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http://www.servindi.org/archivo/2006/1392
Perú: El espíritu de la Selva, por Jesús Roberto Ospina Salina*
Adital - En la selva peruana la vida es escasa y creo que la contaminación
es mayor que en Lima. Y ello a pesar que no hay carros, hay millones de árboles
y ríos por doquier. Al cabo de una hora de viaje en lancha o deslizador, uno se
pregunta dónde está la contaminación. Todo se ve verde y parece que la vida es
alegre y sin problemas. Pero no.
Un costeño piensa que el paisaje se repite una y otra vez, pero no, nada es
igual, salvo la esperanza de los que allí viven. “Nosotros queremos aprender,
queremos saber, queremos vivir bien”, dice Jorge Murayami Arirama (56)
Presidente Comunal de Shapajilla, una comunidad del distrito de Santa Rita de
Castilla (que está a una hora en Lancha de Iquitos), quién estudió hasta 5to. de
primaria (un niño acaba a los 10 años esa instrucción). Jorge es un inteligente
y alegre dirigente Kukama.
El quiere saber por qué están contaminando la selva, por qué, si esa
destrucción no deja ninguna ganancia para sus pobladores ni para la propia
selva. “Si uno quiere algo, lo protege y cuida”, dice. Y si uno quiere obtener
algo a pesar de un sacrificio, pues la ganancia debe superar el perjuicio,
agrega.
Pero no, las venas de la selva (sus ríos), están siendo contaminados, el
espíritu (su gente) está más abandonado y pobre cada día, y el cuerpo (animales
y plantas) exterminados. Pilar Millán, una Hermana española de la Compañía de
las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús, que tiene 30 años de trabajo en la
selva, afirma con conocimiento de causa e indignación: “En 30 años España ha
cambiado muchísimo y ha mejorado, incluso algunas ciudades del Perú, pero la
selva no sólo no ha avanzado, ha empeorado”. Le duele decirlo, pero lo comparte.
Veamos.
Se estima que el 70% de la extracción petrolera en la selva está focalizada en
la provincia Loreto-Nauta. Los pozos más antiguos datan de hace 30 años. En esta
provincia está ubicada la Reserva Nacional de Pacaya - Samiria, de donde es
Jorge y toda la nacionalidad Kukama, una de las 64 que habitan en la selva, cuya
enorme sabiduría se podría extinguir. Jorge comenta que el idioma Kukama es el
que permite hablar con el espíritu de las plantas y animales. Cierto o no, lo
real es que sus médicos -chamanes- salvan vidas. Lo atestiguan hasta algunos
sacerdotes.
A la contaminación de los ríos por el petróleo, producto de los errores
humanos, de las roturas de los ductos y barcazas (una sola puede medir 100
metros de largo), se le suma algo más grave y permanente: el Agua de Formación,
AF.
No se puede extraer petróleo sin que salga el Agua de Formación. Dependiendo
del pozo, puede ser un barril de AF por uno de petróleo. A estas aguas se les
suele denominar “salmueras”, por los altísimos contenidos de sales que poseen,
explica Lily La Torre en su libro !Sólo queremos vivir en paz! (1998).
Estas AF tienen 3 características básicas: a) es salada, 1,000 (MIL!!!) veces
más salada que el mar. Así, Lily dice que los ríos de la selva tienen un nivel
de sal de 10 partes por millón, en tanto el mar tiene 20,000, y el AF de hasta
200,000, sí, leyó bien, DOSCIENTOS MIL partes por millón. En esas aguas no vive
ningún pez de agua dulce. Pues algún gracioso puede pensar: entonces llevemos
peces del mar. No se puede, porque además b) esta AF trae metales pesados, zinc,
plomo, cromo hexavalente, entre otros; los cuales van hasta el fondo del río
cubriendo las plantas acuáticas que luego son consumidas por los pocos peces que
quedan. Por eso ya se ha detectado plomo en niños y adultos de los Kukamas. Y,
c) el AF sale caliente, más de 80º C.
En 1998 La Torre señalaba que “desde 1975 a 1996 Petroperú ha descargado un
promedio ponderado de 200,000 barriles DIARIOS de las saladísimas AF”, y OXY
850,000. DIARIOS.
Ahora mismo, mientras usted lee, se está contaminando la selva a ritmo de
polka, rapidísimo. Eso quiere decir que la selva no importa. Por lo menos no les
importa a las petroleras ni al gobierno, garante de nuestra vida y territorio.
Pero hay quienes sí les importa y la aman.
Pio V Pérez (48 y 4 hijos) vive en la comunidad de San José de Saramuro,
distrito de Urarinas, provincia de Loreto-Nauta, a la cual se llega en 36 horas
en lancha desde Iquitos, afirma que los aguajales que están cerca de Yanayaco se
están secando. Uno de los sustentos para la vida de su comunidad es la
recolección de los frutos del aguajal, el aguaje, el cual venden en Iquitos.
Esta palmera se encuentra normalmente en grandes cantidades, unas 3 mil plantas
en cerca de 2 hectáreas de terrenos, a unos 3 kilómetros del río. Y un tanto
enojado afirma que se están secando.
Se están secando plantas que viven a 3 km de la playa, del río. A 3 km! el
agua salada está matando la vida.
Luis Laulate (52 y 7 hijos) de la comunidad de Saramurillo afirma que él ha
visto como hay derrames de petróleo que las petroleras para que no se vean le
echan polvos químicos disolventes que hacen “sumir” (hundir el petróleo) al río.
En su comunidad dice que los niños tienen dolor de estómago, diarreas, comezón,
su piel se está pelando. Desde 1993, fecha del primer derrame dice que hay rasca
rasca en el pueblo. Además, ya hay meses en el año donde no se encuentra banco
de peces, y a veces regresan del río con las redes vacías. Y el hambre no tiene
hora.
Carlos Valencia (42 y 5 hijos) llegó al 2do secundaria (un adolescente lo
estudia a los 13 años), vive en Urarina, cerca del río Urituyacu (agua loca, en
Kukama), dice que Repsol en el 2001-2002 entró por el río y se comprometió a
instalar un colegio si encontraban petróleo. Hoy ganan millones con el petróleo,
pero lo único que pusieron para el colegio fue los ladrillos y una motosierra
para cortar las maderas. Las calaminas, las maderas, la propia construcción
corrió a cargo de los pobladores. Ah, pero eso sí, luego de que los comuneros
terminaron el colegio Repsol tomó una foto y dice que la mostraron en Lima como
obra de ellos. Igual cosa sucedió en otras comunidades, salvo en Abejaico, que
está cerca de la plataforma de Repsol, y en donde además dieron la “enorme” suma
de 500 soles en medicinas. Pero en donde engañaron a 4 chicas, dejándolas
embarazadas.
Ahora ellos se organizan en la Asociación Indígena de Desarrollo y
Conservación Samiria, AIDECOS, que agrupa a 18 comunidades y alrededor de 7,000
personas.
Pero aún falta mucho, falta la solidaridad de los de Lima. Ellos cada día son
más concientes que la selva también es de los de Lima. “¿Qué podemos ofrecerte a
tí o a los amigos que nos visitan de Lima y otros sitios”? me dice y se pregunta
preocupado Fausto Ramírez Murayami (46), vicepresidente de AIDECOS.
Jorge me mira y acota, “el espíritu del río está molesto hasta con nosotros,
porque no sabe por qué le hacemos tanto daño”.
Me regreso a Lima con su mirada firme y segura, con su sonrisa infantil y sus
manos encallecidas de pescador y campesino lúcido y valiente. Me regreso también
con la angustia de todos ellos (angustia pero no lamento), por sus hijos.
Ellos tienen el alma de la selva, el espíritu de las plantas, la vitalidad de
un otorongo (de los auténticos y honorables), la magia de la lupuna (árbol casi
sagrado) y la esperanza que me ha animado a escribir este artículo, que se los
dedico, y que me compromete a seguir ayudándolos en su esfuerzo por detener la
destrucción de la selva que unos ambiciosos desean perpetrar.
* Colaborador del Grupo de adolescentes y jóvenes “Emprendedores del Sol” de
Villa María del Triunfo
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