EL OTRO
Autor:
© JESÚS ALEJANDRO GODOYEra uno de los empresarios más acaudalados, el más codiciado por las modelos "top" del momento ya que no se le conocía pareja estable alguna, vivía en uno de los barrios más cotizados de la zona Oeste del Gran Buenos Aires: el Country Ituzaingó.
Siempre vestía con trajes de diseñadores reconocidos en el ambiente fashion, y aunque saliera a trotar o a tomar un café, su ropa siempre de marca, estaba pulcramente lavada y planchada.
Si bien no superaba los 35 años de edad su repentino ascenso a ser el empresario del momento se había producido a partir de aprovechar las consecuencias de un colapso bancario en Argentina, denominado "Corralito o Corralón" donde muchas personas habían perdido sus ahorros.
Aunque las razones de su éxito eran dudosas, en su círculo de amistades y familiar era muy querido y respetado.
El rápido cambio de muchacho de barrio a empresario reconocido, había cambiado su carácter, el hombre se había vuelto mas parco y miraba a todas las personas con desconfianza, su ego había aumentado de tamaño considerablemente y su arrogancia chocaba de vez en cuando con las opiniones de los demás, no gustaba de entrar en discusiones sobre su fortuna, sus relaciones o sus negocios.
Era un auténtico autodidacta y no aceptaba recomendaciones, consejos ni opiniones de nadie, a fin de cuentas, su fortuna había sido amasada por sus propios medios y en soledad, solamente escuchando su voz interior y aprovechando los mejores momentos del mercado.
Su rutina era muy clásica, conducía su camioneta 4x4 todas las mañanas desde su residencia, a sus oficinas en Puerto Madero, en Capital Federal y casi entrada la madrugada volvía a su lugar de origen, de Lunes a Lunes, los 365 días del año.
Fue uno de esos días en su clásica rutina, que salió del exclusivo barrio conduciendo su camioneta, se detuvo un minuto en un kiosco a comprar un atado de cigarrillos Gold Leaf, y... eso era lo último que recordaba, antes que se oscureciera todo.
Suponía que le habían asestado un fuerte golpe en la cabeza y que después lo habían encapuchado, pues, había llegado a ese extraño lugar con una especie de pasamontañas o sábana anudada de un color oscuro con la que le habían tapado la cabeza.
No sabía cuanto tiempo había estado en esa habitación oscura, sus manos seguían entumecidas y sus muñecas seguían atadas como el primer día, pero ya casi no le molestaba.
Por las voces que escuchaba suponía que la pandilla que lo había secuestrado, estaba integrado por lo menos por 3 hombres y una mujer.
Apenas recordaba el primer día, tarde o noche que había llegado, no sabía en que ciudad o lugar se encontraba, no sabía que hora era, porque había perdido la noción del tiempo, más allá de que antes de dejarlo solo en su habitación lo habían despojado de todas sus pertenencias, pero… después de la primer noche y cuando sus ojos se habían acostumbrado a la absoluta oscuridad, recordaba patentemente el momento en el que había llegado el otro.
El otro, era un hombre desgarbado, maloliente, su rostro era casi cadavérico, su cabello le llegaba a los hombros y su prominente barba le llegaba casi hasta el torso, tenía la rara costumbre de aparecerse solamente por las noches claras cuando la luna resplandecía en lo alto del oscuro cielo.
Estaba contiguo a su habitación, y el empresario suponía que el otro hombre también había sido víctima de la pandilla de secuestradores; primero, el extraño hombre había evadido las preguntas del empresario, por lo que éste pensó que hablaba otro idioma, y le preguntó su nombre en inglés, italiano, alemán, portugués y japonés, pero no hubo respuesta alguna.
Había tomado la extraña actitud de reproducir algunos de los movimientos que hacía el empresario, pero a éste no le pareció nada raro, al fin y al cabo, los dos estaban estaba atados en la misma posición incómoda.
Después de muchas noches y lunas, la primera respuesta del otro, vino cuando el empresario dijo en voz baja:
-quiero morir-.
-yo, quiero vivir -dijo el extraño.
El silencio fue absoluto, y el empresario se sorprendió por la respuesta…
-me llamo Cristian- dijo el empresario.
-yo soy Cogno -dijo el otro.
-¿Porqué esta usted aquí? -le preguntó el empresario al extraño-.
-No lo sé, aún ¿y usted… porque está aquí? -lo interrogó el otro-.
Supongo que por mi dinero -dijo el empresario bajando la cabeza...
De repente el hombre estalló furiosamente.
-¡Si tuviera un arma ahora, juro que los mataría a balazos! –gritó el hombre de negocios-.
-Si yo tuviera un arma, dejaría que se vayan en paz, porque lo único que me importa es mi vida -dijo el extraño.
-¿Su vida?.. ¿Su… vida…? jajaja... ¿qué vida?, jajajja -rió el empresario,
-Sí, mi vida, la quiero porque es una buena vida -fue la respuesta-.
-No amigo... estás equivocado, no hay mejor vida que la yo tengo, escucha esto –dijo el empresario inclinándose un poco, mientras sus articulaciones hacían ruidos extraños-, soy un hombre de negocios, vivo en un barrio de lujo, soy soltero, soy respetado, me acuesto con todas las mujeres que deseo, y encima, soy asquerosamente rico.
-Yo soy joven, tengo toda una vida por delante, vivo en una casa llena de cariño, gracias a Dios, mis padres viven y mis hermanos gozan de buena salud, todavía no encontré una mujer para amar, pero creo que todo llega -dijo el otro.
-¡Tonterías!, yo hago lo que quiero, y soy independiente, no quiero que nadie goce a cuestas de mi esfuerzo.
- ¿Qué esfuerzo?
- El esfuerzo que me llevó amasar la fortuna que hoy tengo
- ¿Esfuerzo?... ¿La palabra robar cambió de nombre?
-Disculpe -dijo el empresario serio-, me está ofendiendo.
-Disculpe si lo ofendí, pero sé bien, que usted se apropió de muchos ahorros de personas-
El empresario, hizo silencio....
- Está bien, está bien -dijo, acompañado de un brusco movimiento de sus piernas-, ¡total… seguramente usted y yo vamos a morir, así que no me importa decirle que está en lo cierto…!
-¿Estoy en lo cierto? -preguntó el extraño.
- ¡Siiiii, señor, pero no importa, total, yo soy un fantasma para toda esa gente, así que nadie me puede acusar de nada!
-Si, seguro que es un fantasma, pero ¿y como puede vivir con la conciencia tranquila?
-Trabajo casi todo el día para olvidar.
-Ahh muy bien -dijo el extraño-, ¿Así que usted es un auténtico cobarde?
El empresario nuevamente no respondió, pero se vio afectado por las palabras del otro, perdió su compostura y echó a llorar
-¿Usted se preguntó porque está aquí?- le dijo el extraño
(Continúa)