El CEN y el precio
La adquisición o compra de un bien, o más precisamente, el pagar su precio,
conjuntamente con el consumo o usufructo de ese bien, es un acto de una
importancia radical para la economía, tal vez mayor en importancia que la misma
producción de ese bien: no sólo le otorga a cada uno de los innumerables bienes
esa forma definitiva que no poseía (su integración temporal, duradera o
definitiva a la riqueza social H, aumentándola en una magnitud precisa) forma
que es fundamental para el cálculo del valor cuantitativo (evaluación, no
valoración) de esa riqueza H, sino que también por sí mismo ese es un acto que
fundamenta y le da la razón de ser a todo el trabajo social contenido en el bien
adquirido, trabajo representado en cada etapa del ciclo económico involucrado
(CEN). Ese simple y archi-reconocido acto de comprar hace que la magnitud de H,
la riqueza de todos, sea aumentada en una cifra concreta, por un tiempo
concreto, cifra que puede ser en forma correcta llamada ‘precio’ o, de lo
contrario, puede ser confundida con él.
H = (N + A) . T = R . T
Fórmula de la riqueza social
Expresemos ahora de un antidogma.
Una sombra se produce cuando un objeto es iluminado por un rayo de luz. La
existencia de sombra nos indica dos cosas: la existencia de luz y la del objeto.
La existencia de luz y la de un objeto nos indica, sin dudas, la existencia de
sombra. Algo así sucede cuando un bien económico es puesto en el mercado; de
hecho hay oferta, porque está el objeto, por lo tanto debe haber demanda. De lo
contrario, no existe mercado. La falta de una sola de esas dos partes (oferta
del bien, demanda) implica la no existencia de mercado.
Entonces, el mercado en general (o de cualquier bien) está conformado de dos
partes: la oferta y la demanda. Si hiciéramos una abstracción bastante irreal y
supusiéramos que en algún momento dado una de ellas “desapareciera” mágicamente,
no habría entonces mercado. Si hubiera sólo demanda sin oferta de bienes o si
hubiera sólo oferta de bienes sin demanda no habría, entonces, mercado. Es como
si hubiera un objeto (el bien) y hubiera luz, pero no sombra; o hubiera un
objeto y una sombra, pero sin luz. O finalmente, como si existiera sombra y luz,
pero sin objeto.
He aquí el antidogma: el mercado como tal no es capaz de fijar precio alguno;
la “libertad” de hacerlo es exclusiva de la oferta. Y esa libertad privilegiada
de la oferta (incautada a la demanda), implica también una responsabilidad
exclusiva de ella (improcedente a la demanda). Si el precio fijado libremente
por la oferta no es aceptado por la demanda, es la oferta quien tiene la
responsabilidad sobre la decisión de mantenerlo o, en su defecto, de
modificarlo. No la tiene la demanda.
La venta es la contracara de la compra. Venta y compra son dos nombres
distintos para la misma acción. Se pueden usar indistintamente.
Comprar es pagar el precio del bien, vender es cobrarlo. El precio es una
cifra dada y medida en una unidad monetaria. Esta cifra, que hasta hoy no la
fija quien compra (la demanda) sino quien vende (la oferta) ha de ser la
apropiada para lograr su comercialización. Sabemos que no siempre el precio es
correcto o justo (puede ser caro, puede ser barato, desde levemente hasta
exageradamente), tanto sea que lo consideremos desde el punto de vista de la
demanda como desde el de la oferta. Como la fijación de ese precio incorrecto no
es responsabilidad de la demanda (y por tanto tampoco del mercado), la
diferencia existente entre el precio correcto y el propuesto ha de estar en su
fijación, es decir, en quienes tienen la potestad de definirlo. ¿A qué puede
deberse esa diferencia?
Esa fijación del precio tiene una génesis. Veámosla.
Por más elaborado que resulte un producto siempre parte, al menos, de una
materia prima. La destrucción de riqueza natural N que se realiza a través de la
extracción de los recursos iniciales (vegetales, animales, minerales), conocidos
como materia prima, riqueza inicial que el trabajo del productor-extractor
transforma en riqueza artificial (riqueza A) con valor agregado (árboles en leña
o madera, animales en carne o piel); que a su vez y en otra etapa el trabajo del
productor-industrial transforma en productos (trigo en harina, piel en cueros
procesados) y éstos en mercancías (trigo en pan, cueros procesados en
vestimenta) al alcanzar el momento de comercialización, la última etapa de
distribución, cada una de estas formas terminan siendo, todas sin excepción, una
etapa del ciclo económico natural, un componente de la cadena productiva de la
sociedad: cada una es un integrante del CEN de todos y cada uno de la infinidad
de bienes producidos.
¿Y el precio? El precio correcto debe ser igual al CSP, y éste es la sumatoria
de valores agregados por el trabajo (T) a los bienes intermedios (R) y a la
riqueza natural originalmente extraída (∏). Como el CSP de cada bien
intermedio no es otra cosa que un valor agregado a un producto previo hasta
llegar a ∏, todos ellos pueden ser representados mediante su sumatoria:
P = CSP = ∏ + ∑i Vai
Nota: ∏ , pi, representa el parámetro isomérico.
Nos falta todavía reseñar una muy importante parte integrante de esas etapas,
puesto que aún no observamos cómo se logran generar los beneficios individuales
y sociales (motivo de la producción, que en general están pre-calculados y son
muy merecidos), de ninguno de los productores integrantes de esa cadena. Sólo
sabemos que forman parte del precio, objeto de nuestro análisis.
Los ingresos (ganancias y salarios) solamente se generarán cuando esas
mercancías (finales o intermedias) sean pagadas por el benefactor (el consumidor
final), quien es el que finalmente cumple -con la acción de adquirirlas-, el
cierre del CEN de cada una de ellas; hasta ese preciso momento los precios no
serán transformados en beneficio alguno.
Claro que es probable que un productor intermedio reciba el pago de su
producto desde el peculio de otro productor intermedio. Es probable también que
lo hagan todos ellos. Pero esos pagos no provendrán del precio de venta final
del producto final, hasta que este no sea comprado. Por lo tanto habrá al menos
uno de ellos que no recibirá su ingreso. De esa manera, para simplificar el
análisis, suponemos que ninguno de ellos lo hará hasta que la producción no sea
accedida por el consumidor.
Veamos también con objetividad que, aunque la producción de una nueva zafra de
bienes se inicie mediante la inversión proveniente del patrimonio propio de los
productores (por inversión en dinero y/o en trabajo), es decir, si ellos se
dedican a reproducir nuevos bienes sin esperar a recibir los ingresos
provenientes del CEN ya concluido, lo que en realidad hacen es posponer la
recepción de su ingreso para más adelante. Por tanto, aunque se continúe
produciendo, es claro que alguno -o todos- de esos productores no podrán obtener
sus beneficios provenientes de la producción anterior hasta el momento en que el
benefactor (consumidor) adquiera los bienes producidos desde ella.
El benefactor, con su acto de pagar el precio (que debiera ser igual al costo
social de producción-distribución –CSP- [[1]]) del total de las mercancía
procedentes del CEN descrito, es quien permite la distribución de beneficios
para cada uno de los integrantes de la cadena productiva antes mencionada,
independientemente de si se adelantaron pagos entre los productores o no.
Y no sólo eso hace el benefactor en dicho acto, sino que, además, ese precio
(o ese CSP) que paga es transformado por él, en el acto de consumir o
usufructuar la mercancía adquirida, en un beneficio general de carácter social,
es decir, ya no sólo permite acceder a los integrantes de la cadena productiva a
su beneficio, sino que entrega un beneficio para todo el conjunto de la sociedad
y para la naturaleza que ella integra. Pues en tal acto, a través de R (de N o
de A, según el caso particular de los bienes en cuestión), se definen los nuevos
valores verdaderos, aumentados, mayores, de la riqueza social H, que sólo él
puede hacer: el benefactor, como actor social, logra con sus compras que la
riqueza social (la riqueza H) aumente. Él hace que un costo suyo, costo
colectivo o individual, pero únicamente suyo, se transforme en el beneficio
individual de cada productor (empresario y trabajador) integrante del CEN
descrito, pero correspondientemente, también, hace que el costo social
de producción-distribución del bien –o conjunto de bienes- que él adquiere
(supuestamente igual a su precio), se transforme mediante su acción de comprador
en un beneficio de carácter común para todos los integrantes de la sociedad, a
través del aumento de la riqueza social H.
Así es como se cierra la casi totalidad del CEN, y se obtiene la magnitud de
la riqueza total H de la zona: y desde ésta el “valor patrimonial” del indev.
¿Por qué decimos “casi la totalidad del ciclo”? Porque es muy posible que falte
aún reponer en su totalidad la riqueza natural extraída en la primera etapa.
Pero aunque pueda faltar la total restitución efectiva de la extracción
original, esta imagen incompleta de un ciclo particular nos alcanza para
redondear el cálculo de H, puesto que esa reposición se hará, más tarde o más
temprano, cuando lo disponga la naturaleza, la producción y la distribución,
según el caso. Se repondrá cuando se ejecute la actividad social y económica
fundamental del hombre: el trabajo restituyente, reponedor, de materia prima.
Un ejemplo
Supongamos que en un país existe un agricultor que se dedica exclusivamente a
producir/reponer arvejas para ser elaboradas por otros. Su función no es
exclusivamente la de producir arvejas, sino que su tarea principal es, según el
CEN, reponer las arvejas extraídas por él en el momento M0 a N, a la naturaleza,
quien en definitiva es quien realmente las produce. M0 es el momento en que se
inicia el ciclo. Esta última cosecha el agricultor la vendió totalmente (a
crédito) en un precio Ga a una agroindustria (momento M1) que se dedica a
envasar diferentes productos. Según el ciclo propio de las arvejas, este
industrial las envasó y las distribuyó a diferentes comercios (también a
crédito) a un precio total Gi (momento M2), quienes las pondrán en sus
estanterías al alcance del consumidor, a un precio total Gc (momento M3). [[*]]
Hasta aquí, desde el valor cuantitativo del módulo N del país del ejemplo el
agricultor tomó una cierta cantidad final de riqueza natural (de un monto
identificado por el parámetro isomérico de las arvejas en una cifra ∏) al
momento exacto de la cosecha (M0). En M1 le agrega el valor de su trabajo, de un
monto Va definido por él, libremente. El industrial recibe las arvejas
adquiriendo una deuda con el agricultor de una magnitud Ga, que se conforma de
dos partes: un monto desconocido para nosotros que representa el valor agregado
por el agricultor (Va), más la cifra ∏ definida convencionalmente. Veamos
que todas y cada una de las cifras Gx representan los precios de venta de las
diferentes etapas del CEN de las arvejas y que las abarcan en su totalidad.
Costos del Ciclo Económico Natural de las arvejas
Valores agregados
P. venta
Composición
detalle
Mo
N extraída. Parámetro isomérico
∏
A0= 0
∏ Þ Pa + Pb
Valor de reposición:
Pa del agricultor; Pb del benefactor
Está definido convencionalmente
M1 Agricultor
Ga
Ga = ∏ + Va
Va, val.a. por el agricultor Va = A1
M2 Industrial
Gi
Gi = Ga + Vi
Vi, val.a. por el industrial
Vi = A2
M3 Comerciante
Gc
Gc = Gi + Vc
Vc, val.a. por el comerciante Vc = A3
Mx, distintos momentos; ‘Val.a.’ significa ‘valor agregado’
Precio de la mercancía creada
M4 Benefactor
CSP
CSP = Gc = ∏ + Va + Vi + Vc
Es quien paga todos los costos
Posteriormente (momento M2), el industrial produce a partir de esas arvejas
una nueva riqueza artificial (las arvejas procesadas, integrantes de A), cuyo
precio total y al por mayor es de una cifra Gi, que contiene el valor agregado
Vi por el industrial, continente de su beneficio, cifra que es necesariamente
mayor que la cifra Ga que adeuda al agricultor. En la siguiente etapa del ciclo
(M3), la comercial, se alcanza el precio de venta final al menudeo (que será una
cifra Gc, mayor que Gi y mayor que Ga,) pero que las incluye, y que también
tiene incluido el beneficio Vc del comerciante. Tal cifra Gc es la que pagará,
en un futuro incierto (M4), el conjunto de benefactores por la totalidad de las
latas de arvejas producidas: Gc es el CSP de las arvejas.
Si suponemos el momento en que se han elaborado todas las arvejas, pero en el
que ninguna unidad ha sido adquirida aún por benefactor alguno (final del
momento M3), veremos que el valor cuantitativo de la riqueza artificial A del
país ya fue aumentado (expresado en Ax), pues esa cifra Gc contiene los valores
agregados (representados en los Vx) por todos los productores del ciclo
productivo del bien “arvejas enlatadas”, a aquel monto inicial ∏, el
parámetro isomérico. Aunque ninguno de los productores involucrados haya aún
cobrado nada, la riqueza del país ya fue acrecentada en una cifra al menos igual
a Gc – ∏ merced al trabajo en conjunto de todos ellos; la riqueza A del
país ya ha aumentado entonces una magnitud positiva Gc – ∏ que es
idéntica a Va + Vi + Vc (es decir, Gc – ∏ = Va + Vi + Vc = Ax). Estas
cifras Vx no son otra cosa que los valores discriminados de la actividad de cada
uno de los productores involucrados en el CEN de las arvejas enlatadas,
que nos indican el crecimiento de la riqueza artificial A por ellos producida.
RM0= N-∏
RM0 = N – (Pa + Pb), porque ∏ = Pa + Pb
RM1= N-∏ + A1 = N+ Ga -∏ = N – (Pa + Pb) + Va
RM2= N-∏ + A1 + A2 = N + Gi -∏ = N – Pa – Pb + Va + Vi
RM3 = N-∏ + A1 + A2 + A3 = N + Gc - ∏ = N – Pa - Pb + Va + Vi +
Vc
Si hacemos A = A1 + A2 + A3
RM3 = N-∏ + A = N + Gc - ∏
Precio = CSP = RM3 - RM0 = A = Gc
P = CSP = ∏ + ∑i Vx i
Siendo ‘Precio’ el precio del total de las arvejas que pagará el conjunto de
benefactores (precio total de venta) que incluye todo el valor agregado, sin
excepción. Así se muestra que (aunque en el momento M3 no se cerró todavía el
ciclo de las arvejas porque aún se adeuda el parámetro isomérico ∏ de
riqueza extraída a N), la riqueza propia H del país en realidad no ha sido
disminuida sino que probablemente haya sido aumentada en una cantidad A = RM3 ,
idéntica a Gc - ∏: esto quiere decir que la riqueza H (el respaldo del
indev) ya ha tenido un aumento igual a la cifra Va + Vi + Vc. No obstante, como
aún no se ha cerrado el CEN de las arvejas (no llegamos todavía al momento M4),
sabemos que por no haberse alcanzado ese momento (no hubo ventas al consumidor),
el comerciante todavía no ha recibido materialmente su propio beneficio, y por
lo tanto tampoco lo han recibido ni el industrial ni el agricultor (las ventas
eran a crédito). Además, aunque éste último haya vuelto a
sembrar, desde su propio peculio, una cantidad de arvejas igual o mayor que la
extraída, es decir, aunque haya repuesto su parte correspondiente (Pa) de
∏, todavía el benefactor no ha transformado (porque no ha comprado
arvejas) en un costo para sí la parte suya (Pb) de aquel costo inicial ∏
usufructuado por el agricultor al haber extraído aquellas arvejas, costo que
sólo él puede transformar en beneficio para sí, mediante el acto doble de
comprar y consumir las arvejas. Esto se debe a que, tanto Pa como Pb conforman
el parámetro isomérico ∏, incluido en el precio de las arvejas desde el
inicio de su CEN.
Pasado el tiempo que tenga que pasar para considerar que todas las arvejas
enlatadas hayan sido adquiridas por el benefactor (llegamos al momento M4), es
cuando esa cifra Pb (el valor de reposición del benefactor) ya no pertenece más
a la riqueza artificial A sino que, conjuntamente con Pa (el valor de reposición
del agricultor), ha pasado a formar parte del módulo N, la riqueza natural;
mediante ellas, que unidas son ∏, se ha repuesto a la naturaleza el total
de la riqueza N originalmente extraída, no adeudándose nada a ningún productor
(en valor monetario) ni a la naturaleza, en riqueza real.
O posiblemente se ha repuesto más que el ∏ originalmente extraído, si es
que el agricultor ha decidido, por ejemplo, sembrar en el segundo ciclo más
hectáreas de arvejas que en el primero. Pero este nuevo ∏ generará un
nuevo Pa, en ese segundo CEN a comenzar, que sólo puede ser determinado por el
resultado del trabajo reponedor futuro del agricultor, ya en un tercer CEN de
las arvejas.
Podemos sintetizar este ejemplo en lo siguiente: la naturaleza nos otorgó un
préstamo de monto ∏ (medido en indevs), al cual todos los productores del
CEN de las arvejas le fueron agregando valores hasta un monto máximo Gc, el que
representa tanto la nueva riqueza artificial A producida por ellos, así como el
CSP de esas arvejas y, por ende, el precio que pagará el conjunto de
consumidores de todas las arvejas. La cifra Gc contiene dentro de sí todos los
valores agregados.
El valor numérico Pb (el valor de reposición del benefactor, uno de los dos
integrantes del parámetro isomérico) tiene una característica fundamental: es un
indicador de la tendencia del mercado, es el valor numérico (objetivo) que mide
el motivo por el cual existe el CEN de las arvejas. Tal motivo (o motivación)
algunas teorías lo consideran como subjetivo. Pero es claro que las arvejas son
explotadas por sus productores porque ellas tienen una propiedad intrínseca y
material, que las hace ser apetecidas para el hombre que las consume: tienen
aquello que hace que las arvejas sean arvejas y no lentejas o garbanzos. Es
decir, mi gusto por comer arvejas que, aunque subjetivo como gusto, es el que
materialmente me empuja a que yo las compre y las consuma, hasta ahora sólo en
el CEN puede ser representado por un valor numérico, por Pb. Por lo que la cifra
Pb no es una valoración subjetiva sino una evaluación objetiva del por qué las
arvejas se comercializan y consumen.
Si la cifra Pb fuera insignificante o despreciable, nos indicaría que los
productores tendrían que en el futuro dedicarse a otra cosa distinta que la
explotación de las arvejas, sin necesidad siquiera de considerar la apetencia
presente que su mercado tenga por ellas. Es más, un valor bajo de Pb nos indica
claramente que esa apetencia no existe o es muy baja, ya que Pb mide y muestra
en cifras el por qué las arvejas tienen o no tienen mercado. Si la demanda sube,
su Pb sube. Si la demanda baja, su Pb baja. Eso sí, es evidente que la suba
artificial del monto de Pb no hace que el gusto de la gente por las arvejas
aumente.
***
Alberto Sigales
Centro INDEV
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[[*]] Nota: agregamos la palabra ‘total’ para que se tenga en cuenta que
estamos hablando de los valores agregados por cada productor (desde el primero
al último) al total de arvejas extraídas por el agricultor, cuyo valor numérico
es su parámetro isomérico (∏ ).
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[[1]] Podemos saber que la economía se está ejecutando de forma normal y
correcta, porque nos lo indica la equivalencia entre el CSP de un bien y su
precio: porque el precio de un bien está determinado por su CSP y ambos
conceptos, en una economía correcta, se representan por una misma cifra. Dicho
de otra manera, el CSP es (y en términos normales debe serlo), igual al precio
de una mercancía. Pero, tal como sabemos, no siempre sucede así.
La relación entre el CSP de un bien y su precio, tiene tres posibles
resultados, siendo cada uno de ellos una medida comparativa útil para medir la
“salud” de la economía, porque permite conocer:
· uno, la situación económica específica de ese bien (micro
comportamiento);
· dos, el resultado del ciclo económico que lo involucra (meso
comportamiento);
· y tres, conjuntamente, su incidencia particular sobre la economía en
su conjunto (macro comportamiento).
Si dicha relación tiene un resultado igual a 1, la situación económica en
cualquiera de los tres puntos es la correcta. El precio de la mercancía y su CSP
son numéricamente iguales.
Si, por el contrario, el resultado de esa relación es diferente de 1 nos
indica que el comportamiento económico no es el esperado: se está produciendo un
daño o un perjuicio a la economía, en alguno, algunos o todos los puntos
anteriormente detallados.
Dicha desigualdad puede deberse a dos razones diferentes: que el CSP sea mayor
que el precio, o que el precio sea mayor que el CSP. Como éste último es una
cifra pasible de verificación y determinante del precio, y que además contiene
el beneficio libremente proyectado por el productor, ya veremos que el
“culpable” de esa diferencia se ubica en el precio de la mercancía, y también
veremos que tiene una explicación económica o política de su causa, con una
solución, también, económica o política respectivamente.
Si se da el primer caso, CSP mayor que el precio, existe un perjuicio para
quien cumple el rol de productor (en un sentido individual o colectivo) que está
involucrado en la producción del bien. Por ser su precio menor que su CSP, es
obvio que no alcanzarán a cubrirse sus propios costos: venden una damajuana de
diez litros al precio de ocho litros. Hemos visto que dichos costos engloban
todos los rubros (insumos, utilidades, salarios, etc.), por lo que cualquiera de
ellos, o todos, son los damnificados. Pero no sólo pueden no cubrirse esos
rubros que atañen directamente a los productores (de micro o meso economía),
sino que deben incluirse en la lista de costos no alcanzados al costo de
reposición de la materia prima esencial, que ya es de incidencia macro
económica. Por lo tanto esa desigualdad perjudica directamente a un grupo
social, e indirectamente a toda la sociedad. Porque como ya está dicho, el CSP,
como suma de costos, es básicamente colectivo; tiene una significativa
importancia común: es el valor social.
Esa desigualdad muestra un error de carácter político y económico, por lo
tanto, solucionable política y económicamente. Puede deberse a faltas de
planificación de los propios productores responsables (micro o meso) o a errores
de planificación de la política económica social (macro responsabilidad).
Cualquiera de ambas posibilidades en la explicación de esos errores, pueden
corregirse inmediatamente: alcanza con que se aumente el precio hasta igualar el
CSP. Además, este desfasaje entre el CSP y el precio puede ser previsto, aunque
ello depende de la capacidad de los productores y de los responsables políticos
de la economía.
Si se da el segundo caso, precio mayor que el CSP, es evidente que existe un
perjuicio para el benefactor: él pagaría un costo mayor que el costo total del
bien (en el que se incluyen los beneficios de todos los productores definidos
libremente por ellos mismos), pagaría un precio mayor que el CSP de la mercancía
que necesita: le pretenden vender doce litros en una damajuana en la que sólo
caben diez. Al ser el CSP de una mercancía menor que su precio se está
perjudicando a toda la sociedad (macro, porque el benefactor somos todos) y se
“beneficia” a uno (o a un grupo) de los productores directamente involucrados en
el ciclo económico del bien (micro o meso). Este perjuicio general se debe,
solamente, a dos posibles motivos que, en realidad, son uno sólo: la
especulación económica o la corrupción política. En ambos casos éste es un
desfasaje que no tiene una explicación de carácter económico puro, sino ético o
moral: el CSP es el valor numérico que “esyestá”, una magnitud social
real, y en este caso el precio lo supera artificiosamente. Además, nos indica
una tendencia a la inflación.
Es una falta que tiene consecuencias económicas fácilmente perceptibles y
podrá tener aún mayores, pero no es un “error” económico; es el resultado de una
planificación delictiva o del aprovechamiento oportunista de una situación
anormal, ya que se pretende obtener un ingreso excesivo, mayor todavía que el
expresado en libertad por los propios productores involucrados.
Su mal resultado económico a nivel social, puede ser corregido inmediatamente:
se equipara el precio al CSP, disminuyendo el precio a través de los diferentes
mecanismos aprobados. Tanto su existencia, como su causa y sus consecuencias
pueden ser previstas por los responsables políticos de la economía; deben ser
evitadas por todos los involucrados y denunciadas por la sociedad en general. Su
propia existencia demuestra la intención inmoral, reprensible, de los
productores involucrados. Los responsables políticos, tanto de la economía como
de la justicia, deben actuar en su contra para no ser sospechados de cómplices
o, directamente, de responsables del delito de corrupción.
Vemos entonces que, para el CEN, el valor social de una mercancía no es su
precio de mercado, sino su propio CSP, objetivo, específico y determinante.
Vemos también que debe ser escrupulosamente controlado por el conjunto social
(para que sea representado en su precio), en especial por los propios
integrantes de su ciclo económico y los dirigentes responsables que la sociedad
en su conjunto elija para cumplir con esa tarea.
Como conclusión y síntesis general de esta parte del capítulo debemos decir
que, para el CEN:
el valor cuantitativo (una medida social) de un bien está dado por su costo
social de producción y distribución. Es una cifra objetiva que se mide en
indevs.
el precio de un bien debe ser una representación numérica idéntica a su CSP:
es dependiente y está determinado por éste. Material y singularmente, es la
cantidad de dinero que se entrega por el benefactor a cambio de ese bien; es la
cantidad de indevs (una porción de la riqueza total existente) que se
intercambia en la transacción última de su ciclo económico. En su aspecto
general, es la forma social de la financiación colectiva de todo proceso
productivo-distributivo.
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Sólo seremos realmente libres cuando nos independicemos
financiera y económicamente.
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