Qué es el Ciclo Económico Natural de producción-distribución (CEN)
El CEN lo que nos dice en definitiva es que toda riqueza existe previamente a
cualquier acción vital que sobre ella se realiza. El taburete recientemente
creado por el trabajo del carpintero (la actividad del carpintero) se realizó
sobre madera, clavos y cola preexistentes a su actividad laboral. El árbol se
alimenta de los nutrientes del suelo, preexistentes a su absorción. El mosquito
chupa sangre preexistente. El puma caza al borrego, preexistente a la caza… En
fin, toda actividad vital se realiza sobre una riqueza preexistente a esa
actividad.
El trabajo del carpintero o la actividad del árbol, como mucho, sólo “agregan
valor” a una evaluación económica preexistente a esas acciones vitales; le suman
un poco más a un total ya existente y ya conocido. Mientras que el objeto
resultado de una actividad (el taburete) puede ser considerado –y lo es-
numéricamente mayor que la riqueza original desde la que parte, según el CEN es
claro, entonces, que ninguna actividad nace desde un valor “cero”.
Esta aseveración es tan obvia como obviada. Aunque fútil o inocua, ella es
revolucionaria, porque se opone a toda la presuposición teórica de la economía
en general. A todas ellas. Se opone al “valor trabajo” de Marx, puesto que
reconoce implícitamente que todas las cosas que son fruto del trabajo humano
(“mercancías”) poseen un valor previo a ese mismo trabajo; se opone al “valor
mercado” de los capitalistas, puesto que las cosas producidas por el hombre
tienen su propio valor previamente a esa producción, es decir, aún antes de
acceder al eufemístico “mercado”. Y se opone a ambas en algo que ninguna de esas
teorías tuvo en cuenta nunca: la riqueza natural que nadie puede negar su
existencia (la que no contiene una pizca de trabajo humano y no se vende en el
mercado) pero que es preexistente al propio trabajo que en ella se basa, tiene
su propio valor, representado en su “parámetro isomérico”.
Sólo la nada puede surgir de la nada. Desde niños aprendemos que es imposible
realizar una actividad cualquiera sobre alguna cosa si esa cosa no existe
previamente a dicha actividad. No podemos jugar a la pelota sin una pelota. No
podemos dibujar sin poseer un papel y un lápiz. Los animales y los vegetales
(todo ser vivo) también lo aplican y cumplen. Lo contrario –aseverar que algo
puede provenir de la nada- sólo puede hacerlo “posible” la magia… Pero incluso
el mejor mago necesita, trampa mediante, de la preexistencia –en algún lugar-
del objeto que sacará de la galera. Sólo el dogma y la irracionalidad aceptan
apriorísticamente la posibilidad contraria a la que nos señala el CEN. Las
economías habidas usan ese mismo camino o mecanismo que usa el dogma y la
irracionalidad: la creencia, la falsa creencia, en supuestos a priori, para
colmo demostrablemente equivocados.
Bueno, esa irracionalidad dogmática es la que posee la economía tradicional.
Se sintetiza en el mito irreverente de la escasez, mito que lo asumen como
certeza indiscutible las economías habidas, tanto sus interesados teóricos como
sus perjudicados prácticos.
Pero el CEN también nos dice que la actividad propia de una vida (el trabajo
del carpintero), para alcanzar esa riqueza final con valor agregado (el
taburete), no depende solamente del conocimiento del oficio (conocimiento que
también fue adquirido previamente a la hechura del taburete y desde la enseñanza
recibida de otros hombres). Depende también del preexistente trabajo social de
otros muchos hombres, muchísimos, (madereros, metalúrgicos, químicos, etc.),
cuyos trabajos a su vez se realizaron sobre riquezas naturales o artificiales
preexistentes a sus propias actividades.
¿Nos dice algo más el CEN? La principal de muchas deducciones a las que
arribamos desde su aprehensión es la siguiente: como ninguna actividad nace
desde un valor “cero”, entonces la financiación de todo acto económico es
preexistente a dicho acto. Es decir, toda actividad económica se auto financia.
Por tanto, no necesitamos de financistas ni de inversores. El conocimiento del
CEN nos libera, nos independiza y nos hace autónomos.
Una vez aprendido lo que acabamos de resumir, el CEN nos muestra otra cosa.
Toda esa actividad social que se sintetiza en un bien (en este caso un taburete)
cumple y debe cumplir entonces con un ciclo regido y dado por la naturaleza (no
por el hombre), en un orden preestablecido y estricto de producción y
distribución, y ambas etapas deben cumplir con su parte correspondiente de otra
etapa, la de reposición. Si se cumple con esta última etapa, toda actividad
productiva deja de ser escasa. Y no solo eso: asegura la sostenibilidad o
sustentabilidad de la riqueza.
Estas etapas definen al ciclo económico natural de producción y distribución.
A éste no lo tiene en cuenta la economía tradicional (no lo conoce ni reconoce),
pero en él se basa la propuesta del postcapitalismo CEN. De allí su nombre y
apellido.
Alberto Sigales
Centro INDEV
Desde el Mercosur al mundo
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Juntos haremos que la economía esté al servicio de la sociedad.
http://www.postcapitalismo.org
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