EL ENCUENTRO
Autor:
© JESÚS ALEJANDRO GODOYUn animal caminaba tranquilamente por la selva, detuvo su andar y miró el horizonte, contempló el suave revoloteo de las aves, la elegancia de las jirafas, el gracioso andar de los hipopótamos, el inquietante grito de las hienas, el hermoso colorido de las cebras y el ágil movimiento de los cocodrilos.
Un extraño ser que pasaba por el lugar, se acercó al animal, lo miró y sonrió.
"Tú serás" pensó.
Viendo que el extraño caminaba tranquilamente cerca de él, el animal lo miró desinteresadamente por unos instantes; se echó pesadamente al suelo haciendo volar una espesa nube de polvo, y luego se dedicó a ocuparse en atrapar las moscas que revoloteaban cerca de su cola.
El ser, miró el horizonte, contempló el atardecer, miró directamente a los ojos al animal y vociferó: -En ti vive la fuerza que todo lo domina, el valor que todo lo derrota, la templanza que todo lo vence, no existe nada ni nadie que pueda extinguir tu fuego interior, eres libre. Tomarás tus decisiones y crecerás continuamente, tendrás el valor y el dominio que arderán continuamente en tu corazón, serás temido, pero también odiado, serás respetado pero también cazado; y al final de tus días, te entregarás al todopoderoso del cielo porque un día Él te entregó el dominio de esta bendita tierra. Más si no dominas tus instintos, éstos te vencerán porque no eres invencible, y tu perdición no será tu fuerza, sino olvidar de quien vienes, porque aún siendo maravilloso, único e irrepetible, tu carne será al fin reclamada y transformada en polvo; tu fuerza interior, tu valor, tu audacia y tu elegancia, solamente serán comparables con la de aquel que fue denominado hombre"
El extraño posó su mano suavemente en la mollera del animal, y éste emitió un ronco sonido que hizo temblar el suelo. Los pájaros volaron en bandadas de los arbustos y árboles, las jirafas huyeron, los hipopótamos palidecieron y detuvieron su marcha, las hienas callaron, las cebras desaparecieron, los cocodrilos se hundieron en los ríos...
Cuenta la historia, que en una cueva escondida del continente Africano, aún se pueden encontrar las pinturas rupestres de una tribu Uthu perdida en el tiempo. Aquellos que tuvieron la oportunidad de contemplarlas, dicen que éstas representan el encuentro entre el primer león y un extraño ser, al que los Uthu llamaban Mho-Amhabe, que, los arqueólogos tradujeron como "El Cristo".