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DIALOGO CON PERSONAJES ETERNOS V   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #1153 de 1982 |

DIALOGO CON PERSONAJES ETERNOS.
ALEXIS CARREL "FRACASO Y RENOVACIÓN"
Joel Hurtado Ramón
Entrevista imaginaria con el Dr. Alexis Carrel premio Nóbel de
medicina, especializado en fisiología

V

P: Existen quienes piensan que el misticismo es una forma de locura o
fanatismo, que no tiene razón de ser en una sociedad tecnificada
y "civilizada" como la nuestra, está usted de acuerdo en esto?

R: El misticismo, en su estado más elevado, comprende una técnica muy
elaborada, una estricta disciplina. Primero, la práctica del
ascetismo. Tan imposible es penetrar en la región de la mística sin
preparación ascética, como transformarse en un atleta sin someterse a
ejercicio físico. La iniciación al ascetismo es dura. Por eso son muy
pocos los hombres que tienen el valor de aventurarse por la senda del
misticismo. El que desee emprender este viaje áspero y difícil debe
renunciar a todas las cosas de este mundo y por fin a si mismo. Luego
tiene que vivir durante largo tiempo en las sombras de la noche
espiritual.
Mientras espera implorando la gracia de Dios y llora su degradación y
su falta de merecimientos, van purificándose sus sentidos. Es la
primera y obscura jornada de la vida mística. Poco a poco, el hombre
se va despidiendo de si mismo. Su oración se torna contemplación.
Penetra en la vida iluminada. Es incapaz de describir sus
experiencias. Cuando el hombre, ya en la vida mística, intenta
expresar lo que siente, se apropia a veces -como hiciera San Juan de
la Cruz- del lenguaje del amor carnal. Su espíritu se escapa del
espacio y del tiempo. Alcanza el grado de vida unitiva. Está en Dios
y en él obra.
La vida de todos los grandes místicos está formada de las mismas
etapas. Tenemos que aceptar sus experiencias tal como ellos las
describieron. Sólo aquellos que han seguido la vida de oración son
capaces de comprender sus peculiaridades.
A la verdad, buscar a Dios es un empeño enteramente personal. Por
medio del ejercicio de las actividades normales de su conciencia, el
hombre


puede intentar alcanzar una realidad invisible que es a la vez
inmanente y que trasciende del mundo material. De este modo se lanza
a la más audaz de las aventuras que puedan osarse. Se les puede
considerar como un héroe o como un lunático. Pero nadie debe
preguntarse si la experiencia mística es verdadera o falsa, si es
autosugestión, alucinación o un viaje del alma más allá de las
dimensiones de nuestro modo, y su unión con una realidad más elevada.
Debemos contentarnos con tener un concepto operante de semejante
experiencia. El misticismo es generoso con esplendidez. Da al hombre
la satisfacción de sus más altos deseos. La fuerza interior, la luz
espiritual, el amor divino, la paz inefable. La intuición religiosa
es tan real como la inspiración estética. A través de la
contemplación de la belleza sobrehumana, los místicos y los poetas
pueden alcanzar la verdad final.
P: La sociedad actual se caracteriza por muchas cosas superfluas; tal
parece que el cinismo y la frivolidad florecieron con mayor rapidez
que la moral y la virtud; que sólo es justificable lo que nos reditúa
una ventaja práctica y material ¿Qué opina usted sobre esta conducta?
¿Cómo podemos mejorarla?
R: Toda regla de conducta tiene dos aspectos. Se opone a ciertas
tendencias y favorece otras determinadas. Inhibe y estimula: prohíbe
y prescribe. Debemos negarnos a seguir las ideas, los deseos y los
apetitos que, como esos remolinos que trastornan locamente el sentido
de la corriente de un río, nos arrastran en sentido opuesto al de la
vida. Debemos, por voluntario esfuerzo, evitar los pensamientos y las
acciones que perjudican a la conservación de nuestra vida o de la
vida de los demás, al vuelo del espíritu o a la propagación de la
especie. Ciertamente, es preciso ante todo no perjudicar


el desarrollo de la vida corporal y mental. Pero la inhibición de
tendencias nefastas, la corrección de perturbaciones funcionales, el
tratamiento de las lesiones de los órganos y del espíritu no bastan.
Se trata, además, de aumentar la calidad, la cantidad y la intensidad
de nuestra vida. Por que se llega a ser rico, no economizando, sino
trabajando y haciendo trabajar el dinero que se ha ganado. No odiar
al vecino está bien; pero amarlo es mucho mejor. El mejor medio de no
debilitarse es el acrecer la fuerza propia. Para obedecer
completamente la triple ley de la vida es preciso no cometer
transgresiones contra ella y desarrollar de modo óptimo las
potencialidades hereditarias de nuestro cuerpo y de nuestra alma. Es
preciso también, gracias a una prudente ordenación, trasmitir a
nuestros descendientes potencialidades de desarrollo mayores todavía.
En suma; las reglas de la conducta deben indicarnos, no solamente lo
que no debemos hacer, sino también y sobre todo, lo que debemos hacer.
Como niño perdido en el bosque, el hombre moderno anda errante, al
azar, en el mundo que ha creado. Sigue la dirección hacia la cual le
impulsa su fantasía. Es libre para desobedecer todas las leyes
naturales, pero con el riesgo de ser aniquilado, él o su
descendencia, por los mecanismos inexorables que produce
automáticamente toda transgresión a las leyes esenciales de las
cosas. En ningún sitio existen en nuestro camino, postes indicadores
que señalen las zonas prohibidas, todos podemos, pues, sin
sospecharlo, franquear la frontera que la estructura misma de la vida
prescribe a nuestras actividades fisiológicas y mentales. A nuestras
ideas, así como también a nuestras acciones. Es indispensable una
estricta disciplina para protegernos de ese peligro. No hay otro
medio de evitar los baches, las arenas movientes y los principios.


Tenemos necesidades de un código de la ruta, de una tecnología de la
existencia, de un guía para el peligroso viaje de nuestra vida.





Jue, 26 de Abr, 2007 3:49 pm

leoescorpio
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