05-12-2005
Lecciones de las Jornadas Revolucionarias de Bolivia
Salvador Lou Cuartero y Susana Pena Barrasco
Nuevo Claridad
Para comprender los últimos acontecimientos acaecidos en Bolivia es
necesario comprender su historia y la de su heroico pueblo. La lucha
de clases a lo largo del siglo XX ha sido casi una constante
En 1952 los oprimidos del país, encabezados por los mineros,
protagonizaron la primera experiencia revolucionaria de importancia.
La consecuencia más destacada fue la creación de la Central Obrera
Boliviana (COB), única central sindical del país.
En 1970, en medio de un ciclo de luchas revolucionarias en todo el
mundo, el pueblo boliviano vuelve a la batalla, construyendo un
embrión de órgano de doble poder, que puso en jaque a su oligarquía
nacional y al imperialismo. Se trataba de la Asamblea Popular, que
tuvo que ser masacrada para derrotarla. También en este caso, los
mineros a jugaron nuevamente el papel de vanguardia.
Durante los 80 hubo también importantes luchas, que se resistían a
las políticas neoliberales. La debilidad del movimiento obrero
internacional tras la derrota de los 70 fue un factor clave, como en
otros muchos puntos del planeta, para evitar una victoria.
El inicio de un nuevo ciclo de luchas
Con la entrada en el nuevo siglo el ciclo de luchas se volvió a
reactivar, y se ha ido agudizando a lo largo de estos años. Todavía
el proceso sigue vivo.
La guerra del agua de Cochabamba en 2000 fue el pistoletazo de
salida. Mientras en todo el mundo aparecía el movimiento
antiglobalización como una expresión inicial contra el imperialismo
y las políticas neoliberales, los campesinos bolivianos
protagonizaban la movilización más enérgica contra todo esto.
Indígenas y campesinos de Cochabamba lograban evitar la
privatización del agua en su provincia después de unas intensas
movilizaciones.
Las Jornadas de Febrero y Octubre de 2003
De aquí al 2003 la conflictividad sectorial y las reivindicaciones
de indígenas, campesinos, pobres urbanos y trabajadores fueron en
aumento. Hasta que en Febrero de 2003 el gobierno de Sánchez de
Lozada anuncia un impuesto entre el 4,2 y el 12,5 sobre los
salarios. La explosión social logró paralizar el denominado por el
movimiento «impuestazo», aunque con un saldo de 33 muertos y 210
heridos. Pero los sectores en lucha ya anunciaron que si se
pretendía vender el gas del país la huelga general sería inevitable
y necesaria. Así se anunciaría en Septiembre de 2003, dando origen a
las jornadas revolucionarias de Octubre. El nuevo ataque contra los
pobres es respondido con bloqueos de caminos y marchas por todo el
país. La Huelga General Indefinida dio el golpe de gracia al
presidente, que dimitiría, no sin antes haber puesto toda la
resistencia posible causando 73 muertos y 520 heridos. Todos los
crímenes de Sánchez de Lozada siguen impunes.
La ausencia de órganos de poder de los trabajadores, campesinos e
indígenas, hizo posible un recambio burgués. Además en ese momento
la burguesía boliviana aún tenía un margen de maniobra para vender
otro presidente que solucionaría los problemas que habían llevado a
Octubre. El elegido fue Carlos Mesa, que gobernará los siguientes 18
meses tratando de contener el descontento popular. Todo esto con el
apoyo de Evo Morales (dirigente del Movimiento al Socialismo) y
Felipe Quispé (máximo dirigente indígena).
Las Jornadas Revolucionarias de 2005
Sin embargo los problemas que padece el pueblo boliviano no se han
solucionado ni mucho menos. Mesa ha seguido aplicando los dictados
del FMI y el BM, y ha respetado todos los contratos con las
multinacionales del gas. Además los acuerdos firmados con los
dirigentes sociales que apoyaban el gobierno, englobados en la
llamada «Agenda de Octubre», no se cumplieron.
El carácter comisionista de la burguesía boliviana, atada por
numerosos vínculos con el imperialismo, les podía permitir retrasar
la venta de los recursos del país por un tiempo, para contener a las
masas, pero no hacerlo indefinidamente. De hecho, la actitud de los
empresarios más ricos del país, situados en el Oriente (con centro
en Santa Cruz), fue de acoso a Mesa, presionándole para que pusiera
fin a esa «tregua». Al mismo tiempo los estallidos sociales, han
sido periódicos en el país, con numerosas luchas sectoriales, que
llegaron a su punto más álgido en Marzo de 2004. Otra vez la
privatización del agua, esta vez en El Alto (ciudad pobre anexa a La
Paz) fue el motivo para desatar el movimiento. Un Mesa acosado por
ambos lados llegó a anunciar su dimisión, y de nuevo el MAS jugó el
papel de pata izquierda del régimen, desconvocando las protestas.
Sin embargo la venta del gas como necesidad inminente debía llevarse
a cabo. Así en Mayo Mesa sacaba su Ley de Hidrocarburos, idéntica al
plan de Sánchez de Lozada. La salida de las masas a la calle estaba
anunciada, poniéndose fin a la contención relativa obtenida por Mesa
durante 18 meses.
Desde el 16 de Mayo comenzaron los bloqueos de caminos, marchas,
piquetes... por todo el país, extendiéndose paulatinamente. A
comienzos de Junio Bolivia estaba completamente bloqueada.
Campesinos, trabajadores, pobres urbanos e indígenas eran los
protagonistas en la calle. Además 9 plantas de multinacionales del
gas fueron ocupadas, y el resto militarizadas para defenderlas del
pueblo.
El 6 de Junio se celebró en La Paz un Cabildo con la asistencia de
decenas de miles de personas. Allí la Federación de Mineros propuso
la creación de una Asamblea Popular, retomando la tradición del 70.
Era la única vía para construir un instrumento capaz de sustituir al
decrépito sistema de instituciones burguesas. Además era una
necesidad del propio pueblo para poder abastecerse de alimentos y
otros bienes, dado que la lucha estaba empezando a afectarles a
ellos mismos. Tras el Cabildo Mesa dimitió, y el Parlamento comenzó
a sesionar en Sucre.
El 8 de Junio en El Alto, se realizó la primera sesión de dicha
asamblea. Allí se acordó formar comisiones de abastecimiento y
autodefensa entre otras. Algunos activistas defendían la creación de
asambleas en todos los distritos, centros de trabajo, comunidades
indígenas y campesinas. El proceso se quedó en sus inicios, en gran
parte por la actitud de los dirigentes de la FEJUVE (Federación de
Juntas Vecinales de El Alto), el POR (Partido Obrero Revolucionario)
y la COB, que usaron la consigna de Asamblea Popular como medida de
presión contra el Parlamento, para evitar que se nombrara como
sucesor de Mesa al ultraderechista Vaca Díez. No realizaron ninguna
acción concreta para facilitar la creación de asambleas en otras
zonas.
El 10 de Junio los mineros marcharon sobre Sucre para cerrar el
Parlamento. La muerte de un minero, asesinado por la policía, podía
provocar, como ya ocurriese en 2003, un levantamiento mucho más
masivo y violento imposible de contener. Ante esta situación la
burguesía boliviana renunció a imponer al más fiel representante
suyo y de las multinacionales, Vaca Díez, y se conformó con anunciar
la presidencia interina de Rodríguez y la convocatoria de elecciones
anticipadas.
A partir de aquí se abre un nuevo periodo de «tregua». La burguesía
boliviana y las transnacionales no pudieron llevar a cabo en su
totalidad sus planes, y el pueblo boliviano no consiguió derribar el
régimen capitalista. Igual que en 2003 no estaban desarrollados
órganos de doble poder, aunque una parte importante de la vanguardia
estudiantil, vecinal, campesina, indígena y obrera se había
implicado en los primeros pasos para construirlos. Además Rodríguez
no despertó las esperanzas que inspiró Mesa, los bolivianos ya
habían pasado por un gobierno de recambio y se sabían la lección.
Asimismo el descrédito de todas las instituciones hace que se vea
con desconfianza por una parte mayor que en 2003 toda salida
constitucional.
Para la elecciones del 2005 las opciones mayoritarias son todas del
régimen. Desde los partidos tradicionales, hasta el MAS, que se
presenta como favorito con un programa totalmente respetuoso con los
intereses de las transnacionales. Desde el interior de la COB,
sectores marxistas integrados en la Liga Obrera Revolucionaria por
la Cuarta Internacional (LOR-CI) y miembros del Movimiento por la
Construcción de la Juventud de la COB, han lanzado la propuesta de
levantar un Instrumento Político de los Trabajadores. Es un
mecanismo necesario para dotar a la clase obrera de una voz con
independencia de clase, y se está peleando contra la dirección de la
COB para que se impulse desde las bases y se evite un simple acuerdo
electoral entre las diferentes direcciones del movimiento. Al igual
que pasara con la Asamblea Popular la burocracia de la COB se niega
ha realizar un proceso democrático que permitiría llevar al
Parlamento la voz de los protagonistas de las jornadas
revolucionarias.
Conclusiones del proceso
Los revolucionarios europeos podemos sacar lecciones muy valiosas de
la experiencia de nuestros compañeros bolivianos. La más evidente es
la evolución de la conciencia de las masas a través de su propia
experiencia. La lucha de estos últimos años ha permitido que un
amplio sector de la sociedad desconfíe del régimen burgués y sus
instituciones, dándole finalmente una muy escasa confianza al
gobierno de Rodríguez. Una lucha que se extiende en el tiempo lleva
a la necesidad de autoorganización del pueblo para satisfacer sus
necesidades básicas y autodefenderse. Para los sectores más
implicados es además la herramienta necesaria para evitar un
recambio burgués e ir construyendo el poder de los obreros,
campesinos e indígenas.
Los paso iniciales de la Asamblea Popular no son desdeñables. Una
parte importante de la vanguardia en lucha se ha educado con su
experiencia en la necesidad de crear órganos de doble poder. En un
siguiente embate la dependencia de las direcciones para esta tarea
será menor, y por lo tanto también la de su capacidad para
inutilizar este proceso y usarlo meramente como instrumento de
presión contra el sistema burgués en decadencia. La actitud de la
FEJUVE, la COB y el POR fue esa. La FEJUVE no usó sus juntas
vecinales para crear asambleas de distrito, la COB no lo hizo en los
centros de trabajo donde tenían presencia y el POR, pese a controlar
el Magisterio, no creó asambleas de barrio impulsadas por sus
células.
La actitud de los revolucionarios con las Fuerzas Armadas es clave
en momentos de polarización social como éstos. Un poder o embrión
del mismo es necesario para que actúe de referente para la tropa, y
que vuelvan sus fusiles hacia sus superiores o permanezcan
neutrales. El negarse en la práctica a construirlo y limitarse a
hacer llamamientos a los oficiales para que den un golpe militar
patriótico, como hiciera Jaime Solares (dirigente de la COB), no
sirve más que para provocar una salida a la crisis, encabezada por
un representante en la sombra de la burguesía. A la vez se siembra
una confianza en los mandos medios del ejército entre las masas, que
puede ponerlas en peores condiciones para hacer frente a un golpe
reaccionario.
El papel del MAS nos sirve para entender el papel de este tipo de
formaciones políticas. Son la última carta de la burguesía para no
perder la partida. Así lo ha demostrado en todas las crisis de los
últimos años, jugando el papel de desmovilizar y contener las ansias
del pueblo por mejorar su situación. En momentos de crisis, pueden
radicalizar su discurso (el MAS llegó incluso a defender la
nacionalización de los hidrocarburos y el resto de recursos
naturales), para mantener el apoyo de la base. Pero en última
instancia son defensores del régimen y actúan como tales. El apoyo a
Mesa y a la salida a través del gobierno Rodríguez de las jornadas
de Mayo-Junio, son claros ejemplos de esto. Calmada la situación el
MAS se centra en las elecciones presidenciales, y sin la presión de
la calle ya ha mantenido reuniones con el BM y el FMI, garantizando
el respeto a los intereses de las transnacionales. Los
revolucionarios deben explicar pacientemente el carácter del MAS,
como pata izquierda del régimen, y educar en la desconfianza hacia
sus dirigentes.
Por último el estudio del proceso boliviano ayuda a entender el
carácter de los diferentes estados. Países como Bolivia son
semicolonias de los países centrales, como el estado español. La
débil burguesía boliviana depende por completo de las
transnacionales y sus gobiernos, y ello la convierte en mera
intermediaria en el expolio de su país. Esto imposibilita que pueda
ofrecer una solución a los problemas del pueblo boliviano, sólo
derribando el régimen burgués y en una batalla constante contra el
imperialismo se podrá lograr este objetivo. Los revolucionarios
europeos debemos apoyar la lucha de nuestros hermanos estén donde
estén, y en el caso de Bolivia el apoyo no debe ser solo
testimonial, pues nuestro enemigo más cercano, la burguesía
española, es uno de sus principales verdugos. Además el gobierno del
estado español, esté el PP o el PSOE, se quita la careta
definitivamente en política exterior. Las declaraciones de Moratinos
en defensa de los intereses de Repsol ante la ocupación de algunas
de sus plantas, muestran que son el gobierno de las multinacionales
españolas. Hace evidente el expolio que un país sin petróleo posea
una de las mayores compañías petrolíferas del mundo.
Por ello desde el estado español la mejor manera de apoyar al pueblo
boliviano es la lucha constante contra nuestras empresas y nuestro
gobierno, y en el caso concreto de Repsol, que también ataca a la
clase obrera de nuestro país (recordemos Puertollano), debemos
luchar por su re-nacionalización bajo control de los trabajadores y
la entrega de las plantas petrolíferas de las semicolonias a los
trabajadores de las mismas y la comunidad.
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