Entrar
¿No tienes cuenta? Registrarse
decimas_creacionliteraria · Decimas
? ¿Ya tienes membresía? Entra a Yahoo!

Consejos

¿Sabías que...
Decide qué mensajes pueden llegar al grupo. Simplemente, modifica las preferencias.

Mensajes

  Mensajes Ayuda
Avanzado
HUELLAS VERDADERAS (XIX Entrega)   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #121 de 455 |
Páginas (Continuación 68, 69, 70)
―Deme las herramientas que nosotros empezaremos, y ustedes nos siguen... conocemos
éste lugar hace muchos años ―dijo Polo, con el asentimiento de su compañero.
―En reali
dad traemos un equipo que hará el hoyo ahí... ¿ustedes nos puede asegurar que nadie del equipo será atacado? ―preguntó Nicolás.
¡Por favor muchacho! ―exclamó Polo―. ¡No somos asesinos! ―dijo y rió.
―Bien... les tomo la palabra ―dijo Nicol
ás―, caminó hasta el boquete que había en la pared, y les hizo una seña a uno de los bomberos que estaba en el lugar―.
¿Hace mucho tiempo que viven aquí? ―preguntó Cujo.
―Hace m
ás de diez años, chico... somos los parias de la sociedad, y nos fuimos lejos de todo y de todos ―respondió casi a los gritos y sonriendo uno de los linyeras―.
¿Y que hacen para vivir? ―preguntó Goliat.
―Los dos limpiamos las bodegas del aserradero de enfrente... nos pagan bien, nos dan cincuenta pesos por quincena y la comida... casa ya tene
mos, así que somos muy afortunados ―respondió Polo riendo a carcajadas―.
En ése momento entraron los bomberos, seguidos del personal del departamento de Obra Civil de Ituzaingó, que venían muñidos de martillos hidráulicos, mazos de gran porte y todo tipo de herramientas para la construcción.
Detrás de ellos ingresó a paso lento el doctor Sergio Allende.
Toda la cuadrilla, ingresó al destartalado edificio y enseguida pusieron manos a la obra.
¿Qué hay de nuevo Nicolás? ―dijo Allende.
―Parece que llegamos al final del camino, doc ―respondi
ó.
―Bien... ojal
á que así sea ―dijo Allende y se dirigió hasta el lugar de los trabajos.
Todos guardaron silencio, mientras los hombres hacían saltar pedazos de concreto del piso; algunos de los bomberos esperaban sentados sobre algunos escombros y otros jugaban con algunos "Pocketters", que eran pequeños juegos de mano.
¿Cómo te llamas muchacho? ―le preguntó uno de los linyeras a Nicolás―.
―Nicol
ás Cernadas, él es mi compañero Jorge Medina y él es Carlos Méndez ―dijo, señalando a Cujo, que estaba concentrado en el trabajo―.
¿Méndez...? ¿Oye... tú no eres el hermano del viejo Jeremías? ―preguntó uno de los linyeras―.
―Si... soy yo ―dijo Cujo bailando nerviosamente―.
¡Ahhh... te vi en la portada de un diario... de ahí te conozco... yo soy un seguidor de tu hermano... dale mis saludos! ―gritó Polo.
¡Se los daré ―dijo Cujo―.
¿Qué sucede Cujo? ―preguntó Goliat.
―Estoy nervioso... muy ―respondi
ó Cujo.
Se quedaron en silencio un momento, solamente escuchando el sonido del taladro neumático y de los mazazos.
¿Qué estamos buscando aquí jefe? ―preguntó Goliat.
―Ve
n Goliat... Cujo ―dijo Nicolás y los apartó del resto.
Se sentó en parte de lo que había sido un pilar de piedra y les relató todo lo que le había contado Mercedes González, y Luciano Gómez.
Goliat miraba fijamente a Nicolás y Cujo lo miraba azorado, con la boca abierta de par en par.
Cuando finalizó, Goliat le dijo
―: Con todo el debido respeto Nicolás ¿Qué diablos tomaste antes de venir aquí?
Nicolás bajó la cabeza y sonrió.
―S
é que crees que estoy loco Goliat, pero esa es la historia que me relataron, y coincide con lo que te contó Velisario... tal cual, y si encontramos algo aquí abajo... no sé...
¡Yo le creo jefe! ―exclamó Cujo con seguridad.
―Gracias Cujo ―dijo Nicol
ás.
―No s
é, puede ser que tal vez no sea del todo...
Escucharon un fuerte sonido, solamente comparable al de una gran campanada sinfónica.
¡Le pegamos a algo! ―exclamó uno de los operarios―.
Enseguida todos se acercaron al gran agujero que los hombres habían abierto en el suelo; y vieron lo que parecía ser parte de una gruesa plancha metálica, con pequeños agujeros corroídos por el óxido.
Nicolás saltó dentro del agujero que casi tenía metro y medio de profundidad, por tres metros de circunferencia, y trato de mover la plancha, pero fue imposible.
¡Pásame un pico Goliat! ―gritó―. Su compañero enseguida le extendió la herramienta, y Nicolás hizo palanca para tratar de dar vueltas la plancha, pero no cedió ni un milímetro.
―D
éjeme a mí jefe ―dijo el gigante y saltó al hoyo―. Goliat hizo palanca con todas sus fuerzas, pero tampoco la pudo mover.
Los tres operarios del departamento de obra civil, Nicolás, Goliat, y Cujo, se pusieron en línea para hacer palanca, encastraron barretas, picos, y palas.
¡A la cuenta de tres! ―gritó Nicolás―. ¡Tres!, y todos hicieron palanca al mismo tiempo.
Se escuchó un sonido quebrado, era como un gorjeo gigante y luego, la plancha cedió a la fuerza de los hombres; pero aunque la habían destrabado, no podían levantarla, ya que el agujero no parecía ser lo suficientemente grande, como para darla vuelta y ver que había debajo de ella.
Nicolás se arrodilló, y con sus dos manos, tapó su visión lateral, para tratar de ver a través de la pequeña hendija que había quedado entre el metal y la tierra, pero enseguida se apartó del orificio, el olor que emanaba el lugar, ya le era familiar.
(Continuará)
©
JESÚS ALEJANDRO GODOY


1GB gratis, Antivirus y Antispam
Correo Yahoo!, el mejor correo web del mundo
Abrí tu cuenta aquí

Mar, 29 de Nov, 2005 7:18 pm

jesus_alejan...
Sin conexión Sin conexión
Enviar correo Enviar correo

Reenviar Mensaje #121 de 455 |
Desplegar mensajes Autor Ordenar por fecha

Páginas (Continuación 68, 69, 70) Deme las herramientas que nosotros empezaremos, y ustedes nos siguen... conocemos éste lugar hace muchos años dijo...
Jesús Alejandro Go...
jesus_alejan...
Sin conexión Enviar correo
29 de Nov, 2005
9:06 pm
Avanzado

Copyright © 2009 Yahoo! Inc. Todos los derechos reservados.
Normativa de confidencialidad - Condiciones del servicio - Reglas - Ayuda