin embargo, todos aquellos que permanecen firmes en el
sendero, ven que la Noche Oscura conduce al alba maravillosa que está más
allá de la frontera. Éste, y no otro, es el despertar de la Luz Interior. No
hay técnicas. No hay herramientas. Sólo Voluntafd suprema y Fe, que es aquí
la convicción del inconsciente. Parece que de acuerdo con la resolución, la
sinceridad y la devoción del discípulo, así las horas de la Noche Oscura se
acortan y terminan. Solo aquellos que permanecen firmes llegan a comprender
que durante este paso de la noche una de las mayores batallas del yo
personal se libra y se gana.
UNA ADVERTENCIA
Que sirva esto de advertencia a los estudiantes, sean jóvenes o viejos, sean
nuevos o no en el sendero: a medida que viajamos por el camino de la vida es
natural que esperemos que en nuestro camino de desarrollo llegue un momento
en que el primer día de viaje termine y el sol se ponga durante un rato y
las tinieblas nocturnas oscurezcan la vía y llenen de tinieblas nuestra
vista. No hay mayor razón para que el discípulo abandone su carrera en esta
época, de la que habría para abandonar la existencia terrenal cuando las
sombras del cielo se hacen más tupidas y el final del día trae la oscuridad
para la vista mundana. Porque, así como los tentadores y agentes del mal se
reúnen y residen en los sitios tenebrosos de la noche de nuestra jornada
mundana, así también los tentadores invisibles y los agentes esotéricos del
mal residen en las sombras de la noche espiritual. Allí tratan de atraer al
devoto y apartarlo del Sendero e inducirlo a tomar sendas extraviadas; lo
impulsan a abandonar su camino directo; influencian su pensamiento y su
juicio; ofrecen una engañosa luz brillante, la cual aseguran que brilla más
que el mismo día; hablan arteramente de la libertad del alma; sugieren que
la vía independiente, la nueva vía, el camino abierto, virgen, inexplorado,
a través de un país imaginario y de maravillas nunca descubiertas, será la
más rica de las recompensas; señalan las pruebas y tribulaciones que ya se
han soportado y las convierten en montañas; esparcen las palabras de la duda
con respecto a la sinceridad y bondad de quienes son sus compañeros y guías;
comentan los fracasos que el estudiante ha tenido y fomentan las pequeñas
vacilaciones que haya podido tener en su mente, y las agrandan a tamaños
enormes. Pero nunca explican por qué s i son emisarios que traen grandes
recompensas y grandes beneficios, viven sólo entre las sombras. Jamás
explican por qué no se les encuentra entre la luz de la vida, entre la luz
del sendero. Ellos no se nos presentan como si fueran parte de la sombra,
pero dejan que descubramos esto por nosotros mismos, después que nos hayamos
unido a ellos en su labor de crear desgracia, infelicidad y descontento. Por
esta razón nuestros ojos deben estar atentos, esperando la aurora que está
más allá de la noche, y nuestros oídos y nuestro corazón deben escuchar la
voz de quienes entonan sus cantos inspirados durante el día, a la gloriosa
luz que precede a esa falsa y siempre oscura noche.
[1] Cito mi experiencia personal: allá por 1980 tuve una, digamos, 'crisis
existencial'. Quise desvincularme para siempre de todo lo esotérico y
volcarme a actividades más mundanas, habida cuenta que –según mi parcial,
inmadura y primitiva concepción de entonces- estas 'aficiones' sólo habían
traído sinsabores a mi vida. Regalé o vendí casi todos mis libros –casi un
millar- arrojé a los desperdicios decenas de carpetas con fichas, recortes
de periódicos y revistas, fotografías, apuntes laboriosamente colectados
desde siete intensos años anteriores. Destruí mis agendas y cuadernos de
notas de campo. Y puse todo mi esfuerzo en otra profesión más mundana. A los
tres meses, me permití la 'licencia' de asistir a una conferencia de estas
temáticas, total, qué 'daño' podría hacerme. Poco después, por qué no,
compré un libro para leer en el diario transporte. Cuatro meses más tarde
-no había transcurrido ni siquiera un 'año sabático' estaba de lleno inmerso
en estas disciplinas, claro que un tanto descapitalizado informativamente.
Hoy advierto que atravesé la Noche Oscura y no me quejo: conozco a decenas
de colegas y condiscípulos de entonces que jamás volverino a dedicarse a
esto (Gustavo Fernández)
AL FILO DE LA REALIDAD
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Compartido a la red por Regina Fuentes Oliva <marefueol@...>
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