Entrar
¿No tienes cuenta? Registrarse
decimas_creacionliteraria · Decimas
? ¿Ya tienes membresía? Entra a Yahoo!

Consejos

¿Sabías que...
Puedes decidir quién se inscribe en tu grupo. Tienes la opción de aprobar todas las suscripciones modificando las preferencias.

Mensajes

  Mensajes Ayuda
Avanzado
TAL VEZ... NADA   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #318 de 455 |
TAL VEZ... NADA

TAL VEZ... NADA

Autor

: © Jesús Alejandro Godoy

Y me dejé llevar por la inconsistencia de mis razones aparentes, y solamente supe decir que había hecho todo lo posible para dar siempre lo mejor de lo que tenía.

Y fue que una tarde cuando volvía de mi trabajo, se cruzó en mi camino y en mi vida un anciano leproso, me extendió su mano vacilante, yo toqué mi bolsillo queriendo aparentar que le daría algo, y si bien mi intención era disculparme por fingir que no tenía dinero, él se me anticipó y mirándome a los ojos dijo:

—¿Me da usted un poco de su tiempo?

Lo miré en silencio y sonreí nerviosamente.

—Lo siento, no puedo darle lo que me pide —le respondí—. El viejo solamente bajó la cabeza, y suspiró. Yo seguí mi camino pensando en lo que había sucedido.

Sin darme cuenta, me topé violentamente con un desconocido. Cuando nos miramos, me di cuenta que era ciego.

—Disculpe —le dije con un dejo de vergüenza—, no miré por donde caminaba. Mis palabras sonaron más a un chascarrillo fuera de lugar que a una disculpa, y cuando me disponía a agregar algo más, el hombre tomó levemente sus anteojos negros por las patillas, los alejó de sus ojos y movió sus ojos en dirección a los míos.

—¿Me da usted un poco de su luz? —me preguntó.

—No... no creo que pueda darle un poco de mí... mí luz, señor —dije nerviosamente.

El hombre suspiró vencido, se colocó nuevamente sus anteojos, y siguió su camino. Yo lo miré desconcertado.

Encendí un cigarrillo, y hubiera sido bueno, si en ése preciso instante algún ebrio se hubiera acercado a mí, a ofrecerme una medida de whisky.

—Per... perdoñe seniorrrr —dijo una voz truculenta—, giré en mi sitio sin poder creer lo que escuchaba ni lo que veía—.

Un hombre de aspecto más que desaliñado, se balanceaba a mi lado, como una bandera ondeada por un fuerte viento.

—Sennnniooor... ¿Mmmme pueddeee darrrr un pu... un po... po-ccco de su fffuerzzzza deeee volunnntad? —me preguntó, cerrando y abriendo los ojos, tratando de enfocar su mirada—.

—Lo siento, no puedo —fue lo único que dije.

—¡Bueeeno... me vioy... digo, me voyyy! —dijo el ebrio, y siguió su tambaleante andar.

Miré a mí alrededor. No quería pensar en nada más.

Un pequeño pasó velozmente en su bicicleta. Me miró, sonrió, y yo pensé en que me diría.

Para mi sorpresa solamente siguió pedaleando, como si quisiese desafiar al viento.

Di unos cuantos pasos más. Caminé en silencio, no quería, y no necesitaba más sorpresas.

Llegué a una esquina, y me pareció oír un pequeño gemido.

Di la última pitada a mi cigarrillo, y lo arrojé cerca de un árbol, donde cerca de la copa, se acurrucaba un pequeño gato que perseguía con una mirada furtiva a un perro que olfateaba el césped.

El gemido se volvió a escuchar, pero ahora más audible que antes; y cuando giré, vi al pequeño tendido en el suelo, junto a su bicicleta, que ahora parecía más un peligroso bólido estrellado, que un divertimento de dos ruedas para dar paseos.

Me acerqué lo más rápido posible para prestarle ayuda. Para haber sido una pequeña caída, había mucha sangre sobre el pavimento.

El pequeño se tomaba la rodilla fuertemente con las dos manos, y no paraba de hacer muecas, que iban desde la comicidad a la desesperación.

—Tranquilo —le dije, acuclillándome cerca de una de las ruedas, que aún giraba locamente, trazando un óvalo deforme.

El pequeño me miró, y enseguida empezó a llorar a los gritos.

—¡Tranquilo, tranquilo! ¿Dónde están tus padres? —le pregunté.

El niño me miró con cierta desconfianza. Pero dentro del dolor que yo seguramente sabía que él sentía, esbozó una pequeña sonrisa.

Por un instante separó una de sus manos de la rodilla para secar sus lágrimas, y pude ver un interesante raspón sobre su piel, del cual manaba abundante sangre.

—Toma esto —le dije, al momento que sacaba un pañuelo y se lo colocaba sobre la herida—.

—Gracias —dijo el pequeño.

—No es nada, solamente ahora...

—¿Me puede dar un poco de su buena salud? —interrumpió.

—¿Cómo? ¿Qué dices?

—Si me puede dar un poco de su buena salud, señor —dijo nuevamente.

Lo miré con suma extrañeza.

El pequeño sonrió nuevamente. Y como si nada le hubiese sucedido, se puso de pie, tomó su desvencijada bicicleta, y empezó a arrastrarla junto a él, alejándose lentamente.

—¡Gracias por el pañuelo! —gritó sonriendo.

No pude responderle. Y si hubiese querido responderle algo, no hubiese sabido claramente que decirle.

Miré al cielo. Por un momento pensé que me encontraba dentro de algún mal film clase "B", o dentro de alguna chanza colectiva, o algo parecido.

Pero nada era anormal. No había nada que me dijera que estaba en un sitio extraño.

Rememoré mi camino. Y sabía fehacientemente, que me encontraba caminando hacia mi casa: en Ituzaingó, por la misma calle de siempre, en el mismo barrio de siempre, en la misma provincia de siempre, en el mismo país de siempre, y en el mismo planeta de siempre.

Pero...

Reanudé mi andar, y me detuve un instante a recobrar aliento; no sabía porque me faltaba, "tal vez tendré que dejar el cigarrillo" pensé, pero para contrarrestar mi ansiedad, encendí un cigarrillo nuevamente.

Alcé la vista. El cristal de la ventana de una casa cercana, reflejaba mi rostro; tal vez cruzado por la incredulidad, quizá partido por la falta de fe.

Me acerqué un poco más a la ventana, y una pequeña voz acarició mi frente suavemente.

"¿Qué me das, cuando me das lo que se ve?" preguntó una extraña voz.

Me detuve en seco. Mis piernas se tensaron, y mi cuerpo se endureció.

Claramente no era mi voz.

Miré hacia todos lados... me encontraba solo.

"¿Qué me entregas, cuando me entregas lo que todos poseen?" volvió a preguntar la voz.

Miré nuevamente el cristal. Yo no estaba hablando, mis labios no se movían. Y estaba seguro que si era yo el que articulaba esas palabras, decididamente me declararía insano en ése mismo instante.

"¿Qué dejas, cuando me dejas lo que se lleva el uso a través del tiempo?" preguntó nuevamente esa voz.

Abrí los ojos de par en par, y miré fijamente el cristal.

"No lo sé" pensé.

—No lo sé —respondí.

—¿Me da un cigarrillo? —preguntó una voz—.

—¿Cóm... cómo, perdón?

—¿Tiene un cigarrillo? —me preguntó nuevamente un muchacho con aspecto de haber salido de alguna de las grandes guerras, calzando borceguíes, y con una chamarra militar.

—Si, —le dije, extendiendo el paquete de Gold Leaf, para que tomara uno—.

—Gracias... loco —me dijo, y con sus dedos haciendo el símbolo de victoria, se alejó presurosamente.

Suspiré. Toqué mi frente por un instante. Dando pasos cortos, crucé la calle, y subí a la otra acera.

Extraje las llaves de mi saco, y lentamente hice girar la cerradura de la puerta de la reja externa.

Miré una vez más el cielo, miré hacia ambos lado de la calle, no había nadie.

—No lo sé, no sé que te doy cuando te doy lo que ves y lo que tocas —susurré mirando al cielo—, tal vez... nada —agregué.

Una sonrisita se alojó cerca de mis oídos, y así como había llegado, se esfumó.

Miré una vez más hacia ambos lados de la calle, y entré a mi casa.



Vie, 1 de Dic, 2006 4:44 pm

jesus_alejan...
Sin conexión Sin conexión
Enviar correo Enviar correo

Reenviar Mensaje #318 de 455 |
Desplegar mensajes Autor Ordenar por fecha

* TAL VEZ... NADA * * Autor*: (c) *Jesús Alejandro Godoy * Y me dejé llevar por la inconsistencia de mis razones aparentes, y solamente supe decir que había...
Jesús Alejandro Go...
jesus_alejan...
Sin conexión Enviar correo
26 de Jun, 2006
11:36 pm

* TAL VEZ... NADA Autor*: (c) *Jesús Alejandro Godoy * Y me dejé llevar por la inconsistencia de mis razones aparentes, y solamente supe decir que había...
Jesús Alejandro Go...
jesus_alejan...
Sin conexión Enviar correo
1 de Dic, 2006
5:52 pm
Avanzado

Copyright © 2009 Yahoo! Inc. Todos los derechos reservados.
Normativa de confidencialidad - Condiciones del servicio - Reglas - Ayuda