ESTAR DE VUELTA
Pasaron muchos por aquí, y aún algunos seguirán pasando, no sé porque, algunos me miraban con cierto desprecio; otros, me miraban con cariño y otros ni me miraron.
Hasta algunas veces yo mismo me preguntaba que hacía en este extraño lugar, y porque razón había venido.
Me tocaron miles de veces, y reían, lloraban y seguían riendo. Escuchaba voces, y vi muchas cosas buenas; no entendí mucho de lo que me decían, o lo que se decían entre ellos, pero creo que eran cosas buenas.
Caminamos muy lentamente. El cielo era hermoso, había un sol enorme y algo amarillo, como en los dibujos de los niños, y las casas eran como las los dibujos también; solamente, que no salía ese humo en forma de tirabuzón, y las personas no eran de rostros redondos, sonrientes, y de cuerpo con formas de palo. Eran personas, que caminaban apuradas, yendo y viviendo sin cesar, mirando hacia abajo, hacia arriba, gritando, llorando, besándose, o discutiendo.
Y apareció la lluvia, era hermosa. Lo más hermoso que vi en mi vida quizá, y pensé en los regalos de Dios, y en todo lo que la gente se pierde de vivir, por correr rápidamente, tratando de no mojarse, y pensé que se olvidaban que estuvieron mucho tiempo dando vueltas en un líquido viscoso antes de ver la luz del sol que yo vi.
Y me pregunté, porque a veces, algunas personas miraban el sol y maldecían, yo abrí los ojos, y no pude más que sonreír; quizá ellos antes hacían lo mismo... "¿Cuándo se volvieron tan insensibles?" Me pregunté.
Y mentalmente me respondí que tal vez no estaban enamorados, porque el amor lo cambia todo; y pensando en eso, me atrapó la noche. Y vi la luna.
Dios... me quedé sin palabras.
Levanté la mano, creía que podía asirla en un solo movimiento, y sonreí. Por un momento sentí lo que sienten los poetas, y realmente me enamoré de la luz y la noche. Me pregunté para mis adentros que era todo eso, y porque algunas personas miraban a la luna con desinterés, como si no fuera nada, un estorbo quizá. Y abrí la boca para decir algo, no recuerdo que, creo que estaba inspirado por la luna, o por la noche; y llegó el perro, mi perro creo... Zimba le dicen, creo que también es mío, y me maravillé por ver a ese extraño ser moviendo su cola de un lado a otro, y mirándome como si entendiera mis pensamientos.
Fue una noche agitada; todos sonreían, pero Zimba y yo, nos quedamos mirando la luna, las estrellas y la noche. Nos hablamos mentalmente, y nos volvimos poetas por una noche.
No se cuando me dormí. Y soné.
Fue extraño, soné que era un navegante, uno de los que se pierden en un mar extraño, pero de los que siempre encuentran el rumbo seguro mirando las estrellas más lejanas; y sonreí, porque mi alma llegaba buen puerto.
No sé cuando desperté nuevamente; y nuevamente, estaban todos a mi lado, sonriendo, como si yo fuera algo extraño a lo que había que cuidar muy tiernamente.
Señalé todo aquello que me parecía ajeno, y por primera vez me pregunté que era la vida; se los pregunté a ellos, se miraron, pero nadie me respondió, creo que no escucharon lo que preguntaba.
Me palmearon, creo que estaban todos contentos de que yo me encontrara bien, yo también sonreí, como para devolverles el gesto; alguien asintió, me hizo girar en mi silla, y vi nuevamente el sol; respiré y di gracias por estar ahí, Me quedé un momento pensando y cavilaba sobre lo que no había visto aún, y sonreí nuevamente; me sentí feliz, y realmente sentí lo que era ser feliz, y es verdad, es como dicen: "Tocar el cielo con las manos", y sinceramente, no podía parar de sonreír.
Creo que aprendí a ver algo de lo que me rodea, y dejé de mirar algo de lo que hay.
No podía creer que me rodeara tanta belleza. Y adoré por primera vez las palabras, y me maravillé con la perfección de las personas, del cielo, del viento, del sol, de la luna y las estrellas.
Escuché un trueno, y me sobresalté, y entendí el poder de lo que me rodea, y me sentí pequeño, pero grande a la vez. Estaba lleno de amor, cerré mis ojos, y pude sentir a Dios, que me hablaba a cada segundo, diciéndome que todo eso era mío, y no lo pude creer; ciertamente, no podía creer que todo eso fuera mío por un instante.
Miré a mí alrededor, recordé algo de esto y aquello, y recuperé mi fe, y creí en Dios nuevamente, fue tan hermoso ver eso por primera vez que me sentí poderoso.
Levanté una mano y miré mi palma. Escuché una voz conocida y unos pasos presurosos que se dirigían hacia mí.
"¿Estás bien abuelo?" me preguntó uno de los niños más hermosos que haya visto en mi vida; y me abrazó tan fuerte, que solo pude suspirar y dar gracias por estar de vuelta.
Me miró con sus enormes ojos marrones, y me preguntó: "¿Cómo es Dios, lo viste?"
"Si, lo vi" pensé. "Lo veo a cada momento".
Sonreí y señalé el sol y las nubes grises que danzaban con el viento. No pude hablar, pero me sentí feliz.
"¿Estás bien abuelo?", me preguntó nuevamente el pequeño.
"Si, estoy bien... muy bien"
© JESÚS ALEJANDRO GODOY
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