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El poder femenino   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #1103 de 1982 |

http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/revista/nota.asp?nota_id=8\
87727&origen=amigoenvio


Extra mujeres / Nota de tapa
El poder femenino


En la puna jujeña crearon un modelo económico propio sin descuidar los
valores aborígenes. Mujeres perseverantes, las Warmi recibieron una llamada de
Harvard: los académicos quieren saber cómo lo hicieron

ABRA PAMPA, Jujuy. Para llegar a estas mujeres hay que elevarse y parpadear
bajo el sol más hiriente del mundo. La recompensa: acariciar el cielo con la
yema de los dedos. El sol pega más fuerte en la puna que en cualquier rincón del
planeta. Lo dice la ciencia y lo confirma el que vaya más allá de la Quebrada de
Humahuaca, ascienda por la ruta 9 los 3600 metros sobre el nivel del mar y se
detenga 70 kilómetros antes de la frontera con Bolivia. "Visite Abra Pampa,
capital de la puna", sugiere el cartel verde con letras blancas apoyado a un
costado de la ruta. A unos metros, otro letrero avisa al viajero que por aquí
andan ellas: Artesanías Warmi, dice alto y con orgullo.
El cartel ha quedado viejo, prehistórico, como esos cerros de vientres
repletos de minerales que abrazan el horizonte circular tan puneño. La Warmi es
una organización de mujeres collas que nacieron como tejedoras. Hoy dispone de
un pool de empresas: cyber, estación de servicio, restaurante, chinchillero,
curtiembre, barraca y un sistema bancario excepcional.
En esta meseta árida donde el polvo tapa la nariz y reseca los labios, se
esculpió uno de los escenarios más olvidados de la patria. El viento de la
crisis le pegó antes, con fuerza. Y aquicito, en Abra Pampa, "las Warmis" están
entre los actores más ágiles y fértiles. Mírenlas: con una mano acomodan el
sombrero negro y con la otra sostienen el celular plateado; tejen empresas,
batallan como si la tierra y el medio ambiente fueran la extensión de su piel.
No es un cuento de hadas: es una historia de supervivencia extrema hilada entre
olvidos y atropellos; entre trabajo, identidad y poder.
Hoy, esta organización cuenta con 3600 socias y socios en 79 comunidades
aborígenes. Poder social, económico y financiero. Poder a la manera de los
habitantes ancestrales es un concepto tan alto que se ejerce desde muy abajo. Y
en manos de unas mujeres a las que unos agradecen y otros critican, unos temen y
otros consultan. La Universidad de Harvard invitó a la líder de esta ONG,
Rosario Quispe, a contar esta experiencia en la Conferencia Internacional Bridge
Builders 2007. Fue elegida entre líderes sociales del mundo para transmitir su
saber a estudiantes y académicos. Por estos días está allí, en los Estados
Unidos, entre expertos de todos el mundo.
Made in la puna
Al llegar a la estación de servicio de Abra Pampa y cargar combustible la W
enorme, pintada como logo en los surtidores, desconcierta.
"Señorita, ¿qué combustible es esta marca W? ¿Es muy malo?", pregunta un don.
Alberta Llampa es una de las playeras y hace cuatro años, desde que la Warmi
compró la estación, que explica lo mismo. Es un combustible normal y la W es por
la Warmi Sayajsunjo, la organización dueña. El nombre significa mujeres
perseverantes. Alberta tiene el rostro del color de la chicha, ojos grandes como
lagunas, chaleco polar naranja, gorro con visera, aros hippies, el pelo oscuro
en una cola de caballo. 36 años, séptimo grado y siete hijos, todos en la
escuela.
"La mayor quiere ser médica", cuenta mientras carga los tanques como si toda
la vida hubiera hecho eso. Pero no. Tuvo días de hijos en el comedor municipal y
noches rogando: "Ojalá algún día pudiera hacerles la comida, no tener que
depender". Cuando se acercó a la Warmi se puso a tejer. A aprender cómo obtener
la fibra y qué pulóveres vender. "Después Ña Yosario me ofreció si quería ´tar
como playera". Se ríe: "¿Cómo no voy a poder mantener a mis hijos y hacerles de
comer?"
En la estación de servicio hay un pequeño restaurante donde Dominga Benicio y
Norma Aguilar dan de comer a turistas y camioneros. Té de coca, empanaditas de
queso, poio, carne, fideos amasados, lomitos completos. Dominga se estrena como
cocinera y trabajadora puertas afuera en el restaurante Warmi. Tiene 45 años y
es tan tímida que se tapa la cara con las manos.
Crió a sus seis hijos en las minas donde trabajó su esposo. Cuando fueron
cerrando, "ia le conocí a ña Rosario y me invitó a participar. Hacimos
yeuniones. El finao de mi esposo me mezquinaba y no quería que yo fuera líder.
Así que más antes no pude, pero haci 3 años que falleció".
-¿Algo en su vida cambió a partir de participar en la Warmi?
-Mucho. Me dio ideas para salir adelante, armar proyectos. Gracias a ellas
pude llegar a como estoy. La Warmi da proyecto, nunca regala. Es mejor que los
políticos, que nos compran por mercadería. Acá lo que ti dan hay que devolverlo.
-¿Qué es lo más importante que aprendió?
-A nunca ser como las gallinas: a no esperar que caigan las cosas de arriba.
La pelea del plomo
Entre la estación de servicio y el galpón que es la sede de la Warmi hay un
kilómetro. Parece más. Será que no hay árboles, o que cada paso recuerda la
falta de oxígeno. El corazón se acelera. En el paisaje semidesértico todo luce
extremo. De día un sol enceguecedor y de noche un frío a combatir con cinco
frazadas (en verano), porque por la puna corre el gas para todos lados menos
para arriba.
El aire está enrarecido y dicen los lugareños no es la altura ni la falta de
agua. El tema caliente es la montaña de plomo abandonada hace más de 20 años por
la fundidora Metalhuasi. La visión de esos restos en pleno centro infunde tanto
miedo y bronca como los resultados de los análisis que se han realizado a la
población, especialmente a los niños. Tienen niveles alarmantes de plomo en la
sangre. El intendente de Abra Pampa, Herman Zerpa, quiere limpiar la zona. Las
damas de la Warmi también están preocupadas.
Las paredes amarillas de su sede resaltan en la crudeza del paisaje. Tiene
salones amplios para los socios que bajan de los cerros a hacer cuentas o a
capacitarse. La oficina es pequeña y la custodia una estampita de San Cayetano.
En las paredes, el cronograma con las actividades 2007, los diplomas y premios
que ganó la fundadora de la Warmi, Rosario Andrada de Quispe. El cartelito de la
AFIP. Una computadora y una estantería de carpetas catalogadas con obsesión.
Sentada a un escritorio Rosario habla por su celular con un funcionario porteño.
"Es asqueroso y hoyoroso, doctorcito", dice ella, pura soltura y tranquilidad,
jugueteando con el pañuelo de gasa anudado a su trenza. Toma nota de los datos
que le van pasando del otro lado de la línea. Parece una alumna aplicada.
La conversación se pone intensa: "Mire doctorcito, si trasladan el plomo a
otra comunidad, no lo vamos a permitir. Ahí viven familias. Nadie las ha
consultado, como obliga la ley. Si le parece, ya me voy a Cangrejillos, pregunto
a la gente si saben algo, y usté me llama a la noche".
Rosario sube a la camioneta que maneja su marido, Alfredo, y sale para
Cangrejillos, una comunidad de 700 habitantes a un par de horas de Abra Pampa.
En el camino me explica que todos quieren que esos restos se vayan de Abra
Pampa. Pero no está claro hacia dónde ni cómo se hará.
Las distancias engañan en la puna. Recorrer 30 km puede llevar dos o tres
horas por caminos de ripio y traca traca. Aventurarse tiene riesgos: cualquier
desperfecto, y uno queda varado en ese paisaje que se replica. Una inmensa nada,
cerros descomunales y a veces un puñado de casas de adobe. Una iglesia blanca.
Si no fuera por las frazadas multicolores extendidas al sol en esos caseríos
ocres, uno, tan occidental y urbano, pensaría que están abandonados. El camino
es bello y monótono. Solitario. Olvidado. Traca traca. Uno se pregunta cómo es
que esta gente ha llegado acá. Nunca estuvo más claro que viven en estas tierras
desde tiempos inmemoriales. Si fuera por estos caminos, segurían incomunicados.
Ovejas, cabras, algunas pastora a lo lejos, vicuñas atléticas, una bicicleta
tras dos horas de viaje, tres burros, llamas asustadizas.
En esos pueblos hay señoras de dedos gastados que recuperaron el tejido
agrupándose en la Warmi, como Ernestina Alejo en Alfarcito o Martina Callata en
Rinconadilla. Ellas cuentan que los jóvenes ahora se quedan. Que tejen, venden
al turismo, en Tilcara o Purmamarca. En otras comunidades la gente se queda
porque hay emprendimientos exitosos, como el criadero de truchas de la familia
Morales. O Sal Puna, en manos de la comunidad aborigen de Cerro Negro. Es una
empresa comunitaria que extrae sal de las salinas, la procesa y la comercializa.
Da trabajo a 14 jefes de familia. Paga los sueldos, pero las ganancias son de la
comunidad que decide su destino. La Warmi ayudó a ponerla en marcha con
créditos, capacitación y seguimiento. Rosario Quispe dice que es la empresa de
la que se siente más orgullosa.
Pasamos por Puesto del Marqués, el pueblo donde ella nació. La cara se le
llena de la niña pastora que creció en esos cerros como lomos de elefantes. Ahí
recibió las lecciones clave de labios de su abuelo. El hombre le hablaba de
valores: respeto por la Madre Tierra, por los mayores, ser comprometido, ser
solidario, ser honesto, ser digno y llevar bien la vida. Los valores collas que
inspiran la Warmi.
"Si no tenemos eso, hija, entonces no tendremos ni para comer", le decía. Y
aunque Rosario partió a los 8 años de ese pueblo, cuando su padre consiguió
trabajo en Mina Pirquitas, las palabras se le grabaron como estrellas.
Pastora de sueños
La vida de Rosario Quispe es una nota aparte. Tan inseparable de la biografía
de la Warmi, como de la historia puneña. A los 19 años, Rosario conoció a
Alfredo Quispe, empleado de Mina Pirquitas. Se casó y parió al primero de sus
siete hijos. A esa edad ella ya había probado suerte en las ciudades, como
empleada doméstica. Regresó a Pirquitas. Conoció a los curas de la Organización
Claretiana para el Desarrollo (Oclade), como el padre Pedro Olmedo, (hoy obispo
de Humahuaca). Se unió a ellos. Cuando Pirquitas cerró, la familia Quispe se
mudó a otra mina: Pan de Azúcar. Años después, también cerró. No hubo adonde ir
y la prole se refugió en Abra Pampa. Rosario consiguió trabajo en un proyecto
para promoción de las mujeres. Se internó en los caminos traca traca y supo que
las damas de la puna se quedan solas. Los maridos se van: al tabaco, a la caña
de azúcar, a la mina. A ellas les toca ponerse de pie y levantar la cosecha,
aunque estén enfermas. "Vi tanta miseria y supe
que si continuábamos así, íbamos a morir de hambre", dice Rosario. Lo que sigue
amenaza con ser leyenda.
"Fue llegar a Abra Pampa y darnos cuenta de que, al contrario de lo que
creíamos, no había nada. Nos juntamos muchas mujeres para ver qué hacer. Nos
reuníamos en mi casa. Armamos talleres de artesanías y las vendimos en una
muestra en Tilcara. Empezamos a juntar plata, a comprar mercadería la una para
la otra. Yo iba a Villazón a buscar telas. Unas cortaban, otras cosían y
vendíamos. Nos invitaron a encuentros de mujeres a Buenos Aires. Llevábamos
artesanías y para llegar a tiempo pasábamos noches sin dormir. En 1995 nos
pusimos Warmi Sayajsunqo, que en la lengua quechua de nuestros abuelos significa
mujer perseverante. Esa manera de convivir, las alegrías y las tristezas, el
estar juntas y apoyarnos, ha hecho que cada vez fuéramos más."
De cómo no caerse del mapa
La primera batalla de la Warmi fue la salud. El cáncer de cuello de útero
estaba matando a las collas, entre ellas a la tía de Rosario. Mientras la
sobrina se hizo cargo de esos hijos huérfanos, un médico se ofreció como
voluntario, y trabajó con la asociación. Llegaron más gentes y algunas notas
periodísticas. En 1997, un suizo llamado Stephen Schmidheiny, presidente de la
Fundación Avina, quiso premiarlas. Le dijo a Rosario que pidiera un deseo.
-"Quisiera que mi pueblo pueda vivir del trabajo digno, sin ser esclavos de
nadie, con su identidad y cultura, como nuestros abuelos". El hombre le dio el
apoyo financiero.
Rosario recurrió a dos personas que había conocido en Oclade: Agustina Roca,
técnica en antropología, y Raúl Llobeta, economista. Se internaron en las
comunidades, escucharon a las familias, sus problemas y sus ideas de futuro. En
2001, cuando la Argentina caía del mapa, la Warmi tenía un exitoso Programa de
Desarrollo Aborigen. Las comunidades estaban enlazadas por un sistema bancario
de microcréditos o fondos comunales, en manos de los socios. Con este sistema y
sus líneas de crédito y microcrédito (que van desde los 10 pesos para una
situación de urgencia hasta los 30.000 para empresas aborígenes), ha entregado
más de 1.400.000 pesos en más de 2.000 préstamos, la confianza como garantía.
"Cada tanto alguien se atrasa con los pagos. Pero no tenemos ni un
incobrable", dice Florinda Condori, una de las tesoreras de la administración
central.
"La gente fantasea que los que trabajamos acá tenemos un sueldazo o manejamos
mucha plata. Pero la transparencia y la rendiciones son implacables", comentan
Sara Mendoza y María Figueroa, dos jóvenes jefas de sus hogares y promotoras de
la Warmi.
La organización ya se autosustenta económicamente gracias a sus empresas. Hace
alianzas estratégicas, como la que posibilitó, tras años de esfuerzo, que en el
hospital de Abra Pampa se construyera un pabellón para la maternidad.
Para tener cuentas claras, el dinero está en manos de dos tesoreros (kipus) de
cada comunidad, donde siempre debe participar por lo menos una mujer.
"En la puna la mayor carga la lleva la mujer. Es más fuerte y responsable. No
tengo problema en que la decisión esté en manos de ella o él. Pero la plata se
la doy a ella. Cuida más las cosas, no negocia con la dignidad", dice Rosario.
La cuestión es tan seria que el reglamento aclara: los cargos directivos
quedan reservados a las damas, aunque los varones se hayan integrado a la
organización. René Calpanchay vino de Susques, inquieto por la regularización de
las tierras aborígenes, a tocar la puerta de la Warmi. Desde 2003, René trabaja
como miembro del equipo estratégico. "Coincidimos en el tema de los sueños que
tenemos con todas las comunidades. Vivir del propio trabajo, como vivían
nuestros abuelos, y en armonía con la naturaleza", dice René.
Esto que suena tan bonito, en la práctica es una guerra silenciosa. El manejo
de los recursos naturales y la regularización de las tierras que les pertenecen
son sus dos cruzadas. La minería a veces avanza más allá de los derechos que
resguarda la Constitución a los pueblos originarios.
Pero la Warmi es poderosa. Dos días después de aquella conversación entre
Rosario Quispe y el doctorcito por el tema del plomo, varias camionetas
estacionaron frente a la sede amarilla de la asociación. Eran funcionarios del
área de minería de la secretaria de Medio Ambiente de la Nación y miembros de
otras organizaciones civiles. Doña Rosario estaba masticando una hojita de coca,
se puso crema en las manos y mandó a comprar gaseosas para una veintena de
personas. La reunión se hizo en el salón donde las Warmis venden los tejidos.
"No se preocupen, que aquí estamos bien organizados", les dijo Rosario, y remató
la frase con una de esas carcajadas tan suyas.
La líder no pierde jamás el sentido del humor. Pero el año pasado, contará en
otro momento con la voz muy baja, fue bien duro. Hubo varias muertes. La Warmi
estuvo ahí con su tristeza y organizando el velorio, los preparativos, los
cajones. Las administradoras pasaron unos meses sin cobrar.
Le pregunto a una de ellas, Mirta Andrada, cuál le parece el mayor desafío
entre tantas luchas. Ella responde: "Uno se va adaptando a estar al servicio de
la gente. Es como que alguien te da algo y es algo especial. No es difícil si
estamos juntas. Siempre salimos adelante. Feo es cuando no hay unión."
A unos metros Rosario habla por celular con su nieto y le dice que el lunes lo
irá a visitar. Hoy es sábado, le toca estar en Abra Pampa en el bautismo de
Lautaro. Pero también llevarle flores a su madre al cementerio, pasar por la
procesión de la virgen de la Candelaria, preparar la charla que dará en la
Universidad de Harvard -invitada por John Kennedy School of Government- y hacer
200 empanadas para el bautismo.
-¿De dónde saca fuerzas?
-Del trabajo. Siempre estoy pensando qué vamos a hacer y a discutir mañana. El
"no se puede" no existe. Voy y hago. Si me siento mal, me pongo dos minutos al
sol y listo.
-¿La han tentado desde la política?
-Sí, todas las elecciones. Pero le sirvo más a la gente donde estoy. Si algún
día los collas pudieran hacer un partido distinto del tradicional que hay, los
apoyaría. Si hoy decidiéramos armar un partido, te aseguro que ganamos. Pero
tendríamos que capacitar a muchos jóvenes con una cabeza distinta de lo que es
la política: trabajar para el resto de la gente. No vale la pena quemarse hoy.
En la cocina, mientras repulgamos empanadas entre varias mujeres, me cuentan
del proyecto de hacer varias Warmi descentralizadas en doce comunidades
aborígenes, que a sus vez agrupen a otras. Que este año empezarán a trabajar en
turismo con Argentina, Chile y Bolivia. Que hay inversiones fuertes del
ministerio de Desarrollo, la IAF, el BID, Avina.
Le pregunto a Rosario por las críticas que le hacen a la asociación: una de
ellas es que trabaja con familiares ("pero claro, no puedo tener gerentes en
cada empresa porque nos fundimos, todo es muy transparente"). Me cuenta que la
hace feliz el hecho de que su marido la acompañe. El es el chofer que conduce la
camioneta casi las 24 horas. "¿Te imaginás lo que hubiera sido mi vida de otra
manera, tantas horas viajando?" El día que él pasó a ser empleado de la Warmi,
ella renunció a tener un sueldo en la organización.Trabaja ad honorem y sólo
cobra por proyectos puntuales.
-Preferí perder plata. No iba a perder a mi familia. Todo esto es mi vida.
Estoy agradecida a Dios por el compañero que me dio.
-¿Qué es la Warmi ?
-Algo que nos debe servir para ser libres. Para que nadie tenga que depender
ni de la Warmi.
Ariel, uno de los hijos de Rosario, cuelga globos y ella comenta que cree que
su hijo, que padece un retraso mental, ha sido afectado por el plomo. Una nena
me enseña a doblar las servilletas. La cuestión colectiva es el valor que las
atraviesa como sociedad, en los bautismos, en los velorios, en la organización.
Después de la fiesta nadie se retira hasta que los pisos están barridos, los
papeles en la basura y la cocina, impecable. Rosario enjuaga, y seca platos y
vasos. Acomoda los repasadores antes de apagar la luz y cerrar la puerta. Casi
seguro alguien la espera.
Por María Eugenia Ludueña
Colaboró con la investigación: Felicitas Tedeschi.
"El proyecto que dio origen a este trabajo fue el ganador de las Becas Avina
de Investigación Periodística. La Fundación Avina no asume responsabilidad por
los conceptos, opiniones y otros aspectos de su contenido"
Estados paralelos
Abra Pampa tiene 14.000 habitantes -todos collas-, una patrona, Nuestra Señora
del Rosario, un slogan municipal -"Cada uno debe producir por lo menos lo que
consume"- y un intendente llamado Herman Zerpa. Zerpa trabajó en la Cooperativa
Puna, otra ONG crucial en la región. Amable, de traje y corbata, conversa con
LNR: "En Abra Pampa no hay piqueteros. Creo que han sido contenidos por muchas
organizaciones", dice.
-¿Por qué en la puna hay tantas organizaciones de la sociedad civil?
-Quizás porque trabajamos en grupo, más allá de las peleas. Nuestra raza nos
ha permitido trabajar en comunidad, tener una mirada común. Hubo un momento,
cuando cerraron las minas, que todos se vinieron a vivir a Abra Pampa. No había
trabajo ni vivienda ni animales. En esa coyuntura nos juntamos y capacitamos,
por ejemplo, en la Cooperativa Puna.
-¿Cómo ve el trabajo de la Warmi?
-Algunas instituciones de Abra Pampa hemos construido estados paralelos,
armando planes de capacitación, creando trabajo y desarrollo local.
-¿Y a Rosario Quispe cómo la ha visto evolucionar como líder?
-Siempre ha sido muy trabajadora. Trabajamos juntos en la Cooperativa Puna.
Tiene una forma de conducir muy particular. Lo que le critico es que desprecia
la política, pero recurre al Estado para buscar financiamiento. La política debe
volver a ser buena palabra.
Un modelo de organización
Por Sebastián Tedeschi
La Warmi es un modelo de organización. Desde Cohre(Centre on Housing Rights
and Eviction) asesoramos su lucha por el reconocimiento de su derecho a la
tierra y a la participación en los recursos naturales. Pudimos compartir con
ellas la victoria en el fallo judicial de los tribunales provinciales que les
reconocieron sus derechos e intimaron al gobierno provincial a entregar la
totalidad de los títulos colectivos de sus territorios antes de junio de 2007.
La construcción colectiva y democrática que han emprendido es una referencia
para las organizaciones sociales. Lo que las diferencia de otras agrupaciones es
su preocupación por los procesos internos, su buena lectura sobre el ambiente
político y social provincial, su apertura para el debate, su sustentabilidad
económica y política basada en el protagonismo de sus integrantes y en la
autonomía frente al Estado, las ONG que las apoyamos y las agencias que las
financian.
Coordinador del Programa de las Américas de Cohre (Centre on Housing Rights
and Eviction)
A los ojos de Jesús
Jesús Olmedo es el párroco de Abra Pampa y conoce a Rosario Quispe desde que
ella se formó como animadora cultural en el movimiento Oclade (Organización
Claretiana para el Desarrollo). "Siempre tuvo muchas inquietudes. Hubo un
momento que rompió con la Oclade. Quería ser ella y sus mujeres de la puna
-recuerda el padre Olmedo-. Lo valioso es que no ha caído en la trampa de los
líderes políticos o sindicales. El valor más grande de Rosario es que no se lo
ha creído, sigue siendo la Rosario colla de siempre, humilde. Mantiene su
actitud de luchar por la gente, con su gente, y acá".
-¿Por qué la filosofía Warmi arraiga tanto en la puna?
-Ya era hora de que las personas que han nacido, vivido y sufrido en estas
tierras sean los protagonistas de su historia. Los emprendimientos y proyectos
que promueve la Warmi son una forma concreta da canalizar la supervivencia por
la vida y la lucha por la tierra. Con esa orientación la gente se queda y vive
de su hábitat.
La importancia de perseverar
Por Carlos Martínez Sarasola
El nombre de mujeres perseverantes es un atributo importante de la
organización Warmi. La perseverancia es una característica de los pueblos
originarios. Ellos mantuvieron su identidad. Su eje espiritual es la tierra,
donde descansan sus valores ancestrales.
Hoy que el mundo occidental está en crisis terminal, se empiezan a visualizar
los valores indígenas. Es un momento ideal para este encuentro y Rosario Quispe
y sus mujeres tienen un planteo interesante de trabajo hacia el interior del
mundo indígena pero tienden puentes con el afuera. No es casual que sean
mujeres. También entre los mapuches hoy surgen muchas jefas.
En el mundo indígena nadie espera mucho más del Estado. Saben qué hacer y
reclaman por ellos mismos. El Estado los sigue negando porque no resuelve deudas
históricas, como otorgarles la tierra que ocupan.
La Constitución los reconoce, falta la práctica. Creo que se viene un proceso
de convergencia entre el mundo indígena y el occidental, trabajando por
conformar una sociedad diferente.
Carlos Martínez Sarasola es antropólogo, director de la Fundación Desde
América y autor de Nuestros paisanos los indios.
En cifras
La Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas (ECPI), que realizó entre 2004
y 2005 el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (Indec) dice que en nuestro
país viven 485.460 aborígenes. Se trata de resultados parciales. Cifras del
Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (Endepa) hablan de 1.011.600 personas que
se reconocen aborígenes. La mitad de ellos habitan en ciudades. Y 200.000 se
asumen kollas, la etnia con más peso de las 31 que se registran en el país. El
INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) no está autorizado a dar
opiniones oficiales a la prensa. Depende del Ministerio de Desarrollo de la
Nación, donde a pesar de insistentes llamados, no se han ofrecido datos en los
últimos tiempos.
Ciudadanas del mundo
Desde hace varios años, Agustina Roca, jujeña y técnica en antropología,
acompaña el trabajo de la organización Warmi. Ella distingue diferentes etapas:
"Primero fue el hambre, la desesperación, la urgencia de generar recursos.
Después se sumaron los temas indígenas y el reclamo de los derechos ciudadanos",
explica Agustina Roca. Según ella, uno de los puntos más destacables de esta
experiencia es "el ejercicio de la ciudadanía de estas mujeres. No piden limosna
sino ser tratadas como ciudadanas, con equidad de acceso a servicios de salud,
educación, oportunidades laborales y de negocios, y respetadas en su cultura e
identidad. Estos dos aspectos son complementarios, el primero se refiere a los
derechos humanos básicos y el segundo a los derechos colectivos como pueblo
indígena". Los avances están a la vista.
Han dejado de ser excluidas del sistema para aprender a manejar herramientas
legales y a defender sus recursos naturales. Es una batalla menos mediática y
más silenciosa que la de Gualeguaychú, pero igualmente crucial. "Siguen dando
contención y asistencia allí donde debería estar el Estado, pero han avanzado
sobre la agenda pública de la provincia en el tema indígena y se han insertado
como un actores fuertes. Hace cinco años todavía se debatía en Jujuy si existían
aborígenes", señala Roca. Y adelanta que los principales desafíos para el futuro
son insertarse en el mundo a través de emprendimientos relacionados con el
turismo, y medios de comunicación propios.


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Mar, 6 de Mar, 2007 5:06 pm

kollasuyu
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agustínguzmán
kollasuyu
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6 de Mar, 2007
5:38 pm

O sea, más allá de todo el lenguaje romántico con que se describe, reinventaron el capitalismo :) http://uruguayeconomico.blogspot.com/...
Martin Olveyra
lobogris1475
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7 de Mar, 2007
12:42 am

Martín, Me ha llamado siempre la atención tu capacidad de análisis y tu forma de defender tu convicción en las ideas libertarias. Muchas veces coincido...
Jose Luis Gutierrez L...
meshico_33
Sin conexión Enviar correo
7 de Mar, 2007
6:45 pm

Hola José, no leí en particular esos sitios que me recomendás. Aunque estoy muy al tanto sobre una buena cantidad de distintas economías "alternativas" que...
Martin Olveyra
lobogris1475
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8 de Mar, 2007
5:54 pm

Que simple que sos, tan negro y blanco, tan bueno y malo... Aprovechá que está en los diarios, lamentabelemente por causa de su muerte, y leete algo de...
Claudio Gustavo Lasa
claudiolasa
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8 de Mar, 2007
12:41 am

No te entendí. http://uruguayeconomico.blogspot.com/...
Martin Olveyra
lobogris1475
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8 de Mar, 2007
5:51 pm
Avanzado

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