EL MEJOR CAZADOR
IV
(Alas Invisibles)
Autor:
© Jesús Alejandro Godoy"...Después la nada; después de tenerlo todo... la nada nuevamente, y las manos tan vacías y tan repletas de cielos, vientos y tiempos" había dicho aquél que caminaba a la orilla del mar, mirando sin cesar el vaivén de las olas mientras el sol se escondía a cada momento, y un lejano velero coqueteaba con alguna nueva aventura que lo llevaría a alguna distancia de la costa.
—Sé que no hay nada después de mí, porque dejo aquí todo lo que necesitaba para ser admitido en éste mundo —me dijo mirándome de reojo, mientras encendía su pipa por segunda vez, y el viento se llevaba esa pequeña humareda con aroma arbolado—. Se detuvo a recoger una pequeña roca de forma triangular y agregó—: todo lo que he tenido, todo lo que tengo no es más que un sueño; un buen sueño de alocados corredores de grandes distancias... grandes alabadores de las circunstancias que nos llevan a tener todo lo material que he deseado. Pero ahora que ya estoy a punto de partir, te digo que nada he tenido... nada.
Lo escucho y miro mis manos tan agresivas de haberlo tenido todo, que ahora reclaman la nada como si fuera propia, porque sé que se han cansado de juntar montañas de objetos, montañas de nada.
—Los sentimientos —me dice y se vuelve a colocar la pipa en los labios—, los sentimientos, los buenos sentimientos son la fuente, la energía que hacen y guían todos los caminos que he recorrido —entrecerró los ojos y señaló una ola—; ¿ves?, esa ola que ahora rompe aquí cerca de mis pies, es como todo aquello que creía importante: nació, tuvo una cumbre, decreció, y finalmente se esfumó —dijo.
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