Si no lo hacen en Castellón, no creo que Conde y Manzanares jr. (Si el padre) puedan meter gente en Lima donde, según los que tapan la mala gestión de Acho, ya no interesa nadie porque no hay afición. Entonces, ¿cómo se explica que el empresario persista un año más?
Si la cosa es imposible ¿entonces cómo explican que la feria del 60 aniversario esté en manos de quien no ha reaccionado frente a la caída en picada de la venta de abonos? ¿O es que piensan, ya de salida, descubrir la llavecita mágica que lleve gente a los tendidos?
Aquí hay que hacer las cosas profesionalmente, con estudios previos, agrandar el universo de posibles asistentes, romper los límites de los que pueden pagar entradas con los precios actuales, cuyo porcentaje que gusta de la fiesta no pasa del 8% seguramente (de un universo de 100 mil personas quizás?). Hay que impulsar el abono si no es con un cartel de figuras (100%) con promociones que den posibilidades a jubilados, menores de 18 años, etc
Esa es la única manera de hacer rentable una feria cuyo empresario, salvo que nos demuestren lo contrario con cifras, solo se interesa por vender sus toros, novillos y becerros (estos últimos a aficionados dispuestos a pagar 2500 dólares por ponerse el traje corto en Acho que para eso si tiene prestigio, categoría y solera) para lo cual se sienta en la tradición, en los aficionados, en el reglamento, en la prensa y hasta en sus propios allegados.
Baldomero Cáceres V.
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Sent: Monday, February 28, 2005 6:04 PM
Subject: [Desde el Tendido] Conde y Manzanares
Considerando que Conde y Manzanares hijo son dos toreros que interesan mucho en Lima -aunque no podría explicarme bien por qué-, creo de interés general transcribir la crónica de ABC referida a la corrida de ayer en Castellón para ir advirtiendo cómo inician ambos esta temporada.
Y como no siempre es posible confiar ciegamente en una crónica, va también la de La Razón, escrita por un matador en el retiro. Se nota en la segunda el espíritu de cuerpo que suele teñir la narración de un festejo cuando ésta está a cargo de un torero, pero dentro de matices de más o apreciaciones de menos, ambas coinciden y podrán servir para que los aficionados logren darse una idea de la actuación de ambos espadas.
Saludos,
PJGD
PS Los subrayados son míos.
EDICIÓN IMPRESA - Toros
ABC Lunes, 28 de febrero de 2005
Desperdiciada corrida de Torrestrella
ZABALA DE LA SERNA/
CASTELLÓN. Con un pie aún en febrero, los toreros se contagiaron del clima, se les helaron las ambiciones. Jesulín al fin y al cabo tiene las suyas colmadas, y a la postre fue el único que se trabajó, nunca mejor dicho, una oreja con una faena laboriosa, extensa, cuantitativa y pesada. Tanto que el primero de los dos avisos sonó en las postrimerías de la misma antes de que agarrase la espada, después de que buscase el sol, imaginario sol, de los tendidos más populares, donde sabe que cuenta con la claque más fiel para tirar del resto de la plaza. En el mismo son de sosote sin humillar había embestido su anterior enemigo para que Jesulín explicase la teoría y la práctica de su concepto templado, lineal, despegado, aseado y técnico entre las rayas del tercio.
Cuesta entender cómo con una corrida tan franca la terna sumó hasta cinco avisos en lugar de media docena, al menos, de orejas. Los toros de Torrestrella se estrellaron contra la flojedad de ánimo del cartel. El destino cruzó en el camino de Javier Conde el lote de la tarde. De hecho, el segundo, acucharado de cuerna y descolgado de hechuras, se movió con excelente calidad, como se comprobó ya en la brega. Antes, imposible. Conde nunca deja meter la cara a los toros en el capote. El tiempo se consumió en mucho paseo, mucha pausa y poca chicha. No se confió en los albores con la izquierda. Sólo en una tanda de redondos hilvanados sin solución de continuidad hubo más afán, no entrega ni pasión. Cuando la cosa había tomado la cuesta abajo definitiva, recurrió el torero a las carreritas de puntillas y otras delicias coreografiadas. El torrestrella acabó en el desolladero con los trofeos intactos.
No remontó tampoco con el quinto, más voluminoso y no menos boyante, aun sin las excelencias del anterior. La confianza volvió a tardar en aparecer, y cuando lo hizo no fue acompañada más que de ligerezas y liviandades. Otro recado presidencial se oyó antes de que matase a paso de banderillas, con el toro arrancado.
Si José María Manzanares hijo no aprieta y no se centra, esta temporada definitiva para su carrera se va a ir directamente al garete. Cabe alguna excusa con el gazapón tercero, de anovillada cabeza y escasa clase, que medio se dejaba a veces por el pitón derecho; ningún parapeto puede escudar tan rácana faena ante el vibrante sexto. Quería repetir por abajo las embestidas, y Manzanares hacía lo posible porque no sucediese. Perdía pasos, se iba, le quitaba la muleta de la cara. Con todo, demostró su empaque en un par de series más cuajadas, aunque cortas, de naturales. Le rebasó la codicia un tanto pegajosa del animal, por falta de ambición y otras carencias.
Jesulín se erigió finalmente en el relativo triunfador frente a la verdadera triunfadora: la corrida de Torrestrella.
LA RAZON Frío en las gradas y en el ruedo
Los toreros no aprovechan los bonancibles toros de la divisa de Torrestrella en la feria de Castellón
Juan POSADA Castellón- Frío invernal en el ambiente y temperatura gélida en el ruedo. Ninguno de los tres actuantes estuvo a la altura de las bondades de los toros de Torrestrella, de don Álvaro Domecq. No fue una corrida brava ni fuerte, más bien con la fuerza justa y suave. Precisamente por eso, a la vista de la templanza de sus arrancadas, los toreros no se ganaron la consideración debida. Se puede torear mejor o peor, allá cada uno, pero el principio básico del contacto del torero con el público se apoya en sus ganas por agradar desde el principio. Pero no, apatía y, cuando ya no había más remedio ante las excelencias de los animalitos, como ocurrió con el cuarto y quinto, se decidieron sus matadores a estirarse aunque sin demasiada convicción. Menos mal que el público santo, santo, santo, estaba por divertirse que para eso celebraba sus fiestas de La Magdalena. Se habla mucho del aprieto que padece la Fiesta, y es cierto. Pero también hay que mirar que, excepto algunos, entre ellos dos veteranos, pocos, poquitos toreros aceleran para ganarles la partida, el puesto y el dinero. Los jóvenes tienen que apretar mucho, es su obligación. No es válido quedarse rezagado en brazos de la molicie. Y ya saben: camarón que se duerme... De modo que a espabilarse... Por ello no es extraño que la plaza con un cartel atractivo sobre el papel, apenas cubriera la mitad del aforo. Jesulín, ya de vuelta y sin el carisma de antaño, ha perdido tirón con la masa, a pesar de que en algunos momentos pareciera que sí, pero no. En otra época le hubiera cortado las orejas a los toros de sobra. Algo parecido se puede decir de Javier Conde, quien no tuvo la decisión de sacar a relucir sus «cosas» tan personales, que gustan mucho. Pero, ni por esas. ¿Falta de inteligencia o de inspiración? Ambas cosas aderezadas con carencias de ganas e ilusión. Debe andarse con ojo; su toreo, muy especial y único, gusta, también sus pasos garbosos sin toros, pero ¿qué quiere? Tiene que practicarlo. A Manzanares, que posee indudables condiciones, se le vio fuera de sitio, sin forma física, a juzgar por los tropiezos que padeció y carente de ideas. Jesulín de Ubrique anduvo a medio gas toda la tarde, en especial con el primero al que no llegó a saborear sus muchas cualidades. Grave error porque el público no es tonto y aunque no sepa de técnica tiene sensibilidad, algo que no falla. Con su segundo, noble y de fuerza justa, comenzó de igual forma hasta que casi al final se dio cuenta de que el toro valía y puso más ánimo. Javier Conde, destellos. Algún muletazo largo y profundo en su primero y, como Jesulín, se dio cuenta tarde de que el quinto embestía dulcemente. Poco a poco logró algunos pases estilosos, aunque sin llegar a calentar lo debido. Pero ni siquiera prodigó sus gestos aflamencados que tanto gustan. Su principal defecto se apreció cuando quiso y no pudo, y todo por su pésima posición en los cites, al hilo del pitón y a merced de la res. ¡Menos mal que era bondadosa! Si se concienciara del poder que tiene con el público cuando se estira y adorna con gracia ensayaría más y con técnica maduraría, pero para eso es preciso sacrificarse. Manzanares inició bien la faena por bajo de su primero. Su labor tuvo buenas maneras, con destellos pero sin redondear porque tampoco puso el nervio y la decisión debida. Dio la sensación de no estar a gusto ni completamente convencido de lo que hacía. Por ello, la faena se desarrolló sin que el público acabara de compenetrarse con ella. Mejoró con el sexto, un animal bueno pero sin la claridad de los anteriores. Se colocó bien, adelantó el engaño y lo llevó muy toreado, lo que demuestra que a este tipo de reses, que llevan algo dentro, hay que exponerles. A pesar de haber estado mejor que en el toro anterior le faltó un poco de transmisión, convencimiento y vibración. Una lástima, dio la sensación de estar de vuelta de todo como si anduviera colmado de millones.
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Mar, 1 de Mar, 2005 2:29 pm
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