(Continúa)
-Si... seguramente por mi dinero, ¿no?- dijo el empresario entre lágrimas-. Pero le digo… le digo, que yo cambiaría todo ese dinero por volver a ver a mi familia de vuelta, volver a mi casa, ver el sol, y… el llanto del hombre ahogó su frase…
-¿Y?- preguntó el extraño
-Y… volver a ver a esa mujer que dejé, cuando me hice rico.
-Ahhh… y dígame ¿cómo se llama ella?
-Sandra
-Y... ¿la extraña?
-Sí, la extraño, y recién ahora me doy cuenta que ella me apoyó en todo lo que yo quise hacer-. El llanto del empresario lo había dejado casi sin voz
-Entonces, cuando usted salga de aquí, vaya a buscarla y dígale lo que siente -dijo el otro.
-¿Salir?, ¿salir de aquí? -el llanto se fue transformando de a poco en una risa apagada.
-¿Acaso usted no tiene esperanza…? seguramente seremos rescatados –dijo el extraño.
-Ja, jja, jjaja –rió-, su confianza me sienta bien hombre, usted sería un buen amigo mío -dijo el empresario con lágrimas en los ojos.
-Si… seguramente seríamos buenos amigos… pero, ¿usted no tiene esperanza…?
- Le digo la verdad, señor, yo, le repito… soy un hombre de negocios, y mi esperanza es el día a día, y gracias a Dios tengo todo lo que necesito -dijo el empresario ya con su ánimo compuesto.
-¿Así que usted tiene todo lo que necesita? Sin embargo recién me dijo que volvería a buscar a su amor perdido, que cambiaría todo por volver a ver a su familia, o por ver el sol una vez más…
- Si es verdad -dijo el empresario casi avergonzado-.
- Mire -dijo el otro-, yo no le pido que devuelva el dinero, ni nada de eso, pero prométame que apenas salga de aquí buscará la mejor manera de obtener aquello que verdaderamente vale la pena para usted… y le pregunto... estee… ¿Qué vale la pena para usted?
Se hizo un momento de silencio, los dos hombres se miraron.
-¿Qué vale la pena? –finalmente el empresario dijo-: mire buen hombre, el dinero me puso aquí y seguramente me sacará de aquí, pero no puede pagar lo que más deseo en la vida, lo que realmente vale la pena, para mí… mi libertad.
-¿Su libertad? -preguntó el otro, extrañado.
-Si señor, hace ya muchos años que deseo ser libre de la culpa que me acarrea el saber que soy rico gracias al haber aprovechado una oportunidad a costa de los demás, y no gracias a mi esfuerzo, deseo ser libre de la sensación que se produce en mi cuerpo y en mi mente, cuando trato de amar a quien no amo, solamente me acuesto con mujeres porque algunas aman el dinero, y me aprovecho de eso; pero en realidad, yo quiero estar con mi amor… con Sandra, deseo ser libre de todo lo que tengo, porque gracias a eso hoy mi familia está sufriendo y no solamente eso, sino que me he distanciado de mi familia gracias al dinero, y muchas veces he dejado solos a mis padres y a mis hermanos, solamente por el dinero, el lujo, el poder…
El empresario se ahogó nuevamente en llanto y no pudo seguir hablando
-Bueno, bueno… cálmese hombre –dijo el otro-, cuando salgamos de aquí, todo será diferente, se lo aseguro.
El empresario se acurrucó en posición fetal en el piso de la habitación oscura. Su llanto había empapado casi todo su rostro y parte de sus ropas.
-Ojalá tenga usted razón –balbuceó-, y con ése pensamiento, se fue quedando dormido.
Los fuertes ruidos externos, los gritos y los disparos, lo despertaron inmediatamente y sobresaltado, el sonido de varias sirenas era ensordecedor, pero enseguida, se escucharon más disparos extremadamente cerca del lugar donde se encontraba, y un minuto después, solamente silencio…
Alguien derribó una puerta y la habitación se llenó de luz, prontamente, entraron a la habitación muchas personas, los ojos del empresario ardían de dolor, y trató de cubrirse...
-¡Señor, señor…! ¿Está usted bien…? ¡No se preocupe, vinimos a salvarlo, somos de la policía y...!
Levantaron al hombre del suelo sucio, su estado de salud era lamentable, enseguida cortaron sus ligaduras y lo colocaron en una camilla, los enfermeros y los policías que lo asistieron todavía se preguntaban como había podido sobrevivir solamente a pan y agua, ya que no había indicios de que lo hubieran alimentado con otra cosa; sólo una bandeja que estaba atascada bajo la puerta y rodeada de trapos viejos malolientes con migas de pan petrificadas adheridas a ellos daba el indicio de sus comidas.
Ambulancias patrulleros y hasta dos helicópteros rodeaban una vieja casa, enseguida le suministraron oxígeno al maltrecho hombre, pero él retirando la mascarilla, dijo en un tono de voz leve y quebrada: -el otro, el otro, hombre, vayan a buscar al otro hombre…
Los policías se miraron desconcertados, y uno de los policías que acompañaba al empresario le dijo:
-No señor, no había nadie con usted, en la habitación…
-Sí, oficial –dijo el empresario jadeando-, estoy seguro que hay otro hombre, por favor vaya a buscarlo…
-No señor, seguimos los movimientos de esta banda de malhechores durante mucho tiempo, y teníamos vigilada la casa desde hace dos meses –dijo el policía.
-¿Dos meses? -preguntó el empresario desconcertado-, ¿Hace cuanto tiempo que estoy aquí?
-Ocho meses y tres días -fue la respuesta del oficial-.
-¿Y el otro hombre…? El… el… el que estaba conmigo, en la habitación ¿lo mataron? -preguntó el empresario, temiendo lo peor-.
-No señor, en la habitación estaba usted solo, solamente usted… con una pequeña ventana que los secuestradores tapaban totalmente por fuera de día, y la dejaban apenas abierta por la noche para usarlo como respiradero, una puerta, la puerta que derribamos, y un gran espejo que se encontraba frente a usted... en la pared, frente a usted...
El rescate del reconocido empresario, Cristian Cogno, había sido todo un éxito.