Primero de Mayo de 2006. En el día internacional de los trabajadores, un saludo
fraterno a todos quienes merecemos una vida mejor.
El final definitivo de la explotación del hombre y la naturaleza
A cada modo de producción le corresponde un modo de distribución.
¿Cómo se manifiesta en la realidad la explotación del hombre por el hombre?
¿En dónde la vemos? Lo hace, como en la mayoría absoluta de las veces, en una
combinación particular (según el modelo de sociedad a analizar) de dos
categorías dialécticas: esencia y apariencia. ¿Cómo la explicamos?
En apariencia, la explotación ocurre en el trabajo. Ante nuestros ojos se nos
aparece claramente la imagen de que los explotados puede ser solamente aquellos
quienes trabajan y no quienes viven de rentas o de la caridad, o sobreviven de
cualquier otra forma distinta. Pero si nosotros integramos desde nuestro
nacimiento una clase explotada (esclavos, siervos, obreros) no tenemos otra
manera de “ganarnos la vida” que trabajando. Así es entonces como se nos
presenta la explotación y así es como la vemos: desde que surgieron los sistemas
de clases antagónicas somos explotados en el modo de producción en aplicación.
Queda claro entonces que la explotación se hace visible en el trabajo, durante
la producción de bienes. Entonces, en apariencia, la explotación sucede en el
modo de producción de la riqueza empleado y en sus consecuentes relaciones de
producción.
Muy bien, sabemos ahora dónde sucede la explotación. Pero ¿cómo se nos explota
en dicha producción de bienes? ¿Qué mecanismo es el que usan los explotadores
para explotarnos mientras trabajamos? Primero lo hacen al obligarnos a obtener
nuestra subsistencia a través de una única fuente sacramentada y legalizada por
ellos pero aceptada por nosotros: el salario. Y segundo, no reconociéndonos lo
que realmente nos correspondería percibir por formar parte fundamental nosotros
en la producción de todas las riquezas. Nos obligan y nos obligamos a sobrevivir
mediante una única fuente relacionada a la producción (el salario) por lo que
quedamos imposibilitados de sobrevivir mediante otra manera. Pero ¿acaso el
salario, independientemente de su monto, alto o bajo, independientemente de su
justeza, justo o injusto, no forma parte de la distribución de la riqueza
producida por todos?
Si no se nos retribuye en forma acorde a esa producción (independientemente de
si producimos mucho o producimos poco), igualmente seremos explotados, si es que
no modificamos la forma de distribuir la riqueza producida. Esto es: la forma o
modo de producción no define a la explotación.
Notemos que la explotación sucede en el modo de producción, pero no por él.
Aprendamos que la esencia de la explotación se fundamenta y se hace real en el
modo elegido de distribuir la riqueza creada por todos nosotros en él.
La explotación igualmente sucedería indiferentemente de si el explotador nos
expropia lo que producimos a través de la “legalizada” propiedad sobre nuestro
cuerpo, sobre la propiedad del medio de producción en que trabajamos o mediante
la plusvalía o cualquier otra forma relacionada a la forma de producir. Lo que
hace a la explotación es la forma de distribuir la riqueza producida y no cómo
ésta se produce.
Si producimos cierta cantidad de riqueza deberíamos recibir la parte de ella
que nosotros cooperamos en producirla, independientemente del modo de producción
empleado y sus particulares relaciones. Es decir, mientras la explotación se ve
en la producción, ella se realiza (se hace real) en la forma elegida de
distribuir la riqueza creada. Esa forma de llevar a cabo la explotación es
elegida por ellos otros, pero también es aceptada sumisamente por nosotros al no
comprenderla.
Notemos que, en esencia, la explotación sucede en el modo aplicado de
distribución de la riqueza (creada en el modo de producción en uso) y en sus
consecuentes relaciones de distribución: la explotación se efectiviza mediante
una forma particular de la distribución (apropiación que alcanza a ser una
expropiación de una clase sobre otra en los sistemas de clases antagónicas) de
esa riqueza creada. Es la forma privada de distribución, forma totalmente
contradictoria a la forma social que usamos para producirla. Es fácil notar que
si el modo que usamos de producir la riqueza es un modo social, necesariamente
su distribución también ha de ser social, pero ya no privada.
Sabemos también que la explotación no pasa por la cantidad de riqueza que
creemos ni por el monto absoluto de nuestro salario sino por quiénes –y de qué
manera- se la distribuye, apropia o expropia. Que la riqueza producida por
nosotros sea ridículamente escasa o exageradamente abundante no explica por sí
sola la explotación, sino que la explica la forma de distribuirla. Que la
riqueza haya sido creada mediante el modo esclavista o mediante el modo
capitalista (o aun el socialista) no explica la explotación: la explica su forma
de distribuirla.
La explotación no reside en el modo de producción sino en el de distribución.
El modo de distribución actual (capitalista, socialista o el que se quiera) es
exactamente el mismo que el utilizado desde las civilizaciones babilónicas. Es
un modo de distribución privado.
Sin embargo, la producción actual, capitalista o socialista, es social. El
salario que recibimos no tiene, definitivamente, una forma social de
distribución, sino que intrínsecamente es una forma privada, individual, de
distribuir la riqueza, a pesar de ser ésta creada socialmente. Se nos paga el
salario individualmente, privadamente, según nuestro aporte personal a la
producción de riqueza. Pero esta producción hace ya quinientos años que ha
dejado de ser privada.
Por más alto que imaginemos al salario que anhelamos recibir -o que realmente
recibimos- tampoco por ello se eliminará la plusvalía ni será él, por sí solo,
capaz de hacer desaparecer la explotación del hombre por el hombre, porque la
esencia de la explotación se encuentra en la forma elegida de apropiación, de
distribución y no en el cómo se produce.
La explotación del hombre por el hombre se elimina revolucionando la forma (o
modo) de distribuir la riqueza creada y no mediante la transformación o
mejoramiento del modo de producirla.
Es absolutamente cierto que el modo actual de producción es infinitamente más
efectivo y desarrollado que los precapitalistas. El actual es social, los demás
fueron privados. Sin embargo, en todos ha existido la explotación del hombre. Su
motivo: la continua e invariable aplicación de un único modo de distribución, el
privado, frontalmente contradictorio con el modo de producción actual.
¿Qué sucedería si, suponiendo una utopía, los explotados pudiéramos obtener
algún ingreso que nos permitiera sobrevivir por fuera e independientemente del
salario, es decir, por fuera del modo capitalista de producción y sus relaciones
particulares? Ya no habría explotación laboral, obviamente. Dejaríamos de ser
trabajadores explotados y, aunque los burgueses continuaran siendo propietarios
de los medios de producción y se apropiaran de la plusvalía producida por los
robots, los burgueses también dejarían de ser explotadores del hombre por el
hombre.
Y esto significaría la eliminación definitiva de la explotación.
Nuestra propuesta, el postcapitalismo CEN, es un impulsor de esa utopía. Para
ello propone muchas herramientas teóricas y prácticas novedosas, anteriormente
supuestas como “imposibles”, como lo es por ejemplo la autofinanciación total de
toda actividad sin necesidad de dependencias al sistema financiero
internacional. Pero en este caso concreto en que estamos hoy, sobre la búsqueda
de cómo eliminar la explotación, propone el distribuir un ingreso (llamado
“ingreso natural”, IN) a todos los habitantes, sin excepciones de ninguna clase,
universal y perpetuo, no derivado de expropiaciones de ningún tipo.
Cuando lo conozcamos, veremos que el IN no sólo elimina definitivamente la
explotación del hombre por el hombre sino que también hace desaparecer de la faz
de la tierra al hambre y la miseria.
Por último, con vuestro permiso me permito una recomendación: para lograr
alcanzar a comprender la forma de lograr esas metas hay que olvidarse por
siempre de todo lo mucho o poco que conocemos como economía y aprender la nueva
posteconomía, propia del CEN.
Alberto Sigales
Centro INDEV
Desde el Mercosur al mundo
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Hoy la sociedad está al servicio de la economía.
Juntos haremos que la economía esté al servicio de la sociedad.
http://www.postcapitalismo.org
cen-alta@...
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