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HUELLAS VERDADERAS XXVI (Última Entrega)   Lista de mensajes  
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Páginas (Continuación 85, 86, y 87)
15 de ENERO 1985
Nicolás se sentía exhausto, había sido un día agotador lleno de nuevos y pequeños casos de robo, y algunos accidentes menores; eran cerca de las ocho de la noche.
¿Se siente bien jefe? ―preguntó Goliat.
―Si Goliat... creo que me sentar
é un segundo en la sala de detenciones, cualquier novedad avísame ―dijo, y se fue a paso cansino hasta la sala―.
Se sentó a la mesa hojeó una revista de pasatiempos, (propiedad de Lu), y un libro de Stephen King (It), que había dejado Cujo en la mesa.
Tenía jaqueca. Miró el camastro de la celda número dos y caminó hasta ahí; se echó sobre él y cerró los ojos.
Se dejó llevar por sus recuerdos y pensamientos. Sus imágenes vagaban entre su novia, los Bremer, Méndez, su hámster Conan, (y la nueva adquisición de Karina), Theo, que lo único que hacía era robar las medias de la pareja, y mirar con un intenso apetito al hámster.
Escuchó un zumbido quedo, que fue haciéndose más cercano. Sintió un intenso calor y abrió los ojos.
De pie, y a escasa distancia de donde él se encontraba, había un espectro de casi tres metros de estatura.
La coronilla de su cabeza, rozaba con el cielo raso de la celda, y despedía de la totalidad de su cuerpo informe, un fulgor blanco, que tornasolaba con un color ambarino.
Nicolás retrocedió en el camastro y pegó su espalda a la pared.
¿Quién... que eres? ―preguntó Nicolás.
El ser alzó la vista y lo miró. Sus ojos eran de un azul penetrante, y en su rostro, vio algo muy familiar.
"Un niño de cabello rubio, casi pelirrojo; de ojos azules y enorme sonrisa", le había dicho Mercedes González.
¿Rodrigo? ―preguntó Nicolás.
―Gracias... Nicol
ás, gracias Nicolás ―dijo el inmenso ángel con voz potente y extendió dos enormes alas que cubrían casi toda la habitación―.
―Gracias ―volvi
ó a repetir. Replegó sus alas, cubriendo su cuerpo y desapareció.
Nicolás se despertó sobresaltado y dando un grito ahogado.
¿Qué sucede jefe? ―preguntó Cujo con temor, que justamente se acercaba al lugar a llevarse su libro―.
¡El ángel... el niño...! ―exclamó Nicolás estólidamente―.
¿Qué ángel...? ―preguntó Cujo.
Nicolás miró a su alrededor y dijo
―: Nada Cujo, no me hagas caso, tuve una pesadilla.
Cujo se encogió de hombros y preguntó
―: ¿Qué es eso...?
 
15 de ENERO 2004
¿Aquí sucedió papá? ―preguntó el niño.
―Si hijo ―respondi
ó el hombre―, y el niño se abalanzó a paso rápido dentro de la celda.
¡Que gusto verte Cujo! Perdón, señor gobernador ―dijo Laura Goncalves, que recién tomaba servicio―.
¡Por favor Lu... ven aquí! ―dijo Cujo y le dio un enorme abrazo.
―Veo que trajiste a tu hijo ―pregunt
ó la mujer.
―Si... es martes, y como ten
ía el día libre traje a Nicolás para que viera por si mismo lo que había dejado la historia de Tiago ―explicó el gobernador de Buenos Aires, Carlos Méndez.
―Si...
¿las marcas? ―preguntó Lu.
―Si... as
í es.
Ambos se acercaron a la celda número dos, y contemplaron las marcas que según cuentan, había dejado la aparición de un ángel.
Contemplaron la marca oval ya gastada, por el tránsito y la estadía de sus ocupantes; pero aún se podían ver, los contornos de dos pies desnudos en el centro de ella, una marca en forma de aureola en el cielo raso, y un surco en una de las paredes, supuestamente hecho por una de las alas, del fantástico ser.
¿Papá...? ¿Estas son las huellas de Tiago? ―preguntó el pequeño.
―Si hijo...
ésas son ―respondió Cujo y miró a Lu con una sonrisa―. Muchos te dirán que nunca existieron, pero ya ves que son reales, como lo es Nicolás Cernadas.
El niño miraba excitado las marcas y no dejaba de pasar sus pequeños dedos, siguiendo el contorno de las marcas de los enormes pies que se podía apreciar, casi a simple vista.
¿Cómo estás Cujo? ―preguntó Lu.
―Muy bien Lu, con actos aqu
í y allá, y con todos los problemas... bueno que tú ya sabes ―respondió.
¿Tu esposa y tu hija? ―preguntó Lu.
―Se fueron a la casa de la abuela de Nicol
ás. Yo solamente aproveche éste día, para traerlo hasta aquí y que viera las "pruebas" con sus propios ojos ―dijo Cujo señalando a su hijo.
¿Y que es de la vida de Nicolás Cernadas? ―preguntó a continuación.
―El se fue a...
¿Sabe señora que yo llevo el nombre del héroe de mi papá? ―interrumpió el niño, jalando la mano de la sub comisario Laura Goncalves.
¡Si lo sé! ―respondió Lu y le guiñó un ojo.
¿Y luego que pasó papá? ―preguntó el niño.
―Bueno mira, yo le pregunte
¿Qué es eso?, Nicolás Cernadas me miró, y preguntó: ¿Qué...?
―Esas marcas... ―le dije.
¿Qué marcas? ―preguntó él.
―Y en
ése momento sonó el timbre del teléfono y nos avisaron que habían encontrado algo enterrado en un lugar y salimos de la seccional en la patrulla; y luego...
©
JESÚS ALEJANDRO GODOY
(MARZO 2005)

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Mié, 21 de Dic, 2005 3:54 pm

jesus_alejan...
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