Los modelos de expansión monetaria en las economías alternativas
Como consecuencia del descontento causado por las políticas económicas
oficiales, han proliferado a nivel popular diversas propuestas
alternativas. Todas las más importantes y publicitadas tienen una
característica fundamental en común: la idea de expandir la oferta
monetaria como la gran solución a todos los problemas económicos.
El conjunto de estos modelos podemos dividirlo en dos grupos: la
expansión de la oferta monetaria a través de la emisión y la expansión
de la oferta monetaria a través de la oxidación. Si bien son mecanismos
muy distintos, ambos se analizan de manera similar, y las consecuencias
de la aplicación de estos modelos son comparables. La idea principal
detrás de esta clase de modelos es que el aumento de la oferta monetaria
reduciría la dependencia del sector financiero y de los inversores, y
presionaría a la baja las tasas de interés.
En el primer grupo, el de la expansión por emisión, podemos encontrar
dos mecanismos cualitativamente distintos: la expansión de crédito y la
emisión con fines de aumento directo del consumo (es decir, emisión para
repartir directamente a los consumidores, generalmente a los de menor
poder adquisitivo). Analicemos en primer lugar este primer caso, que es
tal vez el más fácil de encarar y el que nos va a llevar a ver ciertos
fenómenos que también suceden en el resto de los casos que vamos a analizar.
Empecemos con un ejemplo sencillo para ilustrar un punto sencillo.
Supongamos que el total de producción de carne de un pueblo es de 100
cabezas faenadas por año, que está ajustada al consumo actual de carne,
y que se necesita una población fija de 600 cabezas para poder faenar
esas 100 cabezas anuales. Los números exactos no importan. El
razonamiento es independiente de ellos. Ahora supongamos que una porción
de la población de bajos ingresos es beneficiado con dinero recién
emitido, y que el consumo de carne aumenta como consecuencia (ya que no
se toman medidas para evitarlo, y es precisamente esto lo que se busca).
Se ve inmediatamente que habrá que consumir parte de la población fija,
con lo cual al año siguiente tendremos menos. Si esta situación se
mantiene por un tiempo suficientemente largo llegará un momento en que
no se va a tener ganado suficiente ni siquiera para consumir. Y en forma
acelerada, puesto que cuanto menos cabezas fijas se posea, menos se
podrá producir.
La situación descrita es obvia: si se consume más de lo que se produce,
se comienza a consumir el capital, reduciendo la capacidad productiva. Y
para que se pueda consumir más de forma sostenible, hay que restringir
inicialmente el consumo para incrementar la capacidad productiva. Es
imposible consumir más al mismo tiempo en que se aumenta la capacidad
productiva. Una política de emisión orientado al consumo es
materialmente incompatible con cualquier política productiva.
Hemos visto un ejemplo sencillo, donde aparece un sólo factor de
producción, un sólo bien de consumo, y además el factor de producción y
el bien de consumo elegidos son de la misma clase. Pero es fácil darse
cuenta que esto va a suceder en cualquier caso imaginable. Un aumento
del consumo implica desviar bienes desde la producción hacia el consumo.
Un aumento productivo implica desviar bienes desde el consumo hacia la
producción. Las dos cosas al mismo tiempo son imposibles.
Un argumento que se maneja desde algunos defensores de esta clase de
métodos es que hay una gran cantidad de medios de producción
inutilizados, y trabajadores desempleados, que permitirían incrementar
la producción y al mismo tiempo incrementar el consumo. Este
razonamiento es muy simplista. Para empezar nada se puede decir de si
los factores de producción inutilizados serán los adecuados por la mayor
demanda de bienes de consumo. Generalmente los medios de producción
inutilizados provienen de emprendimientos fracasados que no han hecho
bien sus predicciones de costos y beneficios. Y la relación entre costos
y beneficios no cambia necesariamente por un aumento de la demanda. Se
necesita también un aumento en los precios de mercado del producto final
para que cambie positivamente, y/o una reducción en los precios de los
factores de producción requeridos. Es un hecho también que la relación
entre los medios de producción abandonados y los que están en
funcionamiento es despreciable como para poder contar con ellos para un
aumento productivo incluso en el caso en que todos los medios
abandonados de repente puedan ser reutilizados.
También se puede contar con medios de producción en stock, no
necesariamente abandonados sino producidos para venta futura. Pero los
productores de medios de producción ajustan la salida a lo que esperan
vender, de acuerdo a su comprensión del estado del mercado en el futuro
más o menos inmediato. Si es como dijimos, imposible determinar cómo se
va a comportar la demanda de bienes de consumo frente a las nuevas
condiciones impuestas por la expansión monetaria, lo es mucho más aún
determinar cómo se va a comportar la demanda de bienes de producción,
que además debe especularse con un plazo mayor (los cambios en la
demanda de bienes de producción se da más tarde que en la de bienes de
consumo, que es inmediata)
Sin embargo, hay limitaciones aún más insalvables, independientes de si
hay o no medios de producción abandonados o en stock y en qué medida. Y
es el el hecho de que para que un emprendimiento productivo funcione no
son necesarios sólamente medios de producción. Se necesita gran cantidad
de insumos -los cuales deben ser extraídos del mercado de consumo--, y
se necesita mano de obra -capacitada--, que demanda aún mayor consumo
una vez comiencen a pagarse los salarios. Independientemente de si los
insumos productivos y los bienes de consumo coincidan parcial (lo más
común) o totalmente o no coincidan, en un nivel en la cadena de
producción esa coincidencia se da siempre. Y en particular se da en el
factor de producción más general y al mismo tiempo más específico: la
mano de obra. Y se da también en el caso de los recursos naturales. Los
cuales potencialmente podrán ser inacabables o no, según el caso, pero
una mayor explotación requiere nuevamente más mano de obra, o más
máquinas que necesitan insumos y más mano de obra, lo que a su vez
demanda mayor consumo.
Ni que decir que el hecho de que se esté pagando un ingreso a aquellos
más marginados, sin trabajo, etc, establece una tendencia a la falta de
oferta laboral, es decir, de escasez de mano de obra.
En otras palabras, la situación es materialmente insostenible. Por
cualquier lado que se lo mire, siempre se acaba en lo mismo: si aumenta
el consumo se reducen los factores de producción disponibles para su
producción. Para aumentar el consumo de forma sostenible antes hay que
restringirlo para permitir un aumento del capital, que a su vez
posibilite un aumento productivo que permita finalmente una mayor
disponibilidad de bienes de consumo en el futuro.
En la práctica, esta tendencia al aumento del capital que permite una
mayor disponibilidad de bienes de consumo para el futuro, se da
contínuamente. En las economías donde no hay políticas monetarias serias
esta tendencia se ve obstaculizada y es lo que genera las crisis
cíclicas ya conocidas y que desde ciertas doctrinas se atribuye a la
economía de mercado como consecuencia inevitable. Ya volveremos sobre
este punto cuando examinemos la teoría de las crisis cíclicas de Gesell
y Marx.
Hasta aquí analizamos la situación sólo desde el punto de vista
material, sin considerar las tasas de interés y la inflación. Es cierto,
el cambio en los precios y en el nivel de las tasas de interés provienen
de decisiones humanas, no son fenómenos insalvables. Pero no nos
confundamos. Todo el proceso que venimos describiendo necesita de un
aumento general de precios y de las tasas de interés para que se pueda
dar. En caso contrario no habría forma de invertir más en mayor producción.
El efecto inflacionario no necesita demasiadas explicaciones. En una
sociedad como las nuestras, y con un mercado sin control de precios una
mayor demanda de todo tipo de bienes genera un aumento general de
precios, y además es absolutamente necesario si se quiere disponer de
liquidez para invertir más, de acuerdo a todo lo que venimos exponiendo.
Pero además, la necesidad incrementada de inversiones genera una mayor
demanda en el mercado de dinero, lo que, lejos de provocar una baja en
las tasas de interés, al contrario, genera una fuerte presión a la suba
de las tasas de interés. Suba por demás necesaria si se quiere atraer
dinero de los ahorristas para disponer del dinero suficiente para
atender la demanda del sector productivo. Puede haber también un efecto
contrario de presión a la baja de las tasas de interés si parte de la
nueva masa monetaria alcanza el mercado de crédito lo suficientemente
rápido (es decir, que el nuevo dinero se utilice para el ahorro y no
para el consumo). Pero eso es impredecible, no solucionada nada, y a la
larga las tasas de interés, al igual que los precios, se ajustan a las
nuevas condiciones de oferta y demanda de bienes y dinero.
Pero supongamos que el Estado prohibe la suba en las tasas de interés y
en los precios, y en cambio prefiere seguir emitiendo más y más. Todo
esto no va a hacer otra cosa que acelerar más y más el consumo del
capital, y por lo tanto, la reducción acelerada de los bienes de consumo
disponibles a futuro, y por lo tanto la destrucción de toda la economía.
Por más dinero disponible que haya, por más que se emita, por más que se
preste, lo cierto es que el dinero no es riqueza. Los productores
tendrán grandes cantidades de dinero disponibles, pero se encontrarán
con el insalvable obstáculo de no disponer de los factores de producción
en el volumen requerido para la consecución de sus fines productivos.
Los procesos productivos no podrán ser finalizados, los productos
finales no podrán ser colocados, no habrá ventas suficientes para poder
devolver los préstamos ni seguir sosteniendo la rentabilidad de los
emprendimientos. Sobreviene la crisis y el quiebre del sistema
productivo. Se pierde gran cantidad de puestos de trabajo debido a la
indisponibilidad de los factores complementarios de producción.
Con control de precios o sin él, es fácil ver que, por más que los
defensores de estas clases de métodos utilicen todo tipo de recursos
retóricos e ideológicos contra los que suben los precios y las tasas de
interés, el hecho es que el fenómeno de la inflación y de la suba de las
tasas de interés, lejos de tener efectos perjudiciales, lo que hace es,
al desincentivar el consumo y las malas inversiones, generar una
tendencia a desacelerar el consumo del capital y por lo tanto reducir
sus efectos catastróficos. Los precios y las tasas de interés deben
acomodarse a la nueva situación monetaria y a la nueva situación
productiva como consecuencia de la crisis, para que la economía se
recupere de ella y comience a acumular capital nuevamente, acumulación
absolutamente necesaria para la disponibilidad de mayor cantidad de
bienes de consumo, si es que éste es el fin buscado.
Se debe observar que en todo nuestro razonamiento hemos asumido
condiciones iniciales de estancamiento económico, es decir, en que no
está aumentando la capacidad productiva, o que el crecimiento económico
es pobre. Es evidente que si la capacidad productiva, es decir, la
acumulación de capital, está en crecimiento desde antes de la aplicación
de la expansión monetaria, si además ese crecimiento es lo
suficientemente grande, y la expansión monetaria es suficientemente
pequeña, ésta podría sostenerse en el tiempo sin consecuencias
económicas graves. Pero aún en este caso se está reduciendo la velocidad
de acumulación de capital, y por lo tanto la velocidad con que podemos
aumentar la disponibilidad de bienes de consumo. Es decir, una expansión
monetaria siempre y en todos los casos trae como consecuencia una
inhibición del desarrollo productivo. No existe manera de combinar
políticas productivas con políticas de expansión monetaria.
Es por todo lo anterior que las políticas de expansión monetaria siempre
han fracasado y lo van a seguir haciendo una y otra vez,
independientemente de si esas políticas son aplicadas en una economía
oficial o en una alternativa, llámese CEN, red del trueque, o llámese
como se llame. El fracaso de la RGT argentina se debe a este fenómeno y
no a que sus usuarios no comprendieron la filosofía propuesta, como
acusan sus incompetentes dirigentes. Y el CEN está destinado a fracasar
independientemente de si aceptemos o no la filosofía propuesta, de si
para "comprenderla" (adoctrinarse, diría yo) haya que olvidar todo lo
que conocemos de la economía.
A este respecto las mencionadas doctrinas suelen hablar de algo que
llaman "el paradigma de la escasez", es decir, el "discurso capitalista"
de que los recursos no alcanzan para todos. Las críticas a este
"paradigma" se basan en algunas ideas muy ingenuas, que a veces vienen
juntas en el mismo paquete, y a veces no:
1.
/Disponemos de recursos inagotables./ Puede ser cierto o no. Pero
el hecho de que sea cierto no cambia en lo absoluto el hecho de
que la mayor parte de nuestras necesidades no están en forma
natural sino que requieren un proceso de transformación, el cual
implica todas las limitaciones que venimos examinando.
2.
/Ya hay una enorme cantidad de riqueza artificial disponible/.
Puede ser cierto o no. Pero el hecho de que sea cierto no
significa que pueda ser usufructuado por una cantidad ilimitada de
seres humanos, ni que pueda ser utilizada para el consumo de forma
sostenible.
3.
/Existe una fuerte polarización de la riqueza, es decir, una
distribución desigual de ella. Sólo debemos repartirla mejor/.
Podemos estar de acuerdo. Pero ninguna política de expansión
monetaria tiene el menor efecto igualador sobre la distribución de
la riqueza. Al contrario, las crisis cíclicas provocadas por esta
clase de políticas no hacen más que generar una mayor desigualdad
a este respecto (los pequeños emprendimientos que no pueden
afrontar la crisis y la clase trabajadora que pierde trabajo son
los sectores económicos más afectados)
Aquí no se trata de decir que la riqueza no alcanza para todos. Lo que
se está mostrando es que para incrementar de forma sostenible la
cantidad de bienes disponibles para el consumo se necesita acumular
capital, no hay alternativa. Y que las políticas de expansión monetaria
conducen a lo contrario y jamás resultan en mayor igualdad distributiva,
sino lo contrario.
Con todo lo expuesto hasta el momento, examinar el caso de la expansión
monetaria a través del crédito no debe presentarnos ninguna dificultad.
La diferencia con el caso ya analizado es que con este método las tasas
de interés bajan inmediatamente, debido a la mayor cantidad de dinero
disponible para el crédito. Pero esto no hace otra cosa que animar a los
emprendedores más descuidados a malinvertir en sus respectivos
emprendimientos. Tarde o temprano el incremento de la demanda de
factores de producción (capital fijo, insumos, mano de obra) genera una
indisponibilidad general de dichos factores que hace que los
emprendimientos no puedan ser terminados. Y si sumamos el incremento del
consumo proveniente de los nuevos puestos de trabajo generados, la
situación es peor aún. El curso del proceso vuelve a ser el mismo que el
primer caso analizado. Una mayor demanda de factores de producción
genera una demanda adicional de crédito con el objetivo de producirlos,
lo que hace subir las tasas de interés nuevamente. Lo que genera más
demanda de más factores de producción, incluyendo mano de obra, que a su
vez incrementa la demanda de bienes de consumo. Los precios de los
factores de producción aumentan. Los precios de los bienes de consumo
aumentan. Y el resultado es el mismo que el caso ya analizado, ya que no
se puede al mismo tiempo acelerar la capacidad productiva e incrementar
el consumo. Una tendencia siempre es a costa de la otra. Ineludiblemente.
El caso de la oxidación no difiere de los analizados excepto en el
método. Al principio se va a dar un aumento de precios debido al aumento
de la demanda de bienes, una reducción de las tasas de interés, un
aumento de la demanda de mano de obra. Pero es la misma cadena de
sucesos la que gobierna todo el proceso. Tarde o temprano las tasas de
interés vuelven a subir y el consumo de capital conduce a la crisis. Y
luego se pierde gran cantidad de puestos de trabajo. Si en algún caso en
que se aplica la oxidación no se da esta cadena de fenómenos es porque
el volumen de dinero en circulación es lo suficientemente pequeño como
para adaptarse a la demanda natural del mercado. Pero en este caso la
oxidación no está cumpliendo ningún papel en el aumento de la oferta
monetaria con los objetivos pretendidos. El aumento de la oferta
monetaria que se busca con la oxidación se cancela con un volumen
adecuado de dinero en circulación. En realidad no hay forma de demostrar
que esta cancelación es perfecta, con lo cual de todas formas algún
resultado negativo para la economía se va a obtener.
Por otro lado, y aquí entramos en consideraciones exclusivas a la
oxidación, es poco claro qué resultados puede tener este método en las
tasas de interés a mayor plazo. Todo depende de en qué proporción la
oferta de dinero adicional se vuelca sobre el consumo o sobre los
ahorros. Para que los intereses bajen debe aumentar la oferta de dinero
en el mercado de crédito más allá de lo que aumenta la demanda. Pero si
la oferta adicional de dinero se vuelca a un mayor consumo en un nivel
suficiente, entonces la demanda de los empresarios por mayor dinero para
invertir va a presionar a las tasas de interés a la suba y no a la baja.
No va a ser suficiente la oferta de dinero de los ahorristas. Es cierto
que los bancos se verán forzados a prestar más dinero debido a la
oxidación. Pero esto se puede fácilmente evitar con préstamos en dinero
no oxidable (por ejemplo, divisa extranjera), o reduciendo al mínimo las
reservas. Este último método es muy riesgoso. Muchos bancos a lo largo
de la historia, incluso reciente, han alcanzado la bancarrota debido a
que no han contado con reservas suficientes para hacer frente a
incumplimientos de parte de sus deudores. Y esto en un síntoma
fundamental en las crisis económicas ya explicadas, debido a la
imposibilidad de los emprendimientos de finalizarse por indisponibilidad
de factores de producción, y como consecuencia, la imposibilidad de los
empresarios de hacer frente a sus deudas. El resultado final del método
de la oxidación es evidente si, como esperan sus defensores, los bancos
decidieran reducir al mínimo sus reservas. Sumemos menores reservas y
mayor incumplimiento de deudas. El desastre financiero está cantado.
Algunos argumentan que los bancos nunca pierden, que siempre se las
arreglan para recuperar las deudas. Esto no sólo se opone a los hechos
sino que además es insostenible. Los bancos sólo pueden recuperar parte
de las deudas, y en la medida en que se logre vender todo el patrimonio
adquirido por los deudores con el crédito concedido. Tengamos en cuenta
que estamos hablando de bienes de capital adquiridos para la consecución
de emprendimientos que finalmente fracasaron. En plena crisis los bienes
de capital inconvertibles (es decir, no reutilizables en otra rama
productiva), se venderán a un precio muy por debajo de aquel por el cual
fueron adquiridos. Con los bienes convertibles igualmente se conseguirán
precios muy bajos, debido a la crisis general de todas las ramas
productiva. Muchos bienes de capital ni siquiera logran venderse nunca.
Es decir, lo que se puede llegar a recuperar del patrimonio adquirido es
una muy baja porción del crédito concedido. La única manera de que los
bancos se salven del desastre financiero provocado por los malos manejos
monetarios del Estado es, precisamente, con más intervención estatal, es
decir, que el Estado salve a sus bancos con sus propias reservas, se
endeude con los organismos de crédito internacional, incremente la
presión impositiva, etc. Cualquier método que utilice, siempre va a ser
a favor del sector financiero y en perjuicio del resto de las
actividades económicas y de la sociedad.
Resumiendo, no sólo no existe manera de fundamentar que la oxidación va
a provocar una baja en las tasas de interés, sino que es fácil ver que
puede tener incluso el efecto contrario. Todo depende de qué decisiones
tomen los bancos y la sociedad en general, decisiones totalmente
imprevisibles. Y por supuesto, aunque se logre la baja en las tasas de
interés, no sólo no se va a lograr nada positivo para la economía sino
al contrario, la va a perjudicar como cualquier otro método que fuerce
la oferta monetaria.
Finalmente, y para terminar de desacreditar a la teoría que fundamenta
la oxidación, pasemos a estudiar la teoría de los ciclos económicos de
Silvio Gesell, quien fue el que ideó el modelo de la oxidación. En
realidad Gesell ve el origen de los ciclos económicos en la misma
reconstrucción de los hechos que se hace Marx. La sencilla explicación
que dan ambos es que los empresarios, en su afán de producir, producen
más de lo que es demandado. Esto genera una gran cantidad de stock sin
vender. Los empresarios dejan de producir, aparece el desempleo, el
stock en exceso no se vende excepto bajando mucho los precios. Esta idea
que intenta explicar el origen de los ciclos económicos y que está
presente a lo largo de toda la exposición de Gesell, es absolutamente
insostenible. Implica asumir que los empresarios actúan como autómatas
que producen y producen sin jamás especular sobre las condiciones de la
demanda futura. Aparentemente sólo los grandes filósofos del mundo,
filosofando sentados en un escritorio son capaces de darse cuenta de
algo que los empresarios, con su gran experiencia acumulada, no podrían
darse cuenta, y producen y producen como robots sin pensar en las
condiciones futuras, cambiantes, de la demanda.
Ciertamente que cualquier empresario puede cometer errores y
sobreestimar la demanda futura. Pero los emprendimientos exitosos son
aquellos que preven con más exactitud dicha demanda. En el mercado
constantemente existe una presión selectiva en este sentido. Todo
empresario se enfrenta a tomar decisiones todo el tiempo de acuerdo a
sus previsiones. Y los que se equivocan pierden. Pero una teoría
económica que asume que los empresarios son autómatas sin capacidad de
decisión, creatividad, imaginación, comprensión de las necesidades del
mercado, o especulación, es decir, que asume no son como cualquier otro
ser humano, jamás puede tomarse en serio.
Más que inmediato entonces refutar la teoría cíclica de Marx y Gesell.
Además, Gesell cae en algunas contradicciones. Si su teoría cíclica se
basa en la idea, de que los empresarios invierten más de la cuenta,
entonces ¿cuál es la utilidad de bajar las tasas de interés y que los
bancos presten más? Y en lugar de provocar una demanda compulsiva
(hiperconsumismo) para absorber la sobreproducción ¿no sería mejor
desviar la producción hacia aquello más útil y que escasea más, en lugar
de incentivar al aparato productivo a que siga sobreproduciendo bienes
menos útiles?
Martín Olveyra, 8 de mayo 2006.
Bibliografia
*/Ludwig von Mises/*: Human Action. /A Treatise On Economics/ (1949).
Scholar Edition. (En particular: Chapter XX. Interest, Credit Expansion,
and the Trade Cycle).
http://www.mises.org/humanaction.asp
*/Silvio Gesell/*: El Orden Económico Natural. (1936).
http://www.systemfehler.de/es/
*/Alberto Sigales/*: La Naturaleza de la Riqueza. (El Ciclo Económico
Natural, CEN) (2003).
http://www.eumed.net/libros/2005/acs/index.htm
[Se eliminaron del mensaje las partes que no eran texto]