Incitación al Impuesticidio
Ahora que se retoma la urgencia de una reforma fiscal o hacendaria
Por José Luis Gutiérrez Lozano (*)
Resulta increíble cómo aún vivimos tranquilamente con el nombre que
se le ha dado a esta práctica perversa de exacción a costa de la
capacidad de generación de riqueza de las personas. El nombre mismo
rememora el ejercicio de los vencedores al imponer –poner por encima
de todo derecho y sentido humano- un gravamen sobre los vencidos.
Convivimos tranquilamente con esta práctica originada en la
brutalidad del abuso ejercido por el mas fuerte sobre el débil y
además, sin cuestionarnos, seguimos llamándola igual.
Nace en el autoritarismo, en la burda exigencia de unos, montados en
el poder de las armas primero y en una ley hecha por ellos mismos
después, para que otros mantengan al propio grupo autoritario en esa
privilegiada posición. En el lenguaje posmoderno de México, a esa
práctica le llamaríamos "agandalle". Es en esta misma práctica,
proyectada desde el anacrónico sentido de individualismo, y egoísta
separatividad humana, que se realizan hoy muchas otras prácticas en
el ejercicio de la economía. El egoísmo es el origen de estas
bárbaras costumbres que hoy se pasean de cuello blanco entre los
asépticos aposentos de los centros financieros mundiales y
prestigiadas universidades.
Hay "cursos en impuestos" especialidades, diplomados, maestrías y
doctorados; "expertos en impuestos". Formación de sutiles prácticas y
profesionales de la imposición. Seguramente también existieron en
algún momento de la historia mundial entes respetados por ser temidos
como verdugos y sicarios. Tenemos volúmes enteros y toneladas de
tinta dedicados a perpetuar la práctica impositiva: Formas distintas
de exaccionar, de imponer. Practica continuada y enaltecida con el
mudo consentimiento de la mayoría. La palabra misma hiere.
Hoy, la práctica de imponer gravámenes se ha lavado la cara. Hay
quienes le llaman "Política Tributaria". ¡Tributaria! Como si este
nombre no recordara que es tributo lo que obligadamente paga el
vencido al vencedor, el ciudadano de a pie al "gandalla".
En fin, se ha optado por el mantenimiento de esta práctica como único
esquema disponible para solventar el costo de mantener un gobierno.
Un gobierno, que dicho sea de paso, se constituye –o al menos debe
constituirse- con el fin de coadyuvar a que los habitantes de un país
puedan vivir en armonía, con orden, progreso y felicidad. El
gobierno, siguiendo la idea anterior, tiene como propósito cuidar a
aquellos que han optado por constituirlo. El gobierno, dicen por ahí,
manda obedeciendo. Es el mandatario, el que hace lo que el mandante,
los ciudadanos, le piden que haga para que les haga la vida en
comunidad no sólo llevadera, sino progresiva, evolutiva hacia
estadios superiores de felicidad. Así que, para que haya gobierno,
mismo que cuesta, pues habrá que repartirse el peso de mantenerlo
entre todos. Pero TODOS, diría la religiosa del chiste.
¿Y qué pasa si no funciona? Digo, si no todos comparten la carga, si
el gobierno pesa más de lo que los que lo sostienen están en
posibilidades de mantener, si el mandatario no hace que la vida de
los mandantes sea mejor gracias a su participación. ¿Qué se hace si
la persona a quien contratamos para que nos tenga la casa limpia, la
comida hecha, la ropa lavada y planchada mientras trabajamos para
ganarnos la vida, no cumple con estos encargos? Excusas vamos a
encontrar muchas. Tal vez no sea culpa de este mandatario o
mandataria doméstica, sino del vecino. Tal vez porque su antecesor
llevó a toda su parentela a servirse de nuestra despensa y hoy, el
nuevo encargado o encargada nos dice que saquearon la alacena y no
hay con qué hacer el mandado.
¿Y qué tal si con todo ello es el propio sistema el que no funciona?
Habrá que recordar que aquellos que marcan la política económica a
seguir, política que está o debería estar encaminada a mejorar la
condición económica de los mandantes gobernados, son los mismos que
ponen las condiciones de la imposición. La inmediata solución es que
nos propongan cambiar la forma en que nos imponen el costo de
mantener la casa, al mandatario o mandataria y lo necesario para
cubrir el desfalco heredado. O sea, si la política económica es la
que no ha funcionado, de todas formas, habrá que cumplir con el
impuesto. Y si no puedes cumplir, pues a ulteriores gravámenes sobre
el impuesto a manera de actualizaciones y recargos. ¿A quien se
recurre para demandar a quien nos ha empobrecido y además no te cree
cuando le dices que por su causa no le puedes pagar el impuesto?
¿Cómo le haces cuando tú tienes el cargo de la prueba al tener que
demostrar que has cubierto lo que pudiste entender de sus
complicadísimos formularios? ¿En quién te apoyas si, en el fundamento
legal que le da vigencia al sistema impositivo, tú eres culpable de
evasión hasta que no demuestres lo contrario? El sistema bárbaro de
antaño tiene hoy un respetable marco legal que lo sostiene. Legal,
sí, sin duda; pero ¿Justo? ¿Derecho? ¿Humano?
El vigente sistema económico mundial se encuentra en una crisis
permanente, que no podrá realmente ser superada antes de ser
formuladas, con claridad y sin ambigüedades, dos interrogaciones
fundamentales y de darse a ellas las respuestas correctas.
1. ¿Queremos una sociedad de hombres y mujeres libres, dotados de
creatividad, o un sistema de esclavos programados para funcionar sin
pensar, como una de las centenas de millones de máquinas en el
incesante frenesí de producción material, que a todos somete,
instrumenta y controla?
2. Las mil y una formas de egoísmo y competencia, sean individuales,
grupales, nacionales o hasta multinacionales, ¿representan un
principio esencial y mínimo indispensable del funcionamiento de la
economía mundial y una consecuencia inevitable del uso de la libertad
de cada uno o constituyen el verdadero origen de todos sus infinitos
problemas, derivados de un uso patológico y abusivo de aquella misma
libertad?
Deseable sería que respondiéramos con visión de Estado y de largo
plazo estas preguntas y luego una simple tercera pregunta antes de
pretender la tan esperada reforma hacendaria: ¿Cuál es el papel que
deben jugar el gobierno y el estado en la economía?
Bajo la óptica de las nuevas fórmulas de convivencia global afirmamos
que todo ser humano, por su propia dignidad en cuanto tal - por el
simple hecho de haber nacido -, tiene derecho a priori a la garantía
de los medios que le aseguren patrones medios de existencia,
independientemente de la oportunidad o de la posibilidad (o no) de
tener acceso a un empleo en el sentido convencional. Y,
concomitantemente, nadie tiene derecho a imponer ni trabajo ni
tributo.
Si se constata que, cada vez mas, no habrá lugar para todos en el
trabajo de producción material y en otras profesiones que le estén
asociadas estrechamente, se torna urgente repensar y redefinir otras
bases y fundamentos para que cada uno disponga de medios dignos y
equilibrados de subsistencia y confort y, al mismo tiempo, tenga la
posibilidad de ser activamente útil y de aplicar su propia
creatividad y valor propio. Con ello, en consecuencia, se requiere de
definir el papel del gobierno y del estado en las relaciones
económicas.
Es importante aprender las lecciones que la experiencia en cada
momento va enseñando, individual y colectivamente.
Es finalmente del producto del trabajo de todos de donde habrán de
salir los recursos para mantener el gobierno y además, éste debe
costar lo que los que trabajan y crean riqueza están en disposición y
posibilidad de pagar. Ni un centavo más.
Por ello, veamos las condiciones existentes para la generación de
riqueza. Una de las grandes conclusiones que se puede sacar del
actual estado de las cosas es que el "problema del desempleo" no se
resuelve con medidas de formación profesional pero sí, con la
retirada del excesivo énfasis hasta hoy puesto en la necesidad de
tener un empleo como criterio social de decencia, de realización o de
justificación como ciudadano o - mas increíble todavía - como ser
humano; simultáneamente, con el valiente e inequívoco reconocimiento
que, a escala mundial (que determina, cada vez mas, los fenómenos de
ámbito local), se verifica en muchas áreas un exceso de producción,
motivada por la fiebre del lucro y por la polarización materialista
de una parte substancial de la Humanidad (digo substancial en
términos cuantitativos, pero también desde luego, en términos de
decisión). Sí, mas que un exceso consumista - que bajo ciertos
aspectos, efectivamente existe- se registra hoy un afán de
focalización material de la actividad desarrollada por la Humanidad.
Sin embargo, en nuestros días existen ya hombres y mujeres capaces de
realmente estar concentrados en ser, y de no querer mas que tener lo
indispensable para disfrutar de las condiciones de vida razonables
(siendo este razonamiento, evidentemente, muy distinto de los
hipertrofiados y autocentrados criterios de pretendida racionalidad
tan difundida, defendida y promovida en la actualidad). Existen ya
hombres y mujeres capaces de ser suficientemente fuertes y despiertos
en su interior para no precisar medir su razón de vivir por la
posesión de un empleo o por el ejercicio de una profesión en el
sistema productivo o en cualquier esfera del "hacer" material;
existen ya hombres y mujeres que, por supuesto, no consumirían en
ociosidad su "tiempo libre" (para emplear una expresión de uso
habitual, utilizándolo, si, en una preciosa elaboración interior y en
formas de expresión útiles, edificantes y alentadoras para la
comunidad.
Esa es una base de partida para resolver "el problema del desempleo"
y al mismo tiempo, para empezar a construir una sociedad fundada en
valores mas elevados - en la cual, necesariamente, los ciudadanos
serán llamados a una corresponsabilización en el bienestar colectivo,
en el progreso moral de la humanidad, en la rentabilización de los
recursos y en la igualdad de acceso de todos a su usufructo. Eso hará
surgir un nuevo concepto de Estado, un Estado de verdadera
participación (correspondiendo al final, al desarrollo de una
conciencia en grupo). En verdad, ¡cuántas y cuántas formas existen de
contribuir para el bien común (o para la satisfacción de las
necesidades sociales) y de encontrar alegría y autorrealización en el
uso solidario de la libertad y de la capacidad de crear y de
construir!
Naturalmente, los que, por su propia inclinación o ambición de
mayores posesiones materiales, quisieran continuar invirtiendo
ampliamente sus energías en las ocupaciones convencionales (y de ese
modo, en un marco de menor procura de empleo, conseguir
compensaciones mayores) continuarán libremente haciéndolo, aunque
prestando la necesaria, justa y equilibrada contribución a la
colectividad.
No quedarán por eso, con menor rendimiento disponible del que ahora
se benefician.
Del resto, como ya es evidente, prevalecerá, cada vez mas, la
cualidad inteligente (y no la cantidad irreflexiva) de cualquier tipo
de trabajo.
Por otro lado constituye un sofisma decir que hay una carencia o
insuficiencia de recursos; lo que, de hecho acontece es una
vergonzosa distribución de los mismos, debido a los conceptos y a las
prácticas de egoísmo, separatismo, insensibilidad y materialismo
todavía vigentes.
Gradualmente iremos percibiendo que el bien exclusivo de algunos es
siempre superficial, temporal y precario, incompleto e inseguro; que
solo resolviendo de forma global, progresiva y cooperativa los
problemas de todos, seremos capaces de encontrar y establecer
soluciones permanentes, estables y duraderas; que sólo compartiendo
solidariamente los bienes disponibles y las necesidades existentes,
se podrá evitar la recurrencia de las crisis, de las dificultades y
de las privaciones; que éstas se vayan pasando de mano en mano - de
individuo a individuo, de grupo social a grupo social, de país a
país, de bloque a bloque - en infinitos círculos de ida y vuelta.
En verdad, poco a poco, esta visión del mundo comienza a ser
comprendida; es preciso, no obstante, que la presión de las
visiones "inmediatistas", parciales y restringidas de las cosas no
ofusque (al punto de impedir) esa progresiva maduración global de un
entendimiento mas amplio. Es preciso que quienes estén pensando en la
manera de cambiar el orden de las cosas en materia hacendaria en
estos momentos, proyecten su vista hacia un mundo donde las cosas
pueden ser mejores de cómo están acostumbrados a verlas. No se trata
de redefinir cómo se deben imponer los tributos, sino de cómo
llegamos progresivamente a un estadio en donde se fomente la
disposición y posibilidad de las personas para sostener las
necesarias actividades colectivas y comunitarias que hoy realiza el
gobierno.
Teniendo la meta puesta en una adecuación de los programas y
proyectos hacendarios conforme a los requerimientos de la nueva
humanidad, hay un enorme paso dado para definir una verdadera reforma.
Hay algo de lo que estamos seguros todos y es que el mundo ha
cambiado, está cambiando y necesitamos estar mejor económicamente.
Así que, ¿por qué no mirarlo con la mejor disposición y apertura al
opinar y proponer?
La pregunta relevante para ti, lector que se tomó la molestia de
llegar hasta aquí es ¿Qué harías para que vivamos en un mundo mas
justo y mas abundante para todos?
(*) Consultor independiente y empresario. Articulista, comentarista y
conductor de programas de contenido económico en Radio y TV. Profesor
de Economía en el ITESM. Cofundador del movimiento político Opción
Ciudadana. Presidente de Fundación Ahora, A.C. Anteriormente:
encargado del área hacendaria dentro de la Mesa de Transición para la
Reforma del Estado. Economista en Jefe de Nueva República, A.C.
Secretario Técnico de Política Económica GPPAN, LVII Legislatura
Federal. Chief Economist de American Chamber of Comerse of México
A.C. Ex A ITAM Licenciatura en Economía 1976 y Maestría en
Administración 1986.