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06-06-2005

La izquierda y el poder político en América latina (1970-2004)


Marcos Roitman Rosenmann
Barataria



1.- de los años setenta al fin de la guerra fría.



Los años setenta del siglo XX marcan un punto de no retorno en la
reconstrucción del orden capitalista. Su desarrollo no puede ser
integrador. La exclusión social, económica y política es parte de su
estructura. Las batallas de los trabajadores abriendo espacios
democráticos y conquistando derechos laborales y civiles se truncan y
sufren un proceso de involución que continua abierto. Sólo por
razones ideológicas en tiempos de la guerra fría, en el mundo
occidental, se realizan concesiones a fin de contrarrestar la
influencia de los partidos obreros y la fuerza del socialismo y el
comunismo en lo político y social.


Al concluir la segunda guerra mundial, el enemigo para la nueva
civilización judía, apostólica, romana y católica dejo de ser el nazi-
fascismo. El peligro real, vuelve a ser el socialismo, la revolución
proletaria y los partidos de izquierda. Si por un breve período en la
historia del capitalismo, la lucha contra el holocausto, suscita la
unión de voluntades, ese espejismo se desvanece, tras el juicio de
Nuremberg. En el siglo XXI la recuperación de las prácticas
económicas del Reich, la economía de mercado, permite su renacer sin
necesidad de la esvástica. La economía de mercado se impone con su
ideología de la globalización destruyendo la quimera del capitalismo
como un sistema de integración social, pleno empleo y redistribución
de la riqueza. Asimismo se evapora en el aire la ideología
socialdemócrata que la sustenta.




Si la lucha contra el nazi-fascismo es un instante de sensatez, el
triunfo sobre las fuerzas del Eje desata la locura en el orbe
capitalista. La presentación ideológica del nazi-fascismo como una
degeneración de modernidad y no como parte integral de su desarrollo
es el máximo exponente de esta corrupción de la historia.[2] Una
interpretación ad-hoc unirá fascismo, socialismo, nazismo y
comunismo. Tardará décadas en acoplarse; pero se consigue gracias a
los millones de dólares invertidos y los muchos ideólogos dedicados a
imponerla. Violencia, muerte, y campos de concentración se asocian a
la disidencia, los Gulag, la revolución bolchevique y los comunistas.
Se trata de dar vida a una explicación del socialismo fundada en la
destrucción de la persona, la inteligencia, la iniciativa privada y
creadora de la vitalidad humana. La Unión Soviética y desde 1949
China son junto a sus llamados Asatélites@, los enemigos de las
libertades y del mundo occidental. Mundo que pasa a representar los
valores de la cultura y civilización cristiana frente al comunismo
ateo , icono de la muerte.[3] Este relato construye un capitalismo
sin explotación ni desigualdad cuyo éxito se debe al buen hacer del
mercado y del acceso de los trabajadores al consumo de bienes. Quien
sintetiza esta postura es W.W. Rostow, asesor de Kennedy y redactor
por petición del departamento de Estado y del presidente de la obra
básica de la ideología del desarrollismo: Las etapas del crecimientos
Económico un Manifiesto no Comunista. A Y de esta forma Marx-y Engels-
terminó teniendo una idea algo desilusionada del obrero industrial
con el que contaba para hacer realidad su dialéctica: el trabajador
se conformaba con un poco de progreso bastante estable; tenía la
sensación de que las cosas estaban mejorando para él y para sus hijos
y de que en general, estaba recibiendo una parte justa de lo que
producía la sociedad en su conjunto; estaba dispuesto a luchar por lo
que él deseaba dentro de las reglas de la democracia política, en un
sistema de propiedad privada; tendía a identificarse con su sociedad
nacional más que con el mundo abstracto de obreros industriales
supuestamente oprimidos de todos los lugares; estaba dispuesto , a
pesar de los conflictos y de la falta de equidad, a vivir con sus
semejantes, los hombres, en lugar de conspirar para asesinarlos. Y es
ahí donde comienza la historia de Lenin y del comunismo moderno@. [4]


A pesar de esta visión maniquea, las clases sociales explotadas del
mundo occidental ven en el socialismo y el comunismo, una respuesta a
sus problemas y luchan por superar las estructuras de explotación
capitalista. En este contexto, la revolución anti-colonial en Asia,
África y América latina toma cuerpo en movimientos de liberación
nacional durante las décadas cincuenta y sesenta del siglo XX.




El capitalismo emprende su cruzada. La guerra de Vietnam y el mayo
francés en 1968 son puntos de inflexión. Hay un cambio en los
análisis realizados por la derecha y La izquierda sucumbe ante la
socialdemocracia que arremete con fuerza en Europa occidental
buscando la domesticación política de los partidos comunistas cuando
no su desarticulación.[5] Tampoco la izquierda radical supo enfrentar
el debate y se vio sumida en una fuerte crisis de identidad. Por otro
lado, los partidos comunistas con influencia teórica y política el
francés, italiano y mas tarde el español tras la muerte de Franco,
prefieren las mieles del poder institucional y disfrutar de sus
regalías, antes que aplicarse a la lucha anticapitalista, ello acaba
por disolver su identidad.


Mientras tanto, en América latina la izquierda sufre suertes
contradictorias. Brasil inaugura la época de las dictaduras de la
seguridad nacional en 1964. Su izquierda es llevada a la
clandestinidad, la muerte y el exilio. México, país que nunca sufrirá
una dictadura desde su revolución en 1910, ve como la matanza en la
rebautizada plaza de Las Tres Culturas en octubre de 1968 cuestiona
la institucionalidad de la revolución. Ese mismo año dos
acontecimientos, uno en Perú y otro en Panamá, transforman la
historia de las intervenciones militares en la región. Por primera
vez unas fuerzas armadas intervienen para derrocar gobiernos
oligárquicos y buscan apoyos en la izquierda acosada y clandestina.
Omar Torrijos y Velasco Alvarado serán sus representantes. En 1970,
Salvador Allende gana en Chile las elecciones presidenciales y una
coalición de partidos políticos marxistas, junto a cristianos y
laicos podrán gobernar el país, hasta el golpe de Estado de
septiembre de 1973. Es la experiencia de democracia radical mas
importante vivida en la región en la primer lustro de los años
setenta.[6] Posteriormente el Cono Sur sufre el embate de las
tiranías. Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Bolivia y Paraguay.
Muerte, represión y exilio. La operación Cóndor de lucha anti-
comunista expresa la unidad de las tiranías.[7]




En países donde la izquierda política es legal o semi-clandestina y
tiene una presencia limitada en esferas universitarias e
intelectuales, es reprimida cuando traspasa las cotas de lo tolerable
y se adentra en la acción directa, en el trabajo sindical y de
organización obrera. Si su presencia se hace notar es atacada sin
contemplaciones hasta la desaparición de sus militantes. La guerra
sucia, forma parte de esta política desarticuladora de la izquierda
política en la región. Nombres como Carlos Andrés Pérez, José
Figueres, Luis Echeverría, Frondizzi, Pacheco Areco, Bordaberry,
Siles Suazo, Balaguer, Jorge Alesandri, Belaúnde Terry, Arnulfo
Arias, Lleras Restrepo, López Michelsen, incluido Óscar Arias de
Costa Rica, Velasco Ibarra todos presidentes electos y
constitucionales consintieron la tortura a militantes de izquierda y
practicaron la guerra sucia anti-comunista en sus respectivos países.
Costa Rica y Venezuela viven la farsa. Colombia un Estado de sitio
permanente hasta fines del siglo XX. En República Dominicana Balaguer
domina a sus anchas. La represión constante y el exilio es la norma.
En Centroamérica las tiranías son hegemónicas y las guardias
nacionales y los ejércitos reprimen todo movimiento democrático. La
izquierda esta fuera de la ley y su lucha es clandestina . La
revolución sandinista rompe esta dinámica a fines de los años
setenta. En Paraguay el General Stroessner controla el país desde
1954 y la represión sobre la izquierda política perdurara mas de
hasta bien entrados los años ochenta del siglo XX. En Ecuador la
lucha anticomunista de Velasco Ibarra, se mezcla con dictaduras
militares. La izquierda casi siempre en la clandestinidad tiene poco
desarrollo, La elección del presidente Roldós en 1979 abre la
esperanza; pero su muerte en accidente de aviación en extrañas
circunstancias en 1981 hace retroceder la izquierda a los tiempos del
oscurantismo anti-comunista. Esa es la tónica general en la mayoría
de los países de América latina.[8]






Para los intelectuales orgánicos de los partidos comunistas de los
países occidentales la revolución y la toma del poder político había
dejado de ser un objetivo. Los problemas la izquierda europea tienen
otros horizontes: el eurocomunismo, la alianza con la
socialdemocracia, el apoyo a la disidencia en los países del Este y
el distanciamiento con los movimientos de liberación nacional en los
países del tercer mundo. Una reconversión de fondo y forma. Se
reformula la teoría del partido, la militancia y la acción política,
y se cuestiona la perspectiva del mundo construido bajo las
estructuras de explotación. Así, la lucha anti-imperialista y las
banderas de la liberación nacional se abandonan por un lenguaje menos
comprometido. Lentamente se produce un acercamiento en los países
occidentales del mundo libre. Sus partidos políticos institucionales,
realizan un nuevo pacto de Estado.[9] Derecha, izquierda y
socialdemocracia configuran un partido transversal cuyo principio
supone la aceptación de la economía de mercado sobre el fundamento de
los valores de un sistema asentado en un Estado liberal y social de
derecho. La izquierda anti-pacto queda fuera pasando a ser denominada
izquierda extra-parlamentaria. Los partidos comunistas se
institucionalizan, pierden sus principios y su ética. Es la izquierda
domesticada, y el fin de la lucha anti-imperialista y
anticapitalista. Ese fue el camino seguido en Europa occidental y
confluye con el emprendido años mas tarde en América latina. Jorge
Castañeda con su Utopía desarmada representa esta concepción
ideológica[10]. Reivindica una articulación al orden político por la
vía de la creación de una socialdemocracia al estilo europeo con la
desarticulación de la izquierda política transformadora y
anticapitalista en América latina. Construir gobernabilidad apoyada
en fuerzas políticas proclives a las nuevas formas de acumulación de
capital dependientes de la división internacional del trabajo, los
mercados y la producción y del proceso de las formas de explotación y
colonialismo global.


Así, los países de América latina entraron en una dinámica de
involución política. Se pierden espacios de participación ciudadana y
derechos sociales adquiridos en dos siglos de luchas sindicales y
políticas. Los golpes de estados ya no buscan reconstruir el poder
tradicional, fundan un nuevo orden. Las fuerzas armadas se enfrentan
ideológicamente a los partidos políticos de la derecha tradicional y
crean las bases para un sistema donde todo debe ser nuevo. La
izquierda política es desarticulada. En los años ochenta América
latina se ve inmersa en la marea de la contrarrevolución. Un lenguaje
ad-hoc allana la transición de un capitalismo keynesiano a una
economía de mercado. Conceptos como gobernabilidad, flexibilidad
laboral, racionalidad y eficiencia, corrupción pública, recursos
humanos, liberalización, privatización, descentralización, fondos
privados de pensiones, falsa sustitución de importaciones,
reconversión industrial, desregulación, crisis del Estado, de la
izquierda, de las ideologías, de la historia, del comunismo o del
socialismo se tornan comunes en el vocabulario de los políticos y los
medios de comunicación. Un conjunto de categorías y planteamientos
teóricos emergen a medida que el poder los necesita para cubrir su
agenda. La nueva derecha se apropia de la realidad en un contexto
donde la lucha anti-imperialista y la revolución disminuye sus
adeptos tras años de propaganda anti-comunista y la caída del muro de
Berlín. Poco queda de la visión romántica de los años sesenta de la
izquierda revolucionaria, el Che Guevara, la guerrilla, crear un,
dos, tres Vietman y el mayo francés.




Los procesos políticos de hondo calado como la Revolución Sandinista
en Nicaragua sufren el desgaste de una Anovedosa@ estrategia lanzada
por los Estados Unidos: las guerras de baja intensidad.[11] Nicaragua
se transforma en un campo de batalla ideológico-político donde la
nueva derecha, con Reagan en el poder, plantea la total destrucción
de la izquierda emergente en Centroamérica y de los movimientos
populares. Su experiencia debe ser aniquilada, de lo contrario se
propagaría por el mundo desestabilizando el equilibrio entre bloques.
La izquierda podría retomar fuerzas y cambiar la correlación de
fuerzas. El desembarco en la Isla de Granada por los Marines de los
Estados Unidos fue el comienzo de la acción de guerra que continúa
con la invasión de Panamá en diciembre de 1989 y no termina hasta la
total desestabilización del gobierno Sandinista de Nicaragua, la
financiación del ejercito Contra y el apoyo a la oposición en las
elecciones de 1991, bajo la egida de Violeta Chamorro.[12] Todo un
proceso desestabilizador estuvo destinado a evitar el renacimiento de
una izquierda política en América latina con nuevos valores y
perspectivas en las formas organizativas. Desde 1979 hasta 1991 con
la derrota electoral de los sandinistas , los Estados Unidos
financian la contrarrevolución. Su éxito, por méritos propios y
ajenos significa un duro golpe a la izquierda latinoamericana. Es la
última experiencia por la vía armada que se dará en la región durante
la guerra fría. [13]



2.- Los años ochenta y noventa: la panacea del neoliberalismo y la
izquierda anti-globalización.


La refundación del orden neo-oligárquico se realiza desarticulando a
la izquierda política y social, ademas de ejercer una fuerte
represión sobre la sociedad civil. El cierre de espacios para la
acción reivindicativa y la clausura de los derechos civiles evidenció
una nueva etapa del capitalismo en América latina. Los cambios
sociales transforman el quehacer de los partidos y las organizaciones
en el ámbito de lo político.




Los años ochenta son claves para entender el nacimiento de formas de
protesta social que acompañan una redefinición estratégica de la
izquierda latinoamericana. Por una parte el discurso neoliberal se
afianza y proyecta una imagen sobre la cual se solicitan esfuerzos
comunes. La mayoría de los países son gobernados por coaliciones o
por partidos políticos cuyos fundamentos no difieren en sus líneas
estratégicas. Desde México hasta Chile, existe un denominador común:
la economía de mercado, la reconversión industrial, la privatización
e inserción al llamado proceso de globalización. Acuerdos y tratados
de libre comercio, apertura comercial y financiera, fin de los
aranceles y flexibilidad en el mercado laboral, acompañan la reforma
del Estado. Un conjunto de medidas, se dirá, para salir del
subdesarrollo. Una panacea donde se promete un mundo feliz. La
euforia se apodera de las élites económicas y políticas en el poder,
borrachas de su victoria sobre Ael comunismo@.[14] Mientras tanto, la
izquierda sufre Adepresión@ y crisis de identidad. Solo resiste. La
capacidad de enfrentamiento al neoliberalismo no se acompaña de
proyectos ni programas. Las alternativas se congelan y la izquierda
política entra en periodo de pesimismo acompañado de una crítica auto-
destructiva y fuera de lugar. Otro acontecimiento favorece el
discurso neoliberal. Las fuerzas armadas retornan a sus cuarteles y
dejan el poder formal, la modernización neoliberal viene de la mano
de gobiernos cuya legitimidad en las urnas le confiere un grado mayor
de credibilidad política. Se acercan países que en los setenta no
podían ser comparados. Chile, México, Argentina, Brasil, Perú,
Bolivia o Costa Rica.[15] Desde Alwyn y De la Madrid hasta Alan
García y Sánchez de Lozada, Collor de Mello y Óscar Arias gozan del
reconocimiento institucional para emprender las reformas. Ya nadie
puede dudar de los beneficios de una economía de mercado que se
construye sobre la libertad política y la democracia representativa.
[16]


Sin embargo, la resistencia en los años setenta y ochenta a las
reformas neoliberales dan como resultado la emergencia de movimientos
sociales con nuevas señas de identidad. Son la contrapartida a una
izquierda expulsada de los espacios públicos, declarada ilegal y muy
mermada. Durante este período cobran un protagonismo nunca visto en
América latina. Los movimientos pro-derechos humanos, las madres de
la plaza de Mayo, de género, culturales, étnicos y ecológicos. Brasil
con el movimiento contra la Carestía de la vida, la reposición
salarial y la amnistía son el primer antecedente. Lula su dirigente
desde 1975.




El cambio se ha producido. Las transformaciones en las estructuras
sociales y de poder afectan a la clase dominante, cuyas élites
construyen formas de dominio y explotación desplazando a la burguesía
desarrollista y sus sectores nacionalistas. Se desarticulan las
relaciones socio-laborales, industriales y de negociación colectiva y
se produce un ataque concéntrico al movimiento obrero tradicional.
Los sindicatos se ven afectados y con ello los partidos de la
izquierda tradicional. Los movimientos sociales asumen un mayor rol
frente a los partidos de la izquierda preocupados por mantener viva
su militancia. Ello creo un espejismo: la sustitución de los
movimientos sociales por los partidos políticos, abriendose un falso
debate que enfrenta a movimientos sociales versus partidos políticos.
Muchos ven en los movimientos sociales una propuesta alternativa para
la creación de una nueva izquierda. Se olvida que hay movimientos
sociales de derecha y reaccionarios y que en los populares se
reproducen los mismos problemas que en cualquier organización. Los
comportamientos autoritarios, corruptos o sectarios no son privativos
de los partidos políticos. La mitificación confunde sus
reivindicaciones con la constitución de un proyecto político al poder
y el orden neo-oligárquico.


La ilusión neoliberal tiene su máximo exponente con el Merco-Sur y el
Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos México y Canada. Todos
quieren participar de la fiesta. Pero con ellos aparecen los primeros
síntomas de agotamiento y de promesas incumplidas. Venezuela abre el
descontento. El 28 de febrero de 1989 Carlos Andrés Pérez, en su
segundo mandato, impulsa las reformas y las políticas de ajuste
acordadas con el Fondo Monetario y el Banco Mundial, provocando el
descontento. El estallido social conocido como el Caracazo, se
produce en todo el país y deja mas de 1.500 muertos por represión del
ejercito en los barrios populares. Es el comienzo del fin. Luego en
todo América latina se amplia el malestar. El neoliberalismo no
cumple y el resultado es contrario a lo esperado. La crisis en
Argentina en 2001 con el gobierno De la Rua es el máximo del fracaso
neoliberal. Sin embargo deja en evidencia una izquierda sin rumbo y
sin propuesta alternativa.




Las tiranías de los años ochenta han mutado en gobiernos civiles. Con
los militares en los cuarteles y la izquierda sin alternativa, las
protestas son convulsas, aunque anuncian nuevos rumbos. Una excepción
lo constituye Brasil. Desde el golpe de Estado de 1964 la izquierda
política y social seguirá un camino diferente. La lucha sindical y la
emergencia de movimientos sociales contra la carestía de la vida y la
amnistía entre los años 1973 y 1974 durante los mandatos de
Garrastazú Médici y de Ernesto Geisel producen un resurgir de las
luchas sociales después de los primeros años de fuerte represión:
Castelo Branco (1964-1966) y Costa e Silva(1967-1969). Las huelgas en
plena tiranía potencian la figura de Lula. Será durante el último
gobierno militar de Joao Batista Figueiredo (1979-1985) cuando se
consolide la propuesta de crear un Partido de los Trabajadores. La
carta de principios del 1 de mayo de 1979 es clara: ALa idea de
formación de un partido exclusivo de los trabajadores es tan antigua
como la propia clase trabajadora. En una sociedad como la nuestra,
basada en la explotación y en la desigualdad entre las clases, los
explotados y oprimidos tienen la necesidad permanente de mantenerse
organizados por separados, para que resulte posible ofrecer
resistencia a la desenfrenada sed de opresión y de privilegios de las
clases dominantes@. Y concluye Ael PT no pretende crear un organismo
político cualquiera. El partido de los trabajadores se define
programáticamente como un partido que tiene como objetivo terminar
con la relación de explotación del hombre por el hombre. El PT se
define también como un partido de masas populares...El PT afirma su
compromiso con la democracia plena ejercida directamente por las
masas, pues no hay socialismo sin democracia, ni democracia sin
socialismo@. Estas señas de identidad quedan patentes en su
manifiesto del 10 de marzo de 1980: ALos trabajadores quieren
organizarse como fuerza autónoma. El PT pretende ser la expresión
política real de todos los explotados por el sistema capitalista.
Somos un partido de los Trabajadores, no un partido para ilusionar a
los trabajadores. Queremos la política como actividad propia de las
masas que desean participar legal y legítimamente. El PT quiere
actuar no sólo en los momentos de las contiendas electorales, sino
principalmente en la práctica cotidiana de todos los trabajadores,
pues únicamente así sera posible construir una nueva forma de
democracia, arraigada en las organizaciones de base de la sociedad, y
cuyas decisiones sean tomadas por la mayoría@.[17] En Brasil, salvo
el Partido comunista que se divide y mantiene su división en la
actualidad, La izquierda política confluye desde la dispersión en una
organización con dirección única. Pero la experiencia se muestra
irrepetible.




Otra historia la representa el Frente Amplio en Uruguay, cuya
fundación en 1971 expresa una coalición de fuerzas políticas cuyos
cambios y trasformaciones han mantenido su estructura aunque han ido
variando sus integrantes. Su triunfo en 2004 debe leerse bajo la
crisis institucional del Estado uruguayo y el fuerte impulso para un
cambio social identificado en una coalición política con arraigo en
el país donde participan desde la izquierda tupamara hasta liberales
y progresistas cuyo eje de unión lo constituye su lucha contra la
tiranía y en defensa de la democracia y los derechos humanos. Por el
contrario, el triunfo en 1998 Hugo Chávez Frías en Venezuela en 1998
muestra el nacimiento de una propuesta articulada sobre la crisis de
legitimidad del orden político y sus instituciones, entre ellos los
partidos políticos tradicionales y de una izquierda domesticada que
en los años noventa no duda en ponerse al lado de AD y COPEI. Teodoro
Petkoff y su Movimiento por el Socialismo (MAS) es el caso
emblemático, ya que termina apoyando el golpismo contra el presidente
Chávez y el Sí revocatorio en el referéndum de agosto de 2004. Sin
embargo, el triunfo de Chávez se debe a la plataforma Movimiento
Bolivariano 200, perseguida y semi clandestina en sus orígenes (1994)
que lentamente gana adeptos, decidiendo en su Asamblea de Valencia de
19 de abril de 1997 participar en las elecciones de 1998.
Posteriormente, en el año 1999, durante el periodo de la Asamblea
Constituyente se articula como Movimiento V República. Desde 2001, se
decide relanzan el MB200 por medio de los círculos bolivarianos
buscando trascender los partidos que apoyan el gobierno.[18] Así,
Venezuela muestra como una parte de la izquierda se rezaga y se alía
a la derecha. Algo similar ocurrirá en Bolivia con el Movimiento de
Izquierda Revolucionaria (MIR) cuyo dirigente Paz Zamora se coaliga
con el dictador Hugo Banzer para ser gobierno. Ello supone la
desfiguración total de la izquierda política.


El último decenio del siglo XX deja un mapa político en América
latina sin tiranías. Haití se suma con la caída de Duvalier y el
triunfo de Aristide.[19] Centroamérica entra en el llamado proceso de
Paz y su izquierda, alzada en armas, redefine su estrategia en
parámetros institucionales. En todo el continente se vive un período
de reinserción y acomodo en condiciones de subordinación. La
izquierda a pesar de jugar un papel determinante en los procesos
democráticos retrocede y asume la Aauto-crítica@ proveniente de la
nueva derecha y el neoconservadurismo quienes fijan el debate y la
agenda. La globalización, la modernización y la gobernabilidad, junto
a la economía de mercado y las reformas básicas en el ámbito del
Estado son puntos innegociables. La izquierda conversa acepta.


Un caso atípico es Colombia donde una izquierda perseguida y en
condiciones de fuerte represión no ha sufrido todavía un deterior tan
grande. Además cuenta con una arraigada guerrilla que lleva mas de
treinta años de lucha. La violencia se expresa en forma pre-política
y el poder sigue la lógica de liberales y conservadores por mas de
dos siglos. El asesinato de dirigentes sindicales y políticos de la
izquierda impide cualquier trabajo en el medio y largo plazo en un
país donde las fuerzas armadas controlan el proceso real de toma de
decisiones y los grupos para-militares son un ejercito eficiente para
eliminar la izquierda política y social. En este paisaje sucinto, la
izquierda sobrevive dentro de una política de aniquilamiento total.




Mientras la izquierda en Colombia sufre las condiciones de un estado
de guerra permanente, el neoliberalismo se implanta al igual que en
otros países. Sin embargo, el gran espejo donde todos miran su futuro
es México. El tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canada
es un referente. El Gobierno de Salinas de Gortari presagia un siglo
sin convulsiones y el fin de las miserias. En medio del discurso
triunfalista y casi al fin de su mandato, el 1 de enero de 1994, la
insurrección del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional viene a
contradecir la lógica neoliberal. Su irrupción en el escenario
político trastoca el devenir de la izquierda en México y en América
latina.[20] El EZLN se configura en un referente contra el
neoliberalismo y en defensa de la humanidad. Su propuesta y su
convocatoria cobra vigor en un contexto donde el lenguaje, la
alternativa y los contenidos suponen un cambio radical en la manera
de actuar y de pensar. Nace una concepción diferente de la
revolución, el poder, la acción política, la lucha armada, los
partidos, la relación sociedad civil y organización política. La
rebeldía se organiza y se convoca a participar en la construcción de
una nueva sociedad donde quepan todos y la democracia sea un mandar
obedeciendo. Desde hace once años el EZLN es el corazón de la
izquierda latinoamericana y un referente teórico para el debate.

De allí los intentos de silenciar su propuesta. Para la izquierda
institucionalizada se convierte en un problema. Supone cuestionarla y
al mismo tiempo poner en evidencia sus métodos y sus articulaciones
con el poder. No debe extrañar que su relación sea difícil con el
Partido de la Revolución Democrática (P.R.D) quien pretende arrogarse
la representación de la izquierda mexicana.


En cada país latinoamericano una parte importante de la viaje
militancia de izquierda emprende un viaje sin retorno abandonando
principios y valores. El anti-imperialismo y anti-capitalismo dejan
de ser señas de identidad. La transformación supone momentos críticos
donde la izquierda social y política dejan de confluir. Perú ve como
Izquierda Unida pasa de ser una alternativa de poder con Henry Pease
a convertirse en una caricatura de si misma facilitando el triunfo de
Fujimori, hoy va a la saga de Toledo. En Chile, el Partido Socialista
reúne en su interior los restos de partidos de la Unidad Popular
menos el partido Comunista crítico a la convergencia y su política de
acuerdos con la derecha para salvaguardar el proceso de transición.
[21]




En este breve recorrido por los principales acontecimientos que han
marcado la historia de América latina en el último tercio del siglo
XX y principios del siglo XXI, nos encontramos con la muerte de la
izquierda política tradicional y la emergencia de una nueva izquierda
que busca su lugar con nuevos actores y sujetos sociales. Bolivia y
el MAS o las reivindicaciones de autonomía de los pueblos indios son
parte de esta configuración. Con sus diferencias y sus peculiaridades
la izquierda latinoamericana se recompone en los extramuros. Aparece
como anti-sistémica.[22] Sus referentes son las grandes mayorías
excluidas y explotadas. Los marginados del campo y la ciudad. Sus
luchas y reivindicaciones se articulan al interior de sociedades
fuertemente excluyentes y represivas. Sus actuaciones se muestran en
todos los espacios macro y micro estructurales y responden a la
defensa de lo nacional popular y lo nacional- estatal. Por ello se
oponen a la desnacionalización y la venta de las riquezas básicas a
manos de empresas extranjeras. Hoy la izquierda latinoamericana
recupera su identidad sobre un anti-imperialismo nacionalista
afincado en la lucha por la liberación nacional, el socialismo y la
democracia.[23]



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[1] Artículo especial para el N1 2 de la Revista BARATARIA. La Paz
Bolivia. Marcos Roitman es doctor en Sociología. Profesor Titular de
Estructura social de América latina, Universidad Complutense de
Madrid.

[2] Véase Bauman, Zygmunt: Modernidad y holocausto. Sequitur, Madrid,
1997.

[3] Véase STONOR , Frances: La CIA y la guerra fría cultural. DEBATE.
Madrid 2002.

[4] ROSTOW, W. W. : Las etapas del crecimiento económico. Un
manifiesto no comunista. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social,
Madrid 1993. pp 220 y 221

[5] Véase: WILLIAMS, Felicity: La internacional Socialista y América
latina. Una Visión Crítica. Universidad Autónoma Metropolitana
Azcapotzalco, México, 1984.

[6]Para todo este período consulte la obra colectiva: América latina
Historia de Medio Siglo: GONZÁLEZ CASANOVA, Pablo: Coordinador. Siglo
XXI, México. 1979. 2 vol.

[7] Para todo este período y la estrategia reseñada consultar la obra
de GARCES. Joan: Soberanos e intervenidos. estrategias globales.
Americanos y españoles. Siglo XXI, España, 2000.

[8] Véase: GONZÁLEZ CASANOVA, Pablo (Coordinador): Historia del
movimiento obrero latinoamericano. 4 Vol. Siglo XXI, México 1985..

[9] Véase: CARILLO, Santiago: Eurocomunismo y Estado. Crítica ,
Barcelona 1977

[10] Jorge Castañeda toma los argumentos de su utopía desarmada de
quien fuera director de Asuntos latinoamericanos y del caribe en el
congreso de Seguridad Nacional desde 1977 hasta 1981, Robert Pastor,
quien publica con anterioridad : EL remolino: política exterior de
Estados Unidos hacia américa latina y El Caribe. Publicado en
castellano años mas tarde en la Editorial Siglo XXI México 1995.

[11] Véase: BERMÚDEZ, Lidia: Guerra de baja intensidad. Reagan contra
Centroamérica. Siglo XXI, México 1987.

[12] Para comprender esta estrategia consultar los excelentes
trabajos de SELSER, Gregorio: El documento de Santa FE, Reagan y los
Derechos Humanos. ALPA CORRAL. México 1988.

[13] La mejor obra sobre la Revolución Sandinista , asi como sobre
los movimientos populares en Centroamérica son: VILAS, Carlos:
Perfiles de la Revolución Sandinista. Premio Casa de las Américas,
1984, La Habana Cuba y CAMACHO, Daniel y MENJIVAR, Rafael:
Movimientos populares en Centroamérica. EDUCA, Costa Rica 1985. Puede
verse también: CABEZAS, Omar: La montaña es mas que una estepa verde.
LA habana Cuba.

[14] Para una comprensión consultar la obra: EL Ladrillo: las bases
de la política económica del gobierno militar chileno. Prologo de
Sergio de Castro. Centro de Estudios Políticos. Santiago, 1992.

[15] Véase: VV.AA. El desafío Neoliberal. Editorial NORMA, México
1994.

[16] Para una visión crítica consultar la obra: GONZÁLEZ CASANOVA,
Pablo y ROITMAN ROSENMANN, Marcos (Coord): La democracia en América
latina. Actualidad y perspectivas. La Jornada UNAM, México 1994.

[17] HARNECKER, Marta: El sueño es posible. PT. MEPLA, La Habana,
1994.

[18] Hugo Chávez Frías. Un hombre un pueblo. Entrevista de Marta
Harnecker. Gakoa. Bilbao. 2002.

[19] Véase: PIERRE CHARLES, Gérard: Haití: pese a todo la utopía.
Siglo XXI, México, 1999.

[20] Para una compresión del sentido del EZLN pueden consultarse:
EZLN: documentos y comunicados 3 Vol. editorial ERA, México. La
Guerra por la palabra. Editorial Rizoma. México 2002. HERNÁNDEZ
NAVARRO, Luis: Chiapas: la guerra y la paz. ADN. Editorial. México
1995. MICHEL, Guillermo: Votán Zapata. Rizoma. México 2001. Y en el
N1 1 Revista Barataria: Almeyra, Guillermo. AMéxico lo que se mueve
tras la calma aparente@. Paginas 64-71 Bolivia..

[21] Véase: MOULIAN, Tomás: Chile Actual. Anatomía de un Mito. LOM.
Santiago 1977.

[22] Véase: ROITMAN ROSENMANN, Marcos: El pensamiento sistémico. Los
orígenes del socialconformismo. Siglo XXI, México 2003.

[23] Para la comprensión de la nueva alternativa y la izquierda véase
la obra fundamental de GONZÁLEZ CASANOVA, Pablo: Las nuevas ciencias
y las humanidades. de la academia a la política. Anthropos- UNAM.
Barcelona. 2004.












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