PRIMERO DE MAYO Algunas citas de Simone Weil sobre el tema del trabajo tomadas
de la Antología de textos de y sobre Simone Weil que aparecen entre los
Materiales de Trabajo del Instituto Simone Weil, A.C., Valle de Bravo, Estado de
México: http://www.institutosimoneweil.net/antologia
El trabajo físico constituye un contacto específico con la belleza del mundo e,
incluso, en sus mejores momentos, un contacto de tal plenitud que ningún
equivalente puede hallarse en otro lugar. El artista, el científico, el
pensador, el contemplativo deben, para poder realmente admirar el universo,
penetrar esta película de irrealidad que lo cubre y que hace de él, para casi
todos los hombres, en casi todos los momentos de la vida, un sueño o una
decoración teatral. Deben, pero casi nunca pueden. Aquél cuyos miembros se
encuentran quebrados por el esfuerzo de una jornada de trabajo --es decir, una
jornada durante la cual se ha visto sometido a la materia-- lleva en su carne,
como una espina, la realidad del universo. La dificultad para él consiste en
mirar y en amar; si lo logra, ama lo real. (Attente de Dieu, Ed. Fayard, 1996,
Collection du "Livre de Ville", p.161.)
La inflexible necesidad, la miseria, la angustia, el peso aplastante de la
necesidad y del trabajo que agota, la crueldad, las torturas, la muerte
violenta, la fuerza, el terror, las enfermedades --todo eso, es el amor divino.
Es Dios quien por amor se retira de nosotros con el fin de que podamos amarle.
Puesto que si nos viéramos expuestos a la irradiación directa de su amor, sin la
protección del espacio, del tiempo, de la materia, seríamos evaporados como el
agua al sol --no habría suficiente yo en nosotros para poder amar, para
abandonar el yo por amor. La necesidad es la pantalla colocada entre Dios y
nosotros para que podamos ser. A nosotros nos toca traspasar esa pantalla para
dejar de ser. No la traspasaremos jamás si no sabemos que Dios se encuentra a
una distancia infinita más allá, y que en Dios solo es que reside el bien.
(C.III,, p.13, tercer volumen de sus Cuadernos.)
El gran dolor del trabajo manual es que se ve uno obligado a esforzarse durante
tan largas horas simplemente para existir. […]
Los obreros necesitan de la poesía más aún de lo que necesitan el pan.
Necesidad de una luz de eternidad.
Sólo la religión puede ser fuente de esta poesía.
No es la religión, sino la revolución, lo que es opio del pueblo.
La falta de esta poesía explica todas las formas de desmoralización.
Pero la orientación de la atención hacia Dios tiene que ser sostenida por medio
de intermediarios. Aun en una iglesia, a donde se va para eso. Cuánto más en el
trabajo.
No fabricarlos. Encontrarlos escritos en la naturaleza de las cosas, puesto que
ahí están de forma providencial. [...]
La esclavitud, es el trabajo desprovisto de luz de eternidad, sin poesía, sin
religión. Era ésa la gran desgracia de los esclavos del Imperio romano.
Que la luz eterna provea, no una razón de vivir y de trabajar, sino una
plenitud que dispense de buscar esta razón.
El cansancio del trabajo paraliza las facultades discursivas, no así la
contemplación. Sólo que hacen falta intermediarios que sean algo distinto de las
facultades discursivas. (C.III, p.239.)
Traducción de Sylvia María Valls (Mamadoc)
(La Editorial Trotta, Madrid, tiene varios de sus títulos publicados hasta la
fecha.)
[Se eliminaron del mensaje las partes que no eran texto]