|
08-04-2005
Chile: el pueblo como centro y motor de cambios
Tito Alvarado
Rebelión
"Cuando la verdad sea demasiado débil para defenderse tendrá que
pasar al ataque". Bertold Brecht
Dicen algunos que "la forma clásica de organización de lo sustantivo,
de las personas y las cosas, ha sido barrida", prefiero decir que
cada pueblo, cada momento histórico, requiere su propia forma de
organización. Desde este punto de vista la organización tiene mucho
que ver con la cultura, con los rasgos distintivos de cada pueblo,
los que adaptados a las necesidades y circunstancias de momento
pueden dar nuevas formas de organización que permitan avanzar.
Aunque, necesario es reconocerlo, muchas veces son los factores
culturales los que nos impiden avanzar.
Sin duda habrá quienes sostengan que la organización es un asunto de
búsqueda de efectividad, de desarrollo de capacidades, de aplicación
de estrategias y que más tiene que ver con lo militar que con lo
cultural. Sin embargo se mueve, dicen que dijo en su tiempo Galileo.
Sin embargo se mueve, hoy puede ser un lugar común con distintos y
distantes significados, lo que bien podría ser demostrativo de la
influencia cultural que cada pueblo y circunstancia aporta a la
actualización o deshuso de los vocablos. Como también podría contener
cierta cuota de cinismo en la forma abstracta de: "poco importa que
tengas razón, igual creo en lo que yo digo."
Históricamente ha habido artistas de la ambigüedad, son los eternos
acomodados a lo que les entregue la ola. Esta misma gente se vale de
muy buenas razones para que todo tenga mucho de florido discurso y
poco de accionar concreto. Teniendo esto presente es que nos
pronunciamos por un camino nuevo, sin desmerecer que en esencia los
cambios son posibles si en nuestro accionar hay efectividad,
capacidad y estrategia. Sin embargo esto no pude ser una traba en el
movimiento, al contrario esta es la llave para lograr la más amplia
participación. Sería una traba cuando el discurso dominante impone,
en quienes tienen la potestad de la dirección, la creencia de que es
su deber tener siempre la razón; es una traba cuando quienes no
tienen esa potestad se dejan llevar por la ley del menor esfuerzo y
dejan a los otros hacer, sin crítica, sin participación plena.
Los tres polos en que se ha manifestado la cultura política en chile,
han estado presentes a lo largo decasi todo el siglo XX y lo siguen
estando en los inicios del XXI. Con los altos y bajos de uno u otro
polo conduciendo el país o sufriendo la represión del más fuerte. Los
dueños del poder en Chile no han logrado nunca lo que fue historia
reciente en algunos países de América latina (Uruguay, Venezuela) o
lo que es común en Estados Unidos y Canadá, se ejerce el poder por
turnos, con campañas por cambios y una vez en el poder todo sigue de
mal en peor. Es el circo de la política de clase: ellos en las
decisiones, ellos en el usufucto; nosotros en la deuda y en el
trabajo. Se ha intentado en Chile, implementar este nefasto modelo de
democracia que entrega como resultado senadores nombrados a dedo, y
que quienes tienen apenas un 35% de los votos tengan el 50% menos uno
de los diputados y quienes hoy representan el 10 % de los votantes no
tienen cupo alguno.
Para consuelo de tontos puedo decir que en Canadá es mucho peor. Por
cada circuscripción en Chile se elijen dos (binominalismo), en Canadá
uno; en Chile hay seis senadores por derecho propio, en Canadá todos
son designados por el gobierno de turno y se renuevan a medida que se
mueren. Lo extraño es que a nadie se le ocurre pensar que este
sistema no es democrático, pues nunca han conocido otro y, para
colmo, a más del 50% no le interesa ejercer su derecho a voto.
Esta es la política que debe ser cambiada, cambios a ser generados
desde el pueblo y para el pueblo, cambiar en primer lugar nuestra
percepción de la participación política y lo que debe ser el accionar
político. Estamos en una lucha por romper las ataduras ideológicas
que dejó la dictadura. Quizá la gracia de hoy, el mérito de los que
hacen política desde abajo sea tirar la faramalla del discurso
imperante a la basura y hablar desde y para el conglomerado humano
que se pretendió llamar gente (recuerdo que antiguamente a los que
tenían recursos se les llamaba la gente linda) y que a juzgar por los
resultados, no son los que no se inscriben en los registros
electorales, por lo engorroso del proceso o por que no sirve para
cambiar nada mientras no se cambie la constitución del ahora recien
nominado estafador oficial del reino de Chile. Como esto último es
algo que no existe, para los viejitos de la suprema, quizá el delito
del estafador tampoco existirá.
Ahora un político del montón de ellos dice que hay que encantar de
nuevo a la gente. Si luego de cuatro periodos de encantamiento no
pasa nada es que el hechizo no tenía por misión que pasara lo que
la "gente" esperaba que pasara o simplemente era este resultado de no
pasar nada, lo que se esperaba. El asunto parece enredado, siendo
mucho más simple en la realidad. Unos son los encantadores, otros los
encantados. Cada grupo tiene distintas expectativas. Cuales hayan
sido las expectativas de los encantados, estas no se han cumplido.
Mucho pueden decir las piñuflas encuestas que se hacen por teléfono
(me parece que los pobres que viven de trabajos esporádicos no tienen
teléfono), que hay preferencias marcadas por una candidata de cuyo
nombre no quiero acordarme, la realidad va por otro camino.
A veces, a estos emperifollados señores se les cae el casette y,
extrañamente, dicen una que otra verdad, encantar significa convertir
un apuesto príncipe en un sapo. También puede significar dejar a
alguien en el limbo del agrado. Ambos casos suponen una inacción del
encantado, mientras el encantador hace algo, ya sea en su propio
provecho, (al parecer es lo que ha ocurrido en Chile) o el encantado
se presta dócilmente a no importunar al encantador. El resumen,
hablando en mortal, es la manipulación. El encantado queda desposeído
de su capacidad de raciocinio.
Nosotros, todos los que estamos en la línea de la pobreza, los que
andamos de eternos buscadores de una oportunidad, los que somos
siempre perdedores, los que estiramos los pocos recursos con que
contamos, los que estudiamos sin seguridad de un trabajo, los que no
tenemos una jubilación segura, los que somos llamados para emitir un
voto y olvidados luego, los que no estamos ni ahí en los beneficios
que el gobierno de ellos aporta a los suyos, debemos construir
nuestro propio camino y construirlo desde y para la gente que sufre
las consecuencias de las políticas de ellos. Nosotros, el pueblo,
debemos erigirnos en centro y motor de nosotros mismos, impulsores de
cambios en la generación del discurso, en el discurso, en el
accionar, en el ejercicio de la democracia, en el control de lo
nuestro.
Una lucha así requiere su propia dinámica, su propia organización y
sobre todo la decisión de continuar hasta el fin. No es con un
diputado o con unos votos más, votos menos, ni con acuerdos con
quienes sistemáticamente han estado contra los intereses del pueblo
de Chile que este pueblo logrará avanzar en la defensa de los
recursos del país, en el ejercicio pleno de la justicia, en el justo
reparto de los bienes de todos, en la igualdad de oportunidades para
todos.
Las próximas elecciones han de servirnos para organizarnos en base a
objetivos inmediatos y mediatos, en base a necesidades de corto y
largo plazo, desarrollar capacidades en todos los niveles en que se
manifieste la lucha. En lograr hacer partícipe a quienes con su no
participación apoyan pasivamente a los mismos que ahora niegan todo
atropello o nos amenazan con volver a encantarnos para que todo siga
como a ellos les conviene.
|
Vie, 8 de Abr, 2005 5:05 pm
"colectivoctubre8" <colectivoctubre8@...>
colectivoctu...
Sin conexión Enviar correo
|