Hacia el dinero comunitario
Arq. Luis Lopezllera
www.vidadigna.net
La profunda crisis por la que pasamos desde hace ya varias décadas nos obliga a
reflexionar sobre el dinero, precisamente porque no tenemos dinero y no
entendemos como se pueda vivir sin él.
El dinero en un principio era un objeto relativamente privilegiado, que tenía
valor en sí y que servía para facilitar transacciones allí donde el trueque ya
se dificultó más conforme avanzó la complejidad de trabajos, productos,
necesidades, distancias y tiempos. El dinero fue, pues, vacas, tabaco, cacao,
piedras finas, etc. hasta llegar al oro y la plata.
Los orfebres en la Edad Media fueron preferidos para que la gente guardara sus
dineros metálicos, ya que ellos tenían bóvedas de mayor seguridad. Los orfebres
extendían recibos respaldados por dichos depósitos y la gente empezó a utilizar
y circular dichos recibos sin necesidad de reclamar sus valores depositados,
salvo muy eventualmente. Así nacieron los banqueros quienes empezaron a abusar
de dicha confianza emitiendo muchos más recibos que los valores bajo su
resguardo y también cobrando intereses.
Los recibos, ya hacia fines del siglo XVII, se hicieron standard y nacieron los
billetes, muy diversos (parece que en China mucho antes, de sus autoridades).
Pero dichos billetes eran minimamente respaldados por valor real y cuando la
gente en determinada crisis de confianza reclamaba sus valores, pues los bancos
quebraban defraudando a muchísima gente.
Las autoridades intervinieron tratando de controlar la emisión de billete pero
ya para entonces los bancos inventaron las chequeras y las cuentas bancarias,
otra forma de crear dinero al prestarlo con altos intereses a sus clientes
mediante hipotecas que eventualmente y en forma inhumana expropiaban bienes y
dejaban a la gente en la calle. Luego llegaron las tarjetas de crédito. Cuando
el banco abre una cuenta nadie ha depositado ese dinero, simplemente crea una
cuenta electrónica a nombre del cliente.
La emisión de dinero ha quedado principalmente en manos de bancos privados, muy
lucrativos (y en México ya son casi todos extranjeros, quienes deciden quien
tiene crédito y quien no), pues ganan intereses de todo dinero que prestan,
principalmente y más, del que nadie ha ganado con "su sudor". El mayor golpe
Bancario (mucho más importante que los golpes de Estado) se dió durante la
guerra fría (más de 25 años). Estados Unidos se endeudó ante su banca, para
financiar dicha guerra (Corea, Vietnam, represión a revoluciones por doquier,
portaviones, submarinos, cohetes, ejércitos en Europa, Japón, etc., etc) por un
valor equivalente a... ¡otro Estados Unidos! ¿De donde salió ese dinero? De
ningún lado, fue producto de la creación de dinero sin respaldo real, inundando
la economía mundial con los llamados Eurodólares.
Fue así que el Presidente Nixon tuvo que anunciar el 15 de agosto de 1971, que
el dólar ya no estaría respaldado por el oro (hasta entonces tu podías cambiar
tus billetes gringos, por cada 35 dólares recibir una onza de oro, en
determinados bancos). No había oro suficiente, muy lejos de ello, para respaldar
las inmensas masas de dólares en manos de europeos y japoneses. A estos no les
quedó más remedio que aceptar la cruda realidad, en coro seguir diciendo
¡"Vale!", pues de otra manera sus cuentas en dólares se hubieran reducido a puro
aire. Se hicieron cómplices de Nixon, ahora con el dólar solo sostenido por...
cañones y poderío militar. O sea, por el miedo pero no por valor real.
De ahí que hoy el dinero vale porque muchos creen que vale, credulidad pues, y
es aceptado por todos y es eso lo que "respalda", por ejemplo: al dólar como
moneda de reserva, y luego a las monedas dependientes, como el peso. Hasta hace
poco, nuestros billetes decían: el Banco de México "pagará a la vista al
portador", se entendía un determinado valor (¿plata?) equivalente a los pesos
que el billete indicara. Pero si tu vas hoy a un banco y quieres cambiar un peso
por algo, te darán... ¡solo otro papel!
En todo el mundo la gente consciente (todavía escasa) ya se da cuenta de que hay
que recuperar la capacidad de crédito. En la historia se permitió que unos
cuantos vivillos, eso sí, muy trajeados, importantes y "poderosos", manejaran
(expropiaran) esa capacidad, haciéndola una mercancía sumamente lucrativa para
ellos y letal para el resto. Y no me extiendo para analizar la especulación
actual que resulta una multiplicación atroz de lo mismo.
¿Porqué letal? Porque los bancos crean el dinero, el "principal", pero nadie
crea lo intereses, los cuales hay que pagar después de usar el principal.
Estamos en el supuesto absurdo de que el dinero crea dinero (No, solo el trabajo
crea valor, y el crédito necesario para ello -por ejemplo, para comer, mientras
se trabaja- es una facultad imprescindible que está en el seno de la comunidad).
¿Que pasa entonces? Pues quienes se comprometieron a pagar intereses tienen que
"ganárselos" a otros, esto es, en esencia lo que se llega a decir como "la lucha
por la vida".
Significa que hay que "arrebatar" a otros (mediante el sistema llamado de
ganancias) un dinero para poder pagar... ¡lo que no existe! Así, siempre habrá
ganadores y perdedores (para recibir un préstamo de un banco hay que pasar un
exámen donde se demuestre que uno es capaz de ganar, esto es, de arrebatar),
todo lo contrario del principio de una comunidad sana.
Por eso vemos que de cada diez microempresas que se inician ocho fracasan en el
primer año (claro, no solo por ello, también está la falta de educación,
capacitación, responsabilidad profesional, etc., pero si vamos a la causa de la
ausencia de estos factores veremos que es también por la falta de dinero, que se
concentra en las manos de otros).
Lo del Fobaproa ha sido el remate de un absurdo estructural. Vaya tomadura de
pelo. Vivimos en un sistema letal y es claro que nuestra responsabilidad es
crear sistemas vitales. Para ello necesitamos volver a creer en nosotros y crear
valores presentes (tangibles: productos y servicios) y futuros (simbólicos:
dinero). Ello requiere educación (in-formación) y crédito (con-fianza), mucha
responsabilidad y reciprocidad.
En la vida empezamos como agraciados y también deudores, el Sol entrega energía
a la Tierra, ella es agraciada y deudora; la madre entrega vida al niño, él es
agraciado y deudor; el consumidor consume productos o servicios, es beneficiado
y deudor y será recíproco (pagará) luego con otros productos o servicios. Haya
que aprender a valorar la gracia del don y también el valor del crédito y
rescatarlo de "la ley de la ganancia" que nos tiene a todos transformados en
objetos mercancía donde la discolería, la avaricia, el miedo (agresividad) y
hasta pánico nos tienen animalizados. Tenemos que ser nuevamente sujetos
creadores y donadores de vida.
Todos y cada uno en la red Tlaloc emitimos el dinero solo en el momento en que
firmamos el vale para entregarlo a quien nos entrega valor real. O sea, que es
el consumidor el que crea el dinero y luego en su calidad de productor o
servidor lo recupera en el sistema mismo. La dictadura del precio -impuesta por
los capitalistas adinerados (y no por el libre juego de la oferta y la demanda
como se nos dice)- se modera con el principio del aprecio.
Emitir dinero en forma casi gratuita (como medio y memoria, no como fin y lucro)
para pagar lo que recibimos y luego cobrarlo con nuestro trabajo futuro, es
viabilizar la dimensión espiritual que habíamos perdido en manos de los bancos.
Y así facilitar que la gente intercambie productos y servicios en comunidad
(local, vocacional, gremial, regional, nacional, internacional, virtual, etc.)
resolviendo la frustración actual del fraude, el desempleo, la miseria, la
violencia.
Necesitamos solvencia moral, social, profesional, y una política-económica mucho
más importante que la llamada democracia formal que hoy es un teatro del
absurdo. No habrá democracía política mientras no haya democracia económica.
Cambiemos a una Vida Digna y Sostenible.
Let us change for a Sustainable Livelihood.
César Augusto
Colegio de Pedagogía Waldorf "Hermosa Canción del Sol" (Suaty - Pcuaoa)
www.waldorfcolombia.org
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