Los migrantes: Un nuevo sujeto político transnacional
Mario Roberto Morales
Siglo Veintiuno. Guatemala, diciembre del 2003.
Los migrantes guatemaltecos sostienen con sus remesas a más del 30 por
ciento de la población de su país. Las de los salvadoreños superan todos sus
rubros nacionales de exportación y con esas divisas cubren el 90 por ciento
de su déficit comercial. Las de los migrantes de Honduras y Nicaragua,
República Dominicana y Haití, constituyen la principal fuente de divisas de
sus países. En México, las remesas son el primer rubro nacional de ingresos,
superando los que produce el petróleo y el turismo. En Ecuador, el millón de
ciudadanos expulsados por la dolarización local envió el año pasado mil 200
millones de dólares a sus familiares, convirtiendo sus remesas en la segunda
fuente de ingresos de su país. En Perú, sus migrantes envían los mil
millones de dólares anuales necesarios para estabilizan la economía
nacional. Y en Brasil y Colombia, las remesas equivalen a las exportaciones
nacionales de café.
Quince millones de migrantes latinoamericanos enviaron este año 30 mil
millones de dólares a sus países. No son pues las agroexportaciones de las
oligarquías ni las imploradas inversiones extranjeras ni los TLC o los CAFTA
lo que mantiene a flote nuestras economías. Tampoco las recetas del Fondo
Monetario Internacional y el Banco Mundial, que en cambio provocan desastres
como el de Argentina, entre otros. Tampoco son los arrogantes "perdones" de
una deuda ilegal los que palian nuestros problemas económicos. Mucho menos
lo son las donaciones de la AID, los préstamos del BID o las erráticas y
"políticamente correctas" erogaciones de la cooperación internacional, que
se esfuman en los bolsilllos de sus burócratas activistas (valga la
contradicción).
Son los humildes y gloriosamente mugrosos cheques de 50, 100 o 200 dólares
que llegan mensualmente desde Estados Unidos, España y otros países los que
mantienen funcionando nuestras economías (dando de comer de paso a los
infulosos intermediarios que oportunamente se encargan del trámite bancario
correspondiente), aunque no sería justo omitir en este cuadro de informal
"economía real" los dólares que "lavan" los inefables narcos que en su
desempeño persisten en decorar con más muertos nuestras ya de suyo
ensangrentadas calles.
Vergüenza de vergüenzas para las oligarquías cuyos proyectos económicos
expulsan a ciudadanías enteras que tienen que sostener a sus familias y a
sus países desde el extranjero, y vergüenza también para quienes siguen
repitiendo como loros que hay que privatizar los activos del Estado y
reducirlo a una oficina administrativa de burócratas serviles. Vergüenza de
vergüenzas para esos estirados gerentillos egresados de rimbombantes
escuelitas de administración de empresas que, tragándose su devaluada pose
de demiurgos creadores de empleo y de riqueza, se ven forzados a abrir
vistosos changarros (y hasta oenegés) para captar algo de la mugrosa
dolariza que nuestros sombrerudos, botudos y uñudos compatriotas
polvorientos y bigotones (esos que infestan gloriosamente los aeropuertos
gringos acarreando suegras y madres añosas, niños mocosos, objetos
familiares y apestoso pollo frito en feas cajas de cartón amarradas con
mecates) produce limpiando inodoros, sirviendo mesas, cortando naranjas,
uvas y manzanas, y, ahora, para colmo, lidiando con Terminator, quien les
arrebató sus licencias de conducir, por lo que se la tienen jurada (veremos
quien termina con quién).
Nuestros compatriotas más pobres no sólo sostienen a sus familias y a las
economías de sus países sino contribuyen a sostener las de los países a
donde emigran. De hecho, los migrantes (legales e ilegales) existen en
Estados Unidos y en cualquier otro país sólo porque esas economías los
necesitan. Que lo diga Wall-Mart, que recién evidenció que parte del secreto
de su éxito y expansión consiste en pagar bajos salarios a ilegales que no
reclaman derechos ni prestaciones.
Cuando los migrantes descubran su decisivo papel económico en los países que
sostienen, descubrirán también su enorme poder político, y entonces ese
nuevo agente transnacional de cambio que ahora no tiene conciencia de su
importancia, contribuirá -mediante su efectiva acción organizada- a
transformar las relaciones internacionales de la globalización corporativa,
quizá con miras a la equidad y la justicia.
http://www.lainsignia.org/2003/diciembre/soc_018.htm
Nueva Información para el cambio...
http://www.laneta.apc.org/redanahuak
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