MIEDO
Autor: © Jesús Alejandro Godoy
"¿... Sueños de un poeta?" pensó el hombre.
—Sí, han de ser si usted lo dice —murmuró el viejo.
—¡Yo no he dicho nada aún! —replicó el hombre algo confuso—.
Se detuvo ante unas nuevas palabras que iban a nacer en sus labios y se puso de pie lentamente, sin apartar los ojos del viejo—.
Caminó hasta la biblioteca. Su
andar era muy cansino para un hombre de cuarenta y tantos años de edad; pero bien sabía él —y el viejo—, que no había edad alguna para el negocio que tenían entre manos.
—Bien mi amigo —empezó a decir el hombre—, quiero decirle que...
—No soy su amigo —lo interrumpió el viejo con voz directa y electrizante—. Llámeme Astor.
El hombre sintió que sus rodillas temblaban. No quería anticiparse a los hechos, ni caer en desconfianza de su visitante.
—Excúseme usted Astor, quiero decirle que...
—Que no se vuelva a repetir, por favor. ¿Tiene whisky?
—....
—¿Tiene whisky?
—Si... si. Disculpe... ¿Chivas Regal? O tengo una botella de...
—Chivas está bien. Gracias.
—Bien... enseguida le sirvo —el hombre se movió hacia la barra.
Cuando giró para preguntarle a Astor si con una medida de alcohol era suficiente, lo tenía directamente frente a él, mirándolo, con esos ojos azules que decían tan poco; carentes de vida y a su pesar, carentes de todo tipo de piedad.
Tragó saliva y apretó el vaso de cristal entre sus manos.
El viejo se acercó. Las puntas de sus narices casi se tocaban.
—Mire, no estoy aquí para perder el tiempo, no me quiera entretener con sus tragos, con su hospitalidad, ni con sus sueños de poeta... Solamente quiero llevarme lo que he venido a buscar, luego, si así lo desea, despliegue todas sus habilidades de anfitrión con alguien que no sea yo... ¿De acuerdo?
El hombre carraspeó un poco; las palabras se negaban a ser pronunciadas, pero finalmente dijo—: Como usted diga Astor.
El viejo le sacó el vaso de las manos, con la velocidad con la que una serpiente
ataca a su presa.
El hombre dio un respingo, y pegó su espalda al pequeño barral de madera. Sintió miedo. Pero era obvio sentir eso.
La medida de Chivas, bajó por la garganta del viejo a toda velocidad. No hubo sentimiento alguno que denotara que estuviese saboreando algo. No había nada ahí. Solamente ése gesto perdido entre la nada y algún espacio sombrío; y tan aterrador, que el hombre ni siquiera se atrevía a imaginar que era lo que pasaba por esa mente, ni por ése extraño y desgastado cuerpo.
—No me altere. No me altere ni por un segundo. No se atreva a alterarme ni con el pensamiento —murmuró Astor—. Miró al hombre una vez más. Dio dos pasos hacia atrás y giró con destreza militar. Caminó hasta una silla cercana y se dejó caer, simplemente se dejó caer, y quedó a espaldas del hombre.
"Ésta es mi oportunidad, la oportunidad que tanto anhelaba" pensó el hombre. "Lo
mataré ahora, sí que lo mataré..." pensó.
"Pero estaré matando a un poeta, estaré matando a un hombre que tiene sueños de poeta y que siempre los ha tenido. No puedo hacer esto"
Bajó la botella. Dudó.
—¿Y de quien serán las noches brumosas que bailan entre los muertos, amigo mío?. Si yo, ya soy una sombra que camina por la vida impaciente —murmuró Astor—. El hombre, bajó la vista y continuó escuchando—: Si solamente soy un pequeño esqueleto que se funde entre los muchos senderos desquiciados que ofrece la soledad, y los pocos caminos verdaderos que ofrece la vida...
—¿Y de quien serán las noches brumosas, sino de aquellos que viven en ellas, y conocen el secreto de la oscuridad? ¿Y quien es el que puede llamarse feliz, sino encuentra en ésta piel, la felicidad de otra piel que lo acune en las noches desiertas? —elevó la vista lentamente, y tomó coraje—.
Dio un sigiloso paso hacia Astor sin dejar de mirar la incipiente calvicie entre esos cabellos entrecanos.
"¡Esa maldita cabeza, que tantos miedos reúne!. ¡Esa maldita mente que morirá cuando le aseste el primer golpe!" pensó el hombre.
"¿Y de quien serán las noches brumosas?"
Dio otro paso más. El viejo no parecía estar al tanto de que su victimario lo estaba acechando.
"¡Éste es el momento que estaba esperando, éste es mi gran negocio!. Es ahora, cuando Astor pierde sus dotes adivinatorias, sus dotes de poeta. Lo mataré!"
"Sino de aquellos que viven en ellas"
Otro paso más. La suela de su zapato izquierdo, hizo un extraño sonido: Frickkk...
El hombre se detuvo. Solamente se escuchaba la voz queda del viejo, recitando sus palabras.
Astor parecía estar
perdido en algún profundo lugar. De vez en cuando su espalda y su cabeza se movían lentamente, convulsionándose en pequeñas dosis de estremecimiento. Parecía estar llorando o cavilando lejos de ahí, mientras murmuraba sus frases.
El hombre dio un paso más.
"Y conocen el secreto de la oscuridad"
Astor no parecía responder a los movimientos del hombre.
"Si logra ponerse de pie y arremete contra mí, sé que seré hombre muerto" pensó.
Dio un paso más y levantó la botella de whisky.
"Si yo, ya soy una sombra que camina por la vida impaciente"
—¡Ya cállate maldito viejo poeta!. ¡Te maldigo eternamente por mi suerte, por mi vida y por mi muerte! —gritó el hombre—.
El líquido se arremolinó dentro del recipiente con un sonido gorgoteante, al momento que Astor giró y miró al
hombre bajar la botella velozmente hacia su cabeza.
Una vez. Y otra vez. Y otra vez. El sudor del hombre minaba su frente como perlas acusatorias.
"¡Éste es mi negocio!. ¡Éste es mi gran negocio!. ¡Hace cuanto que esperaba éste momento...! ¡Hace cuanto que esperaba éste momento, ja, ja, jaaaa...!
Una vez, y otra vez y una vez más.
"¿Y de quien serán las noches brumosas?"
Sangre. Rojo sangre alrededor del escritorio y alrededor de la silla. Rojo sangre en las paredes, y pequeñas salpicaduras en los grandes ventanales.
La vieja mansión que dominaba parte del paisaje de la ciudad de Ituzaingó quedó en absoluto silencio.
Los murciélagos sobrevolaron el techo derruido de la casa, regalando sus voces chillonas a una noche que sería recordada por y para siempre.
"Que bailan entre los muertos..."
Luego de varios días todos lo supieron. El noticiero matutino se hizo eco del hecho, y enseguida varios equipos de reporteros se hicieron presentes en el lugar.
La joven mujer acercó el micrófono a su boca e hizo un gesto al camarógrafo.
—Uno, dos, tres... aire —gritó el camarógrafo—.
—Nos encontramos en la ciudad de Ituzaingó al oeste de Buenos Aires —empezó a decir con voz chillona—, donde hoy a la mañana y según informaciones que recibimos hace instantes, se encontró el cuerpo sin vida de Astor Mazza. Los paramédicos aún se encuentran dentro de la vivienda, pero según pudimos saber, el reconocido escritor y dueño de varias editoriales, se suicidó dándose golpes en la cabeza con un objeto que aún están tratando de determinar. El señor Mazza tenía cuarenta y tres años de edad, y ya había sido
internado varias veces por sufrir episodios de esquizofrenia, y de personalidad múltiple. Es un lamentable fin, para uno de los hombres más extraños y ricos de Ituzaingó, ya que era de dominio público su comportamiento extravagante que se agravó en los últimos años, y por el cual terminó autoconfinándose en su residencia en absoluta soledad. Mazza, había iniciado su carrera ascendente en los años setenta cuando su primer libro...
"Si solamente soy un pequeño esqueleto que se funde entre los muchos senderos desquiciados que ofrece la soledad..."
__________________________________________________
Correo Yahoo!
Espacio para todos tus mensajes, antivirus y antispam ¡gratis!
¡Abrí tu cuenta ya! - http://correo.yahoo.com.ar