Caminando en los zapatos de Lila
Julio 2008
Traducida por Sarah MacDonald
En la mayor parte del día camino en los zapatos de Lila.* Literalmente. Sus zapatos en realidad son botas negras de goma hasta las rodillas, y las llevo mientras camino por un valle de la región Magdalena de Colombia para investigar un asesinato. No estoy segura hasta donde hubiera llegado sin llevar las botas de Lila. Me habían dicho que íbamos a viajar por camioneta y por canoa. Entonces, cuando llegamos en el pueblo pequeño de Puerto Matilde descubrí que íbamos a caminar, así supe que tenía un problema. Todos estaban usando las botas típicas del campo.
Una mujer esbelta mostró las botas en sus pies y me hizo señas. Al principio tuve dudas. Pero después de unos intercambios entiendo – ella se queda en Puerto Matilde y me ofrece sus botas. Me quito los zapatos y, sintiéndome un poco como Cenicienta, me pongo sus botas. "¡Perfecto!" exclamo.
Las lluvias han causado que la tierra de color caramelo, sea una sopa de barro traicionero, a veces con más de un pie de profundidad y bastante viscoso para que las botas queden enterradas en él. Afortunadamente, las botas de Lila me ajustan bien.
Por fin llegamos a la casita donde Aicardo Antonio Ortiz vivió. Los oficiales nos dividen en dos grupos – los soldados están cerca de la casa y los civiles están dentro de un corral – y empieza la investigación del asesinato. Me quedo con los civiles, echando un vistazo a los trabajadores gubernamentales que con su cinta metrica (un metro) se mueven alrededor de la casa. No es una historia que se puede medir fácilmente. Sólo los hechos más básicos son inequívocos – el 8 de julio soldados del ejército nacional colombiano mataron Aicardo Antonio Ortiz. Las otras piezas de la historia se contradicen; el ejército cuenta una versión y los civiles otra. Pero mis compañeros del equipo y yo no estamos aquí para resolver cuál es la verdad, sino porque nos ha pedido acompañar a la asociación local de campesinos para asegurar que sus perspectivas sean escuchadas.
Cuando la investigación se termina, los civiles son invitados a mirar el sitio. ¿Cómo se entra en un espacio así? Al principio intento desviar la mirada, para ver la cama simple de tablón, la losa colgada en la pared, el televisor puesto en un estante pequeño – toda una vida en este solo cuarto. Pero no puedo evitar a mirar hacia abajo. El suelo está manchado por una salpicadura de rojo, una nebulosa que se extiende desde la cocina chiquita hasta la cama, y en el centro hay un hueco con bordes, donde una bala pasó hacia el suelo. Camino con cuidado porque no quiero que las botas de Lila se manchen de sangre. Pero es imposible estar en esta casa sin pisar la sangre.
La luz del sol se desvanece. Ha sido un día largo. Pienso sobre la vida que Lila camina – los soldados armados a quienes ella pasa diariamente, el potencial que sangre se derrame. Como una mujer de los Estados Unidos, sé que no puedo comprender completamente lo qué significa caminar en los zapatos de Lila, pero estoy agradecida por el regalo de este día. Cuando me pongo mis propios zapatos, noto el calor de los pies de Lila, un calor que me acompaña todo el camino a casa.
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Barrancabermeja, Colombia