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El Mercado y el Pensamiento Libertario
Vivimos en un mundo en que ningún ser humano es capaz de producir todo
lo que necesita, en donde la división social del trabajo es vital para
la satisfacción de sus necesidades. Es impensable que cada ser humano
sea autosuficiente. Por lo tanto una de las actividades fundamentales
del ser humano es el intercambio. Vemos al intercambio como una
instancia en que cada uno recibe algo que se valora más a cambio de algo
que se valora menos. Pero podemos expresarlo de otra manera en términos
de la división social del trabajo. Como cada uno de nosotros no tiene
recursos (conocimiento, técnica, medios de producción, etc) ilimitados,
ponemos los nuestros al servicio de los demás, y a la vez los demás los
ponen a nuestro servicio, de forma de dar lo que nosotros podemos
producir por encima de nuestras necesidades, a cambio de algo que no
podemos producir pero necesitamos.
Y el mercado no es más que el enorme complejo de intercambios de esa
clase en una sociedad. No es ningún ente ni mano invisible ni dios ni
nada trascendente a la sociedad humana.
Por supuesto, podemos concebir una sociedad sostenida por la división
social del trabajo pero en donde no existe mercado, es decir, en donde
la distribución de los productos del hombre no se basa en el
intercambio, sino que está dirigida y planificada: economía familiar,
economía de tribu, de clanes y otras pequeñas economías. Y también la
economía socialista.
En este último caso, si bien podemos hablar de intercambio, no podemos
hacerlo en términos de dos individuos libres de intercambiar, sino que
el intercambio siempre es entre cada individuo y el estado. Y como en el
caso ideal el papel del estado no es la de obtener beneficios, sino la
de dirigir y planificar la producción y distribución, aquí el único que
da algo a cambio de otra cosa es el individuo. El individuo aporta sus
recursos personales al estado, pero la función del estado es la de
organizar estos recursos en un plan a escala social, y distribuir el
resultado. De esta forma no podemos hablar de la existencia de un
mercado en una economía socialista, sino tan sólo de un sistema dirigido
de producción y distribución. Y ni siquiera hay mercado para los medios
de producción, puesto que el estado mantiene el monopolio sobre su
propiedad.
En contraposición, hablamos de una economía de mercado cuando los
individuos pueden intercambiar, mas o menos libremente, mas o menos
limitadamente, y sin mediación institucional ni de ninguna otra clase,
sus productos, servicios y medios de producción.
El mercado libre es un mercado sin regulaciones ni intervenciones que
limiten la libertad de los individuos de intercambiar sus servicios y
productos. Es mercado no controlado. Suelen generarse confusiones al
respecto. Suelen hacerse preguntas tales como ¿cómo es posible hablar de
un mercado libre en donde no existen leyes que defiendan a los más
pequeños contra los más grandes, los que controlan el mercado? Sin
embargo, a pesar del sentido común popular construido a partir de
fábulas, de frases repetidas mil veces, y de la extrapolación de la
necesidad de regulaciones en otras estructuras sociales, el hecho es que
los más pequeños no necesitan de regulaciones que los defiendan de los
más grandes, sino muy al contrario, necesitan un mercado totalmente
libre para poder competir en igualdad de condiciones con los más
grandes. Son las regulaciones, y no su falta, las que impiden el
desarrollo de las pequeñas empresas y al hacerlo favorecen a las más
grandes, que ven limitada la aparición de competidores, y por lo tanto
controlan ciertos sectores del mercado justamente gracias a las
regulaciones y el uso del poder de coerción del Estado.
En un mercado libre, no regulado, los nuevos emprendimientos gozan de
las mejores condiciones para abrirse paso y participar compitiendo con
los más grandes y los que ya están establecidos. Esto también fuerza a
estos últimos a tener que superarse para sobrevivir. Bajo un mercado
totalmente libre, sin regulaciones ni intervenciones de ninguna clase,
los emprendimientos inteligentes tienen su éxito garantizado. No importa
el tamaño, ni ser nuevo o ya establecido. Y no importa si no se tiene el
capital inicial. En un mercado sin obstaculizaciones siempre habrá un
sistema financiero dispuesto a aportarlo.
En las condiciones imperantes en un mercado libre, no es posible el
control del mercado por parte de unos pocos. Todos pueden participar
aportando lo suyo. Todos pueden exigir de acuerdo a la demanda de lo que
aportan, a la importancia que tiene su aporte para el resto de la
sociedad. Y tener la capacidad de exigir no es controlar el mercado,
sino hacerse lugar en un mercado interactivo y participativo en donde se
establecen lazos de interdependencia en que todos los participantes
necesitan de todos los demás. En donde la clave es abrirse camino para
participar, y no utilizar la capacidad de coerción del estado para
obligar a que otros nos den lo que nosotros no somos capaces de hacer.
Además ¿dónde está la solidaridad si ésta no es voluntaria sino que es
impuesta por la fuerza? Pues nada impide en un mercado libre que se
establezcan lazos solidarios y que cada uno elija, de acuerdo a sus
creencias y principios, ayudar a otros a poder quebrar las condiciones
culturales y económicas que dificultan la superación de gran parte de la
población mundial.
*La demonización del mercado.* Desde ciertos ideólogos de tendencia
socialista, suele culparse al mercado de casi todos los males de la
humanidad. Donde hay guerras opera el mercado, donde hay hambre es culpa
del mercado. Parece que las personas que van a la guerra a asesinar y
robar recursos no son responsables de lo que hacen, sino que un dios
mercado controla sus mentes y les obliga a cometer sus crímenes. Donde
hay desastres naturales el mercado multiplica sus efectos. Donde hay
pobreza es el mercado es el que la genera. Estas acusaciones nunca
vienen acompañadas de fundamentos, y a esta altura no son otra cosa que
frases estereotipadas, que no admiten discusión, e ideológicamente
transmitidas como políticamente correctas. Opinar en contra es ganarse
acusaciones de toda clase y colores.
Sin embargo en la historia de la economía nunca ha habido mayor
abundancia que en las economías de mercado. Si comparamos el nivel de
vida del que disponemos ahora en comparación con el nivel de vida
siglos, décadas o incluso unos cuántos años atrás, podemos constatarlo.
Es muy cierto y atendible que un mayor nivel de vida no ha sido
alcanzado en gran parte de la población mundial. Nuevamente aquí
aparecen ciertas posiciones ideológicas acusando al mercado del hecho.
Sin embargo, esto no es más que una afirmación superficial y que no
resiste el menor análisis. Pues es culpar a los que construyen y
producen de que hayan muchos individuos que aún no sean capaces de
hacerlo por diversas razones ajenas a ellos. Tal vez esta posición
ideológica sea en parte un culto a la envidia que pretende absorber
parte de los esfuerzos de muchos para que otros muchos no se sientan tan
mal de las diferencias sociales.
En relación al origen de la pobreza hay que tener muchos factores en
cuenta, los cuales deben ser analizados con seriedad:
* En primer lugar, el proceso de creación de riqueza para cubrir las
necesidades mundiales no es algo que se establezca de un día para
otro ni por decreto, como algunos políticos pretenden con
intenciones puramente electoralistas. Pero la única función
verdaderamente útil que puede tener un político en relación a la
economía de un país es no meterse ni entorpecerla. Todo lo
contrario a lo que sucede en los hechos.
* En segundo lugar, tal cual iremos demostrando y revelando a lo
largo de estos ensayos, es precisamente la planificación y
regulación centralizadas las que obstaculizan, y a menudo muy
seriamente, el proceso de creación de riquezas, provocando incluso
enormes desastres económicos y pobreza. Según la creencia popular,
estas regulaciones son necesarias para evitar que las empresas
grandes se traguen a las más pequeñas, y para evitar los abusos de
ciertos agentes del mercado que no actúan según el interés
general. Sin embargo, veremos que nada de esto tiene el menor
fundamento y que, al contrario, la obstaculización institucional
sobre el libre intercambio es la que lleva a generar precios
monopólicos y a que las empresas más pequeñas no puedan abrirse
paso entre las más grandes.
* En tercer lugar, no se tiene en cuenta que allí donde hay pobreza,
uno de los grandes responsables son los mismos hombres que
mediante terribles guerras, dictaduras y genocidios por el control
del poder y los recursos, la provocan y destruyen la división
social del trabajo y el mercado en la región afectada (y
generalmente a favor de otras sociedades de tendencia imperialista).
* En cuarto lugar, y quitando todo lo anterior, está la incapacidad
o falta de interés de muchas sociedades de producir para
satisfacer sus necesidades. Esto en sí no es ningún defecto. No
estamos defendiendo aquí la idea de que todos vivamos al modo
occidental de vida. El problema es que se culpe a los que producen
más de la pobreza de los que no son capaces o no les interesa
producir más.
Entonces, ¿cuáles son los fundamentos detrás de la afirmación de que el
mercado genera pobreza si a la inversa, la pobreza se da allí donde el
mercado no ha llegado o ha sido destruido? Surge a partir de ésta, otra
pregunta: ¿tiene la economía de mercado en las sociedades que han
desarrollado economías pujantes, la culpa de que en otras regiones no se
haya dado el mismo proceso? ¿debe esta misma responsabilidad cargarse a
los países socialistas y a las economías solidarias por no ser capaces
de eliminar la pobreza del mundo? ¿por qué no? Pues con el mismo
criterio (es decir, su sola existencia) con que se carga la culpa a las
economía de mercado de que aún exista tanta pobreza en el mundo, también
podemos cargarla a las economías socialistas y a toda economía que se
autodenomine solidaria, que también existen y sin embargo esto no ha
cambiado el nivel de vida de muchísima gente en todo el mundo, que
siguen tan excluidos como siempre. ¿debemos pues entonces culpar al
socialismo y las economías "solidarias" de ser tan ineficientes como
según sus defensores es la economía de mercado?
Sin embargo, si analizamos las condiciones institucionales y políticas
de las zonas más pobres del planeta, nos encontraremos con dictaduras,
guerras, fuertes controles y regulaciones estatales (tanto del gobierno
local como de gobiernos extranjeros). Y si analizamos las condiciones
institucionales de las zonas más desarrolladas del planeta, nos
encontraremos con las economías de mercado menos reguladas y
controladas. Además veremos que las crisis cíclicas de las economías de
mercado del mundo en que vivimos, son originadas en las intervenciones y
regulaciones estatales, de las cuales ninguna de ellas escapa en este
momento.
Nos insistirán, con buenas razones aunque con conclusiones equivocadas,
que buena parte de la responsabilidad de la pobreza en el mundo la
tienen los políticos y corporaciones provenientes de algunos de los
países más desarrollados y con economías de mercado. Pero eso no es
fundamento para cargar a la economía de mercado con la culpa de la
pobreza fuera de sus fronteras. La responsabilidad es muy clara: son los
hombres en tanto actúan como genocidas, como políticos, como burócratas,
como dictadores, y no como individuos que intercambian sus bienes y
servicios en forma libre. Y para lograr sus propósitos no utilizan
precisamente como herramienta el mercado sin intervenciones. Muy al
contrario, utilizan la fuerza para imponer sus intereses corporativos,
para hacerse de los recursos, y de paso colocar gobiernos títeres y
dictaduras que obstaculizan, mediante decretos, regulaciones y
represión, la acción libre de la sociedad, incluyendo el libre intercambio.
Es claro entonces de qué estamos hablando cuando hablamos de mercado
libre. Es clarísimo que no estamos hablando de algo llamado
neoliberalismo, en donde además la apertura comercial con otros mercados
es unilateral. Las aperturas comerciales de los gobiernos neoliberales
se caracterizaron por una desprotección de algunas -y sólo algunas- de
las ramas productivas locales, y sin una contrapartida de desprotección
sobre las extranjeras. Esto coloca en desventaja regulatoria a las
actividades locales, las cuales evidentemente no pueden competir con
emprendimientos subsidiados, o que gozan de una carga impositiva menor,
o que provienen de mercados menos regulados en su contra.
Pues la razón de las diferencias en competitividad entre ciertas ramas
productivas pertenecientes a los países del primer mundo y aquellos del
tercer mundo no provienen del nivel de desarrollo sino de las
diferencias en las condiciones institucionales impuestas en uno y otro país.
*Pensamiento de izquierda y derecha. El Dios Mercado.* El pensamiento
dogmático clásico de izquierda confunde el neoliberalismo con el libre
mercado. Llama neoliberalismo a todo lo que tenga que ver con el libre
intercambio. Demoniza al mercado como el origen de todos los males de la
humanidad, y al hacerlo lo convierte en un ente dotado de vida propia.
El Dios Mercado, o La Mano Invisible que ellos critican en ciertos
discursos de derecha está entonces también presente en su propio discurso.
Vemos también a un pensamiento maniqueísta de izquierda que ve en toda
crítica a su inoperancia y a su discurso puramente ideológico y
políticamente correcto, como provenientes de los defensores de las
grandes corporaciones y del neoliberalismo. Sin embargo, los discursos
de la izquierda no sólo no pasan de protestas (a veces
intelectualizadas, para darle mayor legitimidad) ya que sus herramientas
son inoperantes, sino que además como veremos son funcionales al orden
corporativista y monopolizador que ellos mismos combaten en las palabras.
Vemos por lo tanto a una derecha que sube al poder para defender los
intereses corporativos de ciertos sectores empresariales en perjuicio de
otros, captando adherentes gracias a los fracasos de la izquierda.
O simplemente vemos a izquierdistas despistados y confundidos que
terminan aplicando las recetas de la derecha, o inventando teorías
económicas tan absurdas como inútiles. O a derechistas que se pasan a la
izquierda, por arrepentidos o para adoptar el discurso de la izquierda
como estrategia política. Vivimos entonces sumergidos en una tradición
política en que la izquierda y la derecha se disputan la legitimidad de
controlar nuestras vidas y nuestras decisiones. Una tradición política
maniqueísta en que la ineficacia de la izquierda y los intereses
corporativos de la derecha nos hacen oscilar entre mercados intensamente
regulados que sólo se diferencian en qué métodos utilizan para limitar
nuestra acción y absorber los frutos de nuestro trabajo para ir a parar
a los bolsillos de políticos corruptos, financiar burocracias inútiles o
financiar guerras.
Es que desde el discurso político de la derecha se defiende a algo que
ellos llaman mercado libre, que sin embargo no lo es tal. De esta manera
en este discurso también se ven engañados fácilmente los pensadores de
izquierda, que ya no necesitan mucho para ponerse en contra del mercado.
Para el pensamiento básico de izquierda todo lo que suena a mercado y
libre mercado es cosa del diablo, del neoliberalismo, de las grandes
corporaciones y monopolios mundiales. Todo a causa de sus propios
prejuicios ideológicos y las manipulaciones discursivas de la derecha.
*Mercado, Poder y Estado.* No se afirma aquí la ausencia del poder en un
mercado libre. En un mundo social y físico donde todo lo que hace cada
uno afecta en mayor o menor medida a lo que lo rodea, hablar de la
ausencia del poder es una contradicción insostenible. Al contrario, se
afirma la existencia del poder, pero no ejercida en forma de dominación,
sino en forma de una red de relaciones de poder fundamentada en la
negociación. Todos deben dar algo a cambio para salir favorecidos, y así
favorecer al mismo tiempo al otro. Donde no hay uso de la fuerza, hay
que negociar.
Las economías de mercado no tienen por qué sostenerse en el
imperialismo. No hay ninguna razón para que sea así. El imperialismo no
es un acto de mercado. Es un acto de estado. Un acto de coerción, de
fuerza, que impone grandes diferencias entre la sociedad conquistadora y
la conquistada. En cambio el mercado es un complejo de actos de
intercambio. En un acto de intercambio cada participante sale ganando.
Pues da algo que necesita menos a cambio de algo que necesita más. En
caso contrario no tiene sentido el intercambio.
Por otro lado, aquí no se sostiene que el estado no deba /participar/ en
el mercado. Una cosa es que el estado intervenga y regule el mercado.
Otra distinta es que participe con sus propios negocios y empresas.
Mercado libre y empresas estatales no son conceptos contradictorios. Los
problemas comienzan a surgir cuando el estado pretende cobrar impuestos
para tapar las ineficiencias de sus empresas o protegerlas y regular el
mercado contra la competencia o la posible competencia (lo que en última
instancia perjudica la acción de otros empresarios para cubrir las
necesidades insatisfechas).
Se podrá argumentar que hay intereses creados en contra de un mercado
verdaderamente libre que dificultan una transformación del Estado para
que deje de intervenir en él. ¿En serio? ¿Y esto que significa? ¿que no
se puede hacer nada y hay que dejar que el Estado siga teniendo tal
poder? ¿o será hora que empecemos a pensar y combatir por un mundo más
libre y horizontal?
En el imaginario social domina la idea de que la concentración del poder
proviene del mercado, y que por lo tanto hay que limitar al mercado con
controles estatales. Esta idea sin embargo está en perfecta simbiosis
simbólica con la concentración del poder.
El origen de esta falsa creencia es la observación superficial de que
son los grandes empresarios y corporaciones los que mediante su dinero
controlan a los políticos, financian sus campañas, etc. Es decir, según
esta creencia es el Mercado el que domina sobre el Estado.
Esta visión es defectuosa. Pues ¿qué interés tendrían los empresarios en
lograr influencia en el Estado si no fuera precisamente por la utilidad
de este último para intervenir en el Mercado y dominarlo? En efecto, de
esta manera ciertos empresarios y corporaciones pagan por los servicios
que les puede prestar el Estado para defender sus propios intereses. El
poder entonces que tienen esos empresarios y corporaciones sobre el
Estado no es una demostración de que el Mercado domine sobre el Estado,
sino a la inversa, del hecho de que el Estado domina sobre el Mercado.
Si no existiera un Estado con capacidad de regular e intervenir en el
Mercado, entonces tampoco existirían mecanismos para que mediante
influencias sean ciertos empresarios los que en última instancia dominen
al Mercado. Pues sin regulaciones a su favor están sujetos a la
competencia de otros empresarios sin importar su tamaño, y a esforzarse
en el mejoramiento de la satisfacción de los consumidores para sobrevivir.
Una observación más objetiva y detallada de las realidades
institucionales en distintas economías de mercado en el mundo, muestra
que los países con mayor corrupción a nivel estatal y empresarial
tienden a ser aquellos que más regulan al Mercado y que cuentan con
mayores mecanismos de intervención.
*El ideal del Mercado Libre, las Economías Solidarias y el Socialismo.*
Mucho se ha dicho sobre la imposibilidad de un mercado libre basado en
que las propias fuerzas internas del mercado hacen imposible el ideal
del Mercado Libre. De esta manera, en la práctica jamás se podría
alcanzar un mercado libre ideal.
Estos argumentos pierden el punto y provienen de conceptualizaciones del
mercado libre pertenecientes a doctrinas que no se defienden acá. Pues
el mercado libre no es más que un mercado "abandonado" a sus propias
fuerzas internas, es decir, a la participación de todo aquel que quiera
participar, produciendo, comprando y vendiendo sin restricciones ni
reglas, tan sólo movidos por un interés personal en la búsqueda de su
bienestar que no puede ser satisfecho con otros mecanismos ajenos al
mercado.
Esto no es ninguna idealización imposible. Es simplemente un mercado en
donde no se interviene, en donde la sencilla receta está en la inacción
del gobierno sobre él. El concepto de un mercado libre ideal y perfecto,
armónico en donde todo el mundo viva perfecto y en un estado ideal y
paradisíaco del mundo no tiene cabida aquí. Eso pertenece a ideologías
románticas que no comprenden que el ser humano está en perpetuo cambio,
creando y actuando todo el tiempo, y por lo tanto provocando cambios
incesantes en el mercado y en la sociedad, cambios que muchos persiguen
y que a otros muchos no les gusta. Pero pretender lo contrario sólo se
puede lograr mediante un control social tan fuerte que al final cada
individuo termine convertido en un ser sin voluntad y sometido al Estado
y a un plan dirigido por unos pocos.
Aquí en cambio no se sostiene ninguna utopía ni estado perfecto de
cosas. Aquí se sostiene que un mercado libre es simplemente la
herramienta más eficiente para la satisfacción de las necesidades
económicas de los seres humanos, y que cualquier regulación a la acción
libre de los individuos perjudica este mecanismo.
Este deterioro sucede en mayor o menor medida en la totalidad de las
economías en la actualidad, incluyendo el socialismo y las denominadas
economías solidarias, y son la causa de sus serias limitaciones y
fracasos. Frente a esta clase de afirmaciones se suele responder que la
filosofía de las economías socialistas y "solidarias" no es la de la
eficiencia. Pero entonces hay que decir las cosas con todas las letras:
la filosofía de las economías socialistas y solidarias no es la de la
eficiencia /en la satisfacción de las necesidades humanas/. Entonces así
se está admitiendo que no se busca mejorar las condiciones de los seres
humanos más allá de cierto límite, posiblemente autoimpuesto.
Pero surge la pregunta: ¿quién decide cuales son esos límites? ¿se
decide de forma centralizada, mediante una función social hegemónica
como el Estado o algo similar? ¿o cada uno decide sus propios límites?
Si la respuesta es la primera, significa entonces que hay que imponer
ese límite, por la fuerza o mediante el adoctrinamiento, y por lo tanto
significa que hay individuos que no están de acuerdo o que eventualmente
pueden no estar de acuerdo con esos límites que les quieren imponer (en
caso contrario no es necesaria la imposición), y por lo tanto va en
perjuicio de ellos, y son la causa de la disidencia o poca participación
que vemos tanto en las economías socialistas como en las economías
"solidarias", y también en las economías nacionales fuertemente
intervenidas, las que no sólo adoptan medidas limitantes sino también
catastróficas.
No es necesario destacar los fracasos de tantas y tantas economías
nacionales, tanto de mercado como socialistas, debido a esta causa (lo
que sí hace falta es demostrar que la causa es la intervención). Pero
merece una mención especial la caída de la red argentina del trueque,
que sin la menor autocrítica (igual que los políticos de las economías
nacionales) los dirigentes achacan al hecho de que los miembros no
comprendieron la filosofía de la red, cuando es exactamente a la
inversa: los dirigentes no comprendieron, y siguen sin comprender, las
necesidades que los miembros buscan satisfacer cuando ingresan a sus
nodos. Este error se suele repetir en la mayoría de los emprendimientos
similares, y los conduce al inevitable fracaso. Y a veces no falta el
adoctrinamiento ideológico, incluso propagandeando ideas equivocadas,
para que la conducta de los miembros se adapte a una filosofía que los
perjudica, en lugar de ayudarlos.
Si la respuesta es la segunda, es decir, que cada uno decida sus
límites, entonces ¿cuál es el inconveniente de liberalizar el mercado?
Que cada uno decida qué es lo que quiere y a dónde quiere llegar sólo es
compatible con un mercado sin intervenciones.
Se podría responder que la razón de que muchos no puedan satisfacer sus
necesidades básicas se debe a que otros consumen mucho más que esas
necesidades. Es decir, que la pobreza de muchos se debe al derroche de
otros. Sin embargo, la verdadera causa de este efecto de concentración
de riquezas no es el mercado libre. Al contrario, son las regulaciones y
el uso de la fuerza (dictaduras, guerras) las responsables de que dichas
diferencias se mantengan.
Por supuesto, también existen diferencias económicas debido simplemente
a que en muchas sociedades se produce más que en otras. Pero en este
caso la causa de la pobreza de unos no es la riqueza de otros, sino,
como vimos, la incapacidad o la falta de necesidad de producir más en
las sociedades más pobres.
También se podría responder que las actividades económicas de los países
más desarrollados tienden al agotamiento de los recursos naturales y a
la destrucción de regiones naturales. Esto es aceptable y válido. Sin
embargo, eso no significa que la culpa la tenga el mercado libre. Aquí
el problema tiene muchas aristas que no pueden ser analizadas tan
superficialmente como es de costumbre en estos temas. Es más, se puede
demostrar que las intervenciones más comunes que el Estado aplica sobre
el Mercado suelen empeorar estos problemas. Pero el análisis de la
cuestión ambiental merece un extenso desarrollo que será abordado en
otra ocasión.
*Economía planificada versus mercado libre.* Un error típico de aquellos
que critican el mercado libre y defienden una economía centralmente
planificada es creer que un organismo central puede comprender y abarcar
toda la enorme información que se genera en cada momento en el mercado.
Ante el argumento de que esto no es posible, se defienden diciendo que
hay que hacer el esfuerzo. Sin embargo, no se comprende que el problema
con la planificación centralizada no se acaba en el hecho de que es una
ingenua idealización imposible, sino que además es completamente inútil
y hasta contraproducente, porque el sólo hecho de planificar una
economía destruye información de mercado importantísima para una
planificación útil. La impresionante demostración de este aspecto es un
aporte fenomenal de Ludwig von Mises, el mayor representante de la
Escuela Austríaca de Economía, y explica por qué las economías
socialistas están destinadas a fracasar.
Entonces ¿hay que esforzarse para poner en funcionamiento un mecanismo
tan inútil como negativo, con enormes costos burocráticos, dando más y
más poderes a un Estado que controle cada vez más la acción de los
individuos y sea el ansia de políticos o empresarios sedientos de poder?
Además, ¿los intereses de quiénes son representados por tal burocracia?
Y aunque admitamos ingenuamente que los burócratas puedan llegar a
defender el interés general (sea lo sea que signifique esto), ¿es
suficiente para que hagan las cosas bien? ¿o se necesitarán también
mecanismos adecuados y eficientes, todo lo contrario a lo que la
economía planificada representa? ¿cuál es el motivo de todo este fracaso
previsible si un mercado libre es mucho más eficiente para la
satisfacción de las necesidades económicas humanas?
En efecto, un mercado libre funciona, y funciona muy bien, porque como
veremos un mercado sin regulaciones provee información muy útil y
fidedigna para tomar las mejores desiciones en la asignación de los
recursos, y porque ningún emprendimiento necesita conocer para su éxito
toda la información que provee a cada momento el mercado. Es necesaria y
suficiente tan sólo una muy pequeña parte de ella.
[Se eliminaron del mensaje las partes que no eran texto]
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Mar, 6 de Dic, 2005 11:31 pm
Martin Olveyra <molv@...>
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