Las flores de tus ojos
me enseñaron la lluvia,
a buscar en cada pétalo
de la vida
las hojas desnudas
de la opresión.
Caminé por el silencio
de tus palabras
y econtré
una flor
que me llamaba.
Sus hilos de sangre
se perdían,
en la raíz de la tierra,
las huellas de su sombra
me hablaron en la noche
y dejaron en mis manos
su camino de libertad.
Recibí en mis sentidos,
las voces de los enterrados,
sonó sobre mis oidos
las gargantas
de los fusilados.
En la piel suave
de las flores
encontré las huellas
de tus ojos,
y con los racimos
de las hojas
recogí las manos
quemadas
con las silabas
ardientes de la
sangre y de la pólvora.
VAHEMA
1997
Poema republicado 6/7/2005