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El Codigo Da Vinci y las mutilaciones de ganado   Lista de mensajes  
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Date: Sun, 18 Jun 2006 14:59:44 -0500
To: RedLuz Argentina <redluzargentina@...>
Subject: [redluzargentina] Revista Al Filo de la Realidad Nº 151




³EL CÓDIGO DA VINCI²

Y LAS

MUTILACIONES DE GANADO



escribe: Gustavo Fernández





Algunas personas ‹de ésas que, si se muerden la lengua, morirían
envenenadas‹ tendrían derecho (¿tendrían derecho?) a suponer que escribir,
ahora, un artículo sobre el bestselleresco ³El Código Da Vinci² es parte de
un oportunismo mediático. Sin duda, y a caballito de la repercusión obtenida
por Dan Brown con su librito, muchos lectores a quienes la mención del gran
Leonardo en el pasado les resultaría indiferente se verán tentados a
sumergirse, cuando menos, en una lectura superficial de este artículo. Pero
asimismo, la resonancia mundial obtenida por las ideas planteadas en esta
novela requiere detenerse a mirar, desde una perspectiva alternativa, qué
intereses se ponen en juego desde cada parte y hacia dónde pueden
conducirnos en la puja por la credibilidad.



Leí, casi a las semanas de salir a la calle, el dicho ³Código...². Y mi
opinión ‹que he expresado en algún que otro trabajo‹ es que resulté
francamente decepcionado. No porque me incomodaran ciertas inexactitudes
históricas que el propio autor reconoció. Ni porque hubiera evidencia
insuficiente para sustentar la teoría dominante en el libro (de hecho, nadie
espera encontrar ³evidencias² en lo que, desde el vamos, se sabe y se supone
una novela). Me molestó cierta demagogia cobarde del escritor, por ejemplo.
¿Cuál?. La que muchos críticos de la obra parecen haber obviado, ya sea
porque no llegaron al final o porque, precisamente, les resulta conveniente
a sus fines no llamar la atención sobre ella.



Es graciosa la reacción histérica de ciertos funcionarios clericales de
la Iglesia Católica cuando se ofuscan ante el ataque en la novela a un
miembro conspicuo (un obispo) o el propio Opus Dei siendo que, en verdad, al
final de la novela, los malos ya no son malos y algún que otro bueno pasa a
ser el asesino misterioso. En resumida síntesis: el obispo católico que
desde el comienzo de la trama parece ser el responsable de conspiraciones y
asesinatos, empleando a un sicario fanático del Opus y empeñado en la
persecusión de Robert Langdon (el protagonista norteamericano) y su
compañera, éstos a su vez protegidos por un historiador y amante del arte
inglés, aparentemente acumula (el obispo) hechos inescrupulosos que en el
último capítulo y con muy poca imaginación (inconsistente con el resto del
libro) Dan Brown transforma en un piadoso, amable y caritativo siervo de
Dios (sí, el mismo obispo), el asesino un pobre loco carente de afecto y en
esta descripción final, casi tierno (que muere violentamente para expiación
de sus irredimibles pecados, como en cualquier mala película de suspenso
hollywoodense) y el malo de la acción resulta ser... el amigo inglés y
herético asesor del protagonista.



Realmente, molestia es decir poco. ¿Asco, les suena mejor?. Me imaginé a
un Dan Brown obligado ‹tal vez en alguna reunión editorial, por ejemplo‹ a
modificar entre gallos y medianoche el final de su novela o, por qué no, a
un ³acuerdo² bien disimulado con el Vaticano el cual, para cuidar las
apariencias, lógicamente, debe rasgarse las vestiduras y recomendar a sus
fieles la ³no lectura² del mismo, con lo cual se devolvía a la editorial el
³favor² de morigerar el final original del autor estimulando la polémica y
las ventas porque, ya se sabe, nada motiva tanto como lo prohibido.



Pero puesto a reflexionar sobre las consecuencias y la polvareda que
sigue levantando ‹ahora, además del libro, la película‹ no puedo evitar
algunos pensamientos. Podría evitar compartirlos con ustedes pero, ya lo
saben, eso es exactamente lo que no va con mi estilo. Así que veamos:



- En el reciente festival de Cannes, los críticos, unánimemente,
calificaron la película como ³porquería². ¡Vamos!. Ciertamente ³porquerías
de película² hay muchas, pero, desde el punto de vista de factura técnica,
presupuesto invertido y actuación, ninguna de ellas llega a Cannes. Es más;
desafío a cualquiera a demostrarme cuándo, alguna vez, un crítico en Cannes
trató a algún film como ³porquería². ¿Por qué en esta ocasión?. Tiene a mi
ver, mucho de ³operación², orquestada con obvios fines descalificatorios.
Cualquiera de nosotros ya la hemos visto y puede habernos gustado o no,
aburrido, trillado lo obvio, pero... ¿³porquería²?.

- Es interesante constatar que aun las asociaciones de ³escépticos
mediáticos profesionales² salen a buscar el pelo en el huevo, criticando las
inexactitudes históricas (por ejemplo: en
http://ar.groups.yahoo.com/group/Red_Alpha_1/). Ya saben, no voy a
extenderme demasiado: que la ³Línea Rosa² no era el meridiano de tiempos
merovingios, que el recorrido de Venus en la eclíptica es cada cuatro años,
cuando en realidad es en ocho, que el apellido de Leonardo no era ³da
Vinci², que... Todo esto es cierto. Pero se pierde de vista algo igualmente
importante: en medio de tantas ³correcciones², el autor (de esta crítica;
podría referirme a decenas de otras) desliza mentiras como verdades. Por
ejemplo, dice que Constantino, como Emperador, no tuvo ³nada que ver² en la
redacción final de la Biblia (que existiría desde mucho antes) cuando en
realidad sí tuvo mucho que ver, ya que él convocó al primer Concilio que, en
definitiva, decidió cuáles de todos los Evangelios pasaban a ser los
Canónicos. Miente el crítico cuando dice que ³basta contar las copas en la
³Última Cena² (el famoso cuadro del escándalo) para constatar que son trece²
cuando, si uno mira con atención el cuadro... ¡precisamente no hay ninguna
copa! (más a favor de la sugerencia de que la ³copa² o ³grial² es el propio
Jesús... o la Magdalena). Miren con atención: hay trozos de pan, cacharros
pequeños, platos, pero ninguna copa, no de las usadas en el Renacimiento ni
las que por constancia arqueológica sabemos se empleaban en épocas del
Nazareno. Miente cuando dice que la imagen de Jesús besando en la boca a
María se debe a la propia iconografía gnóstica (la de los evangelios donde
se encuentra) porque ³entre los gnósticos era simplemente una señal de
reconocimiento entre compañeros, ya que los gnósticos, a diferencia de la
Iglesia Católica, rechazan el sexo². ¡Doble mentira!. Cualquier que conozca
algo de Gnosis sabe que si hay algo que no rechazan, es, precisamente, el
sexo. Y cualquiera asimismo que escuche a la Iglesia Católica sabe que si
hay algo que rechazan, precisamente, sí es el sexo.


¿A qué quiero llegar con todo esto?. Existen básicamente estas lecturas
de ³El Código Da Vinci²:


a) Que lo que propone, más allá de la circunstancia episódica de las
aventuras del pobre Langdon, es real.

b) Que todo es fruto de la imaginación del escritor, en función de un
éxito comercial.


Bien, ya sabemos que Brown paseó por Francia e Inglaterra para
documentarse, pero el preciosismo histórico no es su fuerte. Y que no tuvo
empacho en robar la idea a los autores de ³Holly Blood, Holly Grial²
(editado en castellano por Martínez Roca bajo el título ³El Enigma
Sagrado²). Así que tomó una idea construida y fundamentada en un ensayo
anterior, la decoró con el pintoresquismo de sus viajes y desvirtuó ciertos
hechos históricos para ajustarlos al ³timming² de la narración.



Por otra parte, quién puede negar que es un negocio millonario. Y que
para ser tal, necesitó, sí o sí, de la complicidad eclesial.



Pero también debemos advertir que la novela, si bien popularizó una idea
hasta entonces reservada solamente a los profundos entusiastas del
revisionismo histórico (lo del matrimonio y paternidad de Jesús) corre el
riesgo de producir un efecto inverso: si la embestida de críticos y
clericales destruye la ³credibilidad² de la novela (resultaría gracioso si
no fuera patético: ¿desde cuándo una novela debe tener credibilidad?) por
carácter transitivo destruye la credibilidad de la idea. Y aquello tan bien
fundamentado por los autores de ³El Enigma Sagrado² (¿cuántos lectores de
Brown y, más aún, cuántos críticos superficiales, se habrán tomado el
trabajo de leerlo?) queda, por efecto colateral de esta polémica mediática,
sepultado en el descrédito. Hay sólo una cosa peor que olvidar en el desván
de las teorías perdidas una hipótesis: es ponerla violentamente a la luz,
desviar la atención con medias verdades y destruyendo éstas, destruir
aquella.



Quien recuerde mi artículo ³El síndrome de Pedrito² (publicado en Al
Filo de la Realidad Nº 122), sabrá a lo que me estoy refiriendo. En esa
oportunidad, planteé que las películas sobre ³Hombres de Negro², tomadas en
solfa y con despliegue de graciosos efectos especiales, acababa de quitarle
seriedad al peliagudo problema real de los ³Hombres de Negro² dentro del
contexto ovnilógico. Hoy, nadie puede comentar (en una entrevista
televisiva, en una conferencia) el tema de los ³Men in Black² sin que el
idiota de turno comente jocosamente que ³él sí vio las películas de Tommy
Lee Jones y-el-morocho-cuyo-nombre-no-recuerdo². Escribí entonces (en el
contexto de aquél trabajo, al cual remito) que Hollywood había resultado
funcional al Poder en las Sombras, toda vez que había logrado que un tema
digno cuando menos de atención policial y judicial además de investigativa,
pasara a ser figurita de historieta.



Bien. Algo demasiado similar veo detrás de ³El Código Da Vinci². No sé
si Dan Brown será consciente de esto ‹como no creo que los actores de
³M.I.B.² lo hayan sido‹ pero lo cierto es que uno no puede ahora comentar la
teoría del Jesús casado, del Jesús papá, sin que algún pelafustán acote:
³¡Ah, sí. El Código Da Vinci!². Y falta muy poco para que, definitivamente
destrozado en la liviana conciencia popular, por extensión, toda posibilidad
mediática de poner nuevamente sobre el tapete la discusión de aquella
hipótesis se caiga por su propio peso.



Por esta razón lo revulsivo del título de esta nota (que habrá
escandalizado a más de uno). Porque como demostramos oportunamente en ³Al
Filo de la Realidad², cuando la oleada mutilatoria de ganado en Argentina en
el 2002 (1) hubo toda una operatoria de fuentes paragubernamentales que
buscó primero estimular la imaginación mediática en relacionar las
mutilaciones con apariciones de OVNIs y luego (en parte infructuosamente,
para otros no tanto; todo depende del cociente intelectual del opinador de
turno) al explicar ³naturalmente² las primeras con el famoso ³ratón hocicudo
rojizo², lograron que, por libre asociación, los ³cerebros² de la prensa
vernácula descalificaran a los segundos. El mismo procedimiento ‹vamos a
ponerle un nombre: a ver... a ver... ¡ya está!.: El Síndrome A.T.E.P.P.I.
(Asociación Temático-Epistemológica Plausible Para Imbéciles)‹ visible
claramente (bueno, cuando menos para este servidor) en la relación MIBS
testificables/MIBs cinematográficos y, ahora, entre El Enigma Sagrado y El
Código Da Vinci.



Hay una verdadera, permanente y multinivel campaña de condicionamiento
cultural de la humanidad. Donde todos los ítemes susceptibles de estimular
un cambio colectivo de Paradigma, de mentalidad, son sistemáticamente
torpedeados. Qué duda cabe: extraterrestres entre nosotros o una
poderosísima religión como la católica al servicio histórico de oscuras
manipulaciones son temas capaces de provocar una conmoción intelectual que
alcanzaría a todos los estratos sociales. De allí al cuestionamiento de los
poderes casi subliminalmente aceptados desde siempre ‹desde la Iglesia hasta
las academias, pasando por políticos y el sempiterno, omnipresente y
corrupto ³señor doctor²‹ hay sólo un paso. Los agentes del Poder en las
Sombras son muchos: funcionarios clericales ansiosos de no perder ascendente
sobre las masas, escépticos mediáticos limosneando las migajas de la
consideración universitaria que no supieron ganarse en otras lides,
³periodistas² que deben a su gracejo, su ³pinta gardeliana², su
desinhibición en la cama o sus buenas amistades el estar frente a una cámara
de televisión o un micrófono de radio haciendo como que saben lo que es ser
comunicador social... Vean, por ejemplo, televisión. Pero miren también, que
no es lo mismo. Discovery Channel, siempre tan ³científicos² ellos,
propalando un serial sobre ³casas embrujadas² donde, siempre, dejan de serlo
sólo porque intervienen sacerdotes exorcistas. Sólo sacerdotes. O The
History Channel y NatGeo poniendo en sintonía el mismo día y sólo con una
hora de diferencia (como para que si se lo perdió en uno, no le escape al
otro) ³documentales² desvirtuando Roswell. ¿Sólo casualidades?.



Y si me permiten una acotación, no creo que lo que verdaderamente
preocupe a ese Poder Oculto sea que se sepa o acepte masivamente el
matrimonio de Jesús o su descendencia. En ³El Enigma Sagrado² pasa casi
inadvertido en su capítulo final: en él, los autores, con verdadera
maestría, construyen una hipótesis sorprendente. Jesús, más que ³hijo de
Dios², ¡ciertamente quería ser reconocido como verdadero ³rey-sacerdote²
entre los judíos!. No me extenderé aquí, los remito al libro. Pero, ¿qué
pasaría si esto fuera cierto?. ¿Qué significaría que los primitivos
cristianos realmente buscaran un poder temporal que siempre se le negó a
Jesús (con la misma liviandad con la que desde siempre se estigmatizó como
³prostituta² a Magdalena, cuando no emana ello de la Biblia)?. Y, ¿qué
significaría que todavía hoy hubiera un linaje de descendientes que podrían
exigir prebendas o derechos precisamente sobre una zona tan convulsionada
del mundo como Medio Oriente?.



Me detendré, hoy, aquí. Sólo recordando, con mezcla de pena y bronca, a
ese sacerdote que ante las cámaras de televisión, consultado sobre la
película, afirmaba con una sonrisa canchera que si se descubriera que Jesús
estaba casado, ³¿qué problema habría?². Sí, claro. Qué problema. Por
ejemplo, descubrir que el estúpido celibato tan ardientemente defendido
durante dos mil años (³ardientemente² en el sentido más amplio de la
palabra, por cierto, muchos conocieron la hoguera por contravenirlo) habría
sido una pérdida de tiempo. O que las dos mujeres más ³famosas² del Nuevo
Testamento (María, la madre de Jesús y María, la de Magdala) son, una virgen
y la otra, puta. Qué dicotomía. Lo que hizo estragos en la cultura popular
machista: el noventa por ciento de los varoncitos latinos y católicos fueron
educados desde bebés por tíos, papás, hermanos mayores y primos en el axioma
de que ³toda las mujeres son yiros, salvo tu mamá y tu hermana que, claro,
son santas².



A través de las épocas, por las más variadas formas masivas ‹desde
bardos y trovadores hasta televisión y periódicos‹ estamos siendo
condicionados, pautados, monitoreados. A veces, sin embargo, el sistema se
³tilda². Y alcanzamos a percibir las irregularidades. Que sirva de algo.






AL FILO DE LA REALIDAD
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Mar, 20 de Jun, 2006 1:20 am

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Date: Sun, 18 Jun 2006 14:59:44 -0500 To: RedLuz Argentina <redluzargentina@...> Subject: [redluzargentina] Revista Al Filo de la Realidad Nº 151 ³EL...
Ricardo Ocampo
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20 de Jun, 2006
2:13 pm
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